Recomiendo:
0

IV Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA, en La Habana

La trampa del libre comercio

Fuentes:

Iniciamos el IV Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA dándoles la bienvenida en nombre del Comité Organizador cubano a los representantes de los movimientos sociales que protagonizan la campaña anti-ALCA y a todos los que de una forma u otra contribuyen a la derrota del proyecto estadounidense para la anexión y recolonización de América […]

Iniciamos el IV Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA dándoles la bienvenida en nombre del Comité Organizador cubano a los representantes de los movimientos sociales que protagonizan la campaña anti-ALCA y a todos los que de una forma u otra contribuyen a la derrota del proyecto estadounidense para la anexión y recolonización de América Latina y el Caribe. Nuestra mayor satisfacción es que puedan contar con adecuadas condiciones organizativas para que este Encuentro continúe la tradición de los 3 anteriores en cuanto a actuar como taller de trabajo donde afanosamente buscamos alcanzar esa otra América mejor en la que el ALCA, el neoliberalismo, las oligarquías sometidas y el dominio imperialista, sean no más que recuerdos del pasado.

Desde el Encuentro anterior efectuado en enero del 2004, han transcurrido quince meses de luchas entre los que quieren imponer el proyecto de anexión del gobierno de Estados Unidos y los que lo combatimos, porque deseamos una integración que tenga como protagonista a los pueblos y no al capital trasnacional.

En ese lapso han ocurrido importantes sucesos en la lucha contra el ALCA y también en planos más generales relacionados con la economía y la política de Estados Unidos y Europa, los cuales conviene examinar para extraer las conclusiones que nos permitan ser más efectivos en esta batalla contra un enemigo tenaz, poderoso y que no cesa de aplicar nuevas tácticas para imponer su esquema de dominación.

Comencemos por recordar que en diciembre de 1990 George Bush padre viajó por América del Sur para anunciar a tambor batiente un plan que más tarde se llamaría Área de Libre Comercio de las Américas y que al hablar ante el Congreso argentino dijo que sería «la nueva declaración de interdependencia de nuestro hemisferio….. el brillante amanecer de un espléndido mundo nuevo».

Esta superlativa retórica de tiempos alegres para el imperio, cuando el ALCA, que todavía no se llamaba así, parecía indetenible debido al poderío estadounidense multiplicado por la fama del neoliberalismo triunfante, contrasta con la patética declaración de Colin Powell el pasado 6 de octubre de 2004 en un desayuno con 250 empresarios en la Cámara Americana de Comercio de Sao Paulo.

Cuando para todos era evidente que la meta de darle vida al ALCA en enero de 2005 era ya cadáver, el Secretario de Estado tuvo que decir la tontería de que «el Presidente George Bush está totalmente comprometido con la conclusión del ALCA, la que espera ver terminada al inicio de 2005».

Enero de 2005 ya quedó atrás y el proyecto ALCA original, el de los 34 países, excluida Cuba; está empantanado y su futuro, sea como ALCA o ALCA «suave», se inclina hacia la desaparición con penas y sin glorias.

Es una victoria para los que trabajamos por la derrota del ALCA, aunque una victoria parcial. En lenguaje militar diríamos que se ha ganado una batalla, pero todavía no la guerra.

Y es que el ALCA no es un simple Acuerdo de Libre Comercio, que se firma o no, sino una expresión de alta intensidad de un proyecto de dominación continental, un esquema para el saqueo sistemático de la región, una concepción sobre el desarrollo socioeconómico y sobre la soberanía y las funciones de los estados nacionales. El ALCA es el nombre con el que en cierta coyuntura aparece este proyecto, pero su contenido esencial adopta formas y procedimientos variados para imponerse, lo que obliga a una lucha múltiple e integral, para impedir que aun desapareciendo el ALCA de la escena, se imponga en la realidad el proyecto imperialista con otros rostros y nombres.

El proyecto ALCA de los 34 países sometidos a iguales disciplinas, está en crisis terminal, pero la estrategia del gobierno de Estados

Unidos para reforzar su dominio sobre América Latina y el Caribe, para integrar sus economías a la gran potencia como apéndice subordinado, para apoderarse del petróleo, el agua, la biodiversidad y explotar la fuerza de trabajo de la región, no ha desaparecido ni ha disminuido su agresividad.

