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Irán, Sun Tzu y la dominatrix

Fuentes: Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Seamos sinceros: Hillary Clinton es una completa dominatrix.

En principio, la Secretaria de Estado estadounidense manifestó que la mediación de Brasil y Turquía para conseguir que Irán aceptara un intercambio de fuel nuclear estaba destinada al fracaso. Después, el Departamento de Estado dijo que era la «última oportunidad» para un acuerdo sin sanciones. Y finalmente, menos de 24 horas después del exitoso acuerdo logrado en Teherán, Hillary se dedica a fustigar hasta someterlo al Consejo de Seguridad y triunfantemente proclama ante el mundo que se ha conseguido un proyecto de resolución para una cuarta ronda de sanciones de las Naciones Unidas contra Irán.

Y fue y definió la ofensiva para aprobar las sanciones como «una respuesta ante los esfuerzos emprendidos por Teherán en los últimos días». Esperen un minuto que me aclare. Inmediatamente después una sincera -y fructífera- mediación alrededor de un dossier muy sensible por parte de dos potencias emergentes -y honestos mediadores- en el mundo multipolar, Brasil y Turquía, Washington y sus dos aliados de la Unión Europea en el Consejo de Seguridad, Francia y Gran Bretaña, van y lo torpedean. ¿Es esto lo que se entiende como «diplomacia» global?

No importa que aliados clave de EEUU como Brasil y Turquía, ambos miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, y ambos potencias regionales importantes, echasen humo tras ese guantazo público. Al principio, Brasil dijo que en las Naciones Unidas no iban a discutirse ya sanciones. Después, Brasil y Turquía enviaron una carta formal a las Naciones Unidas pidiendo ser parte de las negociaciones de los «Iran Six» sobre las sanciones «para impedir que se adoptaran medidas en contra de una solución pacífica».

El presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva -quien personalmente le había dicho anteriormente a Clinton que «no era prudente poner a Irán contra la pared»- no pudo hacer otra cosa que arremeter contra el caduco Consejo de Seguridad, afirmando que éste no deseaba negociar en absoluto. El Ministro de Asuntos Exteriores turco Ahmet Davutoglu advirtió que el nuevo paquete de sanciones «iba a echarlo todo a perder».

Y el Primer Ministro turco Recep Tayip Erdogan hizo hincapié en que esa medida dañaría seriamente la credibilidad del Consejo de Seguridad, y no se olvidó de recordar sarcásticamente a todos la absurda percepción de cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, dotados todos ellos de armas nucleares, empeñados en desmantelar el programa nuclear civil de un país en desarrollo.

Respecto a la «credibilidad de EEUU», una vez más está mordiendo el polvo no sólo en cuanto a Lula y Erdogan se refiere, sino ante todo el planeta en vías de desarrollo, la auténtica «comunidad internacional», la de carne y hueso, tras esta interminable charada.

Sacando de quicio la cuestión del enriquecimiento

En los últimos meses, la dominatrix Clinton acusó implacablemente a Irán de rechazar el similar acuerdo de intercambio de fuel propuesto por EEUU en octubre pasado. Eso forma parte del habitual guión de Washington: comportarse de forma taimada, insistir en que las sanciones «no tienen nada que ver» con el enriquecimiento cuando sólo hace unas semanas era la falta de acuerdo sobre el enriquecimiento la razón clave de imponer nuevas sanciones.

Y las cosas pueden ir a peor. Como Gareth Porter reveló («Washington burns its bridges with Iran», Asia Times Online, 21 de mayo de 2010), Washington sólo propuso un intercambio de fuel en octubre pasado porque quería desde el principio forzar a Irán a suspender todo su enriquecimiento de uranio (al cual tiene derecho en función del Tratado de No Proliferación nuclear -TNP-). Pero esto no se anunció nunca públicamente.

De cualquier modo, Irán continuará produciendo uranio enriquecido en un 20% (tiene derecho a hacerlo, según el TNP), y empezará la construcción de una nueva planta de enriquecimiento de un tamaño similar a la de Natanz. Ésta forma parte de un plan para construir diez nuevas plantas que el gobierno de Mahmud Ahmadineyad anunció el pasado año. Además, en la planta de energía nuclear de Bushehr, construida por Rusia, se están llevando a cabo las últimas pruebas y se inaugurará este verano. Estos son hechos irreversibles sobre el terreno.

El Secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Jalili, el alto negociador de facto iraní, puede pronto reunirse en Turquía con la jefa de la política exterior de la Unión Europea Catherine Ashton. Ashton, la negociadora designada por la «comunidad internacional», es tan representante de la opinión pública global como el comunicado de prensa de BP sobre el derrame de petróleo en el Golfo de México. Sobre todo porque la UE está obligada a emitir sus propias sanciones unilaterales contra Irán. Lo mismo ocurre en el Congreso estadounidense, como el Senador Chris Dodd, demócrata por Connecticut, ha confirmado esta semana. Por tanto, además del Consejo de Seguridad, Irán tendrá que enfrentarse a sanciones adicionales de la coalición dirigida por EEUU de la extrema derecha de los decadentes caniches europeos.

