Recomiendo:
0

Movimientos sociales y educación popular en tiempos de globalización

Fuentes: Alai

Este artículo explora las nuevas posibilidades que ofrece la sociedad informacional y global para los movimientos sociales dedicados a la educación popular. A partir del análisis de tres conceptos clave – globalización, popular y sociedad-red – se lleva a cabo una aproximación a las características específicas del nuevo periodo histórico. A continuación se aborda la […]

Este artículo explora las nuevas posibilidades que ofrece la sociedad informacional y global para los movimientos sociales dedicados a la educación popular. A partir del análisis de tres conceptos clave – globalización, popular y sociedad-red – se lleva a cabo una aproximación a las características específicas del nuevo periodo histórico. A continuación se aborda la dimensión educativa de los movimientos sociales y el trabajo que en torno a la educación se viene construyendo en el marco de los Foros Sociales Mundiales de Porto Alegre (Brasil) y Bombay (India). Finalmente, se analizan experiencias de educación popular – del contexto latinoamericano y español- que utilizan internet y la lógica de la red.

¿Cuánta globalización podemos soportar?

Desde el último tercio del siglo XX una serie de transformaciones económicas, políticas y culturales, agrupadas bajo el término globalización, han ido adquiriendo un progresivo protagonismo en el conjunto de la sociedad. En nombre de la globalización se someten cada vez más espacios a la lógica mercantilista del beneficio económico, se privatizan empresas públicas y servicios sociales, se recortan los presupuestos para financiar el Estado del Bienestar, se exalta al consumidor en detrimento del ciudadano, etc. La invocación a la globalización en el campo educativo hace que se impongan unos modelos gerencialistas dirigidos a satisfacer las necesidades del mercado. El conocimiento, la educación y la cultura funcionan, en la lógica del sistema, como meras mercancías.

En este contexto, cobra sentido la pregunta del filósofo alemán Rüdiger Safranski: ¿cuánta globalización podemos soportar?[1]. Para unos pocos, la globalización ha generado un escenario ideal en el que aumentar su riqueza y poder; para la inmensa mayoría de la población del planeta, la globalización ha supuesto mayores grados de exclusión, pobreza y desigualdad. Hoy más que nunca se hace necesaria una mirada crítica hacia la realidad con el fin de denunciar sus dinámicas generadoras de desigualdad y, a su vez, anunciar nuevos referentes desde los que organizar la vida social. Este es el fin último del presente artículo. A partir de la revisión inicial de conceptos clave como globalización, educación popular y sociedad-red, exploraremos los modos en los que, en la actualidad, los movimientos sociales están impulsando nuevas propuestas educativas que contemplan la lógica de la red como principio articulador.

Para empezar, es importante analizar el término globalización, dado que los conceptos dominantes en una época son al mismo tiempo los conceptos de los que dominan. Como sugiere Armand Mattelart, se hace necesario reconstruir los orígenes de esta terminología con el fin de borrar el supuesto carácter intransitivo que, en el marco ideológico capitalista, adquieren términos como «globalizar», «comunicar», «informar»[2]. La pregunta a formular sería, entonces, «¿qué es lo que se ha globalizado?».

Lo que se ha globalizado ha sido el sistema capitalista. En un sentido amplio, la globalización hace referencia a la tendencia expansiva que ha tenido desde sus orígenes el capitalismo, una fuerza centrífuga que le llevó – desde el siglo XV- a salir de las fronteras europeas en busca de materias primas y nuevos mercados. En un sentido estricto, la globalización es la última etapa conocida del sistema capitalista. Comienza en el último tercio del siglo XX, en la confluencia de una serie de acontecimientos históricos de gran envergadura y carga simbólica: en el terreno económico, la crisis del petróleo y la crisis de la deuda externa en el Tercer Mundo, y en el terreno político, la caída del muro de Berlín y el triunfo de los gobiernos neoconservadores de M. Thatcher (Gran Bretaña) y de R. Reagan (EE.UU.)[3].

La globalización ideológica: el pensamiento único

La dimensión ideológica de la globalización fue bautizada por Ignacio Ramonet en 1995 como el pensamiento único. El director del periódico Le Monde Diplomatique lo define como la traducción, a términos ideológicos de pretensión universal, de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en especial las del capital transnacional. En el pensamiento único cristalizan las teorías neoliberales gestadas en la Escuela de Chicago y propagadas por todo el mundo hasta alcanzar la hegemonía mundial a partir de la última década del siglo XX.El principio básico de su programa es que la economía está por encima de la política. Además, hay una serie de conceptos clave: el mercado, cuya mano invisible corrige las asperezas y disfunciones del capitalismo, y muy especialmente los mercados financieros, cuyos signos orientan y determinan el movimiento general de la economía; la concurrencia y la competitividad, que estimulan y dinamizan las empresas; el librecambio sin limitaciones, factor de desarrollo ininterrumpido del comercio en nuestras sociedades; la división internacional del trabajo, que modera las reivindicaciones salariales y rebaja sus costes, etc.[4]

Estos principios se imponen a escala mundial, por parte de las fuerzas globalizadoras, como verdades absolutas. Los principales mandatarios políticos y empresariales los repiten incansablemente como si de un nuevo credo se tratase. Lejos de quedarse encerrados en la esfera económica, estos presupuestos invaden el espacio cultural, educativo, las relaciones interpersonales, etc. El pensamiento único tiene pretensiones totalizantes: aspira a conquistar todas las esferas de la vida personal y social bajo la apariencia de lo normal y lo natural. Quienes se atreven a cuestionar los principios en los que se sustenta la globalización capitalista y el pensamiento único son representados como generadores de caos. Probablemente sea la fuerza del pensamiento único la que justifique, hoy en día, la pregunta de Boaventura de Sousa Santos: ¿ por qué, viviendo en el inicio del milenio en un mundo donde hay tanto para criticar, se ha vuelto tan difícil producir una teoría crítica?[5].