La respuesta del gobierno de Bush a los complejos problemas mundiales es la militarización y la represión. La militarización se expresa en un gasto militar de unos 500 mil millones de dólares, que es más de la mitad del gasto militar mundial y que no obstante, no puede impedir un vergonzoso empantanamiento en Irak. Al mismo tiempo, la represión se proyecta incluso hacia el interior de Estados Unidos mediante una Ley Patriota que mutila severamente los derechos ciudadanos y refuerza la acción de un Estado policía que se justifica con el llamado combate contra el terrorismo.

En Irak se ha puesto en evidencia que Estados Unidos puede bombardear, invadir y arrasar países, pero no puede ganar una guerra. No basta con bombardear desde el aire con ostentoso derroche de superioridad tecnológica. Ganar una guerra implica ocupar un territorio, someter a la población derrotada y establecer cierto orden social y económico sostenible.

Esto no lo ha logrado Estados Unidos en Irak y lo que si ha logrado es contemplar el triste espectáculo del regreso a casa de unos 1 500 soldados en ataúdes. Están atrapados en el dilema del que no puede irse y tampoco puede quedarse.

En el pasado año 2004 y lo que ha transcurrido del 2005 destacan, en cuanto a la batalla entre los que quieren el ALCA y los que no lo queremos, el estancamiento de la negociación gubernamental del ALCA total, la incapacidad para definir siquiera el ALCA suave y las presiones del gobierno de Estados Unidos para avanzar en los Tratados Bilaterales o Plurilaterales de Libre Comercio.

Estos Tratados de Libre Comercio se promueven con los gobiernos más complacientes hacia Estados Unidos y es evidente su propósito de ir socavando la resistencia de los gobiernos que resisten, mediante el cerco y el aislamiento.

En ellos se ha manifestado una dura posición estadounidense que se ve facilitada por la negociación bilateral en la que la desigualdad de fuerzas es abismal, y que consiste en sostener que es un honor poder negociar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y que para merecerlo es necesario presentar un buen expediente liberalizador. Ahora el Tratado de Libre Comercio no sería tanto un estímulo para liberalizar todo lo que Estados Unidos quiere, sino que para ingresar a él debe haberse liberalizado ya hasta donde le satisfaga a Estados Unidos, quien es además el que decide cuáles de los aspirantes merecen el premio.

Endureciendo más su posición, Estados Unidos ya no sólo quiere más neoliberalismo con el ALCA, sino que exige un inmaculado expediente neoliberal para conceder a sus satélites el privilegio de comenzar a negociar un Tratado de Libre Comercio.

La Administración Bush sigue aferrada a la tesis de que el remedio para América Latina y el Caribe consiste en dosis aún mayores de neoliberalismo aún más puro, y que los Tratados de Libre Comercio son el envase que contiene ese tónico infalible.

Pero, la aplicación del tónico neoliberal durante más de dos décadas se parece más a la ingestión de un tóxico que está produciendo terribles consecuencias socioeconómicas, las que conducen a estallidos sociales y ha provocado la caída antes de terminar sus mandatos, de 9 presidentes latinoamericanos de sólidas convicciones neoliberales en la última década y media.

El más reciente de ellos -Lucio Gutiérrez- había sido condecorado el pasado 11 de abril por el general Richard Myers, jefe del comando de las fuerzas armadas de Estados Unidos, por sus esforzados servicios que incluyeron otorgarle inmunidad a los militares estadounidenses en Ecuador. Su obediencia y fidelidad le habían hecho merecedor de estar negociando un Tratado de Libre Comercio con Washington.

Otros gobiernos de profunda fe neoliberal y ejemplar docilidad hacia Estados Unidos como los de México y Nicaragua enfrentan gravísimas crisis. En México por el intento de anular la candidatura del aspirante con mayor apoyo popular y en Nicaragua, donde el gobierno está empleando una sangrienta represión contra el pueblo.

En Uruguay la obediencia al amo imperial y a la liberalización, condujo a la victoria del primer gobierno de izquierda en más de un siglo, en lo que fue otra ruptura del frente de dominio neoliberal y pro-ALCA en la región.

El tóxico neoliberal ha producido efectos devastadores que no es necesario repetir en detalle. Baste recordar que en lo más reciente, el año 2004 fue considerado por los analistas convencionales como año de recuperación del crecimiento porque América Latina creció 5,5%.

