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El asesinato del General Soleimani ha puesto en peligro la paz mundial

Ni la lógica basta para conocer lo que pasa

Fuentes: Rebelión

Pese a que ningún paralelismo es exacto, vale la pena comparar lo que ahora pasa en el Medio Oriente con lo que pasó en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial. Previo al año 1939, Hitler se había apoderado de Austria, Checoslovaquia y, en cierta forma, de España. Hubo más, pero ese fue el aperitivo […]

Pese a que ningún paralelismo es exacto, vale la pena comparar lo que ahora pasa en el Medio Oriente con lo que pasó en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial. Previo al año 1939, Hitler se había apoderado de Austria, Checoslovaquia y, en cierta forma, de España. Hubo más, pero ese fue el aperitivo anterior al plato fuerte, la invasión a Polonia, inicio oficial de dicha guerra, que todos esperaban pero no dejó de sorprenderles. Hoy, antes de que EEUU provoque a Irán el actual problema, hicieron guerras en Afganistán, Irak, Libia y Siria. Por lo anteriormente visto, se deduce que una hipotética y calamitosa nueva guerra mundial se iniciaría en esta flamígera región del planeta, poseedora de las mayores reservas energéticas del mundo. En otras palabras, el disparo de Bagdad no sólo asesinó al General Soleimani, alta autoridad de Irán y héroe del Medio Oriente en la lucha contra la organización terrorista Estado Islámico, EI, sino que ha puesto en peligro la paz mundial.

Cualquier vaticinio se debe sustentar sobre bases sólidas, lo que se complica porque se desconoce las interioridades de lo que sucede y, menos aún, lo que podría suceder en adelante tanto de la sociedad agredida, en este caso la iraní, como en la sociedad estadounidense, interioridades que no trasmiten los medio de información.

Ambas sociedades son de estructura compleja y en ellas los jóvenes, que son la mayoría de la población, van a jugar un papel preponderante. En EEUU, la juventud ha perdido el miedo al socialismo y ve la democracia social como una real opción para una salida a los múltiples problemas que le agobian; en Irán ocurre algo semejante, aunque conozcamos menos de esa sociedad.

Por ejemplo, no se sabe qué posición va a tomar la izquierda iraní ante lo que pasa, tampoco se conoce cómo van a actuar y de qué manera van a luchar quienes están a favor o en contra de la presencia de EEUU en el Medio Oriente, ni cómo esto va a afectar a la frágil paz existente, diferente en cada una de esas sociedades. Sólo se sabe que la victoria de Trump en la próxima elección depende de qué fuerte va a ser la lucha por el total desalojo de las Fuerzas Armadas de EEUU de esa zona y en esta siniestra e impredecible ruleta geopolítica se juega por completo su reelección.

Por otra parte, Estados Unidos, en este momento Trump, ha descubierto la manera de hacer guerras sin declararlas, simplemente decreta sanciones contra el país agredido y el resto del mundo debe obedecer o pagar las consecuencias. Así le dice a China: te voy a sancionar si sigues comprando petróleo a Irán, y nadie puede predecir qué va a hacer Pekín, porque sus intereses comerciales con EEUU son más fuertes que con cualquier otra nación; o Irak le pide a EEUU abandonar su país, pedido contagioso que podría propagarse por toda la región, y Trump responde: nos vamos pero págame primero por nuestra ocupación, olvídate de los miles de millones que depositaste en nuestra banca y, además, te prohíbo comprar armas a Rusia. Dura lección para los países que han aceptado albergar tropas de Estados Unidos en su territorio.

El mundo no estaría en la situación en que se encuentra si los políticos que han gobernado Occidente hubieran pensado con lógica en las consecuencias de sus actos. No lo hizo Obama en el 2011 cuando, como resultado de los bombardeos de la OTAN arrasaron Libia, violaron y lincharon a Gadafi, su dirigente. Ahora nadie sabe como restablecer la paz y el orden, indispensables para la reconstrucción de ese país.

El 2003 tampoco pensaron en las consecuencias de la guerra contra Irak cuando, sin ninguna razón, George Bush en compañía de Tony Blair y José María Aznar comenzaron a bombardear Irak. Dijeron que buscaban liberar a su pueblo de la tiranía de Saddam Hussein, que estaba relacionado con Al qaeda y, aparentemente, poseía armas de destrucción masiva. Colin Powell, el entonces Secretario de Estado de EEUU, blandió en la ONU un frasco de prueba, que hasta ahora nadie sabe qué contenía. Como resultado de esa guerra arrasaron Irak y murieron cientos de miles de iraquíes. Estas barbaridades no se justifican con ningún tipo de razonamiento lógico ni ilógico, pues Saddam Husseim, al que capturaron, juzgaron y colgaron, no tenía ningún vínculo con Al qaeda y, menos aún, armas de destrucción masiva, que fueron buscadas sin éxito; esto es, fueron falsas ambas causas para la guerra contra Irak.

Como consecuencia de la destrucción del Ejército de Irak, y a partir de Al qaeda, se formó el EI, que llegó a ocupar gran parte del territorio iraquí y de la vecina Siria. Todo este desorden es responsabilidad exclusiva de EEUU, que no previó los efectos de sus actos y ahora pretende cobrar miles de millones para desocupar Irak, tal como exige Trump. Tampoco deduce Trump qué consecuencias tendría la destrucción de las milenarias obras arquitectónicas de Irán, tal como lo ha prometido, porque no usa ninguna lógica ni recuerda que las barbaridades de este tipo las realizó el EI en su guerra contra la civilización.

Trump es culpable indirecto del trágico derrumbe del avión de Ucrania, que no hubiera sucedido de no darse el asesinato del General Soleimani. La responsabilidad absoluta de este accidente, que no es el primero que se comete por error, la ha tomado Irán, pero la causa principal de esta tragedia fue la situación psicológica del comando iraní, que actúo bajo la presión del estado de combate en que se encontraban y que les hizo confundir un avión civil con un proyectil que les atacaba.

De manera semejante, el 3 de julio de 1988, en el golfo Pérsico, un crucero estadounidense disparó sin querer contra un avión de pasajeros iraní que viajaba de Teherán a Dubay; como resultado murieron los 290 pasajeros y miembros de la tripulación. Esta tragedia se produjo por la presión psicológica de la tripulación del barco, razón por la que el Presidente Reagan justificó esta atroz equivocación. EEUU jamás se disculpó por el incidente y posteriormente el comandante del crucero fue condecorado con la legión de honor.

Pasa que durante la guerra se impone cierta irregularidad en el nerviosismo del combatiente, que permite que sucedan cosan que no deberían suceder; además, la tecnología se ha desarrollado tanto que se ha acortado el tiempo para la toma de decisiones, debido a la velocidad de los cohetes y a la automatización de los equipos técnicos que incrementa la posibilidad de que se cometan errores.

En esta incertidumbre falta por ver qué va a pasar en el Senado de EEUU, ahora que Nancy Pelosi, Presidenta de la Cámara de Representantes del Congreso, aprobó transferir a ese órgano legislativo el impeachment contra el Presidente Trump y dio luz verde para que siete congresistas demócratas actúen de fiscales en ese juicio político. Otra vez, el destino del mundo se decide en la cloaca de Washington, tal como el Presidente Trump llama a la clase política de su país.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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