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Análisis de la revuelta mundial

Un año de ocupaciones

Fuentes: En Lucha

Durante el último año hemos visto cómo el movimiento de las ocupaciones se extendía por todo el mundo, inspirado por el movimiento 15M del Estado español y por las revoluciones de los países árabes. En este artículo se analiza el desarrollo y características de esta ola de movilización Desde que comenzara Occupy Wall Street (OWS), […]

Durante el último año hemos visto cómo el movimiento de las ocupaciones se extendía por todo el mundo, inspirado por el movimiento 15M del Estado español y por las revoluciones de los países árabes. En este artículo se analiza el desarrollo y características de esta ola de movilización

Desde que comenzara Occupy Wall Street (OWS), inspirado por el movimiento 15M en el Estado español y por las revoluciones en los países árabes, hemos visto extenderse el movimiento de las ocupaciones a muchas otras ciudades de EEUU y del resto del mundo, desde Londres a Hong Kong.

Occupy Wall Street comenzó con la ocupación del Parque Zuccoti en Nueva York el pasado 17 de septiembre, tras la convocatoria lanzada por la revista Adbusters a tomar Wall Street ese día. Anteriormente hubo varias iniciativas de ocupaciones similares en EEUU, como la de Bloombergville o la de Madison (Wisconsin), durante la cual un grupo de estudiantes y sindicalistas ocuparon el edificio del Capitolio para defender los servicios públicos y el derecho a la negociación colectiva de los sindicatos, aunque estas experiencias no llegaron a mantenerse en el tiempo o a extenderse a otros lugares.

Para el 15 de octubre de 2011, fecha de convocatoria para una movilización internacional realizada por parte del movimiento 15M, apenas un mes del inicio de OWS, éste ya se había extendido a cientos de ciudades de EEUU y a casi 100 ciudades en más de 80 países de todo el mundo.

Juventud sin futuro

Aunque en el movimiento de las ocupaciones ha participado gente de todo tipo, la mayoría de estas personas son jóvenes, especialmente entre quienes se quedaban a acampar. Y no se trata únicamente de estudiantes, aunque también, sino de jóvenes trabajadoras, desempleadas, precarias, etc. Esto ha sido un elemento común no sólo al movimiento 15M y de las protestas a nivel internacional, sino también en las revoluciones de los países árabes. En estos más de la mitad de la población tiene menos de 30 años, mientras que la proporción en EEUU o Europa es mucho menor, cobrando por ello aun más importancia el hecho de que la gente joven haya tenido tanto protagonismo en las movilizaciones, y rompiendo así multitud de prejuicios conservadores sobre la supuesta pasividad de la juventud occidental.

En cualquier caso, tanto aquí como en EEUU o en los países árabes, lo que ha llevado a esta juventud a rebelarse ha sido la falta de perspectiva de futuro. A pesar de ser una de las generaciones más preparadas globalmente, con mejor formación de la que tuvieron generaciones anteriores -con estudios superiores en una proporción muy alta-, se les niega el acceso al mercado laboral. En los países árabes la tasa de desempleo juvenil oscila entre el 50 y el 90 %, mientras que en EEUU se sitúa en torno al 23%1 y en la media de los países de la eurozona es del 21,6 % (llegando hasta el 50 % en países como Grecia o el Estado español)2. Además, la juventud que consigue acceder al mercado laboral una gran parte lo hacen en condiciones de enorme precariedad, a través de contratos temporales y/o a tiempo parcial, y a cambio de salarios con los que apenas se puede subsistir, lo que a su vez dificulta el acceso a una vivienda digna. Esto condiciona la vida tanto de un joven de Nueva York como de una estudiante de El Cairo.

Las personas migradas y las mujeres también suelen tener mayores tasas de desempleo, y cuando trabajan lo hacen a cambio de salarios más bajos. Las mujeres, por ejemplo, cobran de media entre un 10 y un 30% menos que los hombres según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo, mientras que los trabajadores migrantes, que representan de media entre el 8 y el 20 por ciento de la fuerza de trabajo, son víctimas de una discriminación generalizada en las condiciones laborales y en el acceso a un empleo3.

