Recomiendo:
0

Cuando la «libertad de expresión» se traduce en delito de odio

Fuentes: Iran Review

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

[Los estadounidenses] Ven la ofensiva película que ha insultado a una de las religiones más antiguas, veneradas y populares a la luz de asesinato de su embajador y de otros miembros de su personal diplomático en el extranjero. Por supuesto, esta violencia no es aceptable, pero los políticos y medios de comunicación estadounidenses nunca han prestado la debida atención a la vergonzosa y escandalosa naturaleza de una película que retrata el islam como una religión represiva y a su sagrado profeta como un individuo depravado y corrupto; una película que con su lenguaje abyecto y terrible va dirigida contra las almas de 1.500 millones de musulmanes de todo el mundo.

«La inocencia de los musulmanes», producida por un hombre que se había emboscado en el silencio hasta la publicación del trailer de 13 minutos de de su película en Youtube, es una película que rebosa de un tono punzante y de retratos insultantes. Ha habido una enorme controversia acerca de la identidad del hombre que está detrás de la película. El pasado miércoles [19 de septiembre de 2012] Associated Press publicó una entrevista con un hombre identificado como ciudadano estadounidense-israelí llamado Sam Bacile que había producido la película con los donativos de cien patrocinadores judíos. El mismo día The Wall Street Journal publicó una entrevista a Bacile y lo identificó como el escritor y productor de la película.

Sin embargo, al día siguiente el WSJ publicaba una corrección señalando que «informaciones posteriores indican que el nombre es un pseudónimo». Posteriormente, algunos medios se referían al antiguo Sam Bacile como Nakoula Basseley Nakoula, nacido y educado en El Cairo, Egipto, y que después se trasladó a Cerritos, California. Investigaciones posteriores de los medios revelaron que el productor de la incendiaria película había estado utilizando muchos pseudónimos, entre los que se incluyen Nicola Bacily, Robert Bacily, Matthew Nekola, Daniel K. Caresman, Sobhi Bushra y Malid Ahlawi.

Lo que parece claro en los diferentes informes proporcionados por las agencias de noticias y periódicos es que el isrelo-estadounidense Sam Bacile es el mismo copto egipcio Nakoula Basseley Nakoula que ha asumido identidades ambiguas y equívocas para eludir las posibles consecuencias de la ira y la furia de los musulmanes. Curiosamente, los medios de comunicación masivos no han publicado ninguna foto suya. ¡Las búsquedas de imágenes en Google con las entradas «Sam Bacile» y «Nakoula Basseley Nakoula» remiten a las fotos de Terry Jones y del ex-embajador estadounidense en Libia Christopher Stevens! Solo hay una foto de un hombre que se supone es Nakoula Basseley Nakoula, sentado al lado de una mujer, pero nadie ha confirmado la veracidad de la foto.

Según el New York Daily News, el director de cine de 55 años fue condenado en 2010 por circulación de cheques en descubierto y condenado a 21 meses de cárcel, de los que cumplió un año y después fue puesto de libertad condicional. Un tribunal federal le prohibió utilizar internet durante cinco años.

Existen varias grabaciones de sus discursos en contra del islam que atestiguan su historial de ataques a los musulmanes en diferentes ocasiones. En la reciente entrevista de AP, el extremista director de cine califica al islam de «cáncer» y afirma que «Estados Unidos perdió mucho dinero y a mucha gente en las guerras en Iraq y Afganistán, pero estábamos luchando con ideas».

Con todo, aparte de la identidad y precedentes de este hombre profano, es indescriptible la profundidad del desastre que ha creado produciendo la película en contra del islam. Ha insultado a la personalidad más venerada y honrada del mundo musulmán que es considerada un intermediario entre la gente en la tierra y el Dios todopoderoso. La figura del Profeta es uno de los principales pilares del isla como fe proclamada universalmente y 1.500 millones de musulmanes de todas las razas, lengua y sectores creen que el Profeta Mahoma es el último profeta divino inspirado por Dios. Los musulmanes creen que el sagrado Corán es un milagro del Profeta Mahoma y que Alá dictó los versos de El Corán uno a uno al corazón del Profeta. Los musulmanes no tocan las palabras ni las páginas de El Corán sin haber hecho antes las abluciones religiosas adecuadas para decir los rezos o leer El Corán. Estas no son simples costumbres tradicionales sino creencias arraigadas en los corazones y las almas de los verdaderos creyentes.

