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Conferencia de Bernard Cassen

Las insuperables contradicciones entre el libre comercio y los imperativos ecológicos

Fuentes: Altermundo

Conferencia impartida en la Fábrica de Oleiros (Galizia), dentro del evento Revela, el 10 de julio de 2008.

Bernard Cassen, director general de Le Monde Diplomatique hasta marzo de este año y considerado, junto a Chico Whitaker y Oded Grajew, uno de los padres del Foro Social Mundial así como inventor de la frase «otro mundo es posible», llenó el jueves día 10 la tercera edición de Revela <http://www.revelaoleiros.org>, una excelente iniciativa del Ayuntamiento de Oleiros (A Coruña-Galiza) que impulsa el encuentro entre la realidad social y la ciudadanía por medio de la fotografía. Pura acción local.

Cassen habló de las insuperables contradicciones entre el libre comercio y los imperativos ecológicos, o lo que es lo mismo, de su firme creencia de que es imposible salvar el planeta y la humanidad con el mundo manejado por las insaciables garras del libre mercado. El fundador y miembro del Comité Científico de Attac, que ahora, junto a Ignacio Ramonet está ligado a la organización Memoria de las Luchas, consideró una incongruencia y un acto de cinismo que en la reciente reunión del G8 en Hokkaido (Japón) los autoproclamados amos del mundo, un exclusivo club de países ricos que juegan a gobernar a la humanidad entera, hablaran en la misma mesa de reducir las emisión de gases con efecto invernadero un 50 por ciento -¡para 2050!, cuando ellos ya no estarán- y de propiciar una mayor apertura del comercio mundial a través de la OMC. Del mismo modo, criticó la irresponsable actitud de la Comisión Europea, que a su juicio es imposible que se erija como abanderada de la superación de las crisis energética y climática y a la vez pretenda que los mercados sean «más libres». Para estas instancias las dos cosas pueden vivir juntas. Para Bernard Cassen no.

El parisino se preguntó también porque tanta insistencia en la potenciación del libre comercio en Europa y porque en el Tratado de Lisboa, según él impuesto dictatorialmente por la Comisión a pesar de que muchos -como reconoció el propio presidente irlandés- ni siquiera leyeron los textos, cuando se habla de «libertades fundamentales» sólo se hace referencia a cuatro: libertad en la circulación de capitales, libertad en la circulación de bienes, libertad en la circulación de servicios y libertad en la circulación de personas, aunque esta última de manera relativa. ¿Quien está dispuesto a morir por estos ideales?, ironizó Cassen al tiempo que afirmaba que los derechos sociales no pueden depender del libre comercio.

«El libre comercio desarma el poder político, los flujos de capitales pasan sobre de la cabeza de los dirigentes como quieren», dijo. Como ejemplo hizo referencia al TLCAN, el tratado de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México, según lo cual si los Estados hacen legislaciones que eviten las inversiones -destructoras- de las empresas, estas pueden reclamar indemnizaciones no por lo que pierden, sino por lo que dejan de ganar. «Esta libertad de inversiones es una aberración para los pueblos del planeta y la UE es un perfecto ejemplo de esto, pues el libre comercio debilita extremadamente la capacidad de decisión de los ciudadanos».

«En los últimos 20 años el PIB mundial creció un 50 por ciento y en la misma época, el volumen del comercio de bienes creció un 170 por ciento. No hay correlación. Hay mucho más comercio que producción y esto es insostenible. No se puede estar de acuerdo con un sistema en el que el comercio se hace entre países que producen las mismas cosas -el comercio intraeuropeo representa casi el 80 por ciento del total en Europa-, es absurdo», continuó. El resultado de esto es un gasto increíble en transporte y un daño irreparable al planeta. Un abuso irracional de la energía, en la que el transporte representa un gasto del 26 por ciento. Según Cassen el porcentaje del precio del transporte en el precio final de los productos sólo es de un 2 por ciento, pero esto nunca incluye los costos ecológicos. Eso no se calcula, porque si no todos esos productos que van de un país la otro serían muchísimo más caros. «Yo espero que el barril de crudo suba a 300 o a 500 dólares para que bajemos de la nube, no se puede seguir así», afirmó. El transporte es una de las causas que más emisión de gases con efecto invernadero produce y la dependencia es mayor aún en Japón y Europa, pues en Estados Unidos, al tener 6.000 kilómetros entre costa y costa, el transporte ferroviario está más desarrollado.

Bernard Cassen hizo también referencia al campo agrícola, denunciando que la Comisión Europea está plegada a los intereses de Monsanto en la expansión de los transgénicos a pesar de que, por ejemplo, el 80 por ciento de los franceses no los aceptan. «la Comisión dice que tampoco se puede atentar contra el libre comercio de los transgénicos. No se puede mantener un sistema en el que hay países que consumen lo que no producen y otros que producen lo que no consumen. Esto es malo para el planeta y extermina a los pequeños agricultores, cuando está demostrado que las pequeñas explotaciones agroecológicas consumen 80 veces menos energía que la agricultura productivista», dijo. En el fondo de la cuestión está la deuda, que es la razón principal del impulso que se le está dando a las grandes explotaciones agroindustriales, especialmente en el Sur, cuando todos sabemos que esa deuda, muchas veces ilegal e ilegítima, ya se pagó siete veces. Además, «los monocultivos de soja o palma responden la una destrucción programada del Amazonas», concluyó el francés.