Esa mejoría no es más que patética porque los avances consistieron en disminuir el número de pobres de 224 a 222 millones y el desempleo de 10,7% a 10%. Pero América Latina sigue siendo la región del planeta con la más injusta distribución del ingreso, arrastra una deuda externa de 723 mil millones de dólares que mantiene a los países en constantes renegociaciones bajo las reglas y la condicionalidad del FMI, tiene al 60% de sus niñas y niños sumidos en la pobreza, 53 millones de sus habitantes padecen hambre, y son analfabetos 42 millones de latinoamericanos.

El ALCA y los Tratados de Libre Comercio ni siquiera mencionan a la deuda externa. La propaganda del libre comercio evade este tema, pero su importancia es de tal magnitud que no puede hablarse con seriedad del desarrollo económico y social o de la integración latinoamericana sin una solución a este crucial problema.

El silencio sobre la deuda externa implica que ningún Tratado de Libre Comercio de los que hoy se proponen o se negocian se propone enfrentar los verdaderos retos para el subdesarrollo, la inequidad social y la pobreza. En ellos el libre comercio no es más que la frase engañosa tras la que se encuentra el interés real en la liberalización financiera, la libertad al movimiento del capital y en un comercio que no es ni ha sido nunca libre y que su nombre verdadero es el de intercambio desigual.

Entre 1995 y 2004 mientras tenían lugar las largas y estériles negociaciones sobre el ALCA, mientras nueve grupos de negociación trataban de resolver la cuadratura del círculo y descifrar la filosofía del «ALCA light», la América Latina pagó como servicio de su deuda externa 1 millón de millones 554 mil millones de dólares , a un ritmo de desangramiento promedio anual de 155 mil millones de dólares.

La enorme suma entregada sólo en los últimos diez años es más del doble que la deuda latinoamericana actual. El siniestro mecanismo que conduce a pagar más para tener una deuda creciente y eterna, es el primer responsable del subdesarrollo, la pobreza y los repetidos fracasos de la integración regional.

Es imposible que puedan integrarse economías que viven en permanentes renegociaciones de deuda y que antes de emprender acciones de integración regional, deben cumplir con los «ajustes» del

FMI que desajustan del todo la posibilidad de avanzar en políticas y proyectos comunes. Cada país endeudado suscribe compromisos en los que se definen porcentajes de superávit fiscal, cronogramas para el cumplimiento de las metas puestas por el FMI y otras muchas cosas.

De ese modo, cada país recibe su plan de ajuste que no es más que el permiso para acceder a otra próxima renegociación, y se crea un variado mosaico de planes de ajuste que constituyen el centro rector de la política económica e impiden cualquier política común. En tiempos de crisis financieras muy frecuentes que los gobiernos intentan remediar con ajustes recesivos desincronizados y dictados por el FMI, las políticas comunes y la integración regional misma se hacen retóricas.

Al ignorar el tema de la deuda externa, el ALCA y los Tratados de Libre Comercio pretenden convertirnos a todos en avestruces que en tanto repiten las alabanzas a la liberalización, entierran las cabezas en la arena para no ver el principal y enorme obstáculo.

Es necesario recordar de nuevo, a propósito del libre comercio que promete el acceso al gran mercado de Estados Unidos, que la realidad de esa economía demuestra lo contrario de lo que el discurso promete.

En el año 2004 el déficit comercial de Estados Unidos implantó un nuevo record histórico de 617,700 millones de dólares. Este enorme déficit es uno de los factores que provoca la desconfianza en el dólar y es evidente que no es sostenible indefinidamente.

A la economía que realmente funciona en Estados Unidos le interesa exportar hacia cualquier mercado con alguna capacidad de compra. Le interesa abrir y penetrar mercados externos por cualquier medio y evitar la competencia extranjera dentro de su mercado, para lo cual dispone de un verdadero arsenal de medidas proteccionistas para los productos agrícolas, el acero, los textiles y otros muchos productos protegidos por subsidios, apoyos internos a la producción, barreras técnicas al comercio, medidas anti-dumping, disposiciones fitosanitarias y muchas más.

El libre comercio es la frase de moda y es también el centro de una de las más grandes manipulaciones mediáticas, junto a otras frases como derechos humanos, lucha contra el terrorismo, democracia representativa, etc.

