Birmania, el campo de batalla para China e India

Fuentes: Rebelión

A pesar de que el mundo se encuentra sumido, cómo nunca antes en la historia, con terror e impotencia en la tragedia del COVID 19, porque, fundamentalmente, cada uno de nosotros ha pasado del cómodo sillón de espectador a una tensa espera en el patíbulo, en diferentes lugares de mundo siguen librándose acciones igual de trágicas, aunque más acotadas. En el oeste de Birmania se juegan fuertes intereses estratégicos entre India y China.

A mediados de 2019, India terminó la construcción del puerto de Sittwe y la terminal de aguas continentales en Paletwa (Birmania) parte del proyecto de transporte multimodal por un valor cercano a los 500 millones de dólares que unirá finalmente la ciudad india de Kolkata, con Sittwe, estado de Rakhine y través de una ruta fluvial con Paletwa en el estado de Chin y desde esa ciudad por vía terrestre, llegaría a Zorinpui, en el estado de Mizoram nororiental de India, todavía en construcción, proyecto que una vez terminado incrementaría notoriamente el comercio entre Birmania e India. Parte del viejo proyecto indio, de “mirar hacia el este” que el Primer Ministro Narendra Modi, relanzó a partir de2014, con lo que aspira a disminuir la fuerte influencia de Beijing, no solo en ese país, sino en todo el sudeste asiático.

Dicho proyecto iniciado en 2008, ahora detenido por la violencia separatista, ha puesto en estado de alerta a las comunidades de granjeros y pescadores de Sittwe, Isla Pungna, Chauhtaw y Paletwa, ya que están siendo obligados a abandonar sus tierras, para que personal del ejército birmano o Tamaward se establezca en proximidades del río Kaladan y las áreas fronterizas.

Las acciones en el estado de Rakhine, en el oeste del país, del Ejército de Arakán (AA) fundado en el norte del estado de Kachin en 2009, una de las fuerzas insurgentes más violenta de una importante cantidad de grupos separatistas apoyado por diferentes etnias, que operan en Birmania en búsqueda de su autonomía, tras los setenta dos años del absoluto control de los Bamar, el grupo étnico mayoritario del país, de las 135 etnias reconocidas oficialmente, según fuentes oficiales representa el 68% de la población, unos 30 millones de una población total cercana a los 57 millón, para rechazar la presencia del ejército.

La crítica situación ha obligado a entre 60 y 100 mil civiles, a abandonar sus casa, sin contar los 900 mil miembros de la comunidad musulmana Rohingya que a partir del 2017, por orden del gobierno central, han sido expulsados de sus aldeas y obligados por cualquier medio a abandonar Birmania (Ver: El grito olvidado de los Rohingyas).

Las Naciones Unidas han denunciado que informes casi diarios hablan de civiles asesinados o mutilados, a los que les es negada la ayuda de organizaciones tanto nacionales como internacionales, son 17 los municipios de Rakhine, totalmente aislado y bajo control militar, sometidos a toda clase de abusos desde violaciones a torturas y muertes.

La situación militar en Rakhine y áreas vecinas del estado de Chin, donde el gobierno birmano ha desplazado entre 15 y 20 mil efectivos, ya que carece de inteligencia táctica en el teatro de operaciones por no contar con apoyo popular, se ha complejizado, al punto de poder arrastrar la situación política de Birmania, como víctima de las tensiones entre India y China, por lo que el gobierno birmano, ha decretado un apagón informativo la región desde las operaciones contra los rohingya de 2017 y 2018, a lo que se le ha sumado también Chin, para que las acciones de lesa humanidad del Tamaward no pueden ser evaluadas.

En el marco de la creciente escalada militar importantes enfrentamientos se libraron entre el 10 y 11 de marzo entre el Tatmadaw y el Ejército de Arakán.

En la mañana del martes 10, un batallón de paracaidistas del Tatmadaw, perteneciente a la poderosa División 77 de Infantería Ligera (LID), en búsqueda de socorrer un puesto de avanzada fortificado en la ribera del río Kaladan, en municipio Paletwa, establecido en procura de tomar control del río, ya que es una de las vías de abastecimiento más importantes del Ejército de Arakán, llegando a regiones remotas en las que se asienta sus bases desde donde lanza sus operaciones hacia Rakhine.