Esta precariedad laboral, que afecta especialmente a la juventud, las mujeres y la población migrante, no es algo nuevo que haya comenzado con la crisis del 2008, sino que comenzó bastantes años atrás con la introducción de medidas de flexibilización del mercado de trabajo, de fomento de la temporalidad y la subcontratación, etc.

Además, esta precarización laboral ha ido acompañada de grandes recortes y reformas educativas encaminadas a restringir el acceso a la educación pública a la mayoría de la clase trabajadora, mediante el aumento de las tasas de matriculación en las universidades públicas, la reducción de becas, etc., siguiendo el modelo estadounidense de educación.

Fruto de esta falta de perspectiva de futuro para toda una generación, y de la limitación del acceso a la educación pública en el ámbito estudiantil, han surgido simultáneamente al movimiento de las ocupaciones multitud de protestas de jóvenes y estudiantes durante el 2011, como los riots (disturbios) de Londres el pasado verano o las huelgas estudiantiles en Chile, y es de prever que estas luchas sigan creciendo producto del descontento hacia este sistema que les excluye y discrimina cada vez más. El lema de Juventud Sin Futuro -antecesor del movimiento 15M en el Estado español- era «sin casa, sin curro, sin pensión… sin miedo». Este eslogan describe una realidad que va a estar muy presente en los próximos años.

¿Un nuevo mayo del 68?

Mucho se ha comentado acerca de las similitudes entre el movimiento 15M o de las ocupaciones con las movilizaciones que hubo a finales de los años 60, especialmente con el mayo del 68. Si bien es cierto que existen bastantes semejanzas, especialmente en lo que se refiere a la espontaneidad y la frescura que aporta este movimiento de masas -lo cual es en parte el resultado de que ambos estuvieran protagonizados fundamentalmente por gente joven no organizada previamente-, también existen algunas diferencias de peso.

En primer lugar, ambos movimientos surgieron en contextos muy diferentes. El movimiento de 1968 surge al final del mayor periodo de expansión del capitalismo, que comenzó tras la Segunda Guerra Mundial, durante el cual los salarios y el nivel de vida de la mayoría de la clase trabajadora habían mejorado significativamente. Aunque la lucha contra la guerra de Irak en 2003 fue un factor acumulativo muy importante para los movimientos sociales de la década del 2000, aquel movimiento de protesta de los años 60 se alimentó de la oposición al imperialismo y a una guerra mucho más larga e impactante como fue la guerra de EEUU contra Vietnam. A diferencia de los años 60, el movimiento actual surge como consecuencia de los efectos de una profunda crisis económica y de las medidas neoliberales impulsadas en las últimas décadas. En el momento actual tanto los salarios como el poder adquisitivo de la clase trabajadora han empeorado en todo el mundo.

De hecho, mientras que la recesión económica de principios de los años 70 condujo al estancamiento y posterior colapso del movimiento, el actual ha comenzado en medio de la mayor crisis económica del capitalismo desde la Gran Depresión de finales de los años 20. Esto le otorga una potencialidad al movimiento actual que no existía en el anterior: estas luchas se están dando con una gran combatividad en mitad de una gran crisis, por lo que cabe la posibilidad de que según siga profundizándose la crisis económica las luchas irán en aumento, produciéndose la involucración de sectores más amplios de la sociedad.

Otra diferencia fundamental entre el movimiento de entonces y el actual es que durante la década de los años 60 y 70 tanto el marxismo como los partidos de la izquierda revolucionaria tenían una mayor influencia de la que tienen actualmente, especialmente aquellos de tradición maoísta o estalinista. En ese sentido era más fácil para estas organizaciones conectar con gran parte de la gente que participaba en el movimiento. Sin embargo, a pesar de que esta influencia hoy es mucho menor, también son mucho más débiles el estalinismo y el maoísmo como referentes políticos, lo que permite que exista un cierto espacio político para la recuperación de las ideas marxistas revolucionarias de su distorsión.