Globalizacion, globalidad, globalismo

Hasta el momento, hemos visto dos dimensiones de la globalización. En primer lugar, la globalización de carácter eminentemente económico, que hace referencia al modo de concebir la economía en la nueva etapa del sistema capitalismo: protagonismo de los flujos especulativos de capital, nueva división mundial del trabajo, etc. En segundo lugar, observamos que a la globalización económica capitalista le acompaña un envoltorio ideológico, el pensamiento único. Además, podemos identificar una tercera dimensión de la globalización que nos remite a una característica específica de la sociedad actual: la interconexión. Vivimos en un mundo que, de repente, parece que se ha hecho pequeño. Las distancias espaciales y temporales se han reducido considerablemente. Podemos saber, en tiempo real, lo que sucede a millones de kilómetros de distancia. Incluso puede que esos acontecimientos en apariencia lejanos lleguen a afectarnos directamente en nuestras vidas. La interconexión e interdependencia se han visto reforzadas con la llegada de la globalización.

Estos tres niveles a los que hemos hecho alusión han sido formulados por Ulrich Beck[6].

Nos permiten distinguir un proceso económico (globalización), otro ideológico/político (globalismo) y un tercero de carácter social (globalidad). A la hora de situar la tarea educativa de los movimientos sociales en la era de la globalización, es importante descubrir cuál es la globalización a la que se oponen y, por el contrario, cuál es la globalización que defienden. Estos movimientos se oponen a una economía regida por los principios neoliberales y el pensamiento único; pero apuestan por la construcción de otro mundo posible – uno de los lemas identificativos del movimiento – en el que se gestionen de otro modo más igualitario y justo las posibilidades que ha traído el nuevo contexto de la globalización. No se oponen a la globalidad de un mundo interconectado. De hecho, afirman que la solidaridad tiene un componente global ; además, tal y como veremos más adelante, aprovechan las nuevas redes tecnológicas para construir y difundir sus propuestas sociales y educativas.

¿De qué estamos hablando cuando nos referimos a lo popular?

En torno a esta pregunta, Néstor García Canclini – uno de los expertos mundiales en cultura popular – ha sistematizado su visión de los procesos de participación popular en la comunicación y en la cultura. En un ensayo que vio la luz a mediados de los ochenta[7], planteaba que para aproximarse a lo popular había que realizar dos tareas iniciales: sumergirse en la existencia cotidiana del pueblo y ser etnólogos de nuestros propios prejuicios. Reflexionar en torno a estas claves nos puede permitir profundizar en el sentido de este término complejo y ambiguo.

Para ello, habría que remontarse hasta los trabajos de Batjin,[8] con el fin de descubrir la necesidad de superar los límites de la razón instrumental en el acceso a lo popular. En sus estudios centrados en la Edad Media y el Renacimiento, observa en la cultura popular una diferencia de principio respecto a las formas de culto y las ceremonias de la Iglesia o del Estado feudal. Identifica una visión del hombre y de las relaciones humanas totalmente diferente; parecía que se había construido, al lado del mundo oficial, un segundo mundo y una segunda vida a la que los hombres de la Edad Media pertenecían en una proporción mayor o menor y en la que vivían en fechas determinadas[9]. Con el tiempo, la cultura popular será desplaza por las formas culturales oficiales y por la racionalidad que ellas imponen. Con el desarrollo del mundo artesanal y la creación del sistema de mercado se proyectó un nuevo sentido del ser orientado por el deseo de lucro, de acumulación y de poder.

En este nuevo estado de cosas, el pensamiento científico y la racionalidad instrumental son, como ha estudiado Habermas, la respuesta exigida por el progreso de la producción, del mercado y del consumo. La nueva cosmovisión emergente impide a los grandes pensadores de la Modernidad comprender, en su esencia, las propuestas de la cultura popular. Para ellos, ésta será sinónimo de lo salvaje y lo bárbaro. La fractura entre cultura oficial y cultura popular viene de lejos, y desplaza a ésta última al lugar de lo folklórico y lo marginal. Para superar esta brecha son necesarias, por tanto, las dos actitudes sugeridas por Canclini: revisar los esquemas mentales desde los que se analiza el pueblo y lo popular y, a su vez, tener un contacto experiencial que permita construir el conocimiento de un modo diferente. Lo popular es aquello que reside en la exterioridad y en la periferia del sistema, como lugar social y como lugar epistemológico.

A partir de estas claves se pueden revisar críticamente algunas de las definiciones que históricamente se han formulado sobre lo popular. Stuart Hall[10] sintetiza algunas de las más importantes. En primer lugar, populares son los productos que escuchan, compran y consumen las masas: programas de televisión, revistas, etc. Se trata de una definición bastante extendida que, a pesar de la obviedad innegable de su afirmación, ofrece una imagen un tanto inmóvil de los sectores populares, como sujetos pasivos de consumo. En segundo lugar, hay definiciones en torno a lo popular de carácter esencialista. Popular es, aquel reducto incorruptible que identifica a los sectores populares de un modo inmutable a lo largo del tiempo. Esta acepción olvida quelo popular no está fuera del campo de fuerza de las relaciones de poder. No existe independientemente de la cultura oficial y hegemónica. Asimismo, descuida que lo popular no ha sido dado de una vez para todas; más bien, es un proceso de construcción y de re-construcción histórica.

En tercer lugar, hay definiciones que recurren a la enumeración descriptiva. Lo popular son las acciones que realiza el pueblo. Podríamos configurar un listado inacabable recopilando todas y cada una de las acciones que han tenido como sujeto a los sectores populares, pero nos encontraríamos con una dificultad importante: articularlas en función de un eje estructurador. Para Hall, el principio estructurador no reside en el contenido de cada categoría, sino más bien en las fuerzas y relaciones que sostienen la diferencia entre la cultura dominante y la cultura periférica o popular. Las acciones que en un periodo pueden identificar una posición de resistencia son susceptibles de perder esa cualidad en otro periodo o contexto histórico. Finalmente, en cuarto lugar, hay una definición de popular que integra los elementos críticos de las anteriores. Popular contemplaría, en un periodo dado, las formas y actividades cuyas raíces están en las condiciones sociales y materiales de determinadas clases, que hayan quedado incorporadas a tradiciones y prácticas populares. En este caso, se contempla la necesaria contextualización de la reflexión en torno a lo popular, su vinculación a unos sujetos sociales que son sus protagonistas y el carácter necesariamente procesual de este análisis.

