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Panamá

Enriquecimiento enloquecido de una pequeña oligarquía

Fuentes: El Grano de Arena

El capitalismo es una forma de organización social llena de contradicciones y conflictos. En su proceso de crecimiento y expansión, ha tenido que reprimir pueblos y destruir culturas a escala global. Sus ideólogos lo llaman «progreso». Según la prensa de EEUU, la civilización más antigua del planeta – China – esclaviza a millones de trabajadores […]

El capitalismo es una forma de organización social llena de contradicciones y conflictos. En su proceso de crecimiento y expansión, ha tenido que reprimir pueblos y destruir culturas a escala global. Sus ideólogos lo llaman «progreso». Según la prensa de EEUU, la civilización más antigua del planeta – China – esclaviza a millones de trabajadores para garantizar las tasas de ganancia de los inversionistas. En Europa se promueven políticas fascistas para resistir la decadencia de sus economías. En EEUU los campos de tortura ya son aceptados por los medios de comunicación.

En Panamá desde hace varios lustros la población tiende a empobrecerse. Los trabajadores pierden sus empleos y, en su lugar, aparece el empleo informal. El sistema educativo se encuentra en un estado de colapso, con deserciones y fracasos escolares aumentando. Los gobernantes responsabilizan a «educadores, estudiantes y padres de familia» de la situación caótica que reina en el país.

Los servicios de salud han sido desmantelados por los gobiernos de turno, reduciendo los presupuestos y permitiendo que enfermedades antes erradicadas regresen creando zozobra en la familia panameña. El desgreño administrativo ha causado muertes sin que se asuma la responsabilidad correspondiente.

Las comunidades – en la capital y en el interior – han sido abandonadas a una agresivo ataque especulador que ha disminuido la calidad de vida de la gente. La corrupción se ha adueñado de la administración pública y privada.

Los discursos políticos mantienen su coherencia. Mientras que los candidatos que se perfilan para las elecciones de 2009 hablan de los logros de sus gestiones, sus asesores acusan a los trabajadores de la pobreza y de la inestabilidad social en que se encuentra el país. Recientemente, un editorial señaló que «es cierto que el costo de la vida está subiendo, pero ninguno de los grupos que promueve la agitación social puede negar que el gobierno y la empresa privada se han involucrado para reducir los impactos de la crisis». ¿Cómo?

Las organizaciones sociales que anunciaron una huelga para el mes de agosto fueron acusadas de «malintencionadas». Además, según los gobernantes, «las dirigencias que la convocan no tienen razones, ni excusas para justificar no ir a trabajar».

Casi el 50 por ciento de los panameños viven en la pobreza y los editoriales del gobierno dicen que «no hay que sorprenderse si se descubre que detrás de la mayoría de los dirigentes beligerantes, hay vinculaciones con partidos políticos, nexos con campañas proselitistas y redes de conspiración con estructuras clandestinas y financiamientos dudosos». ¿Insinúa que el Partido Panameñista está conspirando con el pueblo en contra del presidente Torrijos? O ¿serán los precandidatos del PRD que conspiran con los sindicatos contra los políticos de la oposición? Se ha perdido toda esperanza de que el presidente Torrijos pueda introducir correctivos a sus políticas equivocadas. Debe entregar el poder en junio de 2009.

El PRD y la oposición deben sacar la cabeza de la arena y mirar a su alrededor. Las políticas neoliberales han creado enormes contradicciones en medio del enriquecimiento enloquecido (lleno de conflictos) de una pequeña oligarquía especuladora. Están cavando, a mediano plazo, su propia derrota y creando condiciones para una recuperación nacional muy difícil a largo plazo.

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Marco A. Gandásegui, hijo (Profesor de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA)