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Ecuador: La sonrisa y la esperanza

Fuentes: Rebelión

Amargura, rabia, esas son las palabras que mejor definirían la realidad que han vivido ciertos viejos políticos, ciertos empresarios, ciertos banqueros, ciertos representantes de esos banqueros en los medios de comunicación, ciertos dueños de medios de comunicación y ciertos «politólogos», en estos últimos tres días. En contraposición, a millones de personas les ha brotado una […]

Amargura, rabia, esas son las palabras que mejor definirían la realidad que han vivido ciertos viejos políticos, ciertos empresarios, ciertos banqueros, ciertos representantes de esos banqueros en los medios de comunicación, ciertos dueños de medios de comunicación y ciertos «politólogos», en estos últimos tres días.


En contraposición, a millones de personas les ha brotado una sonrisa franca, una sonrisa casi tan ancha como la esperanza, que al fin de cuentas en el Ecuador actual es sinónima de la sonrisa.

Desde hace muchos años que la sonrisa y la esperanza venían surgiendo en forma intermitente y desaparecían, asomaban en una esquina y se esfumaban en la neblina, brotaban desde el páramo y se ocultaban en la cangahua, amanecían en las carreteras y se desvanecían en los mares y aeropuertos, caminaban en la marcha y se arrepentían en las escaleras de los palacios, crecían en el oriente y llegaban demasiado rápido a occidente.

Sin embargo, esa obstinada necesidad de vivir y sobrevivir, de desandar caminos y volver a caminar, de imaginar futuros y reconstruirlos después de cada golpe, de soñar días mejores y despertarse creyendo que eran realidad, de pensar unidades donde había retazos, fueron construyendo el momento adecuado para que la sonrisa, o sea la esperanza, sean una imagen pensada en colectivo.

Qué es sino eso la próxima Asamblea Constituyente: Qué es sino una imagen de la sonrisa y la esperanza pensadas en colectivo, pensadas en comunidad, piedra bruta desbastada y bosquejada en minga. Por eso, nadie puede ser excluido ni autoexcluirse del camino, y mucho menos quienes en época de total sequía, sacaron el agua necesaria para que la sonrisa y la esperanza pudieran ir sobreviviendo

Ahora desde que juntas han logrado contagiar a millones de gentes que tienen algo menos que poco, no podemos dejar que se apaguen. Hay mucho que hacer para que la sonrisa y la esperanza algún día sean sinónimas de revolución, hay muchas dudas que sortear, muchas interrogantes, muchos errores, muchas contradicciones, muchas rivalidades personales, muchas rupturas, pero lo que no se debe ni se puede hacer, es poner esas piedras por delante del camino.

Si la sonrisa y la esperanza son ahora un peligro para los dueños y dueñas de las vitrinas, como no lo eran antes, es porque son contagiosas Si los señores y señoras del miedo comienzan a temerles, es porque van ocupando todos los lugares del camino, pero sobre todo porque son una imagen en colectivo, marchando en el camino. Si los excluyentes de toda la vida, aquellos que impusieron la amargura, ahora ruegan un diálogo, es porque están golpeados pero no están muertos.

Ojalá que el triunfo no empalague a la sonrisa y a la esperanza, ni las dudas pongan sal en las heridas que van cicatrizando. Caminemos en colectivo, nunca más que sonrientes, nunca más que esperanzados, nunca menos…
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