¿Dónde quedan hoy los debates en torno al sentido de la cultura y la educación popular?. Pareciera, como indica Eduardo Galeano, que el sistema dominante ha robado las palabras que servían para definir el proyecto alternativo. Revolucionario es ahora el efecto maravilloso que consigue un detergente en la ropa sucia, dirá el escritor uruguayo. ¿Y popular? Popular es lo que se vende masivamente. García Canclini plantea que, hoy en día, la noción de popular construida por los medios sigue la lógica del mercado.[11] Parece que en la actualidad el término ha ido derivando hacia una progresiva perdida de contenido. Por otro, lado, se ha producido un desplazamiento que lleva desde el interés por investigar al pueblo a un rastreo de los públicos llevado a cabo por la mercadotecnia y los estudios cuantitativos de audiencias.

Parece, como indica la estudiosa francesa Geneviève Bolleme, que se ha producido una progresiva adjetivación de un sustantivo peligroso. El desplazamiento del sustantivo pueblo al adjetivo popular tiene como fin neutralizar los sentidos insurrecionales y peligrosos que el pueblo ha tenido y tiene para el establishment. A pesar de estas operaciones desmovilizadoras, hoy en día es posible encontrar elementos residuales[12] de la cultura popular en los movimientos sociales que trabajar por reorientar el actual proceso de globalización. No se trata de una recuperación nostálgica de términos y prácticas del pasado. Más bien, el proyecto cultural y político pasa por construir, en las condiciones contextuales del presente, un proyecto emancipador que entronque con los procesos transformadores que le han precedido históricamente.

Un modelo social emergente: el modelo de red

El camino que han ido haciendo los movimientos sociales desde los años setenta hasta nuestros días se podría releer como un proceso paradójico que ha llegado a reunir de nuevas formas los fragmentos dispersos que hizo saltar por los aires el proceso de globalización. Se produce un encuentro entre organizaciones diferentes, aparentemente inconexas, pero que en lo profundo y esencial descubren unos mismos motivos por los que juntarse, en uniones más complejas, ricas y plurales de las que eran posibles de generar los batallones ordenados del periodo fordista.

En esta época de transición es importante estar atentos a los signos que apuntan al nacimiento de nuevas redes de solidaridad y de comunicación. Manuel Castells utiliza una formulación muy sugerente para referirse a esta transición: habla del paso de las banderas al viento a las redes multiformes. La potencia visual de esta expresión permite que dirijamos la mirada hacia el binomio tecnologías de la información – movimientos sociales a partir de lo metafórico:

«Es este carácter descentralizado y sutil de las redes de cambio social el que hace tan difícil percibir e identificar los nuevos proyectos de identidad que están en camino. Como nuestra visión histórica está tan acostumbrada a los batallones ordenados, las banderas al viento y las proclamas de cambio social que siguen un guión, nos sentimos perdidos cuando nos enfrentamos a la sutil penetración de los cambios de los símbolos procesados a través de redes multiformes, fuera de las sedes del poder. En estos callejones traseros de la sociedad, ya sea en redes electrónicas alternativas o en redes populares de resistencia comunal, es donde he percibido los embriones de una nueva sociedad, labrados en los campos de la historia por el poder de la identidad»[13] (CASTELLS, 1998:402).

A partir de las experiencias que se han ido gestando en los callejones traseros del capitalismo informacional y global hemos visto como emergen nuevas formas de organización en red por parte de los movimientos sociales, en las que han cumplido un papel importante las tecnologías de la información y de la comunicación. Unas experiencias que, analizadas en profundidad, nos dejan ver que la lógica de la red ha precedido a la red tecnológica. Las fechas recientes de 1994, 1999 y 2001 son momentos significativos para el análisis de estas relaciones. En 1994 tiene lugar el Foro 50 años bastan, que servirá para redimensionar al movimiento de resistencia global que, desde 1988, venía aglutinando a diferentes movimientos de oposición a las políticas de instituciones supraestatales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En la organización y desarrollo del Foro se utilizan BBS (Bulletin Board System) – las semillas incipientes de la red internet – que proporcionaban ayudas telemáticas a las organizaciones que intentaban denunciar la lógica de estas poderosas instituciones[14]. En este mismo año, el 1 de enero, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se hace con el control de los principales municipios próximos a la Selva Lacandona, en el estado sureño de Chiapas (México); hay quien ha hablado del movimiento zapatista como de la primera guerrilla informacional, un movimiento que utiliza las armas para hacerse oír y que entiende que la información, en el nuevo orden mundial, puede ser mucho más poderosa que las balas[15]. En esta misma línea apunta Francisco Sierra, al señalar que la comunicación fue concebida por parte del EZLN como un instrumento político[16].

En noviembre de 1999, en Seattle (EE.UU.), cuando el proceso de globalización capitalista orquestaba la puesta en escena de lo que parecía iba a ser una inevitable vuelta de tuerca más en la liberalización de los mercados, emergió a la opinión pública un movimiento de movimientos sociales que hizo resonar un grito en todo el planeta: los seres humanos no somos mercancías. Al abrigo de este movimiento nace también el sitio web Indymedia, gestionado por periodistas independientes que apuestan por dar la voz a la ciudadanía para construir sus discursos sobre la realidad desde otros puntos de vista diferentes y divergentes a los que difunden los media. En enero de 2001 tiene lugar la siguiente etapa de este proceso que estamos revisando. Durante el mes de enero, en la pequeña ciudad Suiza de Davos, tenía lugar la tradicional cita de las elites políticas y económicas que mueven los hilos del poder en el planeta. Como alternativa a este foro se convoca en el año 2001, en la ciudad brasileña de Porto Alegre, un Foro que reúne a los movimientos sociales y a los sectores de la ciudadanía que apuestan por la construcción de otro mundo posible y diferente al que engendra el proyecto globalitario. En los Foros Sociales Mundiales (el de 2001, 2002 y 2003)[17] se dan cita también representantes de los proyectos comunicativos vinculados a los movimientos de resistencia y transformación de la globalización neoliberal.

Características del modelo de red

Tras los oscuros años 80 – época de la férrea aplicación de las políticas neoliberales – ha reverdecido en el umbral del siglo XXI un movimiento social multicolor unido bajo el lema «Otro mundo es posible». Las nuevas redes de solidaridad y de comunicación son fórmulas organizativas que reúnen unos atributos importantes sobre los que reflexionar: poseen un alto grado de flexibilidad, de horizontalidad, de capacidad de interconexión y de cercanía entre sus miembros[18].

– Flexibilidad porque se trata de una organización que se va construyendo sobre la marcha y en este proceso siempre abierto y constante de construcción.

