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Chechenia e Irak: Cuando la masacre es el lenguaje de los poderosos

Fuentes: La Haine

Un grupo fuertemente armado que secuestró el miércoles 1 de septiembre cerca de 350 personas (entre ellos 132 niños) en una escuela rusa cerca de Chechenia, amenazó con matar a 50 niños por cada secuestrador que maten las fuerzas de seguridad e incluso hacer estallar el edificio. El grupo que tomó la escuela, algunos de […]

Un grupo fuertemente armado que secuestró el miércoles 1 de septiembre cerca de 350 personas (entre ellos 132 niños) en una escuela rusa cerca de Chechenia, amenazó con matar a 50 niños por cada secuestrador que maten las fuerzas de seguridad e incluso hacer estallar el edificio. El grupo que tomó la escuela, algunos de ellos con explosivos adosados al cuerpo, tenía como exigencia central que Rusia retire sus tropas del territorio checheno y se acabe la guerra.

La prensa occidental calla ante las atrocidades cometidas por las fuerzas rusas en Chechenia, pero no duda en escandalizarse cuando es la resistencia quien amenaza con matar civiles.

En este sentido, los asaltantes dijeron que la política del Kremlin de recurrir a la fuerza para contrarrestar el independentismo era, en última instancia, la culpable de la situación. «No hay excusa para estas acciones inhumanas, como no hay excusa para los 42 000 niños chechenos muertos por el ejército ruso bajo las órdenes del Kremlin y personalmente de Putin», dijo una declaración publicada en el sitio web rebelde www.kavkazcenter.com.

En un gesto de prudencia política, Putin solicitó ayuda a la comunidad internacional. Desde hace años Moscú ha rechazado cualquier participación externa así como las críticas por su propio papel en Chechenia, insistiendo que se trata de un asunto doméstico. Pero curiosamente ahora, en una medida inesperada, Rusia pidió una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre los «actos terroristas» en el país. Reaccionando ante ese pedido, el Consejo de Seguridad celebró una reunión urgente en la tarde del miércoles en Nueva York en la que pidió la liberación «inmediata e incondicional» de los detenidos y urgió a todos los gobiernos a colaborar para «llevar ante la justicia a los involucrados en otros ataques terroristas» recientes en el país.

Así mismo, el presidente estadounidense, George W. Bush, declaró que «Estados Unidos está dispuesto a procurar toda la ayuda para poner fin a este nuevo acto de barbarie de los terroristas».

Por su parte el presidente ruso Vladimir Putin, que llegó al poder en el 2000 con promesas de mano dura contra los independentistas chechenos, declaró que «nuestro principal objetivo es salvar la vida de los rehenes. Todas las acciones de nuestras fuerzas (..) están destinadas a solucionar esta cuestión».

Putin, su interés por la vida de los rehenes y sus mal llamados «métodos de rescate»

El 23 de octubre de 2002 en la capital rusa tuvo lugar un trágico caso de secuestros armados de civiles. Un comando checheno integrado por 41 hombres y mujeres tomó como rehenes a cerca de 750 espectadores del musical ‘Nord-Ost’ en el teatro Dubrovka de Moscú. La principal reivindicación de los asaltantes era la rápida salida de las fuerzas rusas de esa república independentista en la que entraron – tras diversas ofensivas anteriores- el 1 de octubre de 1999 (desde ese momento -considerado la segunda parte de la guerra que cinco años antes iniciara Yeltsin-, las acciones guerrilleras se han sucedido), y amenazaban con volar el teatro. Tras varios intentos de desmovilización por parte de las autoridades rusas, al tercer día del secuestro las fuerzas de seguridad lanzaron una «operación de rescate» en la que murieron no sólo los secuestradores, 32 hombres y 18 mujeres, sino también 129 rehenes, a consecuencia de un gas tóxico empleado en la acción. 650 personas fueron hospitalizadas.

El plan empleado fue siguiente: gaseemos el teatro, entremos con los militares de élite y eliminemos a los terroristas. Muchos civiles morirán a causa del gas pero muchos otros se salvaran en los hospitales (los suficientes como para legitimar mediáticamente la acción), y lo más importante es que obtendremos la victoria política.

Esta operación de masacre fue «muy polémica» para la prensa europea, pero hoy en día tanto la ONU como EEUU dan su apoyo al gobierno ruso.

Los intereses rusos en Chechenia

Chechenia clama una independencia por la que lleva más de dos siglos luchando, desde que el imperialismo zarista la incorporó a sus dominios. Diversos intereses frenan por la fuerza la lucha por la autodeterminación, que comenzó en el siglo XVIII con el imperialismo zarista, y que hoy continúa cobrándose cientos de vidas en la guerra abierta impulsada por el gobierno ruso.

Si bien el mensaje principal que se quiere incrustar en la opinión pública internacional es que se trata de un conflicto entre terroristas islámicos (los malos) y demócratas (los buenos), la letra pequeña de las empresas informativas no esconden las causas reales, señalando que el petróleo regional es también en el caso de Chechenia el tesoro preciado de los invasores.

