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Invasión rusa de Ucrania

Se avecina un largo invierno

Fuentes: Agos

¿Cuál es el objetivo político de la invasión rusa de Ucrania? Los largos preparativos militares y la magnitud de las operaciones dejan claro que los objetivos rusos no se limitan a las dos repúblicas secesionistas de Donetsk y Luhansk.

Para entender lo que Rusia planea conseguir con esta invasión, hay que remontarse al discurso de Putin del 21 de febrero, en el que negó el derecho de Ucrania a la soberanía estatal. El objetivo de la invasión es, por tanto, desencadenar un cambio de régimen mediante una invasión militar y someter a Ucrania a la dominación rusa.

Las relaciones internacionales nunca volverán a ser las mismas. Las operaciones militares rusas no son comparables a las de 2014, cuando Rusia se anexionó Crimea y creó un estado de guerra permanente en Dombás. Tampoco podemos comparar la invasión actual con la guerra ruso-georgiana de 2008, cuando los militares rusos podrían haber avanzado hasta Tiflis y derribar a Mijaíl Saakashvili, pero se abstuvieron de hacerlo. Hoy, la invasión rusa de Ucrania tiene como objetivo la dominación total. Es comparable a la invasión estadounidense de Irak en 2003, con sus conocidos resultados catastróficos.

Para analizar la crisis actual, es necesario distinguir dos niveles de conflicto: las relaciones ruso-estadounidenses y las relaciones ruso-ucranianas. El actual conflicto en Ucrania es el resultado de dos pecados originales. El primero es la decisión de Estados Unidos, bajo el demócrata Bill Clinton, en 1993, de, no sólo preservar la OTAN -una alianza militar que se formó para oponerse a la Unión Soviética- sino también de ampliarla hacia el este. Se ignoraron otras alternativas, como el desmantelamiento de la OTAN y la búsqueda de una arquitectura de seguridad común en Europa que incluyera a Rusia. En algún momento, esta interminable expansión militar hacia el este tenía que chocar con la resistencia rusa. ¿Por qué ahora? Porque Rusia se siente segura de sí misma después de sus masivas reformas militares desde 2008, sus exitosas campañas militares en Chechenia, Georgia, Siria, Libia y otros lugares, y, también, porque Rusia, con su millón de efectivos, tiene un poder militar preponderante en el teatro de operaciones europeo.

En un determinado nivel, en este conflicto vemos a una gran potencia dirigiéndose a otra gran potencia: cuando Putin dirigió sus demandas del 17 de diciembre de 2021 para hacer retroceder a la OTAN a las posiciones de 1997, estas demandas no fueron enviadas ni a Kiev, ni a Bruselas, sino a Washington. Putin se dirigía a Biden en el mismo lenguaje del poder hegemónico: hacer retroceder las fronteras geopolíticas de Europa del Este, simplemente porque Rusia tiene hoy los medios para hacerlo, en cierta medida, como hizo Estados Unidos en la década de 1990.

Pero hay otro nivel de análisis, el de las relaciones ruso-ucranianas, y aquí el segundo pecado original fue cometido por Rusia en 2014 en el contexto de la Revolución Euromaidán. Ucrania es un Estado vasto pero frágil. Tanto su composición interna -una gran población rusoparlante en su este y sur, y población prooccidental en Galicia- como su situación geopolítica entre Rusia, por un lado, y la OTAN y la UE, por otro, obligaron a Ucrania a un ejercicio de equilibrio. Ya vimos este ejercicio de balanceo en 2004, cuando tras la Revolución Naranja el candidato prorruso Victor Yanukovich volvió al poder. Incluso después del Euromaidán, la posibilidad de recrear el equilibrio entre Rusia y Occidente era real. Esta posibilidad fue destruida por la anexión rusa de Crimea y la guerra en Dombás. Después de 2014, ningún líder ucraniano podía comprometerse con Rusia, y menos aún expresar posiciones prorrusas. Las acciones rusas empujaron a Ucrania hacia Occidente, y su política interna hacia el nacionalismo definido como antirruso.

