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La generación eléctrica distribuida, una revolución que debería de llegar

Fuentes: Rebelión

¿Lo que le interesa a la mayoría de la Humanidad es lo que finalmente se ejecuta? Muchos pueden pensar que en la historia siempre ha sido así porque eso explicaría el enorme salto tecnológico que nuestra especie ha logrado a lo largo de su existencia. El fuego, la rueda, las herramientas de metales, lo acueductos, […]

¿Lo que le interesa a la mayoría de la Humanidad es lo que finalmente se ejecuta? Muchos pueden pensar que en la historia siempre ha sido así porque eso explicaría el enorme salto tecnológico que nuestra especie ha logrado a lo largo de su existencia. El fuego, la rueda, las herramientas de metales, lo acueductos, la construcción de caminos, el telescopio, las máquinas, la utilización de la electricidad, el coche, la televisión, Internet, etc son los grandes inventos que nos han servido para mejorar nuestra vida.

Sin embargo, no todos los inventos, no toda la capacidad tecnológica de la que somos capaces se pone a disposición de las necesidades más prioritarias para la mayoría de la sociedad.

Ejemplificaremos esta afirmación con la energía. La revolución energética que estamos viviendo, obligados por dos hechos: la desaparición futura, pero próxima del petroleo y el cambio climático producido por un exceso de generación de CO2 tiene una meta de llegada lógica: las renovables. Sin embargo, la transición hacía el modelo 100% renovable en la que nos encontramos actualmente no se producirá con la celeridad que la Humanidad necesita y tampoco de la forma que sería necesaria.

El estúpido argumento de que las renovables no son tecnologías maduras es el «cuento» que los Poderosos nos repiten a través de sus medios de comunicación, que reiteran sus «expertos» y ratifican sus gobiernos y partidos políticos. El único impedimento para que las renovables no ocupen con más celeridad todas las fuentes energéticas no es la incapacidad tecnológica de la Ciencia como implícitamente se nos hace creer, más bien es el interés de las empresas petroleras y de la inmensa mayoría de las empresas eléctricas y energéticas del mundo de seguir recibiendo beneficios de las instalaciones ya realizadas para amortizar sus costes o disponer de más inversión y dividendos.

La colocación de las actuales tecnologías renovables en la cadena de producción industrial masiva posibilitaría la reducción constante de sus costes y la fabricación de máquinas más eficientes. El modelo energético 100% renovable se podría alcanzar en menos de 20 años si la apuesta política y empresarial fuera decidida. Sólo manteniendo el actual nivel de crecimiento en algunos países más innovadores en esta materia se podría conseguir ese objetivo….sin embargo ¿se desea conseguirlo?

Las empresas directamente implicadas en el abastecimiento energético de nuestra sociedad planetaria ha decidido que ese modelo se implante más allá del 2050 y eso después de grandes resistencias a que así sea. La Agencia Internacional de la Energía, aunque no sea su función, actúa en la práctica como el portavoz de esas empresas y han constatado el cambio descrito: hace unos años decían que las renovables eran fuentes que solo ocuparían un lugar marginal en el pool de producción, hoy reconocen que es inevitable el modelo 100% renovables. Al fin y al cabo los ricos viven en el mismo Planeta que el resto de la Humanidad.

Pero no es solo un problema la lentitud de la implantación del modelo 100% renovables, también lo es la forma en la que se están implantando las renovables. Las todopoderosas empresas energéticas pretenden que las «peligrosas» renovables sean monopolio exclusivo de ellas. Quieren salvaguardar el negocio para sus descendientes. ¡Qué se joda la Humanidad! Escucho cada vez que actuan.

La explotación del gas, el petroleo o la instalación de una central nuclear está al alcance solo de grandes corporaciones. El viento, las olas, el Sol, el agua son fuentes «peligrosas» al alcance de cualquiera con instalaciones y máquinas capaces de aprovechar a pequeña escala la energía que generan esas fuentes a un precio asequible para cualquiera.

Cada local, cada edificio o cada vivienda puede ser la base de la instalación de equipos de producción energética: la fotovoltaica en techo, la minieólica, la minihidraulica o el aprovechamiento de la energía sobrante de las baterías de los coches eléctricos son elementos que la Tecnología pone al alcance de cualquier familia o pequeña empresa para su explotación como pequeña central energética. Es la generación distribuida. Con ella la revolución de las renovables sería mucho mas inminente que es la velocidad que requieren las necesidades de nuestro vapuleado ecosistema.

Pero con la generación distribuida también se habrá descubierto una poderosa herramienta de distribución de la riqueza, porque la energía es riqueza. No solo para que en las sociedades desarrolladas, las familias y pequeñas empresas se distribuyan las enormes plusvalías que hoy se reparten los pocos dueños de las compañías energéticas, sino también para que en todos los rincones del Planeta en los que la pobreza castiga a sus habitantes, se establezcan estas instlaciones que traerían la prosperidad y los recursos. Y que con bajos costes posibilitarían una mejora de su nivel de vida.

La generación distribuida podría suponer una revolución social, un cambio en algunos de los pilares que hoy sostienen el sistema económico, pero mucho nos tememos que los guardianes de este sistema no permitirán que se implante esta revolución.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.