En los años 90 la resistencia de los movimientos sociales fue contra el modelo neoliberal, que entonces se asociaba con los «planes de ajuste estructural» del Fondo Monetario Internacional, cálidamente apoyados por el Banco Mundial.

Ahora enfrentamos la «ola del libre comercio» que ha rebasado con mucho el significado tradicional del término libre comercio y que hoy significa no sólo y no tanto comercio, sino la proyección global

de una estrategia de dominación imperialista que utiliza al neoliberalismo como su modo de ser, y que se ramifica y extiende constituyendo un paquete integrado.

Hoy, cuando escuchamos el término libre comercio en labios del gobierno de Estados Unidos, del G-7, del FMI, del BM, esto significa mucho más que comercio e incluye el ALCA y las negociaciones de la OMC, los Tratados Bilaterales y Plurilaterales de Libre Comercio y de Inversiones, los Acuerdos Regionales como el Plan Puebla Panamá, el Acuerdo Andino sobre Comercio y erradicación de drogas, los planes de militarización y represión como el Plan Colombia, la instalación de bases militares y la deuda externa.

Para el paradigma neoliberal el problema es bien claro y simple: a mayor liberalización comercial, mayor crecimiento económico, reducción de la pobreza y progreso general. Según él, sólo en un comercio genuinamente libre, el mercado funcionará de modo perfecto, hará las mejores asignaciones de recursos y establecerá la especialización óptima para cada país. Para que el mercado funcione de modo perfecto, nada debe perturbar su libre accionar. El estado debe sacar sus manos del comercio y de la economía en general para dejar que el mercado y las ventajas comparativas decididas por él, lo resuelvan todo de la mejor manera posible.

No es más que la vieja teoría liberal que se remite a Adam Smith y «Las Riquezas de las Naciones» en 1776, ahora maquillada con modelos econométricos, y sofisticada retórica pero con las carencias que desde su origen tuvo y no ha podido borrar, esto es, ventajas comparativas estáticas concebidas para que el libre mercado las profundice y haga eternas, combinación de recursos y factores también estáticos en un mundo de pequeñas empresas en el que ninguna podría tener ventajas decisivas sobre otra en cuanto a información, financiamiento o tecnología. Un mundo sin empresas transnacionales, con un comercio internacional casi exclusivamente de bienes, sin monopolios de propiedad intelectual, sin comercio intrafirma ni cadenas corporativas gigantescas que controlan dentro de su circuito desde la siembra de café hasta su comercialización final. Un mundo sin las realidades determinantes del capitalismo contemporáneo y por tanto incapaz de explicar lo que ocurre, pero al que los neoliberales invocan siempre como suprema raíz de la ciencia económica.

No es posible olvidar que el libre comercio al nacer como teoría con Smith adjudicó a Estados Unidos una creciente prosperidad basada en su agricultura. Debían ignorar las manufacturas industriales y aprovechar su ventaja agrícola mientras importaban manufacturas británicas. Pero, personajes de gobierno en Estados Unidos como Abraham Lincoln hicieron todo lo contrario y podrían ser hoy calificados por la retórica liberalizadora del gobierno de Bush como horribles proteccionistas porque pusieron al gobierno a jugar un papel activo en modificar la ventaja comparativa estática y crear otras ventajas que hicieron a Estados Unidos abandonar su papel como país agrícola.

Para los países subdesarrollados el libre comercio es otra cosa bien distinta.

Para Eduardo Galeano «la división del trabajo entre las naciones consiste en que unas se especializan en ganar y otras en perder». Examinado con objetividad el comercio internacional cumple hoy varias funciones en el sistema imperialista de dominación.

Esas funciones son: instrumento de dominio en favor de los países ricos, factor de acentuación y perpetuación de desigualdades e inequidades y escenario de una virtual guerra por controlar los mercados actuales y los del futuro.

Incluso más: el libre comercio ni es libre ahora ni lo ha sido nunca, ni es ya siquiera comercio de acuerdo al concepto clásico de éste, ni su práctica genera crecimiento económico per se, ni reduce la pobreza, ni reparte «beneficios mutuos» entre las partes que comercian.

