Sirviéndose de algoritmos opacos, las plataformas reman a favor de las extremas derechas y sus afectos negativos. Nuestra vida psíquica es capturada mediante los dispositivos digitales para transformarse en beneficio
Sirviéndose de algoritmos opacos, las plataformas reman a favor de las extremas derechas y sus afectos negativos. Nuestra vida psíquica es capturada mediante los dispositivos digitales para transformarse en beneficio
La tecnología y las máquinas deberían servir para liberar al ser humano, no para afianzarlo a esa rueda del hámster que es el capitalismo. De hecho, el problema no es que existan esclavos energéticos, sino quién los controla, con qué propósito y en beneficio de quién
En 1845, mediados del siglo XIX, en plena Revolución Industrial en el país líder del capitalismo por ese entonces, Inglaterra, Federico Engels escribía su libro “La situación de la clase obrera en Inglaterra”, basándose en su observación directa realizada entre 1842 y 1844en las ciudades de Manchester, Liverpool y Londres.
Todo lo que en el mundo ocurre tiene su fundamento en la economía; todo lo que en la economía actual acontece se funda en la energía fósil.
300 millones de personas trabajadoras, agricultoras, estudiantes y profesionales de diversos ámbitos salieron a las calles de toda la India el jueves 12 de febrero para defender sus derechos y denunciar las políticas del gobierno ultraderechista del país.
En España, los últimos datos sobre pobreza y exclusión social confirman una paradoja inquietante: la economía crece, el empleo aumenta y algunos indicadores mejoran levemente. Sin embargo, millones de personas continúan atrapadas en situaciones de precariedad estructural.
El capitalismo no solo es un modo de producción, una forma de organización de la sociedad para procurarse los medios de vida a través de la propiedad privada y del afán de lucro y ganancia. Es también un proceso (des)civilizatorio que le da forma a comportamientos y estilos de vida en una relación multidireccional donde también las culturas arraigan, perpetúan y legitiman ese proceso económico específico.
La ruta de la entrega está llena de muertos y huesos fracturados (El Tábano Economista)