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La miseria en el Tercer Mundo es una cuestión política

Sociología y etiología del hambre

Fuentes: Revista Pueblos

Analizamos desde un pensamiento crítico las causas reales del hambre en el mundo entrando en el análisis de temas como la globalización, el estado de la inseguridad alimentaria en el mundo, el eufemismo de la «desnutrición», el invierno demográfico y su correlación con la pérdida de riqueza al considerarse la persona como el principal factor […]

Analizamos desde un pensamiento crítico las causas reales del hambre en el mundo entrando en el análisis de temas como la globalización, el estado de la inseguridad alimentaria en el mundo, el eufemismo de la «desnutrición», el invierno demográfico y su correlación con la pérdida de riqueza al considerarse la persona como el principal factor productivo en el avance de la Economía, el engaño de la condonación de la deuda a los países empobrecidos, así como una propuesta de lo que entendemos por desarrollo solidario.

El hambre en el tercer mundo es una cuestión política

La existencia de situaciones de hambre constituye un escándalo, una «verdadera deshonra para la humanidad» [1].

Las interpretaciones tradicionales del problema del hambre en época presente parecen no responder satisfactoriamente en plenitud al problema planteado. En efecto, ni la sola elucidación del problema del hambre como resultado de movimientos migratorios producidos por cambios climáticos y catástrofes naturales, ni los que arguyen la desidia y corrupción de las autoridades locales que monopolizan el hambre como instrumento para conseguir sus fines, ni las voces que alegan matices maltusianos en la falta de alimentos debido al imparable crecimiento de habitantes en la Tierra que trae como consecuencia un exceso de población mundial y consiguientemente la carencia de alimentos para cubrir las necesidades de todos, parecen quedar avaladas por lo menos por la actual etiología del hambre, ya que la causa principal del hambre que azota al 60% de la humanidad [2] -la FAO eufemísticamente califica de tasas de desnutrición, que tienen varios niveles, que van desde una cierta desnutrición que estimula y acentúa la vulnerabilidad a enfermedades infecciosas, ejemplo diarrea, neumonía, paludismo o sarampión, y endémicas, como el raquitismo [3], a una desnutrición crónica- es eminentemente política, subyaciendo un desorden moral amparado en una clara estrategia de dominación, de mantenimiento y perpetuación de un establishment fiel servidor de unas Naciones Unidas al servicio de poderosos organismos globalistas deudores del gran capital y que auspician el Nuevo Orden Mundial.

Frente a las proclamas alarmistas maltusianas y sus políticas antinatalistas como método de control de la población, la historia ha demostrado que ante presiones demográficas el ser humano es capaz de superarse y explotar en desarrollo sostenible los recursos existentes para aliviar la penuria de víveres, y en un mismo período llegar a crecer aumentando exponencialmente la producción de productos alimenticios en relación al aumento de población, y considerando en todo momento la persona, el capital humano, como el activo fundamental que favorece el crecimiento económico. Ni en el pasado ni en el presente la alta densidad demográfica explica el hambre; v.gr. Dinamarca o Alemania que superan ampliamente en hab/km2 a Etiopía, Tanzania o Zambia. Más bien la implosión demográfica, el fuerte descenso de la natalidad, al traducirse en menores inversiones en recursos humanos y, por tanto, en formación, pone en circulación medios financieros a corto término percibidos como ventajas, pero de los que las generaciones presentes se benefician en perjuicio del futuro [4].

Por tanto, el crecimiento demográfico ensamblado con políticas adecuadas de desarrollo precede al crecimiento económico. En este sentido sí habría una correlación directa entre el capital humano y la educación que es la base de toda economía competitiva por encima incluso de factores estrictamente económicos. Precisamente la educación es uno de los instrumentos más eficaces para reducir el hambre y la pobreza. Y merecidamente. La falta de educación reduce la productividad, las posibilidades de empleo y la capacidad de obtener ingresos, y conduce directamente a la pobreza y al hambre [5].

El problema tampoco es la escasez general de alimentos. La política agraria global monopoliza y penaliza tanto la producción de ciertos alimentos como el acceso a modernas técnicas de producción. Así la propia UE multa la superación de una determinada cuota láctea, el excedente de toneladas recogidas de un tubérculo, o incluso subvenciona por hectárea para que se arranquen viñedos o tierras cultivables pasen a erial. La paradoja está servida: se nos dice desde los mainstream media que faltan alimentos en gran parte de los países pobres y por otro los países desarrollados, inmersos en una crisis de superproducción, tienden a producir menos alimentos. La verdad es que la producción alimentaria mundial excede las necesidades actuales creciendo a un ritmo del 2,5% anual en estos tres últimos decenios, superior al crecimiento demográfico [6].

