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Bush sigue las huellas de Pinochet

El 11 de septiembre: de Chile a Washington

Fuentes: Znet/UpsideDownWorld.org

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


Torturas, asesinatos, secuestros, prisiones secretas, campos de concentración, guerra, impunidad.

Es el legado de los abusos de los derechos humanos que lamentablemente nos deja el 11 de septiembre – un legado ejecutado primero por el ex dictador chileno Augusto Pinochet, y renovado más recientemente por un presidente igualmente culpable, George W. Bush.

El 35 aniversario del golpe del 11 de septiembre de 1973 respaldado por Washington en el que Pinochet derrocó al gobierno democráticamente elegido de Salvador Allende, y la subsiguiente «Guerra contra el Terrorismo» del general contra así llamados comunistas (que incluyeron a todo el que se opusiera a su sangriento régimen), ofrece un estándar para medir la «Guerra contra el Terrorismo» del presidente Bush, el legado de abusos contra los derechos humanos del Comandante en Jefe de EE.UU., así como de si y como podría enfrentar algún día a la justicia.

Los paralelos entre los crímenes de los dos regímenes son similares de un modo alarmante, aunque no hay que olvidar que Pinochet realizó muchos de sus crímenes con apoyo financiero, intelectual y político de Washington. El Washington Post escribió en 2004 que: «Las noticias de que oficiales de EE.UU. en servicio activo han apoyado oficialmente principios que otrora fueron propuestos por Augusto Pinochet conlleva vergüenza para la democracia estadounidense.» Dos años más tarde, Amnistía Internacional se hizo eco de la observación de The Post al acusar al presidente Bush de aprovechar páginas del guión de Punochet en su «aceptación de la tortura y su desprecio por las limitaciones legales.»

El vuelo del cóndor y del águila

«El primer 11 de septiembre fue un día en el que todo cambió en Latinoamérica. Fue el comienzo de una guerra total justificada como una ‘guerra contra el terrorismo,'» escribió John Dinges, antiguo corresponsal latinoamericano de The Washington Post y de Time, en su libro: «The Condor Years: How Pinochet and His Allies Brought Terrorism to Three Continents» [«Operación Cóndor: una década de terrorismo internacional en el Cono Sur»] El libro de Dinges saca a la luz los horrores ocultos tras el arma primordial de Pinochet en su «Guerra Prolongada»: una red secreta de seguridad creada con las dictaduras militares de la región, formada para capturar, asesinar, torturar y hacer desaparecer a presuntos «enemigos,» dondequiera estuvieran. Lo que llegó a ser llamado «Operación Cóndor» desató una era «en la que arrestos masivos, prisiones secretas, campos de concentración, incluso el uso de métodos de exterminio y crematorios son sólo comparables con las peores prácticas de la era nazi.»

Aunque la ayuda y la instigación a los crímenes de Pinochet por parte de Washington surgió de una «creencia engañosa en que la Guerra Fría no dejaba otra alternativa a Washington,» engaños similares respecto a la «Guerra contra el Terror» han permitido que el gobierno de Bush justifique el uso métodos idénticos criminales, e inhumanos.

En Iraq, que el presidente Bush ha descrito repetidamente como «el frente central en la guerra contra el terror,» a pesar de que la Comisión del 11-S concluyó que «no existe evidencia que conecte a Iraq» con al-Qaeda o con los ataques del 11-S, el número de víctimas puede ser más de 200 veces que el causado por Pinochet. Además, arrestos masivos de así llamados «sospechosos de terrorismo» en Iraq han llevado al apiñamiento de personas inocentes en prisiones. Según el Comité Internacional de la Cruz Roja, entre «un 70% y un 90% de las personas privadas de su libertad en Iraq han sido arrestadas por error.» La Cruz Roja también afirmó que la tortura de prisioneros en Abu Ghraib no fue, como sugirió el presidente Bush, «el crimen de unos pocos,» sino más bien política oficial.

Guantánamo, otra prisión en la que el gobierno de Bush aprobó la tortura en su «guerra total,» ha sido descrito por Marjorie Cohn, presidenta del Sindicato Nacional de Abogados, como «campo de concentración.» Esto podría explicar el motivo por el cual el presidente Bush impidió que expertos en derechos humanos de la ONU visitaran la prisión en 2005, tal como el gobierno de Pinochet anuló una investigación similar de la ONU hace 30 años. Y como Pinochet, la CIA bajo la dirección de Bush ha utilizado prisiones secretas, a los que también se refieren como «sitios ocultos», que The Washington Post ha descrito como «una red oculta de internamiento global [que] es un elemento central en la guerra inconvencional de la CIA contra el terrorismo.» Y en cuanto a la tortura, un método utilizado y justificado legalmente tanto por Bush como por Pinochet es el «waterboarding» [submarino].

Existe el caso de Maher Arar, ciudadano canadiense que fue víctima del programa de entregas extraordinarias del presidente Bush. Mahar, inocente de todo vínculo con terroristas, fue secuestrado y entregado a Siria, donde fue mantenido durante ocho meses. Testificó ante el Congreso en octubre de 2007 que fue mantenido en una celda de 1 metro por 2, sometido a registro al desnudo, encadenado, aherrojado y repetidamente golpeado con un cable eléctrico deshebrado.

