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El inteligente movimiento de Rusia hacia Asia

Fuentes: Resource Crisis

Traducido del inglés por Carlos Valmaseda

La profesora Tatiana Yugay, de la Universidad Estatal de Moscú de Economía, informa desde San Petersburgo sobre el reciente acuerdo ruso-chino

En mi anterior post en el blog de Ugo Bardi, sugerí que «Rusia pero no los EEUU han estado girando hacia Asia ahora mismo». Desde entonces varios acontecimientos clave se han producido en la arena asiática, como la exitosa visita de Vladimir Putin a China y la conclusión de un mega-acuerdo de 400 mil millones de dólares entre la rusa Gazprom y la china CNPC junto a otros 50 acuerdos importantes, las maniobras conjuntas de las armadas de Rusia y China en el mar del Este de China y la visita de Obama al Este de Asia para alertar a sus aliados asiáticos. Último, pero no menos importante, la firma del Tratado para la Fundación de la Unión Económica Euroasiática tuvo lugar en Astana a finales de mayo.

Los pasados 23 y 24 de mayo tuve la oportunidad de participar en el Foro de los Economistas Líderes de Rusia y China que albergó la Universidad Estatal de Economía de Sant Petersburgo. Por una feliz coincidencia, el Foro tuvo lugar justo después de la conclusión del acuerdo de gas del milenio entre los dos países y, además, coincidió con el Foro Económico Internacional de Sant Petersburgo. Aunque nuestro evento era mucho más modesto, todos los participantes sintieron su implicación en desarrollos geopolíticos destacados. La atmósfera fue muy vibrante, amistosa y en cierto sentido triunfal. De hecho, nos sentimos como si estuviésemos participando en el Fóro Económico Internacional de Sant Petersburgo dado que la agenda de ambos foros se solapaba en cierto sentido, incluyendo un tema clave de la colaboración ecónomica estratégica ruso-china.

No hace falta decir que el acuerdo del gas estaba en boca de todos. Quedé agradablemente sorprendida de que la actitud de los ponentes chinos fuese muy similar a mi propia visión. Esta claro que las comunidades científicas de ambos países son más libres para expresar sus puntos de vista que el liderazgo político. Recientemente, los políticos rusos no dudaron en expresar sus opiniones en términos fuertes y sarcásticos y al público general le gustó que lo hiciese. Por otra parte, el liderazgo chino es más cuidadoso con sus palabras y expresa su posición bastante indirectamente. Por el contrario, los ponentes chinos en nuestro foro eran incluso más duros cuando expresaban sus actitudes hacia la política de los EEUU que sus colegas rusos. Acusaban a los EEUU del «nuevo regionalismo» dirigido a excluir a China y a Rusia de la conformación de las nuevas reglas de comercio internacional en el marco del Acuerdo de Colaboración Trans-Pacífico (TPP) y el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP). Tanto los participantes rusos como los chinos estuvieron de acuerdo en que el dominio de los EEUU desestabiliza el mundo y ejerce una amenaza directa a la seguridad nacional de nuestros países.

En mi presentación, suponía que Rusia y China deberían dar respuestas geoeconómicas asimétricas a las últimas amenazas geopolíticas, evitando la confrontación directa. Dado que los EEUU siguen siendo más fuertes económica, política y miltarmente que China y Rusia y, principalmente, porque los tres países son miembros del club nuclear y el mundo está ya balanceándose peligrosamente en el umbral de la guerra mundial.

En mi opinión, las respuestas asimétricas suaves no deberían dirigirse directamente a un adversario potencial sino que deberían representar estrategias elaboradas con el objetivo de crear configuraciones internacionales o formas alternativas de salidas a una situación de crisis. En estos últimos días, Rusia ha estado dirigiendo con maestría este tipo de soluciones a largo plazo. En lugar de implicarse en un juego estéril de sanciones ojo por ojo, Rusia ha estado forjando su giro asiático-pacífico.