Pero si una liberalización económica forzada, como las propuestas por los ideólogos del FMI, o la consciente y sistemática privación de alimentos, así como el medido y selectivo reparto de ayuda humanitaria, contribuyen a causar o agravar hambrunas, siendo un arma utilizada para conquerir objetivos económicos, políticos y militares, perpetrando contra la población tomada en su conjunto como rehén «verdaderos crímenes contra la humanidad» [7], como en el reciente embargo de alimentos de la ONU a Irak auspiciado por Estados Unidos, preludio de la injusta invasión y ocupación apoyada en infundios creados ad hoc como la existencia de armas de exterminio masivo.

No están libres de culpa los países empobrecidos. Tras disfrutar en general a finales de los años 60 de una relativa bonanza económica que para nada auguraba el negro futuro de ruina, libremente los nuevos gobiernos transidos por una galopante corrupción, contrataron altos préstamos financieros que gestionaron ineficaz e indebidamente no repercutiendo en el desarrollo de la nación. El incremento de las tasas de interés unido a la crisis del petróleo, en gran medida artificialmente provocada, el general descenso del precio de las materias primas en origen, y la torpeza innata en materia económica de las nuevas clases dirigentes transidas por estructuras nepotísticas contribuyó a llevar a la bancarrota y miseria a las naciones generando la ingente deuda externa, hoy en día impagable e incobrable [8].

Las ineficaces recetas económicas draconianas implantadas por los organismos financieros multilaterales encabezados por el Banco Mundial en el tercer Mundo, y especialmente en los llamados países pobres altamente endeudados (PPAE) para la reducción de la pobreza y de deuda externa, acentúan en la práctica real la desvertebración del cuerpo social, la desestructuración industrial, económica y agrícola, y el desguarnecimiento estatal de las naciones a que está dirigida, así como la dominación política, y la dependencia y colonización socio-económica por parte de las naciones ricas [9]. Las recetas liberales del BM y del FMI no han variado desde hace décadas: equilibrio presupuestario, reducción de presupuestos nacionales con especial incidencia en la función pública incluyendo la educativa y asistencial, liberalización económica y financiera unida a la privatización masiva de activos públicos, y apertura total de los mercados sin trabas a la importación de productos, lo que acaba dinamitando la propia economía agraria local.

En la práctica, como ha denunciado Ziegler, en vez de paliar las crisis, los grandes organismos multilaterales con sus consabidas recetas de liberalización extrema, de privatización y de reducción drástica del presupuesto social, las agudizan, caso de la última gran crisis del sureste asiático, por la salida rápida de capitales, que ha afectado a todos los países que se plegaron a las exigencias del FMI, el BM y la OMC, excepto Singapur y China que mantuvieron los controles, y que fueron los mejores parados. Jean Ziegler [10] revela que la ONU deviene en instrumento de dominio mundial al servicio de los intereses de las principales sociedades capitalistas transcontinentales con las que se ha rubricado el denominado Global Compact, que supone un retorno al feudalismo. Conforme el mismo Ziegler, organismos como la OMC, o el FMI y el BM teóricamente independientes en su funcionamiento de la ONU, se convierten casi en realidad en sus mercenarios, y por ende de las multinacionales más poderosas y de las grandes potencias, en especial de Estados Unidos, como potencia hegemónica y máximo contribuyente de la ONU.

Prueba de la ineficacia de las medidas propuestas es que entre los años 1975 y 2004 a pesar, o quizás por ello, de la diligente aplicación de los Planes de Ajuste Estructural (PAE) fruto de una estrategia elaborada y aplicada por el FMI y el BM, la renta per capita de los países al sur del Magreb menguó un 2% de promedio cada año, siendo en el mismo periodo anual el crecimiento poblacional cercano al 3%. Las consecuencias de aplicar estas políticas de ajuste económico estructural emanadas de las agencias financieras del Breton-Woods han sido extremadamente negativas: erosión y desnaturalización de la organicidad social, colapso del propio Estado, reducción de la seguridad alimentaria [11] y empobrecimiento de la calidad de los servicios básicos de la salud y la educación [12], huída masiva de capitales y de la propia inversión extranjera; en definitiva, extensión y globalización de la miseria.

