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Perú: Avance del movimiento indigena en la lucha contra el sistema

Fuentes: Rebelión

RECUENTO SUCINTO DE LAS LUCHAS INDÍGENAS EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS Es necesario estudiar los avances de las luchas indígenas en México, Bolivia, Ecuador y otros países hermanos porque su influencia en nuestro país será muy importante. Pero también es valioso mirar al Perú: A inicios de los 60 se dio la heroica lucha de los […]

RECUENTO SUCINTO DE LAS LUCHAS INDÍGENAS EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS

Es necesario estudiar los avances de las luchas indígenas en México, Bolivia, Ecuador y otros países hermanos porque su influencia en nuestro país será muy importante.

Pero también es valioso mirar al Perú:

A inicios de los 60 se dio la heroica lucha de los comuneros de Pasco contra la usurpación de sus tierras por la empresa yanqui «Cerro de Pasco Cooper Corporation», hubo masacres policiales en apoyo a la empresa. Las novelas de Manuel Scorza tratan de esa lucha. Ahí surgió el grito de «¡Tierra o Muerte!» tomado después por nosotros.

En esa misma época se desarrolló nuestra exitosa lucha en la zona semi-selvática de La Convención en el Cuzco, que terminó con el sistema de haciendas (latifundios) instaurado por la invasión europea y que continuó intacto durante la república, hasta que nosotros iniciamos su liquidación. Tuvimos que recurrir a la autodefensa armada para defender la tierra reconquistada. Aunque la represión aplastó dicha autodefensa armada, el gobierno militar se dio cuenta de que si al comienzo de la represión habíamos respondido en esa forma, si obligaba al campesinado indígena a que volviera a trabajar para los hacendados, la resistencia armada iba a ser mayor, por eso decidió legalizar la reforma agraria hecha por nosotros, pero sólo en la zona, poniéndole el límite de «mínimo inafectable», lo que en pocas haciendas el campesinado indígena le permitió imponer.

Se habla del «fracaso» de esa lucha porque no llevó al derrocamiento del poder político, eso era imposible sin la participación de otras zonas rurales y de la clase obrera y el resto de la población urbana. El movimiento no fracasó, pues no luchaba por el derrocamiento del régimen político, lo hacía por la defensa de su tierra (aunque en mi cabeza haya estado lo otro), esto se ve claramente en nuestro lema: «¡Tierra o Muerte!»

Luego el campesinado indígena de varias zonas del país inició la toma de tierras que fue respondida a balazos por el gobierno civil, pero ni las balas detuvieron las tomas, entonces los militares decidieron capturar nuevamente el poder y hacer la reforma agraria a nivel nacional.

Naturalmente el campesinado indígena vio con simpatía la liquidación del sistema de haciendas, pero hubo rebeliones ante la demora del proceso y también por la falta de respeto del gobierno del general Velasco al ayllu, pues en muchos casos, el régimen, en lugar de entregar las tierras a los ayllus fabricó enormes cooperativas burocráticas. Esta lucha por la reivindicación del ayllu ancestral contra las grandes cooperativas corruptas fabricadas por Velasco, fue intensa hasta los años 80 contra el anterior gobierno de Alan García, el actual presidente (tuve la suerte de participar en ella).

Hay dos grandes avances en la lucha indígena de los últimos tiempos:

Uno es el surgimiento y fortalecimiento de las rondas campesinas o comités de autodefensa. En las zonas donde no había comunidades, en el norte, luego de haber surgido como organización para defenderse de los ladrones de ganado protegidos por el Poder Judicial y la policía, han extendido sus actividades a los otros aspectos sociales que tienen las comunidades campesinas, son la organización campesina que se ocupa de la justicia interna, los trabajos colectivos y el desarrollo colectivo en todos los aspectos. En las zonas donde subsistía el «ayllu» o comunidad campesina son una función dentro del «ayllu» que se ocupa de la protección contra los ladrones y de la justicia interna.

Los zapatistas dicen que no se trata de tomar el poder sino de construirlo, ésta es una forma de construcción de poder alternativo, es el desplazamiento cada vez mayor de los corruptos Poder Judicial y policía y el ejercicio de sus funciones por la colectividad en forma democrática.

El otro gran avance es la extensión de la democracia comunal a nivel de municipio. El alcalde tiene cada vez menos poder, éste pasa cada vez más a la colectividad. Este fenómeno que se dio en forma fuerte en el distrito indígena de Limatambo y la provincia de Anta, Cusco, se va extendiendo geográficamente en diversos grados.

Así como en el caso de la reforma agraria que iniciamos en La Convención, en estos casos también el poder del sistema ha tenido que retroceder legalizando ambos avances, pero pretendiendo quitarles fuerza. Cuando surgieron las rondas campesinas, el Poder (ejecutivo, legislativo, judicial, policial, prensa, etc.) hizo un gran escándalo, calificándolo de «usurpación de funciones» que cometía «secuestros» y reprimiéndolo con encarcelamientos. A pesar de la represión esas organizaciones se extendieron geográficamente obligando al sistema a dar la «Ley de Rondas Campesinas» que estipula la obligación de dar a las autoridades la relación de los «ronderos», esto es rechazado y muy pocos acatan.

