Se ha puesto de moda afirmar que la lucha de clases ha quedado relegada al pasado, disuelta por la desindustrialización, dispersada por mercados laborales fragmentados, eclipsada por movimientos identitarios y agotada junto con las instituciones que en su día le dieron forma política. Desde este punto de vista, la clase parece haber perdido su protagonismo y, en el mejor de los casos, sobrevive como una categoría residual de análisis.