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Pakistán lucha por su alma tribal

Fuentes: Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

La operación de un mes de duración en División Malakand de la Provincia de la Frontera Noroeste (NEFP), que incluye la escena de combates especialmente duros en el Valle Swat, ha costado, según cifras oficiales, las vidas de más de 1.300 combatientes y llevado al desplazamiento de 3,5 millones de civiles.

La batalla está lejos de haber terminado.

Bajo inexorable presión de EE.UU. para que termine la tarea de una vez por todas, Pakistán está abriendo nuevos frentes en un esfuerzo en un intento por eliminar a los combatientes talibanes y a la «franquicia» de al-Qaeda bajo la cual operan.

El jueves por la mañana, la Fuerza Aérea de Pakistán realizó ataques en Agencia Orakzai en las Áreas Tribales bajo Administración Federal, y se han iniciado operaciones terrestres y aéreas en las Regiones Fronterizas (Jani Khel – las áreas tribales adyacentes a la ciudad) del distrito Bannu en NWFP. Se piensa que la shura [consejo] de al-Qaeda opera desde Jani Khel.

También se espera que los militares penetren masivamente al área tribal Waziristán del Sur para perseguir una red que incluye al líder talibán paquistaní Baitullah Mehsud, combatientes panyabíes, uzbecos y de al-Qaeda. Se informa que ya ha habido combates.

Washington ha reaccionado positivamente ante las iniciativas paquistaníes, pero en el cuartel de la guarnición en Rawalpindi, la ciudad gemela de la capital Islamabad, están nerviosos. Los mandamases están conscientes de la dura lucha que sus tropas han tenido en División Malakand y del resentimiento que las operaciones han causado en todo el país.

El ataque del martes contra el Hotel Pearl Continental en Peshawar, capital de NWFP, en el que murieron 19 personas, incluidos dos del personal de Naciones Unidas, y 70 fueron heridas, es un fuerte recuerdo de los peligros de hacer la guerra de EE.UU. en la región.

Contactos familiarizados con los antecedentes del ataque dijeron a Asia Times Online que fue aprobado por al-Qaeda y realizado por una red de combatientes que incluía a Hakeemullah Mehsud de Agencia Orakzai (pariente de Baitullah Mehsud), miembros del grupo militante suni Laskhar-e-Jhangvi de la ciudad de Darra Adam Khel en NWFP y el grupo Omar de las Regiones Fronterizas de Peshawar.

En un mensaje a Asia Times Online, un alto dirigente de los combatientes mantuvo que la operación también apuntaba a eliminar a funcionarios del FBI y de la OTAN que estaban en el hotel. Se decía que estaban en conversaciones con funcionarios paquistaníes para elaborar maneras de proteger el 90% de los suministros de la OTAN para Afganistán que pasan por Peshawar.

Esa información, sin embargo, fue cuestionada por Qudsia Qadri, editora jefe de Pakistani Daily Financial Post, quien dijo a Asia Times Online que ella estuvo en el hotel de cinco estrellas durante algunos días hasta el martes por la tarde y que no había visto a ningún funcionario del FBI o de la OTAN.

«La ocupación del hotel apenas llegaba a un 5%. Encontré a unos pocos extranjeros, en el gimnasio y durante el desayuno, pero todos trabajaban para ONGs [agencias no gubernamentales] para ayudar a la gente desplazada del interior de Malakand,» dijo Qadri.

Cómo fue concebido el ataque

Baitullah Mehsud, miembros de al-Qaeda y combatientes panyabíes viven en Waziristán del Norte y del Sur, regiones remotas en la frontera con Afganistán, lejos de Agencia Khyber, por la cual pasan suministros de la OTAN, Agencia Kuyrram, un nodo de fuerzas chiíes contrarias a los talibanes, y Peshawar.

Ninguna de esas tres áreas tiene talibanes indígenas. Por lo tanto, Agencia Orakzai, la única área tribal que no tiene una frontera con Afganistán, fue elegida para estacionar a talibanes de Waziristán del Sur y otras regiones.

