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¿Puede la pandemia poner fin a la globalización?

Fuentes: Attac Quebéc

Traducido del francés para Rebelión por Susana Merino

Francois Legault no es el único que piensa que la pandemia nos va a conducir a una especie de desglobalización. Miles de comentarios a través de todo el planeta han anunciado que a la globalización le ha llegado la hora: se dice que la hará desaparecer el coronavirus, que no conoce fronteras, sostenido por una crisis económica igualmente planetaria. Reflexionemos sobre la globalización y sobre posibles cambios.

La globalización no es un fenómeno que haya nacido en el siglo XX. Existieron varias olas en el pasado en forma de conquistas coloniales o de dominaciones imperialistas. Si existe algo en común entre todos estos fenómenos, es la tendencia a la depredación de los recursos, especialmente en el período colonial, y el del dominio de los territorios y de los mercados, como fue el caso con las guerras imperialistas. La tendencia a la globalización adoptada por el capitalismo de fines del siglo XX no se caracterizó solo por la conquista de los mercados, sino por una integración a escala mundial de la producción en diferentes lugares. De modo que lleva a la unificación de la producción sin fronteras a una situación anteriormente jamás igualada y al sometimiento de los aparatos productivos de los países del sur en un sistema dominado por el capital globalizado. Esta globalización exige la instalación de políticas neoliberales en todo el planeta.

La globalización neoliberal

La actual globalización es fundamentalmente neoliberal, pero no es la única dimensión del neoliberalismo. Este modelo de acumulación, asociado por otra parte a la financiarización y al endeudamiento, exige la desregulación universal de las legislaciones que regulan el comercio. Exige la puesta en marcha de mecanismos que permitan la apropiación sin límites de las riquezas, como la reducción de los impuestos al capital y la legalización de la evasión fiscal. Y por las mismas razones la deslocalización de los lugares de producción y su integración mundial han sido las puntas de lanza de esta globalización del capital.

Por otra parte, implica el establecimiento de marcos supranacionales y prevé ajustes estructurales en los países con mayores dificultades. Los acuerdos de libre comercio no son solamente un ejercicio de reducción de barreras aduaneras, sino que ofrecen a las grandes empresas un poder mayor ante los Estados nacionales. La globalización neoliberal prometía la mejora de las condiciones de vida de las poblaciones locales. Ha producido, en cambio, un enriquecimiento de las grandes corporaciones y de los inversores transnacionales, y ha acentuado las desigualdades entre los países del norte y del sur, y en el seno tanto de los países del norte como de los del sur.

La pretensión de un Estado-nación obsolescente

Se han modificado las relaciones de poder a beneficio de las transnacionales frente a los Estados-nación, a los que se considera barreras del pasado que sufren además el chantaje del endeudamiento y de la cuota de crédito. Sucede que los políticos que detentan el poder han instalado políticas neoliberales contrarias a los intereses de su propia población. Al firmar los acuerdos de libre comercio, desinteresarse de los gastos sociales, permitir la deslocalización de la producción, reducir las protecciones sociales, especialmente los derechos laborales, privatizar y hacer competir los sectores públicos y los privados los Estados-nación no han sido víctimas de la globalización, sino que “han sido sus autores”, como dice Panitch (2001). El Estado no es ajeno a las relaciones sociales y está al servicio de las clases dominantes, por retomar una expresión consagrada.

La desglobalización de Donald Trump

Para muchos la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca significaba la confirmación del cuestionamiento de la globalización. Luego, a pesar de la grandilocuencia, quiso concluir un nuevo TLCAN, que también confirma el deseo de desregular, sobre todo para permitir a los GAFA (1) desplegarse por todo el planeta. Les redujo enormemente los impuestos, lo que hacia inútil mantener sus actividades fuera de EEUU. Igual que en 2008 no hay que no confundir la intervención generalizada de los bancos centrales de los países industrializados con la condena a muerte de las empresas privadas y de la globalización neoliberal. Se trata más bien de una operación de rescate del capitalismo como en 2008, pero ampliada a diferentes sectores de la actividad productiva afectados por el cierre de los lugares de producción, en lugar de centrarse en el sector más financiero.