La red se estira o se encoge en función de las necesidades del entorno, de los actores sociales implicados, de las opciones estratégicas. Sin duda, esta es una cualidad esencial para un contexto social continuamente cambiante.

– Horizontalidad entre los miembros de una red, que hace que distintos nodos tengan el mismo nivel de participación, la misma capacidad en la toma de decisiones. Se trata de estructuras descentralizadas articuladas sobre el principio de igualdad. La horizontalidad está al servicio de la participación de los miembros de la organización.

– La interconexión está en el origen de la red y en su proceso de crecimiento.

La red se fortalece en el proceso de ir sumando nuevos miembros, de ir enriqueciendo y complejizando las relaciones ya establecidas para construir una gran malla. La lógica de la red lleva a buscar las interconexiones de todo con todo: entre lo global y lo local, la ecología con la política y la economía, etc.

– La cercanía es otro elemento importante de las redes de comunicación y de solidaridad. El trabajo en red no es solamente un forma más eficaz de organización; junto a su dimensión funcional – innegable y necesaria – está otra dimensión no menos importante que es la relacional y vital. Las redes son el modo en el que visualizar el «mapa de relaciones»; por ellas pasa la identidad y la existencia.La mirada relacional nos invita a superar visiones excesivamente mecanicistas de las organizaciones sociales, a partir de las cuales se puede llegar a diseñar procesos lineales de acción concebidos en un laboratorio con escuadra y cartabón, como si luego estos planes funcionasen tal cual en la realidad. Los procesos sociales de comunicación y de transformación social no son como estaciones de tren por las que se va pasando regular y puntualmente tal y como se ha planificado; la realidad siempre sorprende, lo real se resiste a ser encasillado, la vida lucha por vivir. Por este motivo Irantzu Larrañaga dirá que las redes, además de servir para intercambiar datos e información, sirven para hacer circular afecto, aliento, solidaridad. Las redes sirven para recordar a sus miembros que no están solos en el mundo, que hay gente en el mundo como ellos.

La dimensión educativa de los movimientos sociales

Era preciso contextualizar nuestra reflexión desde conceptos como globalización, cultura popular y sociedad-red con el fin de dar el justo relieve a las acciones educativas que, en la actualidad, vienen impulsando los movimientos sociales. A partir de este marco las propuestas educativas adquieren su verdadera dimensión, al constituirse en elementos de un proyecto alternativo de sociedad. Si la educación popular – tal y como sugiere Oscar Jara- es la dimensión educativa de la acción política[19], es necesario contemplarla en la marco de los procesos de transformación social para poder percibir su verdadero alcance. Desde el año 2001, uno de estos lugares de encuentro de los movimientos sociales del planeta es el Foro Social Mundial (FSM)[20]. Celebrado en tres ocasiones en la ciudad brasileña de Porto Alegre y una en Bombay (India), este evento visualiza mejor que ningún otro el proceso de encuentro, debate y articulación de una multitud diversa de grupos sociales que comparten el objetivo común de trabajar en la construcción de «otro mundo posible».

Antes de hablar de los movimientos sociales que se dedican de un modo específico a la educación es necesario identificar la dimensión educativa inherente a todo movimiento social. A partir del trabajo teórico de Alberto Melucci[21] podemos decir que los movimientos sociales son mediums, medios que nos hablan a través de la acción. Ésta es el mejor medio de comunicación y de educación del que disponen para transmitir su proyecto alternativo a la sociedad. La acción transformadora como lugar educativo es, por tanto, un factor común en el campo de los movimientos sociales. Si se analiza, a modo de ejemplo, cuál es la visión de la educación de uno de los movimientos que más fuerza tiene en la actualidad a escala mundial – el Movimiento de los Sin Tierra de Brasil (MST)[22]– se observa que, para ellos, la mayor escuela es el propio movimiento, su dinámica de movilización, lucha y resistencia.

Además, el MST se caracteriza por haber dado a la escuela un lugar preferencial en su proyecto y en sus movilizaciones. Algunos de los rasgos más significativos de su propuesta pedagógica han sido recogidos y sistematizados por Marta Harnecker[23] (HARNECKER, 2002: 221): la lucha social como lugar educativo, con sus contradicciones, enfrentamientos, conquistas y derrotas; la organización colectiva, aprendida a partir de cada ocupación de terreno llevada a cabo por el MST y el consiguiente proceso organizativo que se pone en marcha; la educación para el trabajo y por el trabajo, como un modo de vincular pensamiento y acción; la cultura, entendida como el modo de vida generado por el MST, la forma de ser y de vivir de los sin tierra (su mística, símbolos, religiosidad) ; el poder de elección y de participación en el movimiento como un modo de educarse en la participación social; el valor de la historia, ya que supone educar en una cultura de la memoria y en su carácter procesual e inacabado, la historia como algo que es construido por las personas y, finalmente, la alternancia entre escuela y comunidad, que permite superar los límites de los muros del aula. Todos estos elementos hacen del MST un movimiento social especialmente interesado por pensar y practicar la educación en el marco de los procesos sociopolíticos de cambio.

Su práctica supone un reto para otros movimientos sociales que, a partir de contextos diferentes, intuyen las posibilidades de la educación para la participación y una ciudadanía activa. En las sociedades avanzadas, los movimientos sociales también pueden jugar el papel de ser espacios para la creación de una cultura transformadora. Los movimientos sociales libran una batalla con el poder hegemónico por el control y el cambio de los códigos desde los que interpretar y dar sentido a la realidad. Hay un conflicto por la in-formación – en el sentido de dar forma – a la realidad. Por ello, el análisis de las relaciones que pueden llegar a establecer los movimientos sociales con las nuevas redes de información va más allá de la simple posibilidad de transmisión de informaciones alternativas. Es necesario superar unas visiones de las tecnologías excesivamente instrumentales y centradas en la transmisión[24], para asumir un enfoque cultural de la comunicación, que se concreta en la propuesta de nuevos marcos desde los que comprender y dar sentido a la realidad, en nuevos modos de relación que permiten construir identidades colectivas, en la consolidación de unas cosmovisiones y sistemas de valores que permitan cimentar prácticas emancipadoras y proyectos alternativos de sociedad.