En 1963 Che Guevara diría: «¿Cómo puede significar beneficio mutuo vender a precios de mercado mundial las materias primas que cuestan sudor y sufrimiento sin límites a los países atrasados y comprar a precio de mercado mundial las máquinas producidas en las grandes fábricas automatizadas del presente»? También pertenece a Che Guevara esta exacta definición del libre comercio: «libre competencia para los monopolios; zorro libre entre gallinas libres».

Por desgracia, casi todo el Sur se ha tragado la píldora del libre comercio. No pueden los voceros de la apertura comercial acusar de rebeldía o siquiera de falta de cooperación a buena parte de los gobiernos de países del Sur en los años del neoliberalismo en auge.

Siguiendo la prédica del G-7 hicieron un desarme arancelario y en general, una apertura comercial más rápida y profunda que la realizada por los mismos padres de la propuesta. De allí resultan realidades tan absurdas que causarían risa si no tuvieran un significado tan doloroso para los pueblos.

Dieciseis países de África Subsahariana tienen economías más abiertas que la de Estados Unidos, pero no le quitan el primer lugar a América Latina (insuperable discípula neoliberal) que tiene 17 países en esa condición.

El liderazgo mundial lo tiene Haití. Reúne varias cualidades que revelan una coherencia impresionante. Es el país más pobre del hemisferio occidental y uno de los más pobres del mundo. Su pobreza es antológica, dolorosa y cruel.

Pero desde 1986 Haití alcanzó el galardón como economía totalmente abierta, según clasificación del FMI. Ha recibido cálidos elogios por su ejemplar voluntad aperturista.

Es un ejemplo irrefutable de que la obediencia al modelo neoliberal de libre comercio es incapaz de resolver la pobreza y el subdesarrollo.

Noam Chomsky, refiriéndose al ALCA sintetizó lo esencial del proyecto imperialista, al expresar: «No se trata de un área de libre comercio. Los que están enfrascados en su diseño no están a favor del libre comercio. Si lo estuvieran, todo se podría recoger en un documento de una solo página. Sin embargo, de lo que se trata es de una serie de documentos muy detallados que son una combinación de liberalización con proteccionismo, que de hecho en su mayor parte no se refieren a nada que pueda considerarse comercio. Más bien digamos que se busca introducir cosa como precios monopólicos de los productos, de los propios medicamentos. Por ejemplo, las nuevas propuestas están dirigidas a permitir a estas tiranías privadas (las corporaciones), el control sobre los servicios la salud, la educación, el agua, los asuntos relacionados con el medio ambiente. Eso nada tiene que ver con el comercio y si mucho que ver con la transferencia de poder de manos del Estado, del pueblo, en tanto pueda éste estar representado por el Estado, a manos privadas».

El señuelo del libre comercio no es de la autoría exclusiva del gobierno de Estados Unidos. También la Unión Europea propone Tratados de Libre Comercio de igual filiación ideológica, igual naturaleza explotadora e igual hipocresía liberalizadora.

Actuando en su papel de aliado de segunda fila que acepta la hegemonía norteamericana, la Unión Europea trata de meter la mano en el festín y hacerle cierta competencia a las transnacionalidades estadounidenses, respetando siempre los límites más allá de los cuales el gobierno hegemónico los expulsaría de la mesa del banquete.

Los Tratados de Libre Comercio propuestos a América Latina por Estados Unidos y la Unión Europea se parecen unos a otros como los hermanos gemelos que realmente son. Más de la mitad de las privatizaciones de servicios públicos que tanta corrupción y pérdida de soberanía han traído consigo, las han protagonizado transnacionales europeas.

Ante la oleada de Tratados de Libre Comercio, los movimientos sociales no han estado cruzados de brazos. Sus luchas de resistencia han sido el principal obstáculo con que han tropezado los intentos por encuadrar a la región dentro del proyecto imperialista.

En los quince meses transcurridos desde el Encuentro anterior, el ALCA, los Tratados de Libre Comercio, las privatizaciones, la militarización, el terrorismo como pretexto, el FMI, el Banco Mundial, la deuda externa, actuaron con mayor claridad como un paquete integrado formando parte de aquel proyecto imperialista. Esto requiere una respuesta en términos de una lucha también integrada, en la que no se pierda de vista el conjunto del plan de dominación, aunque éste adopte variados nombres y formas.