«La tortura física y mental que viví durante ese tiempo sigue persiguiéndome a diario,» dijo Arar, destinatario de la condecoración The Letelier-Moffitt Human Rights Award, nombrada por el antiguo diplomático chileno y franco crítico de Pinochet, Orlando Letelier, y por la miembro de desarrollo del Instituto de Estudios Políticos, Ronni Karpen Moffitt, quienes fueron asesinados por agentes de Pinochet con una bomba colocada en su auto en las calles de Washington D.C. en septiembre de 1976.

Sin justicia no hay paz

Según el experto en derecho internacional Francis A. Boyle:

«La política exterior del gobierno de Bush constituye una continua actividad criminal bajo principios bien reconocidos del derecho internacional y del derecho interior de EE.UU., y en particular de la Carta de Nuremberg, el Veredicto de Nuremberg, y los Principios de Nuremberg, así como según el propio Reglamento 27-10 de Campo del Ejército sobre la Ley de Guerra Terrestre (1956) del Pentágono— y la responsabilidad criminal [de Bush] también tiene que ver con los crímenes de Nuremberg contra la humanidad y con crímenes así como graves violaciones de las Cuatro Convenciones de Ginebra de 1949 y las Regulaciones de La Haya de 1907 sobre guerra terrestre: Por ejemplo, tortura en Guantánamo, Bhagram, Abu Ghraib, y otros sitios; desapariciones forzadas, asesinatos, muertes, secuestros, entregas extraordinarias, «choque y pavor», uranio empobrecido, fósforo blanco, bombas de racimo, Faluya, y los tribunales ilegales en Guantánamo.»

Pero, como su predecesor Pinochet, que creó una ley de amnistía para proteger a su persona y a sus secuaces, Bush, con ayuda del Congreso, pudo lograr la misma proeza mediante la Ley de Comisiones Militares. Pero el hecho de que Pinochet haya sido arrestado en Londres como resultado de un pedido de extradición de un juez español por una lista de crímenes, incluida la tortura, debiera hacer pensar al presidente Bush y a sus co-conspiradores como ser Donald Rumsfeld, Dick Cheney, John Yoo y David Addington antes de partir de vacaciones fuera del país. William Schulz, jefe de la organización estadounidense de Amnistía Internacional, ha dicho que gobiernos extranjeros deberían investigar y enjuiciar a cualquier funcionario del gobierno de Bush responsable por la violación estadounidense de las Convenciones de Ginebra y de la Convención de la ONU Contra la Tortura.

«Me sorprendería mucho,» dijo William Aceves, profesor de derecho internacional en la Escuela de Derecho del Oeste en California, «si los responsables del gobierno que estuvieron involucrados en la redacción de los memorandos sobre la tortura, que tuvieron un papel en las políticas en Abu Ghraib y otros sitios, no vayan a tener mucho cuidado respecto a sus viajes al extranjero.»

Pero existe un motivo por el cual el gobierno de Bush se niega a ratificar el Tribunal Penal Internacional, y por el cual Bush, con el Congreso, aprobaron la «Ley de Invasión de La Haya («Hague Invasion Act»), que permite el uso de la fuerza militar para «liberar» a cualquier ciudadano de EE.UU. llevado ante los tribunales por una acusación. Aunque el arresto de Pinochet y sus enjuiciamientos en Chile ofrecieron un rayo de esperanza para algunos, el hecho de que haya muerto antes de enfrentar a la justicia por sus crímenes debería ser un recuerdo sobrio de que la impunidad es la ley que rige en el globo para los poderosos. En este momento de la historia sería ingenuo pensar que Washington permitiría que alguien como el presidente Bush fuera arrestado y juzgado por crímenes contra la humanidad, no importa lo culpable que sea – la Ley La Haya lo prueba.

Michael Mandel, profesor de derecho y autor de: «How America Gets away with Murder: Illegal Wars, Collateral Damage and Crimes Against Humanity» [Como EE.UU. se permite cualquier cosa: Guerras ilegales, daño colateral y crímenes contra la humanidad] lo describe mejor cuando escribe que: «El verdadero Precedente Pinochet es que el derecho criminal internacional, a pesar de todos sus dramáticos pronunciamientos y precedentes, siempre sabrá como distinguir entre procesos útiles y problemáticos, entre amigos y enemigos, entre ‘nuestros’ criminales de guerra, y los de ellos.»

Esto es inaceptable. En este aniversario del 11 de septiembre, para honorar a la gente inocente muerta y torturada, los estadounidenses debieran gritar de viva voz «¡Basta ya!» con sus palabras y sus acciones, como ciudadanos del país responsable en gran parte por la perpetuación de los aspectos injustos del sistema global de justicia.

Sólo cuando los derechos humanos y la justicia triunfen sobre la impunidad habrá paz. Y si esto sucede, tal vez podría ser llamado el Precedente Bush.

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Cyril Mychalejko es editor en UpsideDownWorld.org, un sitio en la Red que cubre el activismo y la política en Latinoamérica.

URL: http://www.zcommunications.org/znet/viewArticle/18807