Esta vuelta a casa no anuncia nada bueno para el pueblo estadounidense, pero dice todo sobre la protección de sus intereses transnacionales. No se trata, como señala Roger Martelli (2020), de una “vuelta a la nación estadounidense, sino de un chantaje de la potencias estadounidense al mundo, sus naciones y sus instituciones”

Los límites de los circuitos cortos y la realidad del desarrollo del sur

Existe, evidentemente, una diferencia entre la desglobalización neoliberal y la que promueve el Manifiesto sobre la desglobalización como recuerda Eric Martin (2020) o por quien fue el primer en hablar de ello en 2002, Walden Bello. Se ha hecho evidente que las cadenas de producción globalizadas perjudican a los intereses de las poblaciones locales, en especial en la agricultura. No es solo por razones “nacionales”. Dado el impacto de los transportes internacionales en el medioambiente, concierne también al interés colectivo internacional. Lo que vuelve este asunto aún más complejo es que las economías de los países del sur y de los países llamados “emergentes” se hallan subordinadas e integradas en la jerarquía de las relaciones planetarias de dominación. Dicho de otro modo, la existencia y el mantenimiento de la miseria en el sur son un componente de la cadena de globalización neoliberal. Toda desglobalización en el norte no inspira nada bueno para el sur. Un nuevo internacionalismo de los países industrializados debe dirigir la desglobalización. Ahora bien, ahí es donde le duele al nacionalismo conservador.

La sicología del confinamiento está oscureciendo la visión que debemos adoptar si queremos un proyecto emancipador de “regreso a la base”. Tal opción no puede ser definida solamente por la relocalización de ciertas actividades económicas, aunque esté mejorada por la soberanía popular local. Como el subdesarrollo se mantiene enquistado en la globalización neoliberal, otra globalización es verdaderamente necesaria. Para establecer relaciones igualitarias entre las diferentes regiones del planeta es necesario una valorización de las ventajas relativas y la disponibilidad de medios de desarrollo para los países del sur.

La accesibilidad de los países del sur a las herramientas de desarrollo, y no solamente como caridad, sigue siendo un elemento importante del progreso social para la inmensa población de los condenados de la tierra. Sin establecer mecanismos de organización mundial de la producción la relocalización en el norte de las actividades económicas puede incrementar la crisis en el sur.

Altermundismo y desglobalización

Para responder a las necesidades sociales de las poblaciones tanto del norte como del sur unos dispositivos deben permitir una alterintegración mundial. No habrá desglobalización tranquila, porque la salida de la crisis devuelve al primer plano los desafíos de otra globalización, el de los cambios climáticos y el medioambiente. ¡El altermundismo no es otra cosa que la globalización de la solidaridad, no la basada en un “gobierno mundial” sino en el reconocimiento de los pueblos y de los movimientos sociales para otro mundo! (2).

Notas:

(1) GAFA es el acrónimo de Google, Apple, Facebook y Amazon, las cuatro empresas más poderosas del mundo (N. de la t.)

(2) Walden Bello (2020),»Les gauches doivent s’armer pour mieux penser la démondialisation», Médiapart, 21 de abril de 2020.

Roger Martelli (2020), «COVID-19 : non, la frontière n’est pas un absolu», Regards, 15 de abril de 2020.

Éric Martin (2020), «Comment réussir la démondialisation», Institut de recherche et d’informations socioéconomiques – IRIS, 7 de abril de 2020.

Véase también Éric Martin, Jonathan Durand-folco y Simon-Pierre Savard-Tremblay (2018), «Manifeste québécois pour la démondialisation», Le Devoir, 3 de mayo de 2018.
Leo Panitch (2001), Renewing Socialism : Democracy, Strategy and Imagination, Routledge – Taylor and Francis (2019)

Fuente : https://www.quebec.attac.org/?la-pandemie-peut-elle-mettre-fin-a

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

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