En las acciones de los movimientos sociales se unieron en mayor grado la lucha de obreros, campesinos, mujeres, jóvenes, indígenas, estudiantes, religiosos, pobres, explotados, excluidos, trabajadores informales, contra un enemigo cuyo rostro puede asumir forma de ALCA, de Tratados de Libre Comercio, de FMI, de OMC, de Banco Mundial, de desempleo, de discriminación contra los derechos de mujeres y jóvenes, de explotación redobladas sobre campesinos e indígenas, de depredación del medio ambiente por las ansias de lucro, de medicamentos y servicios sociales costosos e inaccesibles, de gobiernos sumisos ante el enojo del amo, de manipulación mediática para introducir la desinformación y la cultura de la dominación.

Los intentos por establecer Tratados de Libre Comercio en Centroamérica y en algunos países andinos, encontraron siempre movilizaciones populares y variadas formas de resistencia de movimientos sociales vinculados a la Alianza Social Continental y a la Campaña Continental contra el ALCA. Adquirió fuerza en este período la lucha de los movimientos sociales contra la privatización de servicios públicos como la electricidad en México, el agua en Bolivia, la salud en El Salvador, la enseñanza superior en Chile. Los movimientos sociales acumulan ya un largo y nutrido expediente de luchas de resistencia, de denuncia, de movilización popular. Ellos han sido en estos años de neoliberalismo arrogante y hegemonía estadounidense, las principales vallas de contención del proyecto imperialista.

Desde los primeros momentos de sus luchas, los movimientos sociales entendieron que la denuncia y la lucha contra el modelo neoliberal eran imprescindibles, pero que junto a ellas debía elaborarse una propuesta alternativa bien diferente al mundo de explotación y exclusión del capitalismo neoliberal.

Al escoger el Foro Social Mundial como lema el de «un mundo mejor es posible», estaba expresada la unidad entre la resistencia al mundo contra el que luchamos, y la necesaria propuesta del mundo mejor y posible que deseamos construir.

Uno de los ataques más utilizados por los enemigos de los movimientos sociales es el de afirmar que somos eficientes en la crítica, pero incapaces de proponer una solución alternativa.

Durante años y en sucesivas versiones que fueron ampliando su contenido, la Alianza Social Continental fue avanzando en una propuesta útil y valiosa, la Alternativa para las Américas, que reúne los esfuerzos de varias organizaciones y un número de personas que aportaron estudios y redactaron propuestas en temas específicos. Es un documento de permanente consulta y abierto a sucesivos desarrollos.

La necesaria propuesta de una alternativa e incluso el inicio de su puesta en marcha, recibieron un impulso sustancial con el planteo por el Presidente Hugo Chávez de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA).

La Revolución Bolivariana que en Venezuela ha resistido y resiste los embates del gobierno de Estados Unidos y de la oligarquía que empobreció y saqueó al país, ha rechazado al ALCA, no sólo porque excluye a las exportaciones de la región del mercado de Estados Unidos, sino por razones más profundas. Lo ha rechazado por ser un instrumento de dominación y saqueo, por ser modelo de antidesarrollo, por intentar condenar a latinoamericanos y caribeños a renunciar a la integración de nuestros pueblos para aceptar el papel de apéndices subordinados de Estados Unidos.

En la negociación gubernamental el Gobierno de Venezuela ha sido el que con mayor energía ha denunciado al ALCA y el único que ha ido más allá del regateo negociador sobre acceso a mercados, para plantear la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA); de naturaleza opuesta al ALCA y con principios coincidentes con la aspiración de todos los que aquí estamos, de construir el otro mundo mejor y posible.

Ese otro mundo posible, sólo es realmente posible si avanzamos en la verdadera integración latinoamericana y caribeña. Esa integración a que nos convoca la historia, la cultura, el derecho al desarrollo y que está expresada como anhelo de futuro y destino superior por tantos héroes de nuestras luchas emancipadoras.

Los gobiernos de Venezuela y Cuba suscribieron el pasado 14 de diciembre de 2004 una Declaración Conjunta y un Acuerdo para la aplicación del ALBA.

De allí extraigo los principios que sirven de base al proceso ya en marcha de construcción del ALBA entre Venezuela y Cuba, como un primer paso hacia la Patria Grande en la que quepan en convivencia fraternal, los pueblos latinoamericanos y caribeños.