Atisbo de solución al problema del hambre

Planteamos dos niveles de actuación ahondando en las raíces del problema: por un lado la ejecución de soluciones económicas y técnicas que puedan paliar en parte el problema del hambre en el tercer mundo, como invirtiendo en desarrollo tecnológico a la par que facilitamos los cambios y el universal acceso a esta tecnología, utilizando semillas mejoradas, perfeccionando los medios de cultivo que permita un incremento de cosechas, promoviendo nuevas técnicas de regadío e implementando a nivel global una serie de políticas subsidiarias [13] y comerciales más justas; y por otro la exigencia concitativa de un nuevo orden político más justo que implique unas relaciones humanas más solidarias, orden asentado a fortiori en principios de orden ético y moral que armonice el progreso material y económico con el desarrollo integral del ser humano.

En la mencionada línea de implementación de políticas económicas concretas habría que suprimir las tasas y barreras de importación de productos procedentes de países subdesarrollados, teniendo siempre presente que «los beneficios locales de esas operaciones comerciales vayan a los más desfavorecidos» [14] no revertiendo en las oligarquías plutocráticas de la zona, casi siempre las grandes beneficiadas en la misión que ejercen de capataces y controladores de la inmensa población manteniendo un status quo neocolonial cuasi esclavista sin respeto alguno a leyes laborales de estos trabajadores del tercer mundo [15], y con la callada y cómplice aquiescencia del empresario y del consumidor del primer mundo que obtiene beneficio de muchos productos a bajo precio.

Otro frente de actuación coordinado iría encaminado a invertir decididamente en desarrollo en los países subdesarrollados partiendo de la consideración de la persona como el principal factor productivo en el avance de la economía [16], para lograr en paralelo tanto un aumento de los niveles educativos como un crecimiento económico sostenido, que aumentando la productividad y extendiendo la riqueza, tenga como resultado la reducción de los niveles de pobreza y hambre. En este sentido numerosos estudios y acciones concretas han demostrado el papel fundamental del crecimiento del sector agropecuario teniendo «repercusiones mayores en la reducción del hambre que el crecimiento urbano e industrial» [17].

Un tercer campo de batalla plantearía la total redefinición o reemplazo desde postulados menos ideológicos y más solidarios de la ONU [18] y del FMI por instituciones multilaterales que relegando las viejas recetas de los economistas neoliberales para acabar con la deuda externa, que esconden graves efectos secundarios, y no transigiendo al chantaje de las «transnacionales que desangran los recursos naturales» [19] servidores del capitalismo globalizador, redefinan más justa y humanamente los planes de ajuste estructural como planes de desarrollo, no supeditando la alimentación, la vivienda, la educación, ni los servicios sanitarios a la aplicación de estos planes ni a reformas económicas relacionadas con la deuda externa, pues la persona está por encima de la economía. En este sentido rechazamos el mero objetivo socio-económico que tienen ahora organismos como el BM o el FMI, que en la práctica están para garantizar que se pague la deuda a los países ricos [20], y universalizar las repetidas recetas de reducción drástica de presupuestos sociales con restricciones de gasto en necesidades básicas de la población [21] que se dedican a reembolsar la eterna deuda, privatizaciones masivas y liberalización radical de las economías.

Otra medida iría ordenada a la supresión total, salvo excepcionales situaciones de grave hambruna, de la ayuda humanitaria consistente en alimentos, por constituir un arma de doble filo muchas veces «interesada» por los efectos «indeseados» que tiene esa acción de cargarte a los productores locales y crear malos hábitos de dependencia. La lucha por un orden social más justo exige identificar y denunciar las «estructuras de pecado» [22] materialistas que arraigadas en un capitalismo salvaje cifran la realización y el bienestar humano en la opulencia, el consumismo desaforado, y la búsqueda desenfrenada de poder, placer y gloria, manteniendo otro tipo de pobreza moral y espiritual que priva de libertad: la esclavitud del hombre interior.

