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Sobre el rastro de los combatientes, III parte

Swat Valley: ¿Quién es dueño de esta guerra?

Fuentes: Asia Times

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


    Swat es un valle y un distrito administrativo en la Provincia de la Frontera Noroeste (NWFP) de Pakistán, situado a 160 kilómetros de la capital Islamabad. La capital de Swat es Saidu Sharif, pero la ciudad principal en el Valle Swat es Mingora. Con altas montañas, campiñas verdes y lagos límpidos, es un sitio de sorprendente belleza natural, tanto que ha ganado la etiqueta de «la Suiza de Pakistán». Todo eso cambió el año pasado, ahora es un semillero para los talibanes. En el tercer informe de una serie de artículos que exploran las áreas tribales de Pakistán, Syed Saleem Shahzad visita el valle para examinar las diferentes modalidades y estrategias de diversos grupos talibanes.

La resistencia nacional afgana contra los soviéticos en los años ochenta engendró varios grupos islámicos en las áreas tribales paquistaníes.

Tehreek-e-Nifaz-e-Shariat-e-Muhammadi (TNSM – Movimiento por la Aplicación de la Ley Islámica) fue fundado en 1994 en Agencia Malakand en NWFP, mientras que la Promoción de Virtudes y la Prevención de Vicios fue formada en Agencia Bajaur. Diferentes madrazas (seminarios) islámicos fueron establecidos en las áreas tribales Waziristán del Sur y Waziristán del Norte, en la frontera con Afganistán.

El régimen talibán en Afganistán desde 1996 hasta 2001 alimentó ideológicamente esas organizaciones y seminarios. A pesar de ello, ni Pakistán ni la comunidad internacional prestaron atención a esos acontecimientos de bajo perfil en los años noventa ya que las gentes en esas áreas habían sido musulmanes practicantes durante siglos y semejantes movimientos islámicos reformistas, por lo menos en el ámbito local, formaban más o menos parte de tradiciones antiguas.

En los años después de que los talibanes fueron expulsados del poder por la invasión dirigida por EE.UU. a fines de 2001, esas percepciones cambiaron en concordancia con los eventos que se desarrollaron a ambos lados de la frontera.

Inicialmente, los talibanes fueron dispersados y las organizaciones de inteligencia y los establishment militares occidentales estimaron su fuerza en poco más de unos pocos miles de combatientes sin un comando central, en la creencia de que las fuerzas extranjeras en Afganistán encontrarían poca resistencia.

Sin embargo, en cuatro años quedó demostrado que todos sus cálculos eran erróneos. Los talibanes se reagruparon y lanzaron una poderosa recuperación en su ofensiva de primavera de 2006. Sobre todo en el sur de Afganistán consolidaron su fuerza e instituyeron un firme sistema de comando.

Un factor clave en el resurgimiento de los talibanes fue que desde 2004 establecieron una fuerte red en Pakistán coordinada por el líder de al-Qaeda Osama bin Laden y su adjunto Ayman al-Zawahiri. Un punto central en esto fue la radical Lal Masjid (Mezquita Roja) en Islamabad, que fue atacada en julio de 2007 por fuerzas de seguridad paquistaníes para limpiarla de activistas.

Por aquel entonces, los servicios de inteligencia occidentales se habían dado cuenta de que esa situación en Pakistán era un importante factor tras los «fuegos artificiales» en Afganistán, y es lo que dijeron a Islamabad. También advirtieron a los paquistaníes que los activistas también podrían lanzar una revolución en Pakistán.

Fue un importante momento decisivo en la «guerra contra el terror» en el teatro surasiático. Por primera vez, Islamabad sintió un escalofrío y vio la situación desde una perspectiva diferente – no como una guerra estadounidense en la cual su participación resultaba de coacción, sino una guerra necesaria para mantener el status quo de su propio sistema. Este sistema era una mezcla de la profunda relación del país con EE.UU. y la perpetuación de la oligarquía militar, en combinación con una especie particular de Islam que podía coexistir con esa estructura.

El ataque contra Lal Masjid fue el primer tiro disparado en esa batalla, y sus reverberaciones pronto se extendieron a Swat Valley, Waziristán del Sur y luego a la Agencia Bajaur, convirtiendo en efecto toda la NWFP en un teatro de operaciones. Una serie de operaciones militares en las áreas tribales impulsaron a los combatientes desde refugios autónomos a centros de población.

En Malakand, que incluye el área de Swat, los combatientes forman parte de Pakistan Tehrik-i-Taliban y de la vanguardia de la causa de los talibanes en la región contra las fuerzas de ocupación occidentales en Afganistán y su aliado – Pakistán. Han establecido su propio poder con un sistema paralelo que incluye tribunales, policía e incluso una red de distribución de energía eléctrica y de construcción de carreteras.

El modo como los combatientes se han establecido en el Swat Valley es sorprendente ya que un 65% de la población local – sobre todo de escuelas laicas – es alfabetizada, pero el gobierno central no ha conseguido conseguir apoyo de masas contra los combatientes.

El ex primer ministro británico Sir Winston Churchill y el fundador de Pakistán, Mohammad Ali Jinnah, fueron dos de los más famosos admiradores del valle. Jinnah acuñó la frase «Suiza de Pakistán» mientras Churchill, mirando hacia el valle desde su centro turístico en la montaña, comentó una vez que todos los habitantes debían ser poetas. No andaba desencaminado, Swat es ampliamente conocido por sus recitales de poesía.

La poesía todavía florece en el valle, pero ahora en la forma de canciones yihadistas y que promueven la yihad y los muyahidín. Una, con el llanto de un niño en el fondo, narra las miserias de los niños de Swat que han sido víctimas de los bombardeos indiscriminados del área por el ejército de Pakistán.

Hoy en día, el ejército no tiene una presencia en el terreno en el valle, aparte de algunos puntos de control dotados de personal en las montañas y guarniciones. La mayor parte de los ataques contra los combatientes caen del cielo.

La razón para el daño colateral es obvia. Cerca del sitio desde el cual Churchill solía contemplar maravillado la belleza del valle – conocido como Churchill’s Picket – está el Fuerte Chakdara, masivamente ocupado por el ejército paquistaní. Está armado de cañones de 8mm que disparan indiscriminadamente a aldeas a muchos kilómetros de distancia.

Éstas incluyen a Tigak, Koza Bandi y Fuchaar. Esta última es el cuartel general de Mullah Fazlullah, apodado «Radio Mullah», líder de TNSM que controla la insurgencia en Swat Valley. Se piensa que Koza Bandi y Tigak también son baluartes de los combatientes.

Estas tres aldeas siguen bien habitadas por gente común y corriente ya que no tiene los recursos para irse a algún otro sitio, y se ha solidarizado casi por defecto con los combatientes, incluso si no están de acuerdo con ellos ideológicamente.

Al encarar a los combatientes en Swat Valley y otros sitios, los militares paquistaníes han tenido que enfrentar el hecho de que libran una guerra contra compatriotas y devotos de la misma religión.

Para justificar algo semejante ante sus soldados, los jefazos militares tuvieron que inventar la explicación de que la insurgencia es controlada por la agencia de inteligencia exterior india, el Ala de Investigación y Análisis (RAW). Incluso ha sido repetido por uno de los mayores partidarios de los talibanes, el teniente general en retiro Hamid Gul, ex jefe de la Inteligencia Inter-Servicios, quien ha dicho que no duda que RAW está detrás de la agitación.

Los militares paquistaníes realizan a menudo reuniones de información en las que afirman que hindúes, lanzados por India para avivar la insurgencia, han sido arrestados en Swat Valley. Es evidentemente una tontería – en una sociedad tribal tan cerrada cualquier extranjero sería instantáneamente reconocido.

No obstante, semejantes afirmaciones hacen que los soldados crean que están combatiendo contra agentes indios cuyos financistas y manipuladores son hindúes, y las bombas siguen cayendo. A la población local no le queda otra opción que ver los bombardeos como fuego enemigo, lo que los lleva a ponerse de parte de los combatientes, quienes son por lo menos sus primos, si no sus compañeros ideológicos.

Hay otro motivo para que la gente del lugar apoye a los combatientes y les haya posibilitado que obliguen a los soldados a desocupar más de un 90% del valle durante el último año y medio: el gobierno incompetente y defectuoso.

Durante mi visita, cada subdistrito y aldea que pasé habló de la enajenación causada por el mal gobierno que ha permitido que emerja y florezca una fuerza vigilante talibán.

Una de las primeras cosas que esos vigilantes lograron hacer fue eliminar los secuestros incontrolados y el robo de coches por bandas criminales. Muchos de los otrora numerosos puntos de control militares en camino al valle han sido abandonados a los combatientes.

En nuestro camino de llegada pasamos por Engaroberai Dera (Aldea de Herrero), donde también habían abolido un punto de control. Esa área era conocido por sus «Kanes» y su crueldad. Kan es originalmente un título de honor turco centroasiático, pero en NWFP llegó a significar rico, feudal, o feudalismo.

Engaroberai Dera también era conocida por su ‘begar camp’ (servidumbre por deudas). La gente nativa de la aldea solía trabajar en huertos y campos de propiedad de los Kanes. A cambio, recibían alojamiento gratuito y alimentos para ellos y sus familias, pero no salarios en dinero.

El valle es famoso por sus frutos, como ser manzanas y naranjas, que eran producidos para el consumo local y la exportación. En este entorno, los Kanes prosperaron financieramente – se supo que un Kan poseía 500 casas – y en términos de influencia política.

Una vez que los talibanes establecieron un punto de apoyo, pidieron a la gente que presentara evidencia de las trasgresiones de los Kanes y después de investigaciones los talibanes resolvieron las demandas de la gente. Significativamente, los talibanes nunca llamaron esto una guerra de clases, lo vieron como una batalla entre el bien y el mal, opresor contra oprimido.

«Es erróneo decir que estamos contra los Kanes en general. Son gentes que son ricas y poseen vastas tierras, selvas y montañas aquí en el Valle Swat que son llamadas Kan, pero nunca los molestamos porque adquirieron esas cosas de fuentes honestas,» dijo a Asia Times Online Haji Muslim Kan, dirigente de Pakistan Tehreek-i-Taliban y actualmente portavoz oficial de los talibanes en Swat Valley.

«Sin embargo, hay gente que es conocida por su crueldad contra el pueblo. Sus abuelos se pusieron de parte de los británicos durante el movimiento de liberación para invadir a la población local y ahora huyeron a Islamabad o a Peshawar e instigaron al gobierno a bombardearnos. Por cierto, son criminales buscados y tomaremos acción en su contra,» dijo Kan.

La mayoría de los Kanes «malos» han abandonado el valle, pero Afzal Kan se quedó. Es dirigente del Partido Nacional Awami, un partido político secular pastún con gran influencia electoral en las áreas dominadas por pastunes de NWFP.

Afzal Kan envió un mensaje a los talibanes diciendo que era hijo de la tierra y que arriesgaría ser muerto pero no abandonaría su país. Los talibanes se impresionaron por la nota y le permitieron vivir allí y se convirtió en el nexo principal de comunicación entre los talibanes y el gobierno. Sin embargo, recientemente ha caído en desgracia con los talibanes y ahora vive bajo fuerte seguridad deparada por el ejército.

Viaje con los talibanes

Acabábamos de entrar a la aldea Tigak cuando se nos acercaron dos sujetos, uno bien afeitado, el otro de larga barba. Uno llevaba un AK-47, el otro un transmisor de radio. Hicieron señales de que se detuviera el coche.

«¿Es seguro aparcar el coche aquí? pregunté.

«Nadie tocará el coche,» dijo el hombre armado. «Si encuentra aunque sea un solo rasguño, yo soy el que está a cargo de la seguridad y yo le indemnizaré.»

Los seguí a un callejón y una casa. Sonaba una canción yihadí y me saludaron tres hombres altos, de piel clara, de poco más de veinte años.

Uno de ellos – Hussain – me saludó y me dijo que estaba familiarizado con Asia Times Online y mi trabajo, que sigue nuestro sitio en Internet, incluso mientras lucha en la insurgencia. La provincia es una de las de más alta tecnología en el país.

Hussain tiene una maestría en comunicación de masas, mientras los otros dos tienen un diploma de posgrado en ciencias y un grado académico. Mi guía, también de Swat Valley y simpatizante del movimiento talibán, es graduado en ciencias y ex jugador de hockey sobre hierba a nivel nacional.

«¿No es extraño que todos seáis educados en escuelas laicas y que a pesar de todo apoyéis a los talibanes, que hacen volar escuelas?» pregunté.

«Es una mentira descarada,» dijo Hussain. «Los talibanes no hacen volar escuelas. Los medios no cubren nuestra perspectiva. Lo llevaremos por todas partes. Hay varios edificios escolares en el área que jamás hemos tocado. El hecho es que los militares ocuparon los edificios y establecieron búnkeres.

«Atacamos sus posiciones, no las escuelas, pero los edificios fueron dañados o destruidos. La ironía es que nadie nunca dice que el ejército ha ocupado los edificios de las escuelas e impedido que los niños vayan a clases durante meses. Pero cuando los talibanes atacan sus posiciones, son acusados de ser enemigos de la educación,» dijo Hussain.

Hablé con otro grupo de talibanes hasta tarde por la noche. Cubrimos una variedad de temas, que iban desde la partición de India británica en 1947 a la actual situación de la ley y el orden en el país.

Un tema que une a los hombres es su aversión a los militares paquistaníes, sea por los eventos de la división de Pakistán que llevó a la creación de Bangladesh en 1971 o por lo que han hecho contra los pastunes en NWFP.

«Pero los militares han evacuado gran parte de Swat Valley,» comenté a Muslim Kan.

«Es una retirada estratégica. Se nos dice que están planificando una estrategia en la que utilizarán alguna especie de gases paralizantes para desmayarnos,» comentó Muslim Kan. «Si aplican tácticas semejantes, no podremos defendernos y tendremos que escapar, pero entonces esta guerra se expandirá a Islamabad. Iremos allí y realizaremos ataques,» dijo Muslim Kan.

«Desgraciadamente combatimos contra un ejército que dijo en 1970 en Pakistán Oriental que el país necesita tierras, no gente. Aplican el mismo principio aquí.»

Antes de que pudiera grabar la entrevista, se cortó la electricidad. Pensé que fue por load shedding [desconexión automática por variaciones de frecuencia, N. del T.] que ocurre en otras partes del país.

El teléfono móvil de Hussain sonó y después de un breve llamado dijo que la electricidad volvería dentro de una hora ya que había una falla en el sistema, según el ingeniero ejecutivo de la Autoridad de Desarrollo de Agua y Electricidad.

Más tarde, supe que los talibanes habían advertido enérgicamente al personal local de suministro eléctrico que no se atreviera a aplicar ‘load shedding’ en el Swat Valley, y que aparentemente se adhiere religiosamente a esa advertencia.

Los talibanes habían preparado una pieza separada con baño incluido para mí y no pude ir a la primera plegaria de la mañana, pero desperté al oír la voz de Mullah Fazlullah en la radio, haciendo uno de sus famosos discursos.

Uno de los talibanes estaba escuchando. Sólo oí la última frase: «Que Alá nos guíe por un camino en el que podamos sacrificar nuestras vidas por su religión.» Después de las oraciones y de un modesto desayuno, los talibanes me llevaron por el valle en un poderoso jeep.

En muchos sitios las casas estaban dañadas por bombardeos. Los talibanes son rápidos en las operaciones de rescate y suministran fondos y voluntarios para reconstruir casas. Es parte del motivo por el cual han ganado simpatías masivas, especialmente porque el gobierno es incapaz de suministrar un apoyo semejante a víctimas atrapadas en el fuego cruzado. Los suministros del gobierno para la tropa son saqueados por los talibanes, de modo que tienen que ser entregados por helicóptero.

En el sub-distrito Kabal, vi casas previamente ocupadas por el ejército. Los talibanes destruyeron la estación de policía, pero los edificios de las escuelas están intactos.

En Sarsanai Kabal, encontré el primer punto de control paramilitar. Pensé que me interrogarían, pero ni siquiera salieron de su búnker de hormigón. El talibán sentado a mi lado dijo que nunca abandonan los búnkeres por temor a francotiradores.

Un letrero en el punto de control decía «Persona sola no puede pasar». En Swat, una «persona sola» en un coche es un posible atacante suicida. Como éramos varios en nuestro coche, pudimos continuar.

Ambas pistas de la carretera que lleva al aeropuerto de Saidu Sharif estaban bloqueadas por rocas y alambrada de púas, así que fuimos por una ruta alternativa. Después de un rato llegamos a una multitud reunida alrededor de un hombre con cabellos largos y barba larga.

El hombre era el comandante Hamud Kan, del que se dice que destruyó cuatro tanques al-Khalid del ejército. Era propietario de un laboratorio y una farmacia en Swat, pero por su asociación con el movimiento talibán, fueron destruidos por el ejército.

El día antes, Hamud Kan, había azotado a tres ladrones. Dijo que podía conseguir un vídeo del evento en un estudio talibán. Por razones técnicas no pude ver el vídeo, pero tuve la oportunidad de hablar con el jefe del centro mediático, Mohammad Shoaib.

«En la ley islámica, las manos de ladrones son cortadas. ¿Por qué sólo los azotáis?» pregunté.

«Un tal castigo sólo puede ser ejecutado por el Estado islámico. No lo tenemos. Sin embargo, tenemos que establecer un sistema de justicia que impida fechorías,» dijo Mohammad Shoaib.

«El mayor problema es que nuestro sistema, incluidos políticos y policías, alienta el crimen. Dan protección a los criminales y sugieren que es la única manera de vivir y progresar.

«Cuando capturamos a esos ladrones y nuestro tribunal anunció el castigo, los mantuvimos con nosotros durante una semana. Fuimos afectuosos y compasivos con ellos porque eran pobres y habían cometido el crimen por necesidad.

«Sin embargo, dejamos muy claro que una vez que habían cometido el crimen tenían que enfrentar el castigo. Incluso si evitaban el castigo en este mundo, en el más allá tendrían que enfrentar un castigo doloroso por sus crímenes. Lamentaron su crimen y enfrentaron a las buenas el castigo, y después prometieron no volver a cometerlo,» dijo Mohammed Shoaib.

Fracaso del control de la guerrilla

Durante el último año y medio, Islamabad ha probado sin éxito varios caminos para controlar a la guerrilla en Swat Valley.

Inicialmente, utilizaron a la policía local y a fuerzas paramilitares, pero fracasaron. Entonces intervino directamente el ejército, con un resultado similar.

Después de las elecciones a comienzos del año pasado, cuando el gobierno del Partido Nacional Awani (ANP) fue establecido en la NWFP, sus dirigentes ofrecieron un gesto de paz, pero los combatientes se negaron a deponer las armas.

Entonces formaron milicias locales a través de las estructuras del ANP para combatir a los talibanes. El resultado fue un desastre. Docenas de trabajadores, dirigentes y miembros del ANP en la asamblea provincial perdieron sus vidas y propiedad y ahora el partido ha sido aniquilado en el valle. Algunos miembros del ANP renunciaron y anunciaron en un periódico local su apoyo a la imposición de la ley sharia islámica.

La operación militar que comenzó en el valle hace 18 meses para romper la red de combatientes que apoya a la insurgencia afgana ha convertido gran parte de la NWFP en un teatro de operaciones bélicas, y permitido que los combatientes obtengan un valioso entrenamiento en el combate.

El área del Swat no está situada en la frontera de Afganistán, pero los estadounidenses la ven como el teatro más peligroso ya que sustenta a los talibanes en Afganistán y tiene el potencial para desalentar el apoyo de Pakistán en la «guerra contra el terror».

El jefe del ejército de Pakistán, general Ashfaq Parvez Kiani, visitó Swat esta semana, aparentemente antes de otra ofensiva para aplastar a los combatientes. Tal como van las cosas hasta la fecha, no hay gran probabilidad de que suceda.

PRÓXIMO: En defensa de la ideología de los combatientes

Syed Saleem Shahzad es Jefe del Buró Pakistán de Asia Times Online. Para contactos escriba a: [email protected]

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http://www.atimes.com/atimes/South_Asia/KA31Df01.html