En este sentido, Imanol Zubero plantea que una de las principales aportaciones de los movimientos sociales a la tarea de la transformación de la realidad social es fundamentalmente de índole cultural:

«No es una aportación que se derive de ninguna incapacidad o limitación de tales movimientos; no se trata de hacer de la necesidad virtud, con argumentos tales como: «ya que no podemos incidir en las estructuras políticas y económicas, concentrémonos en elaborar discursos en los que denunciemos esas estructuras». Nada de eso. Sencillamente, no existe posibilidad alguna de poner en marcha una práctica emancipatoria significativa si no es sobre la base de una previa tarea de transformación cultural; tarea que exige dos cosas: la primera, aprender a mirar de una forma nueva la realidad social, ser capaces de analizar dicha realidad con claves nuevas, diferentes de las claves dominantes; la segunda, establecer, a partir de esas nuevas claves, un auténtico combate cultural, una confrontación de legitimaciones» (ZUBERO, 2004:63)[25]

Los movimientos sociales permiten releer la actualidad desde unos parámetros diferentes y alternativos a los dominantes. Cambian los códigos a partir de los que se interpreta la realidad y se toman las decisiones. Seguramente, una de las cuestiones fundamentales que estos movimientos deben afrontar no consiste sólo en ver qué oportunidades políticas ofrece la situación actual para la movilización crítica, sino cómo hacer visibles tales oportunidades de manera que sean asumidas por la ciudadanía. La tarea cultural – como momento pre-político que antecede al diseño y aplicación de políticas transformadoras – sitúa a estas organizaciones ante el reto de asumir una pedagogía política, que lleve a la articulación, desde abajo, de un nuevo proyecto alternativo de sociedad. La cultura transformadora que impulsan los movimientos sociales ayuda a actuar críticamente en la sociedad con el fin de superar la desigualdad y la dominación, permite conectar la reflexión con la acción. Es la que queda, como sedimento, después de cada acción transformadora[26].

Pasamos a ver, a continuación, como están aprovechando la red los movimientos sociales que apuestan por otra globalización y educación posibles a partir de las claves de la educación popular.

El Foro Mundial de Educación

La educación, para cambiar la realidad, requiere de una referencia al contexto social. Son necesarias las alianzas entre todos los profesores intelectuales (Giroux) – esto es, que reflexionan sobre su realidad para transformarla – y los agentes sociales y educativos que trabajan desde otros espacios sociales. Los movimientos sociales son, en este sentido, lugares de confluencia de estos sectores de la ciudadana interesados por la educación y por la creación de cultura transformadora. El Foro Mundial de Educación[27] (FME) es uno de estos espacios; celebrado en continuidad y referencia con el Foro Social Mundial, el encuentro mundial de educadores y educadoras convocó en su último encuentro (julio de 2004) a más de 15.000 personas. En su edición de este año se avanzó en la idea de constituir una Plataforma Mundial de Educación, que permita el diseño y la ejecución de políticas, planes, programas y proyectos educativos, en todos los niveles de enseñanza, para todos los pueblos de la Tierra.

En el documento base titulado «Declaración de Porto Alegre» se insiste en tres ideas fundamentales. La primera consiste en el rechazo a la mercantilización de la educación implementada por los organismos internacionales y por los acuerdos de libre comercio. Esta tendencia mercantilista es asumida posteriormente por numerosos gobiernos e instituciones públicas, que encierran a la educación en los parámetros de un discurso neoliberal obsesionado por la gestión y los controles de calidad, unos términos con apariencia de neutralidad pero que poseen una fuerte carga política y económica.

La segunda idea, en estrecha conexión con la anterior, es la denuncia de la progresiva apropiación del conocimiento científico y tecnológico por parte del sector privado y de las potencias del Norte. Este conocimiento, patrimonio de la Humanidad, debería ser considerado, tal y como apuntan los trabajos de Phillipe Quéau[28] en el seno de la UNESCO, como un bien público mundial. Este concepto proporciona una sólida base teórica para la actuación colectiva de la comunidad internacional, atendiendo al interés superior de la humanidad y en beneficio de todos. Puede servir, además, de base para la creación de una voluntad general mundial, y cabe utilizarlo para contrarrestar la relativa pérdida de influencia de las autoridades públicas frente al triunfo del mercado (QUEAU, 2002:195). En tercer lugar, el FME apuesta por la defensa de una educación pública, gratuita y de calidad. En unos momentos en los que la tendencia dominante conduce hacia el recorte de las prestaciones en educación por parte de los gobiernos – como una medida más del desmantelamiento del Estado del Bienestar – y a la privatización de unos servicios que en su origen eran de vocación pública y universal[29].

El FME aprovecha internet como una herramienta de coordinación de las numerosas organizaciones sociales y personas que se extienden por la geografía mundial. Su página de internet sirve como lugar de visibilización del movimiento, como fuente de información y lugar de relación. Los foros, chats y listas de distribución son nuevas herramientas comunicativas que incorporan dentro de sus estrategias.

Redes de educación popular en la red

En internet se pueden encontrar sitios construidos por redes de educación popular con una larga tradición histórica. Podríamos hablar de la presencia de las redes en la Red. La frase – más que un juego de palabras – hace referencia a una idea fundamental vinculada al nuevo contexto organizacional de la sociedad-red: aquellos grupos que en el espacio real funcionaban ya con la lógica de la red[30] son los que mejor están aprovechando las posibilidades de internet. Dentro del campo de la educación popular, dos de estas redes históricas que están aprovechando internet dentro de sus estrategias organizativas y comunicativas son la red Alforja[31] y el Consejo de Educación de Adultos de América Latina[32] (CEAAL).

Alforja, creada en 1980, es una red que se concentra en coordinar acciones de formación, investigación, sistematización y producción de materiales para la incidencia política. Su trabajo presencial lo realiza, preferentemente, en Centroamérica. Desde su página web se puede acceder a cada uno de los centros que están en funcionamiento en la región. De esta manera, la red internet visualiza la red de organizaciones que funciona fuera del ciberespacio. Además, Alforja impulsa programas que, para su ejecución, contemplan como estrategia el trabajo con las tecnologías de la información en foros de debate, listas de distribución y bibliotecas virtuales; así sucede con el proyecto de sistematización de experiencias, un eje estratégico que consiste, en palabras de Oscar Jara, en la «interpretación crítica de una o varias experiencias que, a partir de su ordenamiento y reconstrucción, descubre o explica la lógica del proceso vivido, los factores que han intervenido en dicho proceso, cómo se han relacionado entre sí y por qué lo han hecho de ese modo»[33]. En su página web se pueden encontrar materiales para iniciarse en la sistematización, así como contactos con los grupos de trabajo y personas que se van sumando a esta tarea.

