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El axioma de la OTAN

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Fuentes: CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Una de las numerosas preguntas relevantes que los moderadores de ABC no le hicieron a Hillary y Obama en el debate televisado de mediados de abril: ¿Por qué sigue existiendo la OTAN después del colapso de la Unión Soviética? Por cierto, todos los medios aceptan a la OTAN como uno de los diversos axiomas militares que quedan de los días de la Guerra Fría.

Para los que no recuerdan, en abril de 1949, Washington inició una alianza militar, supuestamente para contrarrestar el poder militar soviético, que comprometió a EE.UU. a defender Europa Occidental contra una invasión soviética, supuestamente inminente. A comienzos de los años cincuenta, la Organización del Tratado del Atlántico Norte había crecido mucho más allá de las naciones europeas del Norte del Atlántico, e incluía a Canadá, Portugal, Italia, Grecia y Turquía. Bombarderos del SAC (siglas en inglés del Comando Aéreo Estratégico) volaban misiones veinticuatro horas al día, siete días a la semana con cargas nucleares, dando media vuelta recién cuando los aviones llegaban a las fronteras soviéticas. Misiles nucleares intercontinentales basados en tierra y misiles balísticos basados en submarinos triangulaban el arsenal atómico de la OTAN. Los soviéticos se basaron inicialmente en misiles basados en tierra.

En 1954, los soviéticos – inquietos – ofrecieron que se unirían a la OTAN para disipar los temores de invasión. En lugar de aceptar esa oferta de paz, la OTAN hizo participar a Alemania Occidental. En 1955, los soviéticos reaccionaron con la iniciación del Pacto de Varsovia, una alianza de sus Estados «satélites» europeos orientales. Así, la Guerra Fría avanzó con dos alianzas militares rivales – hasta que una se disolvió en 1990 por su propia debilidad.

Cuando la URSS hizo implosión, todo el mundo vio un esqueleto patético de un imperio con sólo un programa militar y espacial, pero sin economía o cultura con las cuales extender su influencia. Incluso sus muchos miles de armas nucleares podrían no haber funcionado debido al mal estado general que caracterizaba a la sociedad soviética.

Por lógica, los miembros de la OTAN también debieran haber disuelto su propia costosa asociación (los gastos militares para detener una invasión soviética eran considerables). En lugar de hacerlo, el anacronismo de la OTAN no sólo sobrevivió a la desaparición de la URSS, se expandió hacia las antiguas repúblicas soviéticas. A Polonia, Bulgaria, Rumania, et. al., podrían sumarse pronto Georgia y Ucrania y otras antiguas repúblicas comunistas.

En reuniones recientes, los genios de la supervivencia de la OTAN han declarado un nuevo papel para la otrora amenazante Alemania. En lugar de limitarse a roles de mantenimiento de la paz, los militares alemanes deberían transformarse en una fuerza de combate de primera línea para enfrentar la nueva amenaza rusa así como las amenazas más antiguas de los talibanes y los iraníes.

En Bucarest a fines de marzo, en una reunión en la cumbre de la OTAN, trataron de convencer a los dirigentes alemanes de que tenían serios enemigos. La Wehrmacht [antiguo nombre del ejército alemán antes y durante la Segunda Guerra Mundial, N.del T.] no había asumido su justa parte en el peso de las tropas en Afganistán. Una gran parte de la responsabilidad afgana había recaído en el pobre EE.UU., y los nobles Gran Bretaña, Canadá y Holanda. Alemania, Italia, España y otros OTANistas se habían negado a arriesgar sus tropas. ¿No comprendían «esos cobardes» el propósito de la alianza de la OTAN?, preguntó un delegado de EE.UU. – confidencialmente – en los pasillos. Respondió a su propia pregunta. «Sea cual sea nuestra causa en algún período dado, no podemos hacerlo solos. Incluso Bush lo ha aprendido aunque los neoconservadores no lo hayan hecho.»

Hace seis décadas, los dirigentes estadounidenses señalaban alarmados que soldados del Ejército Rojo estaban listos para lanzar un ataque sorpresa contra la inocente y justiciera Europa Occidental. (En los medios dominantes no se leían en esos días hechos sobre cómo los soviéticos habían sufrido más de 20 millones de muertos, otros 40 millones de heridos, perdido 200 grandes ciudades, no tenían viviendas, pocos alimentos o botas para sus tropas. La CIA conocía, pero no hacía público. el hecho de que los soviéticos no hacían coincidir los entrerrieles de sus ferrocarriles para que correspondieran al tamaño de los existentes en sus países satélites en Europa Oriental. ¿Cómo iban a preparar una ofensiva rápida y sorpresiva? Hubieran tenido que descargar sus trenes de suministro, transferir las armas y otros materiales a camiones, conducirlos a través de fronteras y volver a cargarlos en trenes.) La amenaza soviética – a pesar de hechos que probaban lo contrario – se convirtió en el axioma para la Guerra Fría y la justificación para la OTAN.