La mayoría de los medios de comunicación y políticos estadounidenses han expresado su condena, pero, ¿la condena de qué? Han condenado la ola de violencia que ha barrido Oriente Próximo y el norte de África, y ha llevado al asesinato del embajador estadounidense en Libia y a otros ataques a las misiones diplomáticas estadounidense de todo el mundo, incluyendo India, Túnez, Yemen, Pakistán, Sudán e incluso países europeos como Grecia, Dinamarca y Bélgica. También se han pedido disculpas, pero no las han pedido los altos cargos estadounidenses por la publicación de la blasfema película que ha roto el corazón de millones de musulmanes, sino que las han pedido los dirigentes de algunos de los países en los que se han atacado las misiones diplomáticas estadounidenses.

Las acaloradas protestas de los musulmanes de todo el mundo, que la Secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton ha descalificado duramente, llegan como consecuencia natural de los terribles ataques de Estados Unidos y otras naciones occidentales al islam. Cuando estos abusan de manera flagrante del concepto de «libertad de expresión» es evidente que los musulmanes estallarán de ira y responderán con virulencia.

Durante mucho tiempo ha estado en marcha la campaña occidental contra los musulmanes, aunque en los últimos años ha aumentado y se ha revitalizado, especialmente después de los atentados del 11 de septiembre y cuando el presidente Bush declaró su Guerra contra el Terrorismo, que algunos comentaristas han considerado una Guerra contra el islam.

En septiembre de 2005 el periódico danés Jyllands-Posten publicó unas caricaturas ofensivas del Profeta Mahoma, lo que provocó una controversia mundial que duró varios meses.

En 2006 el legislador holandés de extrema derecha Geert Wilders produjo una película incendiaria e insultante titulada «Fitna» en la que dirigía acusaciones infundadas y extrañas contra el islam, incluyendo la afirmación de que el islam apoya la violencia y el terrorismo. Como escribía Kaiser Bengali enThe Express Tribune, «las ideas de Wilders tocaron la cuerda sensible de la política dominante por toda Europa. Francia y Bélgica prohibieron los velos que cubren el rostro y Suiza prohibió la construcción de nuevos minaretes tras celebrar un referéndum. Anders Breivik, un cristiano extremista noruego que mató a casi 80 personas a las afueras de Oslo para expresar sus sentimientos en contra del islam, había citado los puntos de vista en contra del islam de Wilders en un manifiesto publicado en internet».

Esporádicamente hubo otros ataques al islam y a los musulmanes hasta 2011 cuando un demente pastor de una iglesia evangélica en Estados Unidos llamado Terry Jones quemó algunos ejemplares del sagrado Corán en el aniversario de los atentados del 11 de septiembre y provocó la ira internacional. Posteriormente confesó en una entrevista que nunca había leído El Corán y ni siquiera conocía al Profeta Mahoma.

Y ahora los ataques contra el islam y los musulmanes se han manifestado en la forma de una película sacrílega que el comentarista neoconservador de The Wall Street Journal describió como una película que «nadie ha visto» y que describe al Profeta Mahoma «de una manera, digamos, poco halagüeña».

La reacción artera e hipócrita de los políticos y los medios de comunicación occidentales y su justificación de que la distribución y proyección de la película es aceptable según el valor de la «libertad de expresión» es un testimonio de que nunca han sido sinceros en sus declaraciones y que intencionadamente ni les importa ni prestan la debida atención a la sensibilidad de unos 1.500 millones de personas en todo el mundo.

Si la libertad de expresión es un valor universal entonces esta no se debería limitar cuando se critica a Israel y se habla del control que tiene sobre el Congreso y los medios de comunicación estadounidenses. En todo caso, la libertad de expresión occidental se ha vuelto a traducir en una espantosa y detestable forma de delito de odio y de blasfemia.

Fuente: http://www.iranreview.org/content/Documents/When-Freedom-of-Speech-Translates-into-Hate-Crime.htm