No cabe auténtico progreso humano asentada la persona en la resignación pasiva ni en el egoísmo creciente de nuestra sociedad opulenta. Hay responsabilidad de cada persona y de las naciones ricas. Existen recursos suficientes en la tierra para alimentar a toda la población mundial aun en el caso de que se hicieran realidad las previsiones planteadas por agencias de la ONU sobre la población mundial, garantizando su seguridad alimentaria. Se impone la necesidad y urgencia de vertebrar un nuevo modelo global de justicia distributiva en virtud del destino universal de los bienes, superando los intereses del imperialismo transnacional de las multinacionales y la dictadura consumista que es en sí misma consuntiva y aniquiladora.

Son los pobres del tercer mundo los que clavan sus ojos en nuestra conciencia y nos dicen: tengo hambre.

Durante los treinta segundos que un conductor espera a que el semáforo se ponga verde, cinco niños mueren de hambre en el mundo. Y en los tres minutos que tarda en llegar el metro o el autobús, otros 30 han agonizado de inanición. [23]


Este artículo ha sido publicado originalmente por el CADTM (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo) el pasado 12 de diciembre de 2006.

Notas:

[1] Pontificio Consejo «Cor Unum». El hambre en el mundo. Un reto para todos: el desarrollo solidario. Documento. 4.10.1996, n. 5, 2.

[2] Dos mil millones de personas viven con menos de 2 dólares al día y «cada hora que pasa y sin acaparar la atención de los medios, mueren más de 1200 niños». ONU-UNDP. Informe sobre Desarrollo Humano 2005, p. 1. De ellos, 860 millones de niños viven «desnutridos, vendidos, explotados, enfermos». Agencia Fides. Herodes: la matanza de los inocentes continúa. Informe. 28 de diciembre de 2005; y Herodes(2): Los niños: millones de víctimas: números y situaciones. Informe. 5 de enero de 2006. Unos 100 millones de niños son niños de la calle, «malviven de lo que mendigan, roban o encuentran en la basura y esnifan descontroladamente pegamento desde muy pequeños para hacer mitigar la sensación de hambre». Obras Misionales Pontificias. Secretariado de Infancia Misionera. La infancia desfavorecida, p. 43. Informe. Enero 2006.

[3] Según la UNICEF el 27% de los niños menores de 5 años en países en desarrollo, lo que equivale a 146 millones de niños, tienen un peso inferior al normal. Cfr. ONU-UNICEF. Progreso para la infancia. Un balance sobre la nutrición, p. 2-3 [en línea]. Abril 2006. Disponible en pdf [Fecha de consulta: 08.09.2006].

[4] Pontificio Consejo para la Familia. Evoluciones demográficas: dimensiones éticas y pastorales. Documento 25.3.1994, n. 11.

[5] ONU-FAO. El Estado de la inseguridad alimentaria en el mundo [en línea]. Informe. 2005, p. 16. Informe completo SOFI 2005, disponible en [Fecha de consulta: 17.09.2006].

[6] Cfr. Sophie Bessis. El negocio del hambre. Madrid: Voz de los sin Voz, 2000, p. 13, 82.

[7] Pontificio Consejo «Cor Unum». El hambre en el mundo. Un reto para todos: el desarrollo solidario. Documento. 4.10.1996, n. 16.

[8] Cfr. Atilio A. Boron. «La deuda externa, veinte años después». Encuentro Mundial de Resistencia y Alternativa a la Deuda Externa, Social y Ecológica, La Habana, Cuba, 28-30 de Septiembre, 2005 [en línea]. CADTM. 3 de octubre 2005. Disponible en [Fecha de consulta: 22.09.2006].

[9] «Los países ricos quieren mantener el control sobre las reservas de los recursos naturales sin que los países pobres, dueños natos de estos recursos, tengan acceso al saber y tecnologías para explotarlos en beneficio propio». Michel Schooyans. Entrevistas sobre los riesgos éticos de la globalización. Madrid: Fundación Universitaria San Pablo, 2003, p. 21.

[10] Cfr. Jean Ziegler. El Imperio de la Vergüenza. Madrid: Taurus, 2006, passim.

[11] Los ideólogos del FMI obligan a privatizar la agricultura y prescindir de los subsidios, a un tiempo que se oponen a que el Estado sea el avalista para la seguridad alimentaria. En términos humanos «estas políticas de `mercado’ dieron por resultado las muertes innecesarias de miles de individuos». Cfr. Yves Engler. «Hambrunas del Mercado» [en línea]. Z Communications. Znet. 03.07.2005. Disponible en [Fecha de consulta: 23.09.2006].