Antes de alcanzar el acuerdo de mega-gas y justo después, no faltaron especulaciones sobre su significado político. Una idea clave repetida era que China tenía una baza ganadora a causa de las sanciones occidentales contra Rusia. Los comentaristas suponían que Putin iba a China como suplicante y se vería forzado a someterse a las duras condiciones chinas. Hablando francamente, yo estaba seriamente preocupada cuando al final del primer día de su visita el contrato no estaba firmado y vi la cara seria de Putin. La tensión siguió al día siguiente y solo por la tarde se anunció que el acuerdo estaba cerrado. Sin embargo, seguía quedando una especie de ambigüedad sobre el precio del gas que podría servir como el principal indicador de quién tenía la mejor mano. Gazprom ve el precio como un secreto comercial y no lo reveló. Por tanto la comunidad de analistas tanto en Occidente como en Rusia hizo un montón de conjeturas. Una simple operación matemática supone que si se conocen el precio total (400 mil millones de dólares) y la cantidad (38 mil millones de metros cúbicos) entonces el precio medio puede ser 350 dólares por 1000 metros cúbicos.

Los comentaristas occidentales se apresuraron a aceptar que «Dados los costes anunciados hasta ahora, este proyecto proporciona un retorno por debajo de la media para Gazprom bajo las condiciones de hoy: quizá una cifra de un solo dígito alta o una cifra de dos dígitos baja. Este no será el proyecto más provechoso de Gazprom». Sin embargo, el jefe del departamento de exportaciones de Gazprom Alexander Medvedev dijo que el precio del gas estaría muy por encima de los 350 dólares por 1.000 metros cúbicos. Así, Gazprom y China tienen un acuerdo preliminar sobre un pago por adelantado de 25 mil millones de dólares para suministro de gas. Konstantin Simonov, director general de la Fundación para la Seguridad Energética Nacional, piensa que el precio de etiqueta ampliamente difundido de 350 por 1.000 m3 es una simple simplificación excesiva. Explicó que según el contrato, los suministros de gas ruso vía la ruta Este alcanzarán la plena capacidad de 38 bcm al año solo tras el quinto año de suministros. Durante los primeros cinco años las entregas serán solo de 16 bcm anuales. Esto significa que el suministro total de gas sobrepasará los tres billones de metros cúbicos y el precio estará cerca de los 390 dólares.

Importante para Rusia: el acuerdo incluye una fórmula de precio base con referencia a los precios del petróleo. Rusia estaba decidida a proteger esta fórmula de precios a pesar de la dura resistencia de China. El precio de las ventas de gas de Rusia a Europa se basa en una fórmula de referencia al precio del petróleo. Dados los altos precios del petróleo, la fórmula de precios basada en el petróleo para el gas natural permite a Rusia vender su gas a un precio más alto que si estuviese basado en los precios de gas natural del mercado al contado [spot-market]. Por otra parte, los analistas de RBC Capital Markets dijeron que los términos empleados darán a China un suministro constante de gas de gaseoductos a un precio entre 25-40% menor que el precio actual de importar gas natural licuado de ultramar. Por tanto el acuerdo es beneficioso para ambas partes.

Gazprom espera que el contrato con China afectará a los precios del gas en el mercado europeo, dijo Aleksey Miller, presidente de Gazprom, en el Foro Económico Internacional de Sant Petersburgo. «En primer lugar, suponemos que la firma de este contrato afectará a los precios europeos del gas. En segundo lugar, la competencia por los recursos de gas rusos empezó ayer», dijo Miller. «El mercado de Asia-Pacífico no solo es el mayor y dominante, sino que es el mercado de Asia-Pacífico el que está influyendo en los mercados europeos y norteamericanos.»

Una visión geopolítica más importante del acuerdo del gas es la expresada por Ulson Gunnar: «Finalmente la cooperación constructiva de Rusia y China sobre la energía concluida sin integración territorial, económica o legal, dará una mayor credibilidad a un orden futuro global multipolar, exponiendo simultáneamente las deficiencias, incluso locuras, del sistema unipolar de Occidente de perseguir la hegemonía mediante una integración global costosa y en última instancia insostenible».

