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Infalibilidad

Fuentes: Página/12

Ya no hay dudas de que la renuncia de Josef Ratzinger al pontificado sorprendió a propios y extraños. En principio a la curia vaticana que, al menos por el momento, se ve obligada a improvisar incómodas respuestas acerca de situaciones no previstas o sobre las que nunca antes se había formulado preguntas. Y no se […]

Ya no hay dudas de que la renuncia de Josef Ratzinger al pontificado sorprendió a propios y extraños. En principio a la curia vaticana que, al menos por el momento, se ve obligada a improvisar incómodas respuestas acerca de situaciones no previstas o sobre las que nunca antes se había formulado preguntas. Y no se trata sólo de las cuestiones de fondo (que son graves e importantes) sino que el desconcierto se trasladó también a otros temas menores y quizás poco trascendentes, pero a los que el formalismo vaticano y el protocolo eclesiástico terminan por otorgarle una dimensión que quizás no se merece.

Por ejemplo, ¿cómo habrá que mencionar a Benedicto XVI después que su renuncia se concrete el 28 de febrero? ¿Ex Papa? Y en todo caso ¿el ex papa Benedicto XVI (el nombre que asumió al hacerse cargo del pontificado) o el ex papa Ratzinger, como es su nombre civil? O más bien «Papa emérito», teniendo en cuenta que a los obispos a quienes se les acepta la renuncia se los trata como «obispo emérito» de tal o cual lugar, conservando la referencia de la última diócesis de la que fueron titulares. Así es que, en la Argentina por ejemplo, el cardenal Estanislao Karlic, que ya no tiene funciones porque está retirado, conserva el título de arzobispo emérito de Paraná.

Ante la pregunta, el padre Federico Lombardi, vocero del Vaticano, se mostró desconcertado y dijo que «todavía no hay una decisión». ¿Será necesario esperar al cónclave para tomar semejante determinación? Lombardi, que como buen jesuita es un hombre audaz, se animó sin embargo a adelantar que quizás a Ratzinger se lo mencione como «obispo emérito de Roma», dado que el Papa es a su vez el titular de esa diócesis italiana.

Pero fue más difícil para Lombardi encontrar una respuesta cuando ayer le preguntaron si, después de su renuncia, Ratzinger mantendría la «infalibilidad» que, en ciertas circunstancias, el magisterio y el derecho eclesiástico le asignan al Papa. Hábil en elaborar respuestas, el jesuita tampoco se quedó callado y no titubeó: «La teología enseña que hay situaciones, que son excepcionales, en las que se puede hablar de la infalibilidad del Papa, pero la infalibilidad está conectada con el ministerio petrino, que es un servicio especial a la Iglesia, no a la persona que ha renunciado al papado». Así que además del pontificado, créase o no, a Ratzinger también se le termina la infalibilidad.

Habrá que preguntarse entonces qué es más grave: ¿dejar de ser Papa o renunciar a ser infalible? En todo caso el dato agranda la significación de la dimisión. Pero, la verdad es que también en este caso… solo Dios sabrá. ¡Ah! También los cardenales que hablan en su nombre y que, aunque no son infalibles, se vanaglorian de tener «el teléfono de Dios» y línea directa con el Topoderoso.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/subnotas/213810-62451-2013-02-14.html