El capitalismo no solo es un modo de producción, una forma de organización de la sociedad para procurarse los medios de vida a través de la propiedad privada y del afán de lucro y ganancia. Es también un proceso (des)civilizatorio que le da forma a comportamientos y estilos de vida en una relación multidireccional donde también las culturas arraigan, perpetúan y legitiman ese proceso económico específico.