Inmediatamente después de alcanzarse el acuerdo que había sido apodado mucho antes por los medios de comunicación de Occidente como el Santo Grial de Putin, fue etiquetado como el Giro asiático de Rusia. Como señala Patrick L. Young, «Puesto en perspectiva, aunque es un acuerdo enorme se espera que sea solo alrededor del 10 por ciento de la demanda china par 2020 (según Nomura). Esto significa que hay mucho más alcance para que Rusia aumente su oferta en su momento. El giro de Rusia a los mercados crecientes del este va a toda marcha».

Hablando con propiedad, firmar un acuerdo gasista no era el inicio sino un espectacular escaparate de un proceso de retorno de Rusia al Pacíficomuy cuidadosa y plenamente ajustado. El acuerdo era solo una última pieza de esmalte que hizo visible la totalidad del mosaico al público general. De hecho, la comunidad de analistas occidental ha estado alertando a sus gobiernos sobre el potencial cambio de Rusia hacia el Este mucho antes de la crisis ucraniana e incluso antes de la reelección de Putin.

Gazprom y CNPC habían estado negociando el acuerdo del gas durante toda una década, y cuando finalmente se terminó Rusia había conseguido concluir toda una serie de acuerdos comerciales con otros estados del noreste. También. Otro proyecto emblemático es conectar doblemente las Coreas del Norte y el Sur mediante gasoductos y ferrocariles. El 5 de junio, el ministro para el desarrollo del Lejano Oriente Ruso, Aleksandr Galushka, anunció el plan para extender el Ferrocarril Transiberiano para proporcionar un enlace entre la península de Corea y Europa. El enlace extenderá el mayor ferrocarril dle mundo y hará de Rusia una ruta de tránsito principal entre Europa y Asia. Enviar por ferrocarril es casi 3 veces más rápido que a través del Canal de Suez, dijo el presidente de los ferrocarriles rusos Vladimir Bakunin.

La cooperación entre las dos Coreas en el ferrocarril podría llevar a un compromiso en un plan largamente aplazado de construcción de gasoductos y conectar ambas Coreas con el gas ruso. Gazprom de Rusia y el Ministro de energía de la RPD de Corea han alcanzado un acuerdo para construir un gasoducto que entrará en la RPDC en el cruce de Khasan del río Tumen en la frontera Rusia-RPDC. El gasoducto se extendería a lo largo de toda la RPDC hasta la República de Corea (Korean Gas Co.). Corea del Sur es el décimo mayor consumidor de energía del mundo y el segundo mayor importador de gas natural licuado (GNL). Rusia acordó primero exportar GNL a Corea del Sur en 2005, y los acuerdos de este año incluyen el apoyo de Corea del Sur a la modernización de la flota de GNL y la inversión en el desarrollo del Lejano Oriente ruso. Seúl está especialmente interesada en la cooperación con Rusia como alternativa a las cercanas China y Japón. Rusia está idealmente posicionada para exportar a Corea del Sur por la proximidad de las dos.

Para impulsar los acuerdos, Vladimir Putin firmó recientemente una ley para cancelar la mayor parte de los préstamos de la era soviética de la RPDC. Rusia perdonará el 90 por ciento de la deuda de Corea del Norte de la era soviética, dejando mil millones de dólares a ser devueltos sin intereses en los próximos 20-40 años. Así, Corea del Norte garantizará a las empresas rusas el acceso a sus recursos naturales a cambio de importaciones e inversiones. En enero, una empresa de capital privado basada en Gran Bretaña, SRE Minerals Limited, dijo que Corea del Norte posee los mayores depósitos de óxidos de tierras raras del mundo, una cantidad de aproximadamente 216 millones de toneladas. Las tierras raras se pueden utilizar en muchas tecnologías sofisticadas, desde teléfonos móviles a misiles guiados.

