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Groenlandia y el Tratado de Múnich: ¿vuelve Europa a inclinarse ante el agresor?

Fuentes: Rebelión

Traducido del neerlandés por el autor

La cacería de Trump por el círculo polar plantea a Europa un ultimátum histórico. ¿Responde a la intimidación económica con un puño o vuelve a hacer una cobarde genuflexión ante el agresor?

Un nuevo «momento Múnich» en el Círculo Polar

En Múnich, en septiembre de 1938, se sentaron a la mesa la Alemania nazi, Francia, el Reino Unido e Italia. La propia Checoslovaquia fue excluida. Posteriormente tuvo que aceptar que una parte de su territorio, los Sudetes, fuera cedida con el supuesto fin de evitar la guerra con Alemania.

Hitler presentó la anexión de los Sudetes como una protección necesaria para los alemanes étnicos que vivían allí, quienes, según él, eran oprimidos por Checoslovaquia y privados de su derecho a la autodeterminación. Planteó esto como la corrección legítima de una supuesta injusticia y aseguró al mundo que se trataba de su «última exigencia territorial».

En realidad, la crisis de los Sudetes se escenificó deliberadamente para debilitar a Checoslovaquia y facilitar el siguiente paso en la guerra de expansión alemana. Gran Bretaña y Francia aceptaron la anexión bajo la premisa de que eso saciaría la ambición de Hitler.

El primer ministro británico, Chamberlain, habló de «peace for our time» (paz para nuestro tiempo), pero menos de un año después Hitler se apoderó del resto de Checoslovaquia e invadió Polonia. La lección fue severa: ceder ante la agresión la incentiva, no la hace menos probable.

Foto: Conferencia de Múnich con Chamberlain, Daladier, Hitler, Mussolini y el conde Ciano. Foto: Bundesarchiv / CC-BY-SA 3.0)

El paralelismo con Groenlandia no es exacto, pero la lógica guarda similitudes. Trump ha reiterado en Truth Social que quiere «adquirir» Groenlandia. Amenaza con sanciones económicas y no ha descartado la acción militar.

Por qué Groenlandia se considera ahora «indispensable»

Estados Unidos está lejos de ser un recién llegado a Groenlandia; lleva décadas firmemente establecido allí. La base estadounidense Pituffik (Pituffik Space Base) constituye un eslabón indispensable en su red de radares e infraestructura espacial. Aunque Washington dé la impresión de que apenas intenta afianzarse ahora, en realidad llevan mucho tiempo en primera fila.

Lo que sí ha cambiado es la magnitud de lo que está en juego. Groenlandia es una mina de oro en términos geopolíticos: por su ubicación, sus rutas marítimas y, sobre todo, por sus materias primas. La Comisión Europea califica decenas de materiales como «críticos» para la industria y la transición energética, y Groenlandia posee una cantidad notable de ellos.

Estados Unidos no se anda con rodeos en su informe de seguridad más reciente: asegurar minerales críticos es una prioridad absoluta de primer nivel. Washington necesita esas materias primas para cortar la dependencia de China y prepararse para un futuro conflicto con ese país.

Por ello, Estados Unidos pone toda la carne en el asador para establecer nuevas cadenas de suministro totalmente desvinculadas del control chino. Esa es también la razón por la que desea «controlar» Venezuela y por la que el Canal de Panamá e incluso Canadá están en su punto de mira.

Aranceles como garrote

La novedad en esta crisis es el arma utilizada: el comercio. En respuesta a la amenaza de Trump varios países europeos han enviado militares a Groenlandia, a lo que Trump reaccionó de inmediato con duras sanciones. A partir del 1 de febrero introducirá para estos países aranceles de importación del 10% y, de ser necesario, los elevará al 25% a partir del 1 de junio.

Los líderes europeos consideran «inaceptable» la amenaza de aranceles. El Partido Popular Europeo, el principal grupo del Parlamento Europeo, ha anunciado que no se puede aprobarel acuerdo comercial con Estados Unidos en estas circunstancias. Otras dos facciones, los socialdemócratas y los liberales, ya habían tomado esa decisión previamente.

El domingo 18 de enero la UE convocó a los embajadores en una sesión de urgencia. Allí se decidió preparar contramedidas por valor de 93.000 millones de dólares, aunque también se acordó dar una oportunidad al diálogo con Trump antes de ejecutar represalias.

Las capitales de la UE esperan hallar esta semana en el Foro Económico Mundial de Davos un compromiso con Trump que evite una ruptura en la alianza militar occidental (OTAN).

