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Tras la muerte del líder checheno Aslan Masjadov

Solución rusa a la guerra, ¡más guerra!

Fuentes: Rebelión

No es casualidad que Aslan Masjadov haya sido asesinado. No lo es porque en abril de 1995 el Kremlin asesinó en plenos contactos negociadores al interlocutor de entonces, el presidente, antecesor de Masjadov, Dhojar Dudayev. El Kremlin siempre ha pensado que eliminar a la máxima autoridad chechena es sinónimo de caos y desunión entre las […]

No es casualidad que Aslan Masjadov haya sido asesinado. No lo es porque en abril de 1995 el Kremlin asesinó en plenos contactos negociadores al interlocutor de entonces, el presidente, antecesor de Masjadov, Dhojar Dudayev. El Kremlin siempre ha pensado que eliminar a la máxima autoridad chechena es sinónimo de caos y desunión entre las filas chechenas. Craso error. Tras la muerte de Dudayev, la resistencia, comandado por Masjadov, fue capaz de expulsar físicamente a los federales de Grozny en agosto de 1996 y forzar una negociación que dio como fruto el Tratado de Jasaviurt, por el que el Kremlin reconocía, entre otros acuerdos, el derecho de autodeterminación de la República de Chechenia para 2001.

Tras romper los acuerdos con una nueva invasión en 1999, Putin ha tratado de «terminar con el conflicto» por la «vía aritmética», es decir, el exterminio físico de toda resistencia. Aun así, aun siendo la matanza genocida impune, la resistencia, por boca de su representante máximo, el presidente legítimo de Chechenia, Aslan Masjadov, siempre tuvo a bien ofrecer gestos negociadores. Masjadov, el heroe de la «no derrotada» Chechenia en 1996; el presidente electo en 1997 en unas elecciones impólutas que según la OSCE ya quisiera para sí Rusia; el candidato «más laico» de los 19 en liza en aquellas elecciones, ha estado desde 1999 exigiendo una negociación para terminar con un conflicto excepcionalmente brutal. Nunca se le hizo caso. El Kremlin, Putin, siempre intentaron descalificar a la interlocución legítima chechena. Talibanes, integristas, terroristas, mafiosos… decenas de epítetos baratos para una ejemplar interlocución que siempre ha tratado de superar el conflicto por vía dialogada, la última vez en enero de 2005, cuando el gobierno de Masjadov ofrece una tregua de un mes, que terminó en el aniversario de la deportación en 1944 de 400.000 chechenos a Kazajastán el 23 de febrero, para vertebrar una mesa negociadora, que incluso la UE animó tímidamente. No importa la respuesta del Kremlin ha sido la de acorralar con engaños al líder checheno para asesinarlo.

La guerra en Chechenia es el modus vivendi político de Putin, su éxito electoral, su enroque totalitario en el poder es gracias a sus tretas y subterfugios para que la «guerra antiterrorista siga». La guerra como tal es también el objetivo perenne de los colaboracionistas chechenos, de los kadirovistas o Kadyrovtsie amos y señores de la noche de zatchistkas, de los pogromos delincuenciales: secuestros, violaciones, desapariciones… De echo se rumorea que Masjadov fue muerto hace días en el sur, en concreto en Nozhay Yurt, por un grupo de kadyrovtsie, que luego escenificaron el enfrentamiento ¡al norte! de Grozny, en Tolstoy Yurt. Es igual. Sean los spetznats federales o los kadyrovtsie los responsables de su muerte, lo evidente es que Masjadov era el único actor de esta escena que trataba de articular una salida negociada a este conflicto genocida, y ha sido asesinado por eso. Putin y sus esbirros han impuesto la guerra y de modo totalitario exterminan a todo aquel que pueda dar alternativas a este dantesco escenario de horror interesado. Pero son los demócratas homologados por Occidente, la referencia bipolarista para muchos analistas de «izquierda» los que siguen dando cobertura a la Rusia putiniana en su cruzada genocida paneslava antichechena.

Ahora se repite el escenario de abril de 1995. Entonces Dudayev, al igual que ahora Masjadov aunque no de modo tan contundente, era el eje sobre el que se gestaba una coordinación entre los diferentes clanes. Su muerte no supuso la disolución de la unidad de la resistencia. Esta vez veremos. El emblemático Basayev no es un referente político para sustituir a Masjadov, paradójicamente lo que el Kremlin desea. Pero es necesario apuntar una serie de datos.
El Basayev actual tiene poco que ver con el Basayev que en agosto de 1999 se publicitaba en el Daghestán. Desde la muerte del comandante Jattab, los grupos teocráticos de influencia wahhabi han templado posiciones. De ahí que en los últimos tiempos Basayev estuviera bajo la coordinación de Masjadov y su estado mayor; de ahí que haya respetado la tregua reciente antes mencionada. El independentismo checheno no es wahhabita, y estos siempre han sido una minoría muy localizada «urusmartoniana». Pero una cosa es segura, Putin ha cerrado toda posible vía negociadora por lo que vienen tiempos peores, si acaso eso es posible.

Ahora bien, y sin caer en alarmismos. Si es cierto que Basayev comanda el ámbito militar y si tenemos en cuenta que hasta ahora las operaciones de «tipo terrorista» (Budiovsnnosc 95, Kilkiaz 96, Dubrovka 02, Beslan 04) siempre han buscado forzar una salida negociada; el comunicado del estado mayor checheno que habla de «una nueva fase sin negociaciones posibles» permitirá que escenarios que han sido más de una vez sugeridos , como ataques a centrales nucleares etc puedan ser reales. Es más, si la resistencia chechena entiende que es absurdo operar para buscar una solución negociada, visto lo visto en Dubrovka, en Beslán y ahora con la interlocución legítima, a partir de ahora las operaciones tendrán como objetivo generar el mayor número de bajas posibles, por lo que el escenario es de ¡guerra total en toda la Federación!

Tarde o temprano el Kremlin echará de menos a alguien como Masjadov. Pero por ahora Putin le ha dado el mando a Basayev. Olvidan la Historia.