Durante su visita de cuatro días a Vietnam y Corea del Sur en noviembre de 2013, Putin firmó una serie de documentos para aumentar la cooperación de Rusia con Hanoi y Seúl en los sectores económico, energético, militar y humanitario. Así, Rusia ayudará a Vietnam con la extracción de hidrocarburos y posiblemente venderá GNL a Vietnam, junto con su apoyo continuado a la armada vietnamita y a la industria nuclear. La costa de Vietnam es accesible desde los puertos del Lejano Oriente de Rusia. Por esa razón, Rusia ve a Vietnam como un socio energético atractivo no solamente por sí mismo sino también como puerta de entrada para las exportaciones rusas en otras naciones del sudeste asiático. Usar Vietnam como corredor al sudeste de Asia permitiría a Rusia diversificar su comercio energético y evitar la dependencia excesiva de las exportaciones chinas.

India es un antiguo socio comercial y un leal aliado político que ha apoyado abiertamente a Rusa en la crisis de Ucrania. Ambos países están implicados en cooperación militar de alta tecnología y Rusia es el máximo proveedor de armas a India. Sorprendentemente, sin embargo, su cooperación en energía ha tenido un caracter aleatorio. Una de las mayores barreras para una mayor cooperación en energía entre India y Rusia -especialmente en petróleo- es la falta de infraestructuras para el transporte de crudo. Actualmente, Rusia y la India están negociando la construcción de un oleoducto de 30 mil millones de dólares -el más caro de la historia- para conectar la región montañosa del Altai en Rusia con la provincia de Xinjiang en el noroeste de China y desde allí al norte de la India. India también puede estar interesada en comprar GNL a Gazprom de la terminal de Sakhalin-2. Actualmente, el principal beneficiario de Sakhalin-2 es Japón. Una nueva planta de GNL en Vladivostok tiene como objetivo enviar por barco 10 millones de toneladas a partir de 2018 y estará conectada con centros de producción de gas continental como Yakutia y Irkutsk. Novatek, el mayor productor de gas privado de Rusia, ha iniciado otro proyecto de GNL en la península de Yamal. Empezará produciendo GNL en 2016 y suministrará 16,5 millones de toneladas por año del combustible enviado mediante barcos metaneros para 2018.

Naturalmente, el giro iniciado de Rusia hacia Asia no ha sido bien recibido en absoluto en Occidente. Gal Luft en un característico artículo «¿Puede América detener el ‘giro’ energético de Rusia hacia Asia?» da al liderazgo de los EEUU consejos sobre cómo detener a Rusia. Están tan anticuados que no puedo evitar el placer de citarlos. 1) «como garante de la seguridad de Corea del Sur, Washington debería plantear públicamente una fuerte posición contra el gasoducto Rusia-Corea». 2) «Washington debería convencer a sus aliados asiáticos de que está comprometido en llegar a ser un país líder en la exportación de energía y un jugador importante en el sistema mundial de comercio de energía». 3) los EEUU «deberían aumentar la cooperación con Asia en gas no convencional. China posee las mayores reservas de shale del mundo. Japón es un líder mundial en el desarrollo de los hidratos de metano.» 4) los EEUU «deberían apoyar medidas dirigidas a reducir los precios del GNL en Asia-Pacífico para hacer el GNL más competitivo con el gas de gasoducto ruso». De hecho, los puntos 2-4 se pueden reducir a uno solo: ¡shale, shale y shale!

Los EEUU han creado todo este caos en Ucrania para promocionar su gas de esquisto [shale] en la UE y, supuestamente, para extraerlo en el este de Ucrania. Por eso los consejeros militares estadounidenses trabajan sin descanso en las provincias rebeldes del este. Es díficil creer que ofrezcan vender el futuro de este mismo gas no solo a Europa sino también a Asia. En Rusia decimos «contar con la piel del oso antes de cazarlo». En mi post anterior citaba el artículo de Gail Tverberg «El absurdo de las exportaciones de gas natural estadounidense», donde la autora explica por qué la cruzada del gas de América a Europa está mal intencionado no solo contra Rusia, sino contra Europa también. El 5 de junio, tras la reunión del G7 en Bruselas, el presidente de la Comisión Europea José Manuel Barroso dejó claro que la UE no puede crear «la ilusión de que el gas de los EEUU va a solucionar nuestros problemas». De hecho, en lugar de contener el giro de Rusia, los EEUU y la UE han estado haciendo todo lo posible para impulsarlo. Todavía está en curso una ridícula campaña de sanciones. El último intento suicida de la UE fue cancelar la construcción del gasoducto South Stream que evita Ucrania.