Por otra parte, el Consejo de Educación de Adultos de América Latina (CEAAL) es una red con una presencia histórica y significativa en el contexto latinoamericano. Agrupa a 195 organizaciones civiles de 21 países de América Latina y El Caribe, que desde la corriente de la educación popular trabaja a favor de la transformación democrática de sus sociedades. En los últimos años han estado trabajando en torno a cuatro ejes fundamentales: educación popular y nuevos paradigmas, incidencia política de la sociedad civil, incidencia sobre políticas educativas y fortalecimiento del poder local en América Latina. Su portal de internet sirve para hacer visible su trabajo y su red de organizaciones. Es un punto de encuentro fundamental para las personas y colectivos interesados en trabajar hoy la educación popular. Además, edita la revista La Piragua, con una versión digital accesible.

Marcos de apropiación de la red

Manuel Castells indica que tecnologías de la información como internet tienen la característica de ser tan flexibles que se transforman con su uso. Permiten que sus usuarios las utilicen y adapten en función de sus necesidades, gustos, referentes culturales, etc. Quizá el ejemplo más significativo sea el modo en que la población juvenil ha utilizado el teléfono móvil como un instrumento modificable: todo el mercado que gira en torno a los mensajes SMS, melodías y diseños de los terminales telefónicos tiene a este sector de la población como motor del desarrollo exponencial que está viviendo en los últimos años.

Internet posee un alto grado de flexibilidad como herramienta. Uno de los elementos que permiten modificar las características de la red es lo que denominamos marcos de apropiación. Con este término se hace referencia a las metodologías y estilos educativos gestados en los movimientos sociales y en la educación popular. Entre otros, destacamos el saber hacer característicos de la educación de adultos inspirada en la educación liberadora de Paulo Freire, la animación sociocultural y la investigaciónacción- participativa (IAP).

Una de las experiencias del contexto español más innovadoras en cuanto a esta unión sugerida de metodología y red es la liderada por la Asociación regional de Universidades Populares de Extremadura (AUPEX)[34]. Esta entidad es la encargada de diseñar la dimensión metodológica y educativa de los centros de acceso público a internet que la Junta de Extremadura va poniendo en marcha en la región. Para ello, AUPEX aplica a la red los principios metodológicos de la educación de adultos y de la animación sociocultural en los que vienen trabajando desde hace décadas. Además, este proyecto tiene un valor añadido en lo relativo al software utilizado; su apuesta por el software libre supone una mayor coherencia ética, tecnológica y económica respecto a los fines de los movimientos sociales. El software libre funciona gracias a la existencia de una comunidad mundial de programadores informáticos que comparten gratuitamente sus conocimientos. Conciben los programas y el conocimiento como un bien común a compartir (coherencia ética) y no como una mercancía con la que comerciar. Además, esta opción permite que equipos antiguos puedan ser utilizados – ya que el sistema operativo y los programas diseñados demandan menos recursos del equipo para su funcionamiento (coherencia tecnológica). Finalmente, la apuesta por el software libre permite el desarrollo de una red de empresas locales dedicadas a la prestación de servicio técnico (coherencia económica)[35].

En una línea similar se ha articulado la experiencia de formación de adultos Circulum[36], surgida inicialmente a partir de un núcleo de profesionales de la formación de Cataluña. Circulum ha descubierto que las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) son el punto de entrada a nuevas formas de aprender, con los consiguientes cambios en las instituciones educativas, en los docentes, en el rol del profesor, en la metodología y en el propio proceso de aprendizaje. Para ello, exploran las potencialidades de internet como herramienta comunicativa y educativa; intentan trasladar al ciberespacio la metodología de la educación de adultos: un aprendizaje que parte de la realidad, que invita a la persona a la participación social, al aprendizaje colaborativo, etc.

Estos dos proyectos ilustran el trabajo de otras tantas experiencias de educación popular constituidas en torno a dos ejes decisivos: la construcción colectiva del conocimiento y el aprendizaje dialógico. Como apuntábamos anteriormente, internet sirve para algo más que la simple transmisión de informaciones. Hay grupos que están aprovechando la nueva herramienta tecnológica para explorar nuevos modos en los que transformar la información en conocimiento. Internet sirve para articular espacios de reflexión, de participación, de pensamiento, que se van construyendo y articulando en foros, chats, listas de distribución, etc.

Los esfuerzos de los movimientos sociales por recrear en la red las metodologías participativas gestadas en su seno conectan con la pedagogía dialógica. Para Florentino Sanz, hace falta aprender a trabajar con lo otro y con los otros como diferentes, en términos de complementariedad y no en términos de competitividad, de dominación u oposición. El diálogo nos transforma en seres permanentemente alterados, constituidos por el otro y constituyentes del otro[37]. Esta actitud dialógica es la que permite ir tejiendo la red, esto es, construyendo el conocimiento colectivo y las redes sociales de intervención social, encontrar los motivos comunes para la confluencia y la colaboración a pesar de las diferencias. Podemos hablar también de la búsqueda de un aprendizaje dialógico en estas propuestas, en la línea sugerida por Ramón Flecha[38]. En el nuevo contexto de la sociedad de la información, surgen experiencias que, a partir de este modelo de aprendizaje, consiguen disminuir las desigualdades, fomentar la solidaridad en las aulas e ilusionar al profesorado, alumnado y comunidad. Las comunidades de aprendizaje[39] que respaldan este modelo teórico están convencidas de que sólo en la interacción comunicativa, las familias, el profesorado, el barrio y la sociedad pueden construir un proyecto educativo útil.

