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175º aniversario de la publicación del Manifiesto comunista, de Karl Marx y Friedrich Engels

Algunas reflexiones sobre la relevancia del Manifiesto Comunista

Fuentes: Rebelión [Imagen: Sello con el que la Unión Soviética conmemoró el 100º aniversario de la publicación del Manifiesto comunista]

El 21 de febrero de 1848 salía de la imprenta de la Asociación de Trabajadores de la Educación, sita en el número 46 de la calle Liverpool de Londres, el Manifiesto comunista de Marx y Engels, un clásico del pensamiento comunista.


A Rafael Pillado, in memoriam

0. Vivimos colonizados por un modo de vida alienante, en donde el pensamiento utilitario y empresarial-gerencial de la existencia, de la salud y la educación, entre otros ámbitos vitales y sociales, por usar términos de Rodrigo Llopis, nos conduce a un espacio de exhibicionismos varios de nuestra propia corporeidad desposeída ya de su propia racionalidad.

1. El sistema capitalista en su expresión neoliberal ha logrado convertirnos en gestores de nuestra propia (auto)explotación y, además, hace que pensemos ingenuamente que somos libres. Byung Chul-Han lo describe muy bien en todos sus libros. Eso es evidente, por poner solo un ejemplo, en la adhesión efusiva al teletrabajo convirtiendo el espacio privado y de ocio en espacio de negocio. Y pensamos que es libertad. Se exhibe el falaz convencimiento de que así el sujeto escoge cuándo trabajar.

2. Solo la ausencia de conciencia permite que se degraden las históricas conquistas de la clase trabajadora. Mientras exista explotación por parte del capital, más preciso será aprender del Manifiesto Comunista. Recuperarnos de la ‘desposesión’ (David Harvey) y de la expropiación exige conocer las experiencias de la lucha obrera. La ignorancia solo alimenta la niebla de la apatía y de la resignación.

Estamos incluso desposeídos del valor que tiene la utopía. Hacer camino, proyectarse venciendo obstáculos y batallando contra las trampas del sistema dominante. Sin utopía el futuro es un eco sin retorno, que solo resuena en un presente de economía de guerra.

3. Explotación, alienación, sumisión fluyen con emocionada animación gracias a la corriente falaz del lenguaje ‘positivo’ y gracias al discurso del asentimiento. Pero la negatividad es necesaria para afrontar las contradicciones del capital. Unha confrontación que debe ser dialéctica. Sin ella no es posible el ejercicio de una democracia real. Hoy nadie quiere debatir. Más allá de las modas importadas, más allá de las cancelaciones late la incomodidad argumentada del otro y cómo respetar no solo su palabra sino su existencia en la sociedad que se supone es una construcción colectiva. La lucha de los polos solo quiere aquiesciencia a marcos de saber impuestos. Quedan fuera los argumentos críticos y sus formuladores. La marginalidad espera. Por ello se renuncia y se acepta resignadamente.

4. Tener conciencia. Reconocernos como somos y parecerlo son hoy necesidades de las que una lectura desapasionada del Manifiesto Comunista de Marx y Engels nos puede nutrir, como recuerda de forma certera en su prólogo Francisco Fernández Buey en la edición de El Viejo Topo de 1997. Tener conciencia para saber el lugar que ocupamos como sujeto individual y como parte de una colectividad. Es beber de las experiencias del pasado para ver los aciertos y los desaciertos de la batalla que libró y libra la clase trabajadora. Tener conciencia para adentrarnos en el proceloso mar de las contradicciones que nos tiende el capital y no perdernos, saber emanciparnos y mantener la coherencia y la dignidad.

