Las consignas de la primera revolución burguesa profunda, que fue la Revolución Francesa, no refirieron al “crecimiento para agrandar la torta”, sino a las banderas indisolubles entre sí de “libertad, igualdad y fraternidad”. El neoliberalismo y su antecesor, el liberalismo que se oponía a la idea de la voluntad general que fue la fuente filosófica de aquellos principios, han combatido a este ideario, reinterpretando el concepto de libertad, escindiéndolo del de la igualdad y la fraternidad y fusionándolo con el “valor” de la propiedad privada ilimitada.