A comienzos de este año, los talibanes habían tomado posesión de Agencia Orakzai y la declararon emirato islámico. El amir (líder) era Moulvi Saeed, pero la cara hacia el exterior era Hakeemullah Mehsud, lugarteniente de Baitullah Mehsud, importado de Waziristán del Sur.

Gradualmente introdujeron elementos criminales, incluidos fugitivos anti-chiíes de Laskhar-e-Jhangvi, y los establecieron en Darra Adam Khel, en los suburbios mismos de Peshawar. El grupo Omar fue asignado a las regiones fronterizas de Peshawar. Con esos grupos establecidos, era posible acceder fácilmente a Agencia Khyber y Peshawar – exactamente como sucedió con el ataque al hotel del martes.

Las fuerzas de seguridad paquistaníes están preparadas para ataques similares ahora que la batalla se extiende a Waziristán del Sur y otras áreas tribales. Al mismo tiempo, los choques étnicos y políticos han aumentado a niveles sin precedentes en la sureña ciudad portuaria de Karachi, por la cual entra a Pakistán la mayor parte de los suministros de la OTAN.

En la semana pasada han sido muertas unas 50 personas. Al Movimiento Muttahida Quami contrario a los talibanes se le atribuye la mayor parte de las muertes en una lucha contra miembros de una facción disidente. Se esperan represalias en los próximos días, lo que podría llevar a un derramamiento de sangre aún mayor. La situación podría empeorar hasta tal punto que los militares tengan que intervenir. El problema es que sus fuerzas ya están ocupadas al máximo en el norte.

Por el momento, esas áreas norteñas siguen siendo la preocupación primordial, y los combatientes y al-Qaeda están preparados.

Refugios en el Hindu Kush

La cadena de montañas del Hindu Kush Oriental, conocida también como el Alto Hindu Kush, está ubicada en su mayor parte en Pakistán septentrional y en las provincias Nuristán y Badajshán de Afganistán.

Esta cadena de montañas conecta con varias cadenas más pequeñas, como ser Spin Ghar, Tora Bora, la Cadena Suleman, Toba Kakar, y crea un corredor natural que pasa por todas las áreas tribales de Pakistán y las provincias fronterizas con Afganistán hasta el área costera paquistaní en la provincia Baluchistán.

En 2008, al-Qaeda había tomado el control del corredor de 1.500 kilómetros cuadrados – algo que había planeado desde su fuga de Afganistán donde los talibanes fueron derrotados por fuerzas dirigidas por EE.UU. en diciembre de 2001.

Al-Qaeda decidió entonces que construiría una franquicia regional ideológicamente motivada en el Sur de Asia para frustrar las intenciones estratégicas de las potencias occidentales en el área.

Mientras las fuerzas de EE.UU. trataban en vano de dar caza a al-Qaeda en las montañas Tora-Bora, el grupo se concentró en el establecimiento de vínculos con organizaciones como Jaishul al-Qiba al-Jihadi al-Siri al-Alami y Jundallah en las áreas tribales paquistaníes y en la organización del reclutamiento de paquistaníes y afganos en esas organizaciones. La razón subyacente para hacerlo era la destrucción de las estructuras políticas y sociales locales y establecer en su lugar una franquicia de al-Qaeda.

El plan dio resultados. Actualmente, muchas partes del corredor Hindu Kush, sistemas tribales centenarios y sus conexiones con el establishment paquistaní mediante un agente político nombrado, han sido reemplazadas por un sistema de señores de la guerra islámicos.

La antigua especie de ancianos tribales, clérigos religiosos y jefes tribales, leales a Pakistán y sus sistemas, ha sido eliminada, para ser reemplazada por señores de la guerra como Haji Omar, Baitullah Mehsud, (el asesinado) Nek Mohammad y (el asesinado) Abdullah Mehsud. Son todos aliados de al-Qaeda, y dan libertad de movimiento a al-Qaeda en sus áreas dentro del corredor.