—o—

En este trabajo hemos explorado las características de la educación popular en un contexto sociopolítico diferente al que existía en otras décadas. Hoy, necesariamente, hay que vincular este trabajo educativo a las nuevas características que se han creado con la llegada de la globalización y del nuevo entorno tecnológico y organizativo de la sociedad-red. Además, la progresiva articulación de los movimientos sociales a escala mundial diseña un escenario novedoso en el que la educación popular se está haciendo presente. Internet es un nuevo espacio, una ciudad – Telépolis – que van construyendo quienes navegan y actúan cotidianamente en él. Los movimientos sociales que trabajan desde las claves de la educación popular están convencidos de que el pueblo y lo popular son unos referentes irrenunciables desde los que articular hoy unas prácticas educativas transformadoras. En esta línea caminan las experiencias y los proyectos que, a modo indicativo, han ido apareciendo en estas páginas. Internet y la globalización, como procesos dinámicos y complejos, avanzan a tal velocidad que hace difícilmente predecible cuál será la fisonomía que adopte la educación popular en un futuro. Lo cierto es que, en el presente, está sirviendo como referente para un amplio número de organizaciones que se siguen inspirando en ella para impulsar nuevas prácticas y marcos teóricos.

* Víctor Manuel Marí Sáez. Miembro del CICO (Centro Iberoamericano de Comunicación Digital), Facultad de Comunicación (Universidad de Sevilla, España).

Bibliografía

AA.VV.: La educación popular ante el siglo XXI. Sevilla, Instituto Andaluz de la Juventud, 1998.

BATJIN, M.: La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. Madrid, Alianza Editorial, 1987.

BECK, U.: Qué es la globalización. Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Barcelona, Paidós, 1998.

BOLLEME, G.: El pueblo por escrito. Significados culturales de lo «popular». México, Grijalbo, México, 1986.

BURCH, S. LEON O. y TAMAYO, E.: Movimientos sociales en la red. Ecuador, ALAI, 2001.

CASTELLS, M.: La era de la información. Volumen I: la sociedad red. Madrid, Alianza Editorial, 1997.

CASTELLS, M.: La era de la información. Volumen II: el poder de la identidad. Madrid, Alianza Editorial, Madrid, 1998.

DIAZ SALAZAR, R. (editor): Justicia Global. Las alternativas de los movimientos del Foro de Porto Alegre. Barcelona, Icaria Editorial/Intermón, 2002.

GARCÍA CANCLINI, N.: «De qué estamos hablando cuando hablamos de lo popular?», en AA.VV.: Comunicación y Cultura Populares en Latinoamerica. México, FELAFACS/Gustavo Gili, 1987.

GARCIA CANCLINI, N.: Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Barcelona, Paidós, 2001.

GIROUX, H.: Los profesores como intelectuales. Hacia una pedagogía crítica del aprendizaje. Madrid, Paidós, 1990.

HALL, S.: «Notas sobre la desconstrucción de lo popular», en SAMUEL, R. (ed.): Historia popular y teoría socialista. Barcelona, Crítica, 1984.

HARNECKER, M.: Sin Tierra. Construyendo movimiento social. Madrid, Siglo XXI, 2002.

JARA, O.: Para sistematizar experiencias. Costa Rica, Alforja, 1994.

MARÍ, V.M.: Globalización, nuevas tecnologías y comunicación. Madrid, Ediciones de la Torre, 1999.

MARÍ, V.M.: «De las banderas al viento a las redes multiformes. Globalización, nuevas tecnologías y cambio social», en SIERRA, F. Y QUIRÓS, F. (coords.): Economía Política de la Comunicación y la Cultura, Sevilla, Comunicación Social Ediciones, 2001.

MARÍ, V.M.: «La información: ¿derecho o mercancía?. Democratizar las comunicaciones y radicalizar la democracia en los debates sobre la Sociedad de la Información», en Revista Crítica 906 (2003), páginas 37-40.

MARÍ, V.M. (coord.): La Red es de todos. Cuando los movimientos sociales se apropian de la red, Madrid, Editorial Popular, 2004.

MARTÍN BARBERO, J.: De los medios a las mediaciones. Barcelona, Gustavo Gili, 1987.

MARTIN BARBERO, J.: «Cultura popular y comunicación de masas», en APARICI, R. y MARÍ, V.M.: Cultura popular, industrias culturales y ciberespacio. Madrid, UNED, 2003.

MATTELART, A: «Premisas y contenidos ideológicos de la sociedad de la información», en J. VIDAL BENEYTO: La ventana global. Madrid, Taurus, 2002.

MELUCCI, A.: «¿Qué hay de nuevo en los nuevos movimientos sociales?», en LARAÑA, E. Y GUSFIELD, J.: Los nuevos movimientos sociales. Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 1994.

RAMONET, I.: «Pensamiento único y nuevos amos del mundo», en RAMONET, I. y CHOMSKY, N.: Cómo nos venden la moto. Barcelona, Icaria,1995.

SAFRANSKI, R.: ¿Cuánta globalización podemos soportar?. Barcelona, Tusquets, 2004.

SANZ, F.: «El futuro de la educación social», en Revista de Educación (2002).

SIERRA, F.: Comunicación e insurgencia. La comunicación y la propaganda en la guerra de Chiapas. Bilbao, Hiru, 1997.

SIERRA, F.: «La agenda de los Estudios Culturales en comunicación. Cartografíar el cambio social», en APARICI, R. y MARÍ, V.M.: Cultura popular, industrias culturales y ciberespacio. Madrid, UNED, 2003.

SOUSA SANTOS, B.: Crítica de la razón indolente: contra el desperdicio de la experiencia. Bilbao, Descleé de Brouwer, 2003.

STALLMAN, R.: Software libre para una sociedad libre. Madrid, Traficantes de Sueños, 2004.

VIDAL BENEYTO, J. (editor): La ventana global. Taurus, Madrid, 2002.

WILLIAMS, R.: Marxism and Literature, Oxford, Oxford UP, 1977.

ZUBERO, I.: Movimientos sociales y alternativas de sociedad. Madrid,HOAC, 1996.

ZUBERO, I.: «Conocer para hacer: la tarea cultural de los movimientos sociales», en MARÍ SÁEZ, V.M. (coord.): La Red es de todos. Cuando los movimientos sociales se apropian de la red. Madrid, Editorial Popular, 2004.


Notas


[1] R. SAFRANSKI: ¿Cuánta globalización podemos soportar?. Barcelona, Tusquets, 2004.

[2] A. MATTELART: «Premisas y contenidos ideológicos de la sociedad de la información», en J. VIDAL BENEYTO: La ventana global. Madrid, Taurus, 2002, página 72.