El principio cardinal que debe guiar al ALBA es la solidaridad entre los pueblos.

* El comercio y la inversión no deben ser fines en si mismos, sino instrumentos para alcanzar un desarrollo justo y sustentable.

* Trato especial y diferenciado que tenga en cuenta el nivel de desarrollo de los diversos países y la dimensión de sus economías.

* Complementariedad y cooperación económica que promuevan una especialización productiva eficiente.

* Planes especiales para países menos desarrollados, que incluye un Plan Continental contra el Analfabetismo, un plan latinoamericano para tratamiento gratuito de salud a personas que carecen de esos servicios, un plan de becas de carácter regional.

* Creación del Fondo de Emergencia Social propuesto por el Presidente Hugo Chávez.

* Desarrollo integrador de las comunicaciones y el transporte.

* Acciones para propiciar la sostenibilidad del desarrollo mediante normas que protejan el medio ambiente, estimulen un uso racional de los recursos e impidan que proliferen patrones de consumo derrochadores y ajenos a la realidades de nuestros pueblos.

* Integración energética que asegure el suministro estable de productos energéticos.

* Fomento de las inversiones de capitales latinoamericanos. Creación de Fondo Latinoamericano de Inversiones, el Banco de Desarrollo del Sur y la Sociedad de Garantías Recíprocas Latinoamericanas.

* Defensa de la cultura, la identidad de los pueblos y el derecho a la información. Creación de la Televisión del Sur (TELESUR).

* Medidas para que las normas de propiedad intelectual protejan el patrimonio de los países de la región frente a la voracidad de las empresas transnacionales.

* Concertación de posiciones en la esfera multilateral y en los procesos de negociación de todo tipo con países y bloques de otras regiones.

Esta dimensión propositiva y constructiva que se potencia con la Alternativa Bolivariana para las Américas, es un camino abierto para ir avanzando los movimientos sociales y los gobiernos populares que estén decididos a hacerlo, en la creación colectiva del mundo en que la solidaridad y no el lucro, sea el núcleo básico.

El ALCA y la trampa del libre comercio continúan acechando a nuestra América y no es difícil ver que la lucha será larga y compleja. La derrota definitiva del ALCA y aun más, del proyecto imperialista de dominación, la tendremos cuando la integración de los pueblos sea una realidad irreversible.

Las organizaciones sociales cubanas que integran el Capítulo Cubano de la Alianza Social Continental, actuando como Comité Organizador de este IV Encuentro les reitera la bienvenida y les expresa nuestra alegría por acogerlos aquí, con la confianza y la esperanza depositada en ustedes.

No ha pasado mucho tiempo desde que en mayo de 1997 surgió la iniciativa de crear la Alianza Social Continental.

Eran tiempos de ALCA y de neoliberalismo pujante, de fuerte ofensiva imperialista, de repliegue e incluso deserción de algunos, de pesimismo e incluso derrotismo en muchos.

En menos de una década la Alianza se ha transformado en una fuerza social que no es posible ignorar. Si el ALCA total se encuentra congelada, si los TLC encuentran luchas sociales contra ellos, si a los neoliberales les resulta imposible formar la sociedad de mercado que desean, si gobiernos sumisos se derrumban, en todo están presentes y combativos los movimientos sociales.

Es para nosotros un honor recibirlos en momentos de especial significado para nuestro pueblo, cuando empezamos a dejar atrás el duro período de crisis económica que se abrió a comienzo de los años 90.

Entonces nos quedamos solos frente a la potencia hegemónica henchida de arrogancia, y que no demoró en cerrar más el cerco del bloqueo. Muchos no creyeron que Cuba podría resistir.

Ahora, la realidad es ya diferente. No sólo hemos resistido, sino que iniciamos una etapa de ascenso económico expresada, entre otras cosas, en que hemos retirado el dólar de la circulación y hemos revaluado nuestra moneda.

Nuevas posibilidades de desarrollo se abren para nosotros como resultado, entre otras cosas, de los recursos humanos calificados formados por la Revolución y por las relaciones de intercambio con la República Bolivariana de Venezuela y la República Popular China.

A ustedes, compañeras y compañeros de los movimientos sociales, que no han escatimado la solidaridad con Cuba, los acogemos con un abrazo fraternal en la patria de José Martí.