Miembros de al-Qaeda del exterior también utilizan el corredor para ingresar a las áreas tribales paquistaníes. No es siempre seguro. Recientemente, agencias de seguridad arrestaron a cuatro nacionales saudíes en Agencia Mohmand. Fueron nombrados sólo como Ahmed, Ali, Mohammad y Obaidullah y habían llegado a Pakistán desde Arabia Saudí en 2008-2009 después de pasar por Irán. Si hubiesen viajado a través de ciudades paquistaníes hacia las áreas tribales, es muy probable que hubieran sido arrestados mucho antes.

Recientemente al-Qaeda amplió su red forjando vínculos más estrechos con el grupo de insurgencia iraní Jundallah basado en Pakistán, que opera desde los alrededores de Turbat en la provincia Baluchistán de Pakistán.

Pakistán en la encrucijada

La situación ha llevado a Pakistán a una encrucijada. Al-Qaeda ha devastado en muchas áreas los sistemas tribales tradicionales y establecido su franquicia en un terreno extremadamente estratégico.

Los sistemas administrativos del país y sus organismos de mantenimiento del orden no fueron diseñados para hacer frente a semejantes acontecimientos. La única respuesta que han podido encontrar es la movilización de los militares – una decisión controvertida que todavía podría tener un efecto contraproducente.

Existen varias razones por las cuales los combatientes han logrado subvertir las tribus. Las organizaciones de combatientes son altamente organizadas, endurecidas en el combate, fuertemente armadas y bien financiadas. Y, lo que es muy importante, mientras la influencia tribal se limita a su propia área, su propia gente, las organizaciones combatientes tienen vínculos a través de los límites tribales, a través de las fronteras y conexiones internacionales. Y mientras las tribus son regidas por tradiciones tribales y leyes consuetudinarias (riwaj), las organizaciones combatientes no lo están. Han aventajado al malik (líder) tribal y su tribu en su poder de fuego, sus finanzas y su organización.

Pakistán había planificado el fortalecimiento de las tribus, ya que la fuerza real de un país es su pueblo. Ningún gobierno, sea civil o militar, puede funcionar o tener éxito sin tener el respaldo del apoyo público.

Esto se hace comenzando por la firma de acuerdos con tribus seleccionadas. Estas incluían a aquellas con

Sufi Mohammad en Malakand para reforzar el sistema administrativo. Sin embargo, la presión internacional – sobre todo de Washington – obligó a Pakistán a abandonar ese mapa de ruta en lugar de un enfrentamiento militar frontal contra los combatientes.

Hasta la última ofensiva que comenzó en Swat y que ahora está siendo ampliada, la acción militar usualmente terminaba después de lograr sólo un éxito temporal. El gobierno existente generalmente carecía de la voluntad necesaria para llegar a las últimas consecuencias, y existían elementos dentro del aparato de inteligencia y de las fuerzas armadas que simpatizaban con los combatientes.

Ahora parece que el gobierno está dispuesto a una larga lucha, pero en última instancia tendrá que tomar el control del corredor que suministra a los combatientes el espacio necesario para atacar, reagruparse y volver a atacar.

Esto tendrá que involucrar un aumento de la cooperación con fuerzas en Afganistán para patrullar en conjunto la frontera, y lo que es más importante, un renovado intento de reanimar los sistemas tribales en los sitios en los que han sido infiltrados por combatientes.

Individualmente, son tareas inmensas, en combinación casi imposibles. Y mientras los aviones y tanques se desplazan en mayores cantidades por áreas más grandes de Pakistán, es posible que esos objetivos se pierdan en la neblina de la guerra.

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Syed Saleem Shahzad es jefe del buró Pakistán de Asia Times Online. Para contactos, escriba a: [email protected].

(Copyright 2009 Asia Times Online (Holdings) Ltd.

http://www.atimes.com/atimes/South_Asia/KF12Df02.html

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