Durante los últimos años, Rusia ha estado empeñada en fortalecer la seguridad energética europea y disminuir la dependencia de los mercados del sur de Europa de las vicisitudes del tránsito del gas a través de la inestable Ucrania. De acuerdo con su lógica difusa, la Comisión Europea le dijo a Bulgaria que suspendiese los trabajos preparatorios para el South Stream, puesto que podrían dañar la seguridad energética de la UE. Irónicamente, todo esta pataleta tiene lugar justo en el momento en el que la UE, Rusia y Ucrania están intentado resolver la crisis de deuda de 3,5 mil millones de dólares, ya que Ucrania no ha pagado el gas ruso durante meses. Putin ha enviado dos cartas a los líderes europeos avisándoles de que en caso de que continuen los impagos Gazprom se vería forzada a suspender los envíos a Ucrania. La historia reciente nos enseña que en tal caso esta última simplemente empezará a robar el gas del gasoducto de tránsito. Tras duras conversaciones, Ucrania ha pagado un tercio de la deuda. Lo que me hace reir es que el mismo Comisario de energía de la UE Guenter Oettinger, quien ha sido el principal árbitro en el caso de la deuda, ha anunciado el bloqueo de South Stream. Tras conversaciones trilaterales en Bruselas, el presidente de Gazprom Miller ha declarado: «La CE no puede detener la construcción. Nadie puede impedir que la construyamos. Nuestra respuesta es muy simple. En diciembre de 2015 el primer gas a lo largo de la sección marina bajo el Mar Negro llegará a Bulgaria y la Unión Europea.»

Mientras Occidente entiende que no puede revertir el cambio de Rusia hacia el este, está profundamente preocupado por otro «sueño» de Putin que se ha estado convirtiendo en realidad estos días. Tras el colapso de la URSS, Rusia ha estado buscando restaurar gradualmente las relaciones económicas y políticas en el territorio postsoviético en el marco de la Unión Económica Euroasiática y la Unión Aduanera. A finales de 2011, Vladimir Putin, entonces Primer ministro de Rusia, publicó un artículo titulado: «Un nuevo proyecto de integración para Eurasia: el futuro en marcha» (Izvestia, 3 de octubre de 2011). En él revelaba su visión de un mayor desarrollo de la cooperación euroasiática. Una reacción enojada del otro lado del Atlántico no tardó en llegar. La antigua Secretaria de Estado de los EEUU Hillary Clinton se refirió al proyecto como «un movimiento para resovietizar la región». Aun reconociendo que la Unión Euroasiática no se llamará «Unión Soviética» también remarcaba: «no nos equivoquemos sobre esto. Sabemos cuál es el objetivo y estamos intentando descubrir vías efectivas para ralentizarlo o impedirlo.» ¿Llegó a cumplirse su ominosa amenaza?

El 29 de mayo los presidentes de Rusia, Bielorusia y Kazajistán firmaron el Tratado para la Creación de la Unión Económica Euroasiática en Astaná, que entrará en efecto en enero del 2015. El objetivo es crear un mercado común entre los tres países con una población total de más de 170 millones, con libre movimiento de capital, bienes, servicios y mano de obra. Kirguizistán y Armenia están preparadas para unirse al Tratado en un futuro próximo. Mientras tanto, Vietnam y Turquía están negociando unirse a la Unión Aduanera. Tras la ceremonia de firma, el presidente de Kazajistán Nursultán Nazarbayev, quien albergaba el evento, dijo: «está naciendo una nueva realidad geopolítica del siglo XXI».