[12] Cfr. ONU-CDH. Effets des politiques d’ajustement structurel et de la dette extérieure sur la jouissance effective de tous les droit humains, en particullier des droits économiques, sociaux et culturels. E.CN 4. 2003.10.

[13] V.gr. la tasa Tobin, consistente en un porcentaje sobre el mercado especulativo de divisas aplicable en todos los mercados financieros. Cfr. Raquel Lander. «Alternativas ilusorias al 0,7%». Actualidad Económica 17.02.2005, p. 10-11.

[14] Pontificio Consejo «Cor Unum». El hambre en el mundo. Un reto para todos: el desarrollo solidario. Documento. 4.10.1996, n. 41, 2.

[15] Cfr. R. Barroso. «Cerca de 1.400 millones de trabajadores ganan menos de dos euros al día. La mitad de la población laboral del mundo no puede salir de la pobreza». ABC 10.12.2005, p. 45. Cfr. etiam OIT. Key Indicators of the Labour Market. Fourth Edition [en línea]. Informe. 2005. Disponible en [Fecha de consulta: 16.09.2006]; Equipo Gandhi de educadores. La guerra del hambre. Madrid: Voz de los sin Voz, 1999, p. 53.

[16] En este sentido y en consonancia con muchos teóricos del capital humano, como Gary Stanley Becker, Premio Nobel de Economía 1992, rechazamos la proposición realizada por el Millenium Project -cfr. documentos: A Practical Plan to Achieve the Millennium Development Goals [en línea]. Disponible en [Fecha de consulta: 14.09.2006]; Opciones públicas, decisiones privadas: Salud sexual y reproductiva y los Objetivos de Desarrollo del Milenio [en línea]. Disponible en [Fecha de consulta: 15.09.2006]- de implementación en los OMD para la erradicación de la pobreza del redivivo credo maltusiano que sostiene que el descenso de las tasas de fecundidad es factor esencial para el desarrollo económico. A este respecto, actualmente el aumento de la población no constituye una amenaza, más bien al descenso de nacimientos va aparejada una serie de problemas económicos y sociales. Cfr. Philip Logman. The Empty Cradle. New York: Basic Books, 2004, passim.

[17] ONU-FAO. El Estado de la inseguridad alimentaria en el mundo [en línea]. Informe. 2005, p. 11. Informe completo SOFI 2005, disponible en [Fecha de consulta: 17.09.2006].

[18] Un profundo estudio de los que significa actualmente la ONU y su reforma lo encontramos en Marhyon Escobar. ONU, Reforma y Globalización [en línea]. Disponible en [Fecha de consulta: 02.09.2006].

[19] Eduardo Andrade Bone. «El hambre continua azotando a los iberoamericanos» [en línea]. Solidaridad.net. Disponible en [Fecha de consulta: 04.09.2006].

[20] Son diversas las motivaciones de los diferentes gobiernos de los países desarrollados y de países emergentes del sur para generar nueva deuda. Tendríamos motivaciones socio-ambientales que bien obedecen a la opinión pública, o bien se originan en razones de tipo geoestratégico, motivaciones geopolíticas para abrir mercados o para obtener prebendas políticas, y motivaciones económicas, internacionalizar la empresa de capital nacional, con dos mecanismos que generan continuamente deuda bilateral: `ODA Credits’ y `ECAs’. Cfr. David Llistar. «¿Por qué los países del Norte generan deuda?» [en línea]. CADTM. 30 de agosto 2005. Disponible en [Fecha de consulta: 21.09.2006].

[21] «Los ahorros efectuados en el marco del proceso de ajuste [para el saneamiento económico y financiero] no se han limitado a los precios alimentarios. Los presupuestos de sanidad y educación, las inversiones en infraestructuras destinadas a mejorar tanto la higiene como la conducción de agua han sido amputadas en proporciones a veces considerables». Sophie Bessis. El negocio del hambre. Madrid: Voz de los sin Voz, 2000, p. 69.

[22] Pontificio Consejo «Cor Unum». El hambre en el mundo. Un reto para todos: el desarrollo solidario. Documento. 4.10.1996, n. 59, 7.

[23] Obras Misionales Pontificias. Secretariado de Infancia Misionera. La infancia desfavorecida, p. 5 [en línea]. Informe. Enero 2006. Disponible en [Fecha de consulta: 14.09.2006].