China y Rusia tiran de Sun Tzu

El antiguo general, estratega, filósofo chino Sun Tzu, autor del libro «El arte de la guerra«, dijo: «Deja que tu enemigo cometa sus propios errores y no los corrijas». China y Rusia, como maestros estrategas que son, están aplicando esta máxima con mucho estilo con respecto a Estados Unidos.

Los miembros permanentes Rusia y China habían ya diluido hasta casi anular el actual proyecto de resolución de sanciones, con diez páginas, de las Naciones Unidas, y ya se encargarán los miembros no permanentes Brasil, Turquía y Líbano (sin unanimidad en el Consejo de Seguridad, las nuevas sanciones están muertas a todos los efectos prácticos) de aniquilar cualquier término belicoso que pueda aún quedar. De ningún modo puede Washington coaccionar al resto del Consejo de Seguridad para que firme una nueva ronda de sanciones si Irán se ha comprometido a cooperar.

En su forma actual, el paquete de sanciones castiga la importación por parte de Irán de armas convencionales; frena las importaciones relativas a misiles balísticos; congela los activos de miembros clave del Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos; y establece inspecciones de las cargas en puertos marítimos y en aguas internacionales. La mayor parte de esas sanciones son voluntarias -o no vinculantes- y supondrá cero interferencias en el comercio global de petróleo y gas de Irán.

Pekín y Moscú no están precisamente lamiendo el látigo de Clinton. Inmediatamente después del rimbombante anuncio de ésta, el embajador chino ante las Naciones Unidas, Li Badong, dijo que el borrador de resolución «no cerraba las puertas a la diplomacia», subrayando de nuevo la necesidad del «diálogo, la diplomacia y las negociaciones».

Y el Ministro de Exteriores ruso Sergei Lavrov se aseguró de hablar con Clinton por teléfono argumentando a favor de un análisis más profundo del acuerdo para intercambio de fuel en el que habían mediado Brasil y Turquía. Lavrov también recalcó que a Rusia no le gustaban ni siquiera un poquito las sanciones unilaterales adicionales de EEUU y la UE. El Ministro de Exteriores ruso dijo que las sanciones unilaterales iban a incluir medidas de «naturaleza extraterritorial, más allá de las decisiones acordadas por la comunidad internacional y que contradecían el principio del imperio de la ley del derecho internacional, consagrado en la Carta de las Naciones Unidas».

Por tanto, estamos en una situación en la que sobre la mesa en la Agencia Internacional de la Energía Atómica hay un acuerdo real de intercambio de fuel nuclear aprobado por Irán, mientras que en las Naciones Unidas hay en marcha una ofensiva de sanciones contra Irán. ¿En quién va a confiar la «comunidad internacional» real? Erdogan no podía haberlo dejado más claro: «Es hora ya de discutir si creemos en la supremacía de la ley o en la ley de los que se creen supremos y superiores…»

La mayoría de ellos, lo que el mundo en vías de desarrollo ve es el pasado -EEUU, Francia, Gran Bretaña, Alemania- combatiendo en contra del avance del futuro: China, India, Brasil, Turquía, Indonesia. La arquitectura de la seguridad global -vigilada por un puñado de temerosos y autonombrados guardianes occidentales- está en coma. El Occidente «atlantista» se hunde al estilo del Titanic.

¡Queremos guerra y la queremos ya!

Sólo el poderoso lobby a favor de la guerra infinita en EEUU es capaz de valorar como un desastre un primer paso hacia un acuerdo total nuclear con Irán. Ahí se incluye la inmensamente desacreditada actuación a favor de la guerra en Iraq del New York Times (la mediación de Brasil y Turquía representa una «charla que complica las sanciones») y del Washington Post (Irán «crea un ilusión de progreso en las negociaciones nucleares»).

Para el lobby a favor de la guerra, el acuerdo de intercambio de fuel mediado por Brasil y Turquía es una «amenaza» porque entra en colisión directa con un ataque contra Irán (iniciado por Israel, arrastrando después de EEUU) y el «cambio de régimen», el deseo del que Washington nunca ha renegado.

En un reciente discurso del Council on Foreign Relations ofrecido en Montreal, la luminaria del Dr. Zbigniew «conquistemos Eurasia» Brzezinkski advirtió que un «despertar político global», junto con las luchas internas entre las elites globales, era algo profundamente a temer. El antiguo asesor de la seguridad nacional estadounidense subrayó que «por vez primera en toda la historia humana, la humanidad ha despertado políticamente -esa es una nueva y total realidad-, lo que no había sucedido antes».

¿Quiénes son esos presuntuosos de Brasil y Turquía, que acaban de despertar, para atreverse a perturbar «nuestro» dominio del mundo? Y después van esos estadounidenses desinformados y se preguntan a sí mismos «¿Por qué nos odian?». Porque, entre otras razones, Washington, unilateral hasta lo más profundo de sí, no duda en levantar su dedo corazón hasta al más cercano de sus amigos.

Pepe Escobar es autor de «Globalistan: How the Globalizad World is Dissolving into Liquid War» (Nimble Books, 2007) y «Red Zone Blues: a shapshot of Baghdad during the surge«. Acaba de publicar su nuevo libro «Obama does Globalistan» (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: [email protected]

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/LE22Ak01.html

rCR