“En el juego, muchos deben perder para que pocos ganen”
George Bernard Shaw
La ludopatía ha crecido exponencialmente, particularmente entre los jóvenes, que sufren consecuencias en su salud mental y física. Durante el mundial 2026 ese fenómeno ha crecido exponencialmente, un evento donde el futbol es el juego que tapa al juego.
El 20 % de los jóvenes menores están realizando apuestas virtuales. La ludopatía es una adicción de graves implicancias, directas e indirectas, como por ejemplo la necesidad compulsiva de conseguir dinero para apostar. La Organización Mundial de la Salud viene señalando que la ludopatía es un tema de salud y señala que el problema es más grave por las conductas adictivas que se adquieren a temprana edad.
En esa dirección es bochornoso el accionar de la AFA, la Asociación del Futbol Argentino, que le vendió a dos empresas de apuestas, Betano y BetWarrior, la sponsorizacion de la selección de futbol y la difusión de algunos de sus millonarios jugadores, referentes deportivos para millones de jóvenes, que en vez de hacer campaña contra las apuestas online, como deberían, comunican todo lo contrario ofreciendo productos tóxicos. Ante este cuadro es un sarcasmo el mensaje con el que pretenden cubrirse tanto los dueños de los casinos digitales como sus propagandistas destacados, cuando dicen: “apostar no es para menores”, al tiempo que también que publicitan bebidas alcohólicas, comida chatarra e inversiones financieras.
Al mensaje que ofrece la posibilidad del dinero fácil se suma la adrenalina propia de la edad juvenil, que es alimentada por el juego de apuestas y que, sin cedazo ni control es administrada en dosis virtuales a los adolescentes.
Un atajo hacia el éxito y el dinero, que se estimula desde las esferas del poder, Donald Trump celebró ganancias de 1.000 millones de dólares especulando con sus criptomonedas en el último año de su presidencia; más modesta en números, aunque no menos obscena, fue en Argentina la estafa con criptomonedas del caso Libra, que involucro al presidente Milei, quien ofrecía un lucro rápido a los que apostaban a la ruleta financiera.
La publicidad no es inofensiva, ni neutral, ni inocua. Es una herramienta central del sistema económico. Moviliza el consumo, clave para la circulación del capital, moldea conductas, construye imaginarios y deseos que atraviesan la sociedad y que en los jóvenes generan ansiedad, frustración y son causa de depresión y angustia.
El nivel de manipulación mediática llega a su punto máximo al vender la imagen de Diego Maradona generada por IA pidiendo que pongan pelotas para la timba. Le hacen transmitir algo que jamás hubiese dicho. Usan sin ética alguna la figura que supo expresar rebeldía ante la injustica, incluida su denuncia de lo que significa la FIFA como corporación de negocios y trapos sucios. Ya no se limitan al terrenal mundo de los vivos, invocan a los muertos para vender mercancía, traen del inframundo a un ídolo que produce empatía afectiva y admiración, cuando en la memoria colectiva está presente su inolvidable actuación ante la selección inglesa hace justo 40 años. Todo vale en las estrategias del mercado.
Cada momento es utilizado para vender, desde los móviles carteles led durante los partidos, las pausas inventadas con la excusa de hidratarse, las entrevistas y conferencias de prensa delante de paneles publicitarios, hasta la vestimenta de los jugadores.
Toda la tecnología está volcada a la publicidad, que no solo utiliza el algoritmo, que es omnipresente, detrás están los enormes recursos del marketing, que se apropia de los saberes acumulados de las neurociencias y la psicología para atrapar la permanente atención de jóvenes que no tienen los medios para filtrar lo que reciben durante muchas horas por día, los smartphones son la herramienta que atrapa el interés permanente, y facilita la operatoria, ya no hace falta movilizarse hasta una casa de apuestas, en un mecanismo potenciado con el recurso ilimitado de la inteligencia artificial.
El mundo de las apuestas virtuales avanza en el contexto de una sinergia de fenómenos que abonan su desarrollo, la cultura del éxito rápido asociado al dinero, el uso intensivo de las redes, los modelos meritocráticos, la actividad de influencers que crean modelos y validan el consumismo, la construcción de ídolos que del deporte se proyectan como referentes de un estilo de vida deseado, siembran el camino ybatrapan en el universo virtual de las apuestas.
Mientras tanto el gobierno argentino desmantela y desfinancia instancias de control y ayuda para la contención de los jóvenes afectados a enfermedades vinculadas a la salud mental, al tiempo que auspicia el vacío legal que reglamente y controle el avance de las empresas de apuestas. Todas las iniciativas legislativas que se presentaron para actuar ante esta realidad naufragaron por el rechazo de la derecha y nunca lograron transformarse en normas legales.
Si bien el fenómeno de las apuestas no empieza ni termina con el Mundial, el tema se disparó con el mundial de Qatar y se multiplicó en la Copa 2026, donde se verifica la disminución sensible de la franja etaria que participa. Esta es otra de las graves y múltiples miserias que forman parte del sustrato de quienes hacen negocios y política con el deporte, especialmente con el futbol, el más masivo y el que despierta mayores pasiones. La FIFA, su máxima organización atravesada por múltiples actos de corrupción, le otorgó el Premio de la Paz al presidente Trump, quien el mismo día en que jugo la selección argentina, ordenó bombardear nuevamente a Irán.
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