Un movimiento político

El movimiento de las ocupaciones, al igual que ocurrió con el movimiento 15M o el de los indignados griegos, se ha llegado a definir como un movimiento apolítico por el hecho de que no se identificara con ninguna afiliación ideológica concreta, y por el rechazo inicial a las siglas de cualquier partido político o sindicato.

Es precisamente esta independencia de los partidos y sindicatos lo que ha permitido que fuera un movimiento tan amplio e incluyente. Pero, esto no quiere decir como se ha afirmado que sea un movimiento sin ideologías ni que no sea ni de izquierdas ni de derechas, sino que en el seno del mismo, al igual que ocurre en la sociedad, hay una mezcla de ideas que van desde el autonomismo hasta el reformismo de clase media, pasando por posiciones revolucionarias. Si tuviéramos que extraer una ideología común de estos movimientos, podríamos decir que hay una mezcla de ideas autonomistas con reformistas, es decir, una fuerte desconfianza hacia las organizaciones políticas y sindicales tradicionales junto a unas aspiraciones de reformas que mejoren la vida de la gente de base.

De hecho, las demandas y objetivos del movimiento son claramente políticos. En Occupy Wall Street, por ejemplo, se identifica el problema de la especulación financiera como uno de los desencadenantes de la crisis, así como la banca, la corrupción política o la deuda en muchos otros lugares, cuando no al sistema político en sí y a la falta de democracia; al sistema político asociado al capitalismo en definitiva.

El rechazo hacia los partidos y las organizaciones políticas en general es algo bastante frecuente al inicio de este tipo de movimientos. De hecho, durante años fue uno de los principales debates que hubo en el movimiento anticapitalista desde 1999 hasta el 2003 con la exclusión explícita de este tipo de organizaciones en los foros sociales (aunque en la práctica sí participaban). Sin embargo, a medida que los movimientos evolucionan, este tipo de sectarismo va perdiendo fuerza, especialmente a medida que otras luchas, como las laborales, van tomando un mayor protagonismo. Conviene tener en cuenta los comentarios en este sentido del sociólogo y militante anticapitalista Panagiotis Sotiris4: «Es cierto que este movimiento ha sido muy receloso respecto a los partidos tradicionales, incluidos los partidos de izquierda. Sin embargo, para emitir un juicio sobre esta postura antipolítica, debemos tener en cuenta que para la mayoría de la gente, los partidos políticos se asocian con las políticas neoliberales, la manipulación de los medios de comunicación, la corrupción, los vínculos estrechos con las grandes empresas y, en el último periodo, con una actitud servil hacia las organizaciones internacionales. Por lo tanto, esta ‘antipolítica’ es una postura que expresa un auténtico proceso de politización radical y el principio de una política alternativa para la acción colectiva, la democracia directa y el cambio social radical».

Este sectarismo es algo generalizado, pero hay que señalar que existen diferencias entre los diferentes países según el contexto social y la historia reciente de los movimientos sociales de cada uno de ellos. Así, en países como Grecia o Portugal e incluso Israel, donde los partidos políticos de la izquierda radical siguen siendo un referente político para miles de personas y los sindicatos, a pesar de estar más o menos burocratizados, siguen liderando procesos de lucha, existe menos sectarismo hacia este tipo de organizaciones dentro del movimiento, a diferencia de otros lugares como EEUU, el Estado español o Rusia.

Lo llaman democracia y no lo es

Una de las demandas principales del movimiento en todos estos países -al igual que ocurría en los regímenes dictatoriales de Túnez o Egipto- ha sido la falta de democracia, ya que se percibe de forma generalizada que los gobiernos siguen disciplinadamente las órdenes que dictan organismos internacionales como el BM, el FMI o el BCE, o los dirigentes de las principales potencias europeas como Merkel o Sarkozy, en función de los intereses de los grandes capitalistas y están cada vez más distanciados de las necesidades de sus propios pueblos.