Ahora, los alarmistas en EE.UU. apuntan «al crecimiento de China como gran potencia, combinada con una Rusia resurgente a través de Eurasia,» y piden «una alianza estadounidense-europea.» (Robert Kaplan, NY Times, artículo de opinión del 27 de marzo de 2008). Es como si los intelectuales belicistas de poltrona temieran que el terrorismo pueda resultar ser un fenómeno pasajero y necesitaran una verdadera nación para justificar la economía y la cultura militares permanentes.

Por el momento, la OTAN sirve como la fuerza militar aceptable e indisputable del mundo, una agencia policial internacional que EE.UU. trató de incorporar a sus combates. Pero sus 26 miembros no se dejan llevar a asuntos repugnantes como los combates en primera línea en Afganistán e Iraq. Washington tomará, como de costumbre, el liderazgo militar, pero espera que otras naciones de la OTAN compren sus aviones inútiles y muy costosos, y otras armas modernas. Y todas las naciones de la OTAN tienen alguna presencia en Afganistán. Pero han dirigido sus intereses nacionales correctamente hacia temas más importantes como el entorno y el cambio climático y el mantenimiento de la estabilidad económica en Europa.

Los europeos se siguen mostrando intimidados por el poder de EE.UU., pero un senador italiano (verde) se preguntó cómo Sadam Husein o los talibanes pueden haber significado amenazas ofensivas para Europa Occidental. En la medida en que tales fuerzas, y aquellas en la teocracia iraní, puedan haber alarmado a los europeos, la mejor reacción no sería una defensa con misiles, como exigen los dirigentes de EE.UU.

A inicios de abril, Bush habló ante la audiencia reunida de la OTAN y les dijo que tenían que agregar a Darfur a la lista de problemas urgentes que tiene que encarar la OTAN. «Ya no es una alianza estática concentrada en la defensa de Europa contra una invasión de tanques soviéticos,» explicó Bush. «Ahora es una alianza expedicionaria que envía a sus fuerzas por todo el mundo para ayudar a asegurar un futuro de libertad y paz para millones.» Según un amigo que estuvo presente, un observador francés dijo: «Tal vez la OTAN debiera enviar a un contingente a reconstruir Nueva Orleans.»

Entretanto el imperio de EE.UU. se esfuerza por mantenerse a flote en Iraq y Afganistán mientras esas guerras desangran su Tesoro, y exige de Europa compromisos similares para escapadas militares globales.

Hay que pensar en un mundo en el que fuerzas europeas, canadienses, australianas y de EE.UU. enfrentan a combatientes nativos en varios «estanes,» así como en Palestina, el Congo, Somalia, Darfur, Yemen, y Sri Lanka. El terrorismo promete más combates reales que el comunismo en su día. El único problema con un guión semejante es el público. En Europa, no se tragan planes semejantes.

Como concluyera acertadamente el columnista William Pfaff: «No están de acuerdo porque el esfuerzo simplemente no es serio. Se basa en fantasías políticas y contra-verdades, e ideas mal concebidas. Es como los anuncios de George Bush antes de salir de Washington en el sentido de que el envío de su ejército nacional a Basora por el primer ministro iraquí Nouri Maliki era «un momento definidor en la historia de Iraq libre,» restaurando la autoridad del gobierno central en Basora y librándola de «elementos criminales.»

La OTAN se ha hecho absurda en el mundo posterior a la Guerra Fría, en el que el calentamiento global y la escasez de alimentos transcienden las antiguas noticias anticuadas de seguridad asociada con ejércitos. Pero lo mismo sucede con el presupuesto militar de EE.UU. Es hora de resucitar la advertencia de un viejo comunista: «Debemos advertir contra la adquisición de una influencia injustificada, sea solicitada o no, por el complejo militar industrial. El potencial para un aumento desastroso de poder en las manos equivocadas existe y persistirá. Jamás debemos permitir que el peso de esa combinación ponga en peligro nuestras libertades o procesos democráticos. No debemos dar nada por sentado. Sólo una ciudadanía alerta e informada puede imponer el engranaje adecuado de la inmensa maquinaria industrial y militar de defensa con nuestros métodos y objetivos pacíficos, de manera que la seguridad y la libertad puedan prosperar juntos.» Las palabras de despedida de Eisenhower debieran resonar aún más fuerte para que los medios puedan repetir ocasionalmente su advertencia y presentar algún antídoto para su fascinación ponzoñosa con alfileres de corbata con banderitas y el sonido de la palabra «amargo.»

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Saul Landau recibió la condecoración Bernardo O’Higgins del gobierno de Chile. Es asociado del Instituto de Estudios Políticos, autor de «A BUSH AND BOTOX WORLD» de CounterPunch press y cineasta: «WE DON’T PLAY GOLF HERE» – Correo electrónico: [email protected]

http://www.counterpunch.org/landau05082008.html