El sangriento saldo de esta guerra económica revela que un 10% de la población chechena (100.000 civiles) ha muerto en los últimos nueve años por la intervención militar rusa. Más de 200.000 refugiados chechenos malviven en la actualidad en los campos de acogida de la vecina Ingushia, a merced no sólo de la extrema climatología (temperaturas de más de 20º bajo cero en invierno y asfixiante calor en verano) sino del terror generado por los soldados rusos.

La etapa represiva más reciente comenzó hace 9 años con el gobierno de Yeltsin, que desarrollo diversas ofensivas bélicas en la región. Desde el 1 de octubre de 1999 el gobierno de Putin, en lo que es considerado como la segunda parte de esta invasión, se puso como objetivo eliminar la resistencia chechena. El organismo de derechos humanos Human Rights Watch denunció, el 28 de febrero de 2002 en un informe de 51 páginas, lo que esa campaña militar suponía, asegurando que «las fuerzas rusas en Chechenia detienen arbitrariamente, torturan y matan a civiles en un clima de ilegalidad».

A partir de entonces, las acciones armadas guerrilleras contra objetivos rusos (ya sean militares o civiles) se han sucedido.

El control de los oleoductos que atraviesan la ex-república rusa transportando el petróleo de los campos de la región del Mar Caspio protagonizan la disputa entre EEUU, más los países occidentales con intereses en la zona, y Rusia. Es dificil conocer a fondo cual es el papel que las fuerzas políticas chechenas juegan en este entramado, si bien todo parece indicar que Chechenia es presa de manipulación permanente por parte de los países imperialistas, que no se preocupan lo más mínimo por los cadáveres que quedan en el camino. Así, el Gobierno de Putin apoyó la guerra norteamericana en Afganistán, a cambio de que EEUU, aliado de la «lucha antiterrorista internacional», ayudara a acabar con los rebeldes chechenos, entre otros puntos de un sustancioso paquete de acuerdos.

España es Rusia y Chechenia es Irak: La masacre imperial es la que habla

Las bombas caen sobre los países más débiles. Los ejérctos al servicio de los poderosos machacan inevitablemente pueblos enteros para defender los intereses imperialistas. Mientras tanto, la población de los países invasores se tapa los ojos y los oídos. No le gusta la guerra, pero mientras esté lejos o la vea por la tele, no hay mayor problema. La situación se complica cuando las bombas destruyen nuestras casas y matan a nuestros familiares y amigos. Entonces la población entiende que es hora de levantarse del sillón y actuar.

Las explosiones del 11 de marzo en Madrid, que se cobraron la vida de cerca de 200 personas, es un claro ejemplo de esto. El texto difundido por el Ministerio del Interior del video de una de las facciones de la red Al Qaeda, las Brigadas de Abu Hafs, reivindicando los atentados, planteaba que lo ocurrido «es una respuesta a vuestra colaboración con los criminales Bush y sus aliados. Esto es responde a los crímenes que habéis causado en el mundo y, en concreto, en Irak y en Afganistán, y habrá más si Dios quiere. (…) Si no parais vuestras injusticias, la sangre irá a más».

Ademas de lo expuesto en el vídeo, la agencia EFE informaba el 12 de marzo sobre un comunicado público de este grupo en el que celebraban haber «conseguido penetrar en la profundidad de la Cruzada europea, golpeando a uno de los pilares de los Cruzados y sus aliados: España, con un golpe doloroso. Es parte de un viejo ajuste de cuentas con el Cruzado España, aliado de (Norte) América en su guerra contra el islam».

«Cuando golpeamos a las tropas italianas en Naseriya ya enviamos a los lacayos de América una advertencia: retiraros de la alianza contra el islam. Pero no entendisteis el mensaje. Ahora ponemos los puntos sobre las íes. Esperamos que entendáis el mensaje», continuó.

Los civiles españoles entendieron el mensaje y votaron contra el gobierno de Aznar, el cual había metido las tropas en Irak y se negaba rotundamente a retirarlas, a pesar de que millones de personas se habían manifestado en contra de esa guerra. Fue su forma de actuar. Sin pretender sobrevalorar esa acción meramente electoral, sí entiendo que el cambio de gobierno debilitó en parte la cohesión imperialista en Irak.

Las Brigadas de Abu Hafs al Masri no se entristecieron por la muerte de civiles en el estado español. Al contrario, lanzaban la siguiente pregunta al mundo: «¿Es legítimo que ellos maten a nuestros niños, mujeres, ancianos, jóvenes en Afganistán, Irak, Palestina y Cachemira, mientras que es pecado que nosotros los matemos a ellos?.»

El gobierno ruso demuestra hoy en día que el respeto a la vida de un niño no es un fin sino un medio a instrumentalizar en favor de sus intereses de poder. El gobierno español demostró lo mismo con las acciones del 11M.

El comunicado de Al Qaeda terminaba con una propuesta de paz sencilla y clara. «Sacadnos las manos de encima, liberad nuestros presos y salid de nuestra tierra, os dejaremos en paz.»

Si algo nos enseñan algunos conflictos violentos que se viven hoy en el mundo, es que la sangre de los civiles de los países invasores no vale más que la de los civiles de los países invadidos. Y es innegable que en ocasiones, cuando los dominados hablan en el lenguaje de los dominadores, entonces hay avances en el campo de la justicia.

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