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Hans Küng: «Aunque aún no estoy domesticado, busco la rehabilitación»

Fuentes: El Mundo

Hans Küng (Sursee, Suiza, 1928) es uno de los grandes pensadores contemporáneos y ha sido la bestia negra de la disidencia teológica durante todo el largo pontificado de Juan Pablo II. Pero, ahora, en el solio pontificio está el Papa Ratzinger, que, además de ser alemán, fue su amigo. Y Küng, a sus 78 años, […]

Hans Küng (Sursee, Suiza, 1928) es uno de los grandes pensadores contemporáneos y ha sido la bestia negra de la disidencia teológica durante todo el largo pontificado de Juan Pablo II. Pero, ahora, en el solio pontificio está el Papa Ratzinger, que, además de ser alemán, fue su amigo. Y Küng, a sus 78 años, quiere volver al redil y pide al amigo Papa la «rehabilitación». Sin dejar de mostrar algunos desacuerdos doctrinales.

En una amplia entrevista concedida a la revista cristiana 21rs, el teólogo suizo reconoce: «Estoy buscando la rehabilitación, aunque mi rehabilitación personal no sea lo más importante». Pero sin claudicar del todo y manteniendo unos márgenes razonables de disidencia. «Nadie me ha domesticado», dice.

Reconoce las cosas buenas que, a su juicio, está haciendo el Papa. Por ejemplo, «que no sea un Papa de los medios, un Papa del espectáculo». Pero «también mantengo mis diferencias con él en temas como el celibato opcional, el papel de la mujer, las relaciones prematrimoniales, etc.».

Küng quiere, pues, volver al redil, pero no aspira a ningún otro tipo de reconocimientos u honores. Por ejemplo, el cardenalato. «La púrpura nunca ha sido ni va a ser mi objetivo en la vida». Y aunque, otros grandes teólogos, como Yves Congar o Urs von Baltasar, la consiguieron al final de sus vidas, él considera que «sería un signo evidente de que el lobo habría perdido sus colmillos».

El teólogo sigue sosteniendo que «no es posible un mundo ateo». A su juicio, «el laicismo se está mostrando insuficiente» y «vamos hacia sistemas pluralistas que aglutinen a los ciudadanos en torno a valores éticos fundamentales».

De ahí la importancia que sigue concediendo al papel de las religiones. Según Küng, «no es posible la paz entre las naciones sin paz entre las religiones. La convivencia es imposible si las religiones no dialogan».

En su último libro, El islam, historia, presente y futuro (Editorial Trotta), Küng analiza en profundidad la religión del Corán y reconoce que «le hace falta un Concilio Vaticano II» y «una autoridad unificadora», una especie de Papa del islam o «un califa universal» del islamismo.

En sus declaraciones a 21rs, Küng critica también la situación de la mujer en el universo religioso, arremete contra la «Iglesia de fachada» y asegura que «la falta de vocaciones sacerdotales se debe fundamentalmente a la ley del celibato».