No sorprende en absoluto que los comentarios sobre el establecimiento de la Unión Económica Euroasiática fuesen más bien agresivos. Etiquetaron a la UEE como un «Nuevo Imperio Ruso» o una «Nueva Unión Soviética». Predijeron su fracaso, principalmente por la ausencia de Ucrania. Neil MacFarquharmay escribió un post titulado sarcásticamente: «Rusia y dos vecinos forma una Unión Económica que tiene un agujero del tamaño de Ucrania». En él escribe: «Algunos analistas sugieren que la pérdida de Ucrania como miembro potencial fue la sentencia de muerte para la Unión Económica Euroasiática. A una escala puramente económica, perder Ucrania significaba perder un mercado de más de 40 millones de personas. Ucrania también proporcionaba diversidad económica al emparejarse con los dos exportadores de energía».

¿Es Ucrania tan crucial para el proyecto euroasiático? Para comprender la lógica de la reacción occidental ante los acontecimientos en Ucrania, volvamos a «El gran tablero de ajedrez: la primacía americana y sus imperativos geoestratégicos», un libro de texto para los presidentes estadounidenses escrito por Zbigniew Brzezinski. Las cuatro frases clave son: 1)»Para los EEUU, el principal premio geopolítico es Eurasia», 2) «Un poder que dominase Eurasia controlaría dos de las tres regiones más avanzadas y económicamente productivas». 3) «el nuevo orden mundial bajo la hegemonía de los Estados Unidos está creado contra Rusia y sobre los fragmentos de Rusia». 4) «Sin Ucrania Rusia deja de ser un imperio, mientras que con Ucrania, primero comprada y luego sumisa, se convierte automáticamente en un imperio». Siguiendo estas claras instrucciones, el liderazgo de los EEUU ha empezado una campaña para separar a Ucrania de Rusia y de paso vender la idea del gas de esquisto.

En mi opinión, Brzezinski y sus adeptos han estado sobreestimando la importancia de Ucrania para el éxito de una integración euroasiática. Aunque Ucrania es muy importante emocionalmente para los rusos, desde los puntos de vista político y económico está muy claro que ha ido derivando hacia occidente. Si vemos la gráfica, podemos ver que Ucrania no formó parte de la Unión Aduanera y se salió del Espacio Económico Común en una etapa temprana. Inicialmente, Rusia no era tan fuerte económicamente como para dar al país un apoyo considerable o para competir con las ONGs estadounidenses para sobornar a la élite local. Cuando a Rusia empezó a irle bien y empezó a invertir en Ucrania, estos últimos se corrompieron y se acostumbraron a ordeñar dos vacas. Mientras tanto, una división fatal Este-Oeste ha estado corroyendo el país desde dentro. Mientras mantenía viejas relaciones de cooperación con las regiones industriales del este de Ucrania, Rusia desarrolló poco a poco sus propias industrias para sustituir las importaciones ucranianas. Finalmente, la construcción de los gasoductos North y South Stream tenían como objetivo disminuir el tránsito de gas a través de Ucrania. Sin embargo, Ucrania seguirá siendo siempre una fuente de preocupación política, de seguridad y humanitaria para el liderazgo ruso.

Source: http://epthinktank.eu

No puedo responder mejor a aquellos que hablan de ambiciones imperiales de Putin que Mark Adomanis, quien dice: «Sin caer en la kremlinología de tebeo, creo que es digno de atención e importante que Putin haya estado defendiendo oficialmente pública y enérgicamente un amplio programa de neoliberalismo tecnocrático: armonizando regulaciones, disminuyendo las barreras al comercio, reduciendo tarifas, eliminando controles fronterizos innecesarios, impulsando la eficiencia y promoviendo el libre movimiento de personas y bienes. Incluso aunque no sea plenamente sincero, la aceptación de estas políticas es saludable.»

Último pero no menos importante, un importante subproducto del giro asiático es un mayor socavamiento del dominio del dólar, puesto que según el megaacuerdo del gas y otros acuerdos ruso-chinos se usarán rublos o yuanes en los pagos mútuos. La facturación comercial dentro de la UEE se llevará a cabo en rublos, así como en los acuerdos norcoreanos.

Fuente: http://cassandralegacy.blogspot.com/2014/06/russias-smart-move-to-asia.html