Dentro de la UE también surgen voces a favor de recurrir al llamado «bazuca»: el Instrumento Anti-Coerción (ACI). Se trata de una ley de la UE diseñada para contrarrestar la presión económica de terceros países mediante contramedidas como aranceles, restricciones a la importación o la exclusión de licitaciones públicas.i

Sin embargo, la duda es si los países europeos se atreverán a dar el paso. Cuando Trump inició su guerra comercial a comienzos de 2025, la UE, a diferencia de China, no se atrevió a plantar cara. El resultado fue un acuerdo muy desfavorable,ii mientras que China logró limitar los daños. Esta vez, no obstante, Europa parece más decidida.

El presidente del Consejo Europeo, António Costa, ha anunciado una cumbre extraordinaria de la UE para discutir la crisis. El resultado de las conversaciones en Davos será determinante para el rumbo que tome el conflicto.

¿Ucrania o Groenlandia?

Por el momento eso no parece impresionar demasiado a Washington. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, se negó a retroceder y afirmó que Europa es demasiado débil para garantizar la seguridad de Groenlandia.

Además de las medidas económicas, Trump dispone de una baza todavía mayor: Ucrania. Sin el apoyo militar y logístico de Estados Unidos, el ejército ucraniano no podrá resistir mucho tiempo. En una entrevista, Trump sugirió que la OTAN es impotente sin el liderazgo estadounidense.

Según el principal asesor de la ONU, Jeffrey Sachs, Europa se ha metido en una situación difícil. Tras la caída de la Unión Soviética, al seguir la estela de Estados Unidos, no logró establecer una infraestructura de seguridad equilibrada en el continente europeo; equilibrada en el sentido de que Rusia también tuviera un lugar en ella.

En lugar de eso, desde 1991 la OTAN se expandió progresivamente hacia Rusia, se denunciaron tratados de armas y se instalaron sistemas de misiles dirigidos contra Moscú. En parte también debido al impulso de Estados Unidos no se alcanzó un acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania en la primavera de 2022.

Irónicamente, en los últimos meses Trump apuesta decididamente por un acuerdo de paz, mientras Europa sigue jugando la carta militarista, justo cuando depende fuertemente de Washington en el plano defensivo. Si Europa mantiene esa línea, corre el riesgo de quedar atrapada en una pinza imposible: perder Groenlandia o «perder» la guerra en Ucrania.

Existe otra vía posible, pero para ello Europa debe romper con su «fiebre de guerra» y situar de nuevo la diplomacia en el centro. Según Jeffrey Sachs, esto requiere, entre otras cosas, conversaciones directas con Moscú para alcanzar una paz negociada y nuevos acuerdos de seguridad europeos.

En su opinión, debe haber un mandato diplomático de la UE más claro; Europa debe desligar su política exterior de la lógica de la OTAN y organizar su defensa de manera más realista y orientada estrictamente a la protección y no a la intervención.

Evitar una genuflexión fatal

En cierto modo la crisis de Groenlandia ofrece a Europa la oportunidad de romper con su lógica bélica e invertir en una arquitectura de seguridad propia. Una cosa es segura: si sacrificamos Groenlandia para no «perder» la guerra en Ucrania, acabaremos en un callejón sin salida muy peligroso.

El acuerdo de Múnich nos enseña que la paz no se construye usando a países pequeños como moneda de cambio. Hacerlo envía al agresor la señal de que tiene vía libre.

Debemos ser conscientes de que el gabinete de Trump está compuesto por figuras belicistas, que planea aumentar el presupuesto de defensa de Estados Unidos un 50% el próximo año, que ha bombardeado siete paísesiii en los últimos meses y que acaba de secuestrar a un presidente.

Si Europa quiere salvar los conceptos de «reglas» y «derecho internacional», tendrá que trazar una línea roja: declarar Groenlandia incondicionalmente no negociable, responder al chantaje económico con contramedidas conjuntas y dejar de fingir que la intimidación es «diplomacia».

Una nueva genuflexión ante Washington, al igual que en 1938, tendrá esta vez consecuencias fatales. Los días y semanas venideros serán decisivos.

Notas:

i La ley (ACI) se implementó tras la presión de China sobre Lituania hace algunos años.

ii Aquel acuerdo fue muy desfavorable para Europa: a las exportaciones europeas se les aplicó un arancel del 15%, frente al 0% para las exportaciones de EE. UU. a Europa. Todavía se debe votar el acuerdo en el Parlamento Europeo.

iii Los países bombardeados son: Venezuela, Nigeria, Somalia, Siria, Irán, Yemen e Irak.

Texto original: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2026/01/19/groenland-en-het-verdrag-van-munchen-buigt-europa-weer-voor-de-agressor

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.