Del mismo modo cargó contra los agrocombustibles haciendo referencia a un informe del Banco Mundial -que curiosamente desapareció al poco de salir a la luz- que afirmaba que los agrocombustibles eran los responsables del 75 por ciento del incremento en los precios de los alimentos. «Según muchos científicos, teniendo en cuenta el transporte, los gastos de producción, etc. los agrocombustibles generan más emisiones aún que los combustibles fósiles»

El papel de la Unión Europea

Cassen dedicó una buena parte de su exposición a criticar la actitud de la UE, de la que dijo que hace «cosillas», «un 5-10 por ciento blanco, como la red Natura 2000, y un 90-95 por ciento negro, porque los fundamentos de la Comisión Europea son favorables al libre comercio y contrarias a lo ecológico».

Entre las políticas hostiles a la ecología de la UE citó la Política Agraria Común (PAC) que favorece a la agricultura productivista, pues el 20 por ciento de las empresas llevan el 80 por ciento de las subvenciones. «Se prima la contaminación y el gasto exagerado como en el caso del maíz, que precisa cantidades gigantescas de agua. Hay que suprimir los subsidios al maíz». Cassen también se refirió a la agroecología afirmando que la UE no está a favor de esa opción. Para explicarlo hizo referencia a una reciente directiva que habla de permitir la competencia entre los dos modelos de agricultura y del buen funcionamiento del mercado interior, cosa totalmente absurda.

También habló de la política irracional en materia de transporte de la UE, que invertirá entre 400 y 500 mil millones de euros hasta 2020 en aumentar la red de autopistas, aeropuertos y alta velocidad, cuando por ejemplo en Francia están cerrando las líneas de ferrocarril entre pequeñas localidades, un servicio esencial a la población que se debería potenciar.

Por último, Cassen denunció las prácticas de la Mesa Europea de Industriales (ERT), un poderoso lobby formado por presidentes de empresas que muchas veces redacta directamente los textos que aprueba la Comisión y acusó a los Estados de cargar en los individuos la responsabilidad de cuidar del planeta: «el neoliberalismo nos echa la culpa individualmente del desastre, diciendo que debemos ser responsables en nuestros comportamientos cotidianos, pero por mucho que hagamos cada uno de nosotros no sirve para nada, deben ser grandes decisiones en altas instancias las que actúen para resolver el mastodóntico problema ambiental que tenemos encima».

Y terminaba, «No hay una Europa ecológica como no puede haber una Europa social, pues un aparato construido para edificar el libre comercio es imposible que mire por estas importantes cuestiones. En mi opinión es mejor que no toquen los derechos sociales, porque cada vez que lo hacen es para peor, como ya vimos con la directiva de las 65 horas, la directiva de retorno o la anulación de la norma que prohibía el trabajo nocturno de la mujer en Francia». «Nuestro modelo de desarrollo no se puede exportar a todo el mundo. Tenemos que cambiarlo».

Foro Social Mundial

Cabe resaltar la respuesta de Bernard Cassen a una pregunta del público interesándose por los foros sociales, pues este año Galiza tendrá su primera edición . Para Cassen, que según dijo vio nacer en su despacho de Le Monde Diplomatique el Foro Social Mundial (FSM), hay que seguir con los foros sociales, son muy importantes para crear conciencia global, pero probablemente, y siempre según su opinión, habrá que redefinirlos. «Lo que ocurre en algunos gobiernos de América Latina pienso que obliga la replantearnos los foros. Si hay gobiernos progresistas que llevan a la práctica muchas de las reclamaciones que los movimientos sociales hacen en los foros, ¿no deberíamos plantearnos la relación que tenemos con la política?». En este punto el miembro de Attac informó de que estas cuestiones están creando un debate muy intenso e interesante en el Consejo Internacional del FSM, en el que hay corrientes que quieren seguir como hasta ahora, sin permitir la participación de organizaciones partidarias, y otros que hablan ya de postaltermundialismo, que estaría compuesto por movimientos sociales, partidos políticos y gobiernos progresistas. Cassen terminó su intervención acusando a periódicos supuestamente progresistas como Libération, Le Monde y especialmente Él País de practicar terrorismo informativo contra gobiernos como el de Hugo Chávez, incluso con más virulencia que medios venezolanos como El Nacional y El Universal. «Lo que hacen no es periodismo, es otra cosa», concluyó.

Traducido del gallego original: http://altermundo.org/portal/content/view/1671/1/