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La crisis iraní

Fuentes: Znet

La actual convulsión en la diplomacia occidental se convertirá, probablemente, en plataforma para el lanzamiento de misiles a Irán. Los ataques aéreos sobre objetivos iraníes son muy probables. Aún así, muchos estadounidenses antiguerra parecen ansiosos de creer que eso no ocurrirá. Ilusión nº 1: Con las tropas de EEUU empantanadas en Irak, el Pentágono no […]

La actual convulsión en la diplomacia occidental se convertirá, probablemente, en plataforma para el lanzamiento de misiles a Irán.

Los ataques aéreos sobre objetivos iraníes son muy probables. Aún así, muchos estadounidenses antiguerra parecen ansiosos de creer que eso no ocurrirá.

Ilusión nº 1: Con las tropas de EEUU empantanadas en Irak, el Pentágono no está en situación de avanzar sobre Irán.

Sin embargo, lo que se dibuja en el horizonte no es una invasión sino un asalto aéreo de envergadura que el ejército estadounidense puede infligir fácilmente en objetivos iraníes. (Y, si la tarea recae sobre el ejército israelí, éste está igualmente bien equipado para bombardear a Irán.)

Ilusión nº 2: El gobierno de Bush está en tales dificultades políticas domésticas — por razones que incluyen sus mentiras acerca de las armas de destrucción masiva iraquíes — que no se arriesgaría al alboroto subsiguiente a un ataque a Irán.

Pero la Casa Blanca ha estado preparando gradualmente el terreno de la política doméstica para un bombardeo a Irán. Como el Wall Street Journal informó el 3 de febrero, «en encuestas recientes, un sorprendentemente grande número de estadounidenses dice que apoyaría un ataque militar estadounidense para poner freno a Irán en su intento de obtener la bomba.»

El titular del diario, más arriba — «EEUU opta por la diplomacia en el caso del programa nuclear de Irán» –, anuncia el plan del gobierno de Bush. Es una vieja y respetada trampa: cuando te encamines a una acción militar agresiva, exalta la diplomacia.

Donald Rumsfeld proclamó en una conferencia en Munich el 4 de febrero que, a fin de frenar el programa nuclear de Irán, el mundo debe esforzarse por una «solución diplomática». Sin embargo, al día siguiente, el diario alemán Handelsblatt informó lo dicho por Rumsfeld en una entrevista: «Todas las opciones, incluidas las militares, están sobre la mesa.»

El más alto funcionariado estadounidense, inspirado por el regio «W», no está titubeando en hablar en nombre del mundo. Durante el fin de semana, Condoleezza Rice dijo: «El mundo no tolerará que Irán continúe en la senda de adquirir capacidad de producir armamento nuclear.» Mientras tanto, Rumsfeld declaró: «El régimen iraní es hoy el principal estado mundial en patrocinar el terrorismo. El mundo no quiere un Irán nuclear y, para impedirlo, debe actuar conjuntamente.»

Traducción: primero seremos diplomáticos, luego podremos bombardear.

Ilusión nº 3: Los Estados Unidos no atacarán a Irán porque eso enfurecería a los millones de chiítas de Irak, aliados de Irán, causando graves perjuicios al cometido bélico de EEUU allí.

Pero, proyectar racionalidad sobre el gobierno de Bush tiene poco sentido a estas alturas. La gente que tiene a su cargo la política exterior de los EEUU tiene sus propias prioridades y evitar una carnicería no es una de ellas.

Tampoco la no proliferación puntúa muy alto a juzgar por las acogedoras relaciones de Washington con estados que disponen de armamento nuclear como Israel, India y Paquistán. A diferencia de Irán, ninguno de estos países firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear. Sólo Irán ha estado permitiendo inspecciones de sus instalaciones nucleares y es a Irán, en efecto, que los sabios de Washington están ahora amenazando con bombardear.

Con una imagen golosa de las reservas masivas de Irán en petróleo y gas natural dándoles vueltas en la cabeza, los neoconservadores de Washington evidentemente abrigan sueños descabellados de provocar la caída del régimen iraní. Pero, en el mundo real, un ataque a Irán robustecería a sus facciones más radicales y fortalecería cualquier interés que tenga en el desarrollo de armas nucleares.

«Los Estados Unidos no resolverán el problema nuclear amenazando con ataques militares ni llevando a rastras a Irán ante el Consejo de Seguridad de la ONU,» escribió en la edición del 19 de enero de Los Angeles Times la ganadora del Premio Nobel de la Paz de 2003, Shirin Ebadi, en un artículo de opