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Tener poder para no poder

Fuentes: Rebelión

Para un hombre poderoso debe ser una gran frustración no tener tanto poder como él quisiera. Tal vez, este sea el caso de Trump, quien es combatido por su peor enemigo, la cloaca -tal como él define a la clase política de Washington-, que lo ve semejante a un caracol en concha ajena y no […]

Para un hombre poderoso debe ser una gran frustración no tener tanto poder como él quisiera. Tal vez, este sea el caso de Trump, quien es combatido por su peor enemigo, la cloaca -tal como él define a la clase política de Washington-, que lo ve semejante a un caracol en concha ajena y no le perdona que derrotara a uno de los suyos, la Sra. Clinton, a la que acusó de haber llevado «políticas estúpidas en Libia y Siria y haber matado a cientos de miles de personas con su estupidez… Fue realmente, si no la peor, una de las peores secretarias de Estado de la historia del país», expresiones fuertes que le abrieron el camino a la presidencia de EEUU.

Pero Trump no sólo ganó por eso sino porque durante la campaña electoral tocó aspectos de la política que al ciudadano medio más preocupa: ¿Cómo solucionar los problemas del desempleo, la inflación, el inmenso desnivel en los ingresos, la inseguridad, la salubridad, la desastrosa pobreza y la vejez abandonada?, problemas que prometió resolver, y esa fue su carta de triunfo. Es que la enorme desproporción de la distribución de la riqueza, que enerva y lastima la sensibilidad del trabajador explotado y desposeído, ha convertido poco a poco a EEUU en una democracia de papel, al borde del desorden social.

Trump también habló de «la deshonestidad de los medios de comunicación, un sistema corrupto que controla la vida de todos e impide a la gente conocer lo que realmente sucede» ; propuso colaborar con Moscú para derrotar al Estado Islámico, EI, creado por gobiernos anteriores para presionar a Rusia y China; desmantelar a la OTAN, costoso brazo armado que no sirve para nada; investigar lo que realmente pasó el 9/11, cuya versión oficial es, según Trump, una flagrante mentira que contradice las leyes de la física; auditar la FED, banco privado que emite dólares de manera inorgánica y controla el sistema financiero de EEUU; cesar el envío al extranjero de las fábricas de EEUU, lo que destruye a la clase obrera estadounidense, e imponer impuestos a las ganancias exorbitantes de Wall Street, que da luz verde a la concentración del 99% de la riqueza en el 1% de la población.

Que se sepa, no ha cumplido ninguna o casi ninguna de sus propuestas. ¿Culpa de él? En parte, por desconocer el sistema en que vivió toda su vida. Se sobreentiende que sus ideas, al haber sido aceptadas por la mayoría del pueblo estadounidense, debieron tener albedrío para ser cumplidas, pero no es así. Como dice el refrán: Del dicho al hecho hay mucho trecho. En este caso, el trecho es mucho mayor que las reales posibilidades de Trump. Por lo que se hace válida la pregunta: ¿El ‘ impeachment’, que se da por alta traición, sobornos y «cualquier crimen y fechoría», es posible que se dé contra él? Sí, puede darse. Pero el que a Trump lo apoye una sarta de retrógrados, racistas, intolerantes, buscabullas y, además, bien armados de esa sociedad, dificulta que lo saquen de la Casa Blanca, aunque no le ayude a cumplir sus promesas de campaña.

Según Trump, invadir Irak y Afganistán fue «el peor error cometido jamás en la historia de nuestro país… Puede que Obama sacara de mala manera a las tropas en Irak y parte de las desplegadas en Afganistán, pero meterse ahí es, para mí, el peor error cometido en la historia de nuestro país… Nos gastamos siete billones de dólares en Oriente Medio… y millones de vidas, porque me gusta contar las vidas perdidas en ambos lados de la contienda… Habernos metido en Oriente Medio, ese fue realmente un mal día para nuestro país.» Por tal razón prometió que «serán terminadas las guerras eternas, especialmente aquellas que se libran debido a las decisiones erróneas que se tomaron hace muchos años.»

Aunque su análisis es correcto, pues esas aventuras militares han provocado una bancarrota financiera, es difícil desmontarse, o sea, corregir el error, porque para ello debe reformar el sistema político imperante y sacar del poder a la clase adinerada, que sólo piensa en enriquecerse y a la que es indiferente el destino del resto del país; reformar la política exterior, que disimula problemas internos acusando de sus malestares a enemigos externos y que aísla a EEUU del resto del mundo. Trump no tiene aliados para materializar esta tarea.

Por eso, pese a que Trump ordenara la retirada de Siria, las tropas estadounidenses, que en realidad sustentan la guerra terrorista contra el gobierno de Bashar el Assad, siguen en sus bases y no tienen un cronograma de retirada, aunque no planifiquen su permanencia indefinida en ese país. Es que existe un grupo poderoso, llamado Estado Profundo, que es el que realmente detenta el poder de EEUU, que no está de acuerdo con dicho retiro. Por eso, Trump habla ahora de que sus planes se están ralentizando de una manera inteligente y el Washington Post escribe que la decisión de Trump es una situación de pausa, no una retirada, porque Trump va a mantener la promesa de destruir al EI, pero que aún no se ha llegado a ese punto y es necesario terminar el trabajo. Esto le hace comentar a María Zajávora, portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, que «ahora parece que se están retirando, pero están buscando pretextos para quedarse.»

Cómo para confundir más el asunto, Mike Pompeo, en la Universidad Americana de El Cairo, habló de la bondad innata de Estados Unidos, que siempre ha sido y será una fuerza liberadora, no una potencia ocupante. «Nunca soñamos con dominar el Oriente Medio. ¿Pueden decir lo mismo de Irán?» Y argumentó que cincuenta años después de liberar de la ocupación nazi al norte de África «formamos una coalición para liberar Kuwait de Sadam Husein. ¿Acudirían en su rescate los rusos o los chinos de la misma manera que nosotros?» Añadió que cuando se resuelvan los últimos problemas de la región «la fuerza del bien» dejarán a las naciones de Oriente Medio ser dueñas del destino de sus países sin intervención desde el exterior. «Cuando la misión esté terminada, cuando el trabajo esté hecho, EEUU se irá.»

Tanta prepotencia le hizo decir al ayatolá Alí Jamenéi, líder supremo de Irán, en una reunión con sus colaboradores: «No retrocedan ante las amenazas, la intimidación y el parloteo de EEUU y Europa, y opónganse y sepan que ni sus amenazas ni sus promesas, ni tan siquiera sus firmas, son de fiar.» Señaló que algunos funcionarios estadounidenses pretenden hacerse pasar por locos, cuando «en verdad son idiotas de campeonato» y condenó las «tramas iranófobas e islamófobas de las potencias arrogantes.» Según el ayatola Alí Jamenéi, Washington está contrariado por haber perdido una fuente rica de saqueo tras la Revolución Islámica de 1979.

Así las cosas, se debe esperar el amanecer para ver qué pasa.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.