[3] V.M. MARÍ: Globalización, nuevas tecnologías y comunicación. Madrid, Ediciones de la Torre, página 67.

[4] I. RAMONET: «Pensamiento único y nuevos amos del mundo», en I. RAMONET y N. CHOMSKY: Cómo nos venden la moto. Barcelona, Icaria,1995, páginas 16-17.

[5] B. DE SOUSA SANTOS: Crítica de la razón indolente: contra el desperdicio de la experiencia. Bilbao, Descleé de Brouwer, 2003.

[6] U. BECK: Qué es la globalización. Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Barcelona, Paidós, 1998.

[7] N. GARCÍA CANCLINI: «De qué estamos hablando cuando hablamos de lo popular?», en AA.VV.: Comunicación y Cultura Populares en Latinoamerica. México, FELAFACS/Gustavo Gili, 1987.

[8] M. BATJIN: La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. Madrid, Alianza Editorial, 1987.

[9] M. BATJIN, op. cit. Página 11.

[10] S. HALL: «Notas sobre la desconstrucción de lo popular», en R. SAMUEL (ed.): Historia popular y teoría socialista. Barcelona, Crítica, 1984.

[11] N. GARCIA CANCLINI: Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Barcelona, Paidós, 2001.

[12] Para Raymond Williams, «lo residual, por definición, se ha formado efectivamente en el pasado, aunque está todavía activo en el proceso cultural, no solamente y con frecuencia de ninguna manera como elemento del pasado, sino como elemento efectivo del presente. Así, ciertas experiencias, significados y valores que no pueden expresarse o verificarse de manera substancial en términos de la cultura dominante, son, no obstante, vividos y practicados sobre la base del residuo-cultural tanto como social-de alguna formación social previa. Es crucial el distinguir este aspecto de lo residual, que puede mantener una relación alternativa o incluso oposicional con la cultura dominante, de aquella manifestación activa de lo residual… que ha sido enteramente o en su mayor parte incorporada dentro de la cultura dominante» (Marxism and Literature, Oxford, Oxford UP, 1977, página 122.

[13] M. CASTELLS: La era de la información. Volumen II: el poder de la identidad. Alianza Editorial, Madrid, 1998, página 402.

[14] S. LOPEZ, I. SADABA, G. ROIG: «Nodo50. Territorio virtual para los movimientos sociales y la acción política», en V. M. MARÍ SÁEZ (coord.): La Red es de todos. Cuando los movimientos sociales se apropian de la red. Madrid, Editorial Popular, 2004

[15] M. E. MARTÍNEZ: Networking global civil society: the zapatista movement. The first informational guerrilla. California, University of California, 1996.

[16] F. SIERRA: Comunicación e insurgencia. La comunicación y la propaganda en la guerra de Chiapas.Bilbao, Hiru, 1997.

[17] Una estupenda introducción a los debates y las propuestas de los Foros de Porto Alegre se encuentra recogida en el libro de R. DIAZ SALAZAR (editor): Justicia Global. Las alternativas de los movimientos del Foro de Porto Alegre. Barcelona, Icaria Editorial/Intermón, 2002.

[18] Para una profundización de estas cuestiones, ver S. BURCH, O. LEON O. y E. TAMAYO: Movimientos sociales en la red. Ecuador, ALAI, 2001

[19] en AA.VV.: La educación popular ante el siglo XXI. Sevilla, Instituto Andaluz de la Juventud, 1998.

[20] www.forumsocialmundial.org.br

[21] Challenging Codes: Collective Action in the Information Age.Cambridge, University Press, 1996; Vivencia y convivencia. Teoría social para una era de la información. Madrid, Editorial Trotta, 2001; ¿Qué hay de nuevo en los nuevos movimientos sociales?, en LARAÑA, E. Y GUSFIELD, J.: Los nuevos movimientos sociales. Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 1994.

[22] http://www.mst.org.br/

[23] M. HARNECKER: Sin Tierra. Construyendo movimiento social. Madrid, Siglo XXI, 2002. En especial, el capítulo 4 (La educación en el MST, páginas 209- 252).

[24] V.M. MARÍ SÁEZ: Comunicación, redes y cambio social, en V.M. MARÍ (coord.): La Red es de todos. Cuando los movimientos sociales se apropian de la red. Madrid, Editorial Popular, 2004.

[25] I. ZUBERO: Conocer para hacer: la tarea cultural de los movimientos sociales, en V.M. MARÍ SÁEZ (coord.): La Red es de todos. Cuando los movimientos sociales se apropian de la red. Madrid, Editorial Popular, 2004.

[26] J. E. IBAÑEZ: «Movimientos y redes para una cultura transformadora», en Revista Tabanque, 17 (2003).

[27] http://www.portoalegre.rs.gov.br/fme/

[28] P. QUEAU: «La sociedad de la Información y el bien público mundial» en J. VIDAL BENEYTO, (editor): La ventana global.Taurus, Madrid, 2002.

[29] Estas medidas son posteriormente retomadas por otros foros regionales y locales en los distintos puntos del planeta. En el contexto español, los debates del FME encuentran continuidad, entre otros, en el Movimiento por la calidad de la educación en el Sur y Este de Madrid (http://www.nodo50.org/movicaliedu/) y en los Movimientos de Renovación Pedagógica (http://cmrp.pangea.org/).

[30] Ver apartado «Características del modelo de red».

[31] http://www.alforja.org/

[32] http://www.ceaal.org/

[33] en ALBOAN, HEGOA, INSTITUTO DE DERECHOS HUMANOS PEDRO ARRUPE: La sistematización, una nueva mirada a nuestras prácticas. Guía para la sistematización de experiencias de transformación social. Bilbao, Alboan, 2004

[34] http://www.aupex.org/

[35] Para profundizar en las implicaciones del software libre, ver R. STALLMAN: Software libre para una sociedad libre. Madrid, Traficantes de Sueños, 2004.

[36] http://www.circulum.org/

[37] F. SANZ: «El futuro de la educación social», en Revista de Educación (número extraordinario 2002), páginas 125-148.

[38] R. FLECHA: «Aprendizaje dialógico en la sociedad de la información», en XVIII Encuentro estatal de la Confederación de MRP (Movimientos de Renovación Pedagógica) (1999), http://www.nodo50.org/igualdadydiversidad/cmrp_ga5.htm

[39] http://www.comunidadesdeaprendizaje.net/