Antes de la frustrada intervención de los paracaidistas, entre el 8 y 9 de marzo el alto mando birmano ordenó una serie de operaciones aéreas y de artillería contra varias aldeas entre ellas Mont Than Pyin y Pyaing Tine y lo largo del río Kaladan.

En Mont Than Pyin, de cuatrocientos habitantes, se destruyendo 62 de las 66 casas y matando además una importante cantidad de vacas y cabras que sos los medios fundamentales de sustentación económica de esas poblaciones.

La acción de los paracaidistas fue destroza, como resultado de la resistencia de los miliciano del AA, que mató entre 20 y 25 soldados del Tatmadaw y otros 36 fueron capturados, entre ellos el teniente coronel Thet Naing Oo comandante del batallón. Se cree que las pérdidas podrían ser mayores ya que no hay información acerca de algunas de las unidades, con cien hombres cada una, pudieron romper el cerco de la insurgencia. Por lo que estas pérdidas representan una de las mayores sufridas en una sola acción desde los combates en la región de Kokang, en el noreste del estado de Shan, en febrero de 2015, donde murieron cerca de 50 soldados y otros 67 resultaron heridos.

Tras los combates entre los insurgentes y los paracaidistas, el alto mando del ejército ordenó intensificar los ataques aéreos contra otras aldeas ubicadas en el este del río, que habrían asesinado a más de 25 civiles, mientras que a otros dos 2 mil, los ataques obligaron a abandonar sus aldeas.

A pesar de carecer de información comprobables, se sabe que el ejército ha reconocido, que perdió contacto con los paracaidistas, sin reconocer la derrota, al tiempo que la información del AA, ha dado a conocer listas con nombres, rangos y números de bajas, además de imágenes, lo que hace confiable la información de los insurgentes.

La falta de todo apoyo popular es lo que explica el desastre del batallón de paracaidistas y sin duda preanuncia mayores debacles. Dada la previsibilidad del resultado del conflicto de continuar por este camino en mando del tamaward busca acrecentar la velocidad de sus respuestas, con la renovación de su flota de naves no tripuladas (UAV) CH-3 chinos ya obsoletos, por lo que de no conseguir una modernización el resultado será trágico para Naypyidaw.

Un resultado imprevisible

En los setenta y dos años de vida independiente de Birmania, el Tatmadaw ha gobernado la mayoría ese tiempo y aunque desde 2015, existe un gobierno civil, conducido tras bambalinas por la premio nobel de la paz Aung San Suu Kyi se ha debido asociar a ellos para poder mantener un régimen seudo democrático, ya que más allá del poder factico, el consorcio militar sigue controlando prácticamente todos los resortes de la economía.

Ese poder el Tamaward, no lo ha sabido traducir al campo estrictamente militar y sigue sin poder controlar los múltiples grupos independentistas que desde hace décadas se han instalado en diferentes regiones del país.

Pero las sucesivos golpes que el Ejército de Arakán, le esta propinandoal Tamaward, produce la sensación que su poder omnímodopodría estar comenzando cierto declive a la luz de las imágenes subidas a las redes sociales por el AA a fines de febrero en las que se observa efectivos del ejército detenidos en combates anteriores de soldados extremadamente jóvenes, probablemente todavía adolescentes,

A medida que la noticia de los fracasos se conoce entre las filas del ejército, cierto resquemor está comenzando a correr en los mando medios, quienes serían los primeros en sufrir las consecuencias de un amotinamiento mucho más de producirse en la áreas remotas a donde están siendo destinados, ya que además muchos de los efectivos reclutados por el Comando Occidental del ejército son nativos de esas regiones, por lo que deben operar contra familiares, amigos y miembros de su propia tribus y etnias un valor sustancial para estas culturas.

Por otra parte el incremento de los ataques aéreos contra las aldeas, donde supuestamente puede intentar disimularse los milicianos inevitablemente provoca bajas civiles, como ya sucedió al este del rio Kaladan los días 14 y 15 de marzo.

El respuesta de esas acusaciones el portavoz del ejército el general de brigada Zaw Min Tun, indicó que. “cuando usamos los aviones, tenemos más cuidado y apuntamos solo a la ubicación del enemigo”.

Hoy se desconoce la verdadera dimensión de la crítica situación de los pobladores de Rakhine, y quizás sometidos a la gravedad de la Pandemia, quede sumergida para siempre, una vez más.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.