De hecho, las políticas que se están aplicando de recortes y privatizaciones del sector público están redundando en una mayor profundización de la crisis y en un aumento de las tasas de desempleo y desigualdad social, aumentando el empobrecimiento de amplias capas de la sociedad. En definitiva, haciendo recaer el coste social de la crisis sobre aquellas personas que menos tienen. Esto está conduciendo a una profunda crisis política, que se traduce en un rechazo frontal no ya solo hacia los gobiernos que están aplicando estos recortes, sino hacia el sistema político y económico.

A todo esto se suma el hecho de que en muchos de estos países, quienes están impulsando estas medidas de desmantelamiento del estado de bienestar son partidos socialdemócratas, como es el caso del PSOE en el Estado español, el PASOK en Grecia hasta hace unos meses o, en otra escala ideológica, el Partido Demócrata en EEUU. Esto está conduciendo al desencanto de gran parte de la base electoral de alguno de estos partidos y su consiguiente descalabro en las elecciones, dando paso a gobiernos de derechas, como ha ocurrido recientemente en el Estado español. De hecho, está muy extendida la percepción de que da igual quien gobierne, ya que ambas tendencias mayoritarias, ya sean de partidos de derechas o social liberales, aplican las mismas medidas de recortes y privatizaciones. Como señala Emilio Cafassi5 «así como Foucault se preguntaba ‘¿qué importa quién habla?’ hoy podría extrapolarse hacia el interrogante, ¿qué importa quién gobierna?».

Esta misma base social desencantada con la socialdemocracia al ver cómo estos partidos traicionan a la clase trabajadora, a la que dicen representar, en beneficio del interés privado y de la banca, es la que está saliendo «masivamente» a las calles en forma de protestas y ocupaciones, poniendo en práctica otras formas de democracia alternativa, como es la democracia directa, a través de multitudinarias asambleas generales que hemos visto celebrarse desde Madrid a Nueva York, inspiradas por las revoluciones de los países árabes.

El movimiento y la clase trabajadora

El papel que están jugando los sindicatos y su relación con el movimiento es muy diferente en cada uno de estos países, aunque está comprobado que en aquellos lugares en los que el apoyo de los sindicatos al movimiento es mayor, éste es más fuerte.

En este sentido destaca el papel que han jugado los sindicatos en el movimiento de las ocupaciones de EEUU, especialmente en Oakland y en Nueva York.

En Oakland, por ejemplo, tras la dura represión sufrida por el movimiento, a consecuencia de la cual hirieron de gravedad al veterano de guerra y activista de Veteranos por la Paz Scott Olsen, fue convocada una huelga general el pasado 2 de noviembre de 2011. A pesar de que las huelgas generales están prohibidas en EEUU desde 1947, esta jornada de huelga fue un auténtico éxito, llegando a cerrar bancos, escuelas e incluso bloqueando el puerto de la ciudad durante dos horas con una marcha de miles de personas para impedir la entrada y salida de mercancías.

Como señala Cinzia Arruzza6 en su artículo «Occupy America», «lo que Occupy Oakland logró hacer va más allá de la simple interacción entre el movimiento y los sindicatos (…) Al llamar a una Huelga General, Occupy Oakland logró convertirse en algo más que el recipiente sobre el que se desarrollan luchas convocadas por alguien más y de ser el punto de conexión entre las diferentes luchas en curso. Se convirtió, por tanto, en el centro propulsor de las luchas forzando a los sindicatos a apoyar la huelga, no solo de palabras sino con hechos».