La invasión a la que asistimos hoy consolidará la identidad nacional ucraniana en términos nacionalistas, marcando la ruptura definitiva entre las identidades ucraniana y rusa. Se trata de un proceso doloroso que comenzó en 2014, y que desgarrará el tejido social no sólo de Ucrania, sino también de Rusia.

Inseguridad europea

Queda por ver si Putin logrará obtener lo que quiere de Ucrania utilizando esta invasión militar. Sin embargo, en lo que respecta a sus relaciones con Estados Unidos, la OTAN y Europa, será un desastre. La crisis ucraniana de los últimos meses ha puesto de manifiesto un Occidente muy dividido: por un lado, Estados Unidos preocupado en otra parte -en la región del Pacífico y con problemas políticos internos- y no dispuesto a enfrentarse a Rusia en Ucrania. El presidente estadounidense Biden, que más de una vez predijo la inminente invasión rusa, sin embargo, dejó claro que Estados Unidos no iba a enviar sus soldados a defender Ucrania. En Europa, hay países limítrofes con Rusia, como Polonia y los países bálticos, que temen la reaparición de Rusia y tienen posiciones tradicionalmente duras contra Moscú. Pero los principales Estados de la UE, como Alemania, Francia e Italia, desean mantener relaciones normales y resolver los problemas de seguridad rusos mediante la diplomacia. Ahora mismo, esta tercera vía está derrotada.

La invasión militar rusa del 24 de febrero es el fin de los esfuerzos de Macron y Scholz. Rusia, después de consolidar el nacionalismo ucraniano, consolidará la OTAN en sus fronteras. Desde un mínimo histórico de 70.000 efectivos, podría volver a desplegar nuevas fuerzas militares en Europa. Los países de la UE, que temen a Rusia, aumentarán su gasto militar. Aunque el conflicto actual podría hacer subir los precios del petróleo y el gas, los países de la UE buscarán alternativas a la energía rusa. Occidente también impondrá severas sanciones económicas y financieras a Rusia. Si Moscú, con sus más de 600.000 millones de reservas, tiene los medios para resistir la presión financiera, no nos hagamos ilusiones sobre el impacto catastrófico de la guerra y las sanciones en la economía mundial, gravemente paralizada tras dos años de pandemia.

Pero los más perjudicados serán Ucrania y el pueblo ucraniano. Ucrania es uno de los países más trágicos de Europa, que a lo largo de su historia ha sufrido enormemente. Nació como estado independiente en los horrores de la Primera Guerra Mundial, seguida de la guerra civil rusa que se cobró millones de víctimas. Durante la colectivización forzosa de la tierra llevada a cabo por Stalin en 1932-33, Ucrania sufrió una hambruna masiva, conocida como Holodomor, que provocó la muerte por hambre de 7 a 10 millones de personas. Durante la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas de ocupación nazis utilizaron a millones de ucranianos como mano de obra esclava, exterminaron a los judíos ucranianos y a otras minorías, mientras que algunas de las batallas más encarnizadas entre las fuerzas de ocupación alemanas y las tropas soviéticas tuvieron lugar en Ucrania. Las pérdidas ucranianas en la Segunda Guerra Mundial se sitúan entre 5 y 7 millones de personas. El colapso de la Unión Soviética fue muy doloroso para Ucrania. Un dato resume su inmenso sufrimiento: la población ucraniana pasó de 52 millones de habitantes en el momento del colapso de la URSS, en 1991, a 43 millones en la actualidad.

Hoy, Ucrania vuelve a ser una víctima.

Puede que Rusia tenga preocupaciones legítimas de seguridad respecto a la OTAN. Pero ¿hay existe alguna ley sobre la tierra que niegue a Ucrania y a los ucranianos su legítimo derecho a la seguridad, la dignidad y la independencia?

Fuente: Agos

Traducción: viento sur