5. Cierto. Parecemos un dinosaurio. Un ejemplo anacrónico contradigital. Del apretón de manos y reparto dialogado de la octavilla. Claro que sabemos que el contexto es totalmente diferente. Pero la realidad primera y fundacional de cómo funciona el capital se mantiene intacta. Y el Manifiesto Comunista molesta por el poder evocador que posee y por la resonancia que puede provocar en la actualidad. No es casualidad entonces que, bajo el amparo de la acusación, la demagogia y la ignorancia, se prohiba en no pocos lugares, de tal forma que el comunismo solo puede vivir oculto y clandestino. Por eso aún estigmatiza la etiqueta de ‘rojo’ en este país como si la memoria republicana fuese una condena, como si la acción resistente fuese una pesada losa en vez de ser la luz en medio de la oscuridad de la guerra y la dictadura.

6. Tener conciencia para reclamar nuestros derechos, nuestras libertades y para que nuestra voz pueda manifestarse. El capitalismo hizo muy bien su tarea. Aceleró todos y cada uno de los procesos de disgregación, de atomización. Por eso inoculó el virus del esencialismo diferencialista. Así, perdidos en nuestras pequeñas parcelas de autoafirmación, bien localizados y alimentados incluso por el capitalismo, nos olvidamos de hacer lo que realmente temen el capitalismo y las oligarquías dominantes. Y nos lanzamos con avidez a una ‘destrucción mutua de las clases en lucha’. Y así, bajo un bien tejido manto de amnesia selectiva, vemos como florecen y se extienden sin ningún tipo de pudor las organizaciones herederas del fascismo en su nueva faz.

7. Por eso, en este contexto de amnesia es más importante que nunca la lectura pública de Marx y Engels. Que nos impregne el concepto de solidaridad, esencial en la lucha de clases. Para superar el viento de estos tiempos neoliberales necesitamos una brújula. Y el Manifiesto Comunista puede ser esa brújula inicial. Como dicen Bruno Latour y Nikolaj Shultz esa brújula -que ellos enfocan en la lucha de clases- fue necesaria para darnos sentido y cruzar la historia.

8. Es obvio y lógico que el Manifiesto Comunista necesita actualizaciones, al igual que las necesitan las aportaciones fundamentales de Marx y Engels. ¿Quién no, después de tantos años de existencia? Por citar solo algunas perspectivas. Silvia Federici nos ofreció las claves para una orientación feminista del marxismo (véase la síntesis comparativa entre Marx y el feminismo, pp. 11-23). Bruno Latour, poco antes de morir, nos las ofrecía también en materia ecologista acompañado por Nikolay Schultz. La lectura de Rainer Mausfeld contiene muchas semillas emancipadoras. O las siempre finas perspectivas teóricas de Manuel Sacristán se adentran en la sustancia de las enseñanzas marxistas, bien sazonadas con aspectos que fueran descuidados en su momento.

9. Las enseñanzas son múltiples en una lectura aunque sea superficial pero relacional del Manifiesto Comunista: “la burguesía recorre el mundo entero, necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes” (p. 28). ¿No es este el programa de expansión colonial de la globalización capitalista? ¿No es el imperio tecnodigital una manifestación más de ese dominio capitalista? En efecto, aquellos ingenuos que se adhirieron sin conciencia crítica a los cantos de sirena tecnodigitales no entienden que no se puede combatir el capitalismo con aquello que lo lucra y beneficia. El complejo digital profundiza las heridas de la segmentación y disgregación de la clase trabajadora, al mismo tiempo que se asocia a una negativa ‘apatía narcisista’ (Crary, p. 16). No vieron que la universalización-globalización del capital venía con la receta de la disolución de la comunidad, como sí vio y anunció Marx.

10. Cierto que se acusa al socialismo de preocuparse únicamente por los medios de producción y por la reproducción. Pero, ¿cómo no preocuparse? Cuando se habla de “la destrucción forzada de una gran cantidad de fuerzas de producción”, ¿no vemos en ello las consecuencias negativas de la digitalización de toda nuestra vida? La falaz alegría social solo lo es, en realidad, para los que mueven los hilos, contentos con atraparnos en un modo de vida y de trabajar totalmente alienante y, al mismo tiempo, precario.