Estamos viendo cómo a pesar de la represión y de un cierto reflujo del movimiento, las ocupaciones continúan en algunos lugares. A raíz de la continuidad de la aplicación de los planes de austeridad y demás reformas antisociales continúan aumentando las huelgas a nivel internacional (Estado español, Portugal, Italia, etc.). En algunos países se está produciendo un relevo del protagonismo de las luchas desde los sectores de jóvenes activistas que han constituido el núcleo del movimiento de las ocupaciones hacia la clase trabajadora organizada. En cierto sentido, la moral de lucha y la combatividad entre los trabajadores y trabajadoras ha sido inspirada por estos movimientos sociales, pero las luchas tienen ahora la oportunidad de nutrirse del poder material económico de la clase trabajadora.

Sectores políticos como el del socialismo revolucionario (ya sea en Egipto, EEUU o el Estado español) hemos defendido la necesidad de orientar el movimiento hacia la activación de la clase trabajadora. Si ésta permanece al margen, los movimientos pueden obtener victorias ideológicas de cierto impacto, pero nunca imponer sus demandas de mejoras sociales a los gobiernos y grandes poderes económicos, representados por la banca y los organismos financieros internacionales. En lugares como Grecia, Portugal o el Estado español, la estrategia de lucha de estos movimientos ha desembocado naturalmente en las formas de lucha de la clase trabajadora, especialmente en la huelga general. No es casual que el desarrollo ideológico y la madurez tras meses de lucha de muchos y muchas activistas les conduzca de forma instintiva a considerar la huelga como el siguiente paso en el endurecimiento de la lucha tras las ocupaciones de plazas y las grandes manifestaciones.

La necesidad de una orientación dentro de estos movimientos es esencial de cara a evitar la desmoralización y obtener victorias. En este sentido, la experiencia del movimiento 15M está resultando enormemente instructiva, pues se ha pasado de rechazar de pleno la colaboración con sindicatos a impulsar activamente la convocatoria de huelga general realizada por estos. El 29M vimos cómo activistas del 15M nutrían los piquetes y ayudaban a realizar bloqueos y manifestaciones. En esta fusión puede residir la obtención de la fuerza real necesaria -vehiculizada por la clase trabajadora en lucha- junto a la crítica profunda del sistema -contenida en los movimientos de las ocupaciones- para conseguir las victorias que frenen la degradación social producida por la crisis a nivel global.

Tamara Ruiz es militante de En lucha / En lluita

Artículo publicado en la revista anticapitalista La hiedra: http://www.enlucha.org/site/?q=node/17317

Notas

1. Weber, Timm, 2012: «La bomba de tiempo del desempleo juvenil». Disponible en: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/01/120128_davos_desempleo_juven… [entrada 29/01/2012].

2. Eurostat, 2012: «Euro area unemployment rate at 10.8%». Disponible en: http://epp.eurostat.ec.europa.eu/cache/ITY_PUBLIC/3-02042012-AP/EN/3-020… [entrada 02/04/2012].

3. Conferencia Internacional del Trabajo, 100ª reunión, 2011: Informe La igualdad en el trabajo: un objetivo que sigue pendiente de cumplirse. Informe del Director General. Disponible en: http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@ed_norm/@relconf/documents/meetingdocument/wcms_154780.pdf [entrada 03/11/2011].

4. Sotiris, Panagiotis, 2012: «El movimiento de las plazas en Grecia: crisis política y conflicto social» en Fernández, J., Sevilla, C., Urban, M. (eds.): ¡Ocupemos el mundo! Occupy the world! Barcelona, Icaria editorial.

5. Cafassi, Emilio, 2011: «Ocuparnos de las ocupaciones». Disponible en: http://www.diariolarepublica.net/2011/12/ocuparnos-de-las-ocupaciones/ [entrada 04/12/2011].

6. Arruzza, Cinzia, 2012: «Occupy America» en Fernández, J., Sevilla, C., Urban, M. (eds.): ¡Ocupemos el mundo! Occupy the world! Barcelona, Icaria editorial.