En cuanto a los municipios el Poder agregó en la ley el concepto de «presupuesto participativo», aunque pone requisitos para la presentación de proyectos difícilmente alcanzables por la población indígena.

El desarrollo de la lucha armada de Sendero Luminoso tiene su explicación en el rechazo del sistema por la población indígena y mostró que hubo muchos, fundamentalmente jóvenes, dispuestos a entregar su vida para acabar con el putrefacto sistema de exclusión que nos oprime.

Las profundas discrepancias principistas y metodológicas que tengo con Sendero Luminoso no me nublan la mirada para impedirme ver eso.

Precisamente se debe a ello y al racismo del sistema que la gran mayoría de los 70.000 muertos de la guerra interna fueran indígenas.

Esa masacre durante 20 años entre cuyas víctimas se cuentan luchadores autóctonos que nada tenían que ver con SL, explica el debilitamiento del movimiento indígena peruano y su actual retraso frente a Bolivia y Ecuador.

Paradójicamente, la derrota de SL también se debe a la población indígena, el verticalismo de SL que designaba a quién iba a mandar en la comunidad chocaba con la metodología democrática del «ayllu», además dicha población se hartó de las masacres por SL de indígenas que eran calificados como enemigos por esa organización.

Hablemos de algo muy diferente a la guerra interna, el último proceso electoral. El mapa de la votación nos indica que la población indígena votó contra el sistema. No quiero decir que Ollanta Humala hubiese acabado con éste, probablemente se hubiera arrodillado ante el neoliberalismo como el ecuatoriano Gutiérrez, lo que interesa para el análisis de la actitud indígena es cómo veía dicha población a Humala: como la candidatura antisistema.

Además debemos reconocer que aunque la compra de candidaturas a Humala llevó a Torres Caro y otros negociantes de su calaña al parlamento, también, para jalar votos, el militar llevó a dirigentes mujeres indígenas combativas como Hilaria Supa, Nancy Obregón y Juana Huancahuari, quienes jamás hubiesen figurado en las listas de izquierda. Su presencia, entre otras cosas, está llevando saludablemente a la superficie el profundo racismo del sistema.

Se da muchos casos de fuerte lucha indígena contra la corrupción, por mayor control social de las autoridades. Dos de ellos que trascendieron al conocimiento nacional por el escándalo de las muertes, fueron los de Ilave y Azángaro en Puno. Las calumnias de la prensa al movimiento indígena ocultan que los acontecimientos no fueron sino expresiones extremas de largas luchas de esos pueblos contra la corrupción de las autoridades del sistema.

Son muy importantes las fuertes luchas contra la gran minería imperialista depredadora.

En las movilizaciones contra el TLC el movimiento indígena y campesino en general han sido los baluartes.

Últimamente ante la actitud valiente de la parlamentaria Hilaria Supa que se negó a juramentar en un idioma que no era el suyo y las reacciones racistas de otros miembros del Parlamento y la prensa, el Congreso se vio obligado a poner traductor y dar una ley contra el racismo.

Desafortunadamente lo aquí relatado no es visto por la gran mayoría de luchadores urbanos ni por los compañeros intelectuales, incluyendo los que nos quieren mucho, quienes se lamentan porque «…en el Perú desgraciadamente no hay movimiento indígena, los brotes aislados no tienen importancia, son esporádicos, no están coordinados», etc. La realidad se da como se da, no como ellos quisieran que se dé, por lo tanto no es importante.

La lucha en La Convención no comenzó como lucha por la tierra, fue un proceso que se inició por reivindicaciones menores: Solicitar que el patrón no maltratara físicamente a los campesinos, que se cumpliera la ley de 8 horas de trabajo, que disminuyera la cantidad de días que debían trabajar para el hacendado, que no les obligaran a vender sus productos al patrón ni a comprarle mercancías, etc. Comenzó así, terminó haciendo la reforma agraria y defendiéndola con las armas en la mano.

Ahora, un grupo, con mayoría de cusqueños, que editamos mensualmente «Lucha Indígena» vemos la dinámica del movimiento indígena peruano, continental y mundial, comprendemos su importancia para la construcción de otro Perú dentro del otro mundo posible por el cual luchamos. Nos esforzamos por contribuir con hacer conocer esa dinámica en nuestro país, colaborar en su extensión, su continuidad, su coordinación, etc. Estamos en el número 6 del periódico, no sabemos cuántos números más saldrán pues tenemos dificultades económicas, no recibimos dinero de ninguna ONG, hay compañer@s que comprendiendo eso nos ayudan económicamente. Solicitamos el apoyo, fundamentalmente económico y con la difusión del mensuario, de quienes consideren que el trabajo que realizamos es positivo.

VANGUARDIA DE LAS LUCHAS POPULARES PERUANAS

La clase obrera es la vanguardia en los países industrializados porque «no tiene nada que perder, sólo su miseria» y la única forma de liberarse definitivamente será la colectivización de los medios de producción, las fábricas.