11. Marx y Engels nos dicen que el verdadero resultado de las luchas de la clase trabajadora “no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez más extensa de los obreros” (p. 36). Unión que deriva en lucha de clases, en definitiva, en lucha política. Hoy, las luchas son demasiado intestinas, cercadas por los intereses (legítimos y concretos) de la defensa de un puesto de trabajo digno, y a veces envueltas por enormes contradicciones (pongamos el reciente ejemplo del mantenimiento de ENCE en la ría de Pontevedra, o la proliferación a destajo de los parques eólicos en Galicia). Quizá sea oportuno readecuar la actual dispersión de los frentes de las batallas sociales y hacerla complementaria con el de una unidad de acción para que no reine la incoherencia y para que las conquistas sean duraderas y realmente un beneficio coletivo y común. Es aquí, ciertamente, en donde debemos tener clara la contradicción de la conciencia de los límites del ecosistema como un valor de solidaridad y emancipación.

13. Marx y Engels sabían que “los proletarios no pueden conquistar las fuerzas productivas sociales sino aboliendo el propio modo de producción en vigor” (p. 39). Esto, en si, ya supone un reto mayúsculo pues, de forma inevitable, si hacemos caso de las recomendaciones de Latour / Schultz, tendremos que enfrentarnos a una época de restricciones, de renuncias, para poder llegar a un nuevo modo común. El comunismo solo es posible si se produce una transformación radical de la actual sociedad y su modo de vivir y trabajar. Pues cierto es que los modos de producción no pueden ser medios de destrucción (Latour / Schultz, p. 23). Desde este enfoque recordemos a André Gorz y sus ‘reformas no reformistas’, aquellas que se hacen desde dentro del estómago capitalista, las que incomodan de verdad por atentar contra la esencia del capitalismo.

14. La batalla de las ideas culturales, por ahora, está perdida. La hegemonía, según la concebía Gramsci, no la tiene hoy la doctrina comunista. Sobrevivimos a duras penas en un voraz capitalismo 24/7 (Crary). Por lo tanto, el primer paso debe ser hacer entendible la necesidad del comunismo como garantía para una vida digna a todas las personas y como modo de organización de la sociedad. No estamos tan de acuerdo con la metáfora de que es una guerra de posición y que solo después de la victoria vendría la fase de guerra de movimiento (Latour/Schultz, pp. 65-66). Perderíamos un tiempo precioso. Es necesaria la combinación de ganar posición y avanzar con medidas serias y convincentes. Sí concordamos con la idea de que sin el convencimiento y la asunción de que viviremos y trabajaremos de manera distintas, y de que será preciso hacer y aceptar sacrificios, el comunismo sería solo una experiencia efímera y posiblemente ese ‘fracaso’ frustraría su propio horizonte de futuro. Parafraseando a Latour / Schultz (p. 87), el dilema está en cómo pasar del crecimiento -y sus miserias asociadas- a la prosperidad -y sus sacrificios asociados. El Manifiesto comunista contiene en sus líneas un aprendizaje del que no podemos prescindir en las luchas actuales.


Bibliografía

Crary, Jonathan (2022), Tierra quemada. Hacia un mundo poscapitalista, Barcelona: Ariel.

Federici, Silvia (2018), El patriarcado del salario. Críticas feministas al Marxismo, Madrid: Traficantes de sueños.

Latour, Bruno / Schultz, Nikolaj (2022), Mémo sur la nouvelle classe écologique, Paris: Editions La Découverte.

Llopis, Ricardo (2022), La batalla por el lenguaje, Gijón: Ediciones Trea.

Marx, Karl / Engels, Friedrich (1848), Manifiesto comunista, prólogo de Francisco Fernández Buey, El Viejo Topo.

Mausfeld, Rainer (2022), ¿Por qué callan los corderos?, Madrid: Catarata.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.