En el Perú el neoliberalismo ha atacado fuertemente al proletariado arrebatándole la estabilidad laboral.

El rol de nuestro país en la división internacional del trabajo hace que no se industrialice y por lo tanto, el ser obrero, a pesar de los miserables salarios, es un privilegio ante la grave desocupación. Actualmente en el Perú el obrero tiene mucho que perder: un trabajo permanente que es ya un privilegio.

En este país, el campesino en general, especialmente el comunero, está económicamente por debajo del obrero. No es un pequeño burgués del campo como el campesino europeo.

El comunero, a pesar de la gran presión individualista del sistema y del ataque al «ayllu», continúa manteniendo las costumbres colectivistas de este organismo: La «faena» es el trabajo colectivo para beneficio colectivo. El «ayni» es el trabajo colectivo para beneficio individual que se practica rotativamente en las tareas agrícolas de los comuneros. La «mink´a» es la súplica que se hace solicitando un servicio, que en casos mayores va acompañada de un obsequio.

El campesinado indígena extiende el colectivismo geográficamente como sucedió en el municipio del distrito de Limatambo y ahora de la provincia de Anta y en menor grado en muchos otros municipios rurales, algo con lo que ni sueñan los habitantes de los barrios aristocráticos de Lima. Hay comuneros que piensan que así debieran funcionar el departamento y el país. Esto ven ellos como extensión del sistema de su milenario ayllu (en «occidente» a esto se le llama socialismo).

También extiende el colectivismo a otros ámbitos, como las actividades policiales y judiciales que ejercen las «rondas campesinas» o «comités de autodefensa». Antes de la guerra interna el sistema de rondas se había extendido a los barrios marginales urbanos.

Hay otros aspectos de la extensión del espíritu del «ayllu» a los barrios marginales de las ciudades: Las zanjas para el agua potable, los parques y otros trabajos de beneficio colectivo se realizan colectivamente, en «faena». Cuando una familia necesita dinero extra, por ejemplo ante la emergencia que significa la enfermedad de uno de sus miembros, hace una «pollada» (venta de trozos de pollo asado), los vecinos colaboran yendo a comer y pagar, cuando otro vecino haga una «pollada», los que hicieron la anterior irán a consumir (es la versión urbana del «ayni»).

El movimiento indígena está a la vanguardia, no en el sentido amplio de que ha de ser guía del resto del pueblo oprimido (cada sector social será su propio guía; cada uno de ellos, a través de su lucha, forjará su propia dirección), está a la vanguardia en el sentido restringido de que es el sector más avanzando en la lucha contra el sistema y en la construcción de la organización alternativa de la sociedad. Contra el individualismo neoliberal, el colectivismo del «ayllu».

Se enfrenta contra la principal potencia económica imperialista en el país en su lucha en defensa de «Pachamama» (la Madre Naturaleza), contra la minería depredadora del medio ambiente.

Los indígenas cocaleros, en defensa de «Cocamama» (la Madre Coca) se enfrentan a la penetración imperial yanqui y a sus sirvientes gobiernos que con la mentira de «coca=cocaína» usan el pretexto de «lucha contra el narcotráfico».

El pueblo indígena es portador y defensor de una cultura que choca, se enfrenta con la cultura impuesta por el sistema.

  • El colectivismo contra el individualismo.

  • La defensa de Pachamama contra la depredación minera y de hidrocarburos.

– El sistema agrícola indígena de cultivos asociados y rotación de cultivos, contra las normas de la «revolución verde» que mata el suelo al practicar el monocultivo, no aplicar la rotación de cultivos y usar los agroquímicos.

  • El uso benéfico y la defensa de la hoja de coca.

  • Lucha contra el TLC con EEUU que hunde a la agricultura nacional.

– La medicina tradicional contra los negocios de los grandes laboratorios imperiales.

– Los hábitos alimenticios con los saludables y nutritivos productos nativos.

– El sistema de justicia indígena frente al corrupto Poder Judicial y a la podrida policía.

– La música.

– Las lenguas.

Etc.

Es cierto que por la fuerte presión del sistema opresor racista hay gran aculturación: Indígenas que son individualistas, que usan agroquímicos, que prefieren las medicinas de farmacia, que por el precio se ven obligados a alimentarse de fideos y arroz, que se avergüenzan de nuestras lenguas, de nuestra música, de sus facciones, de sus apellidos, etc.

Reconocemos que es así, precisamente nuestra lucha consiste en reivindicar lo indígena, en combatir la deformación individual y social que significa la aculturación.

Por todas estas razones una tarea fundamental hoy, para lograr otro Perú, es apoyar el avance del movimiento indígena en sus diversos aspectos: En la recuperación de su política colectivista frente al individualismo neoliberal. En el respeto a «Pachamama» y el entendimiento de que nuestro gran tesoro es la biodiversidad. En el retorno a nuestros alimentos nativos, entre ellos la coca. En la práctica de nuestra medicina. En defender el derecho de las poblaciones indígenas a ser educadas en su propia lengua y a usarla. En defender el derecho de nuestros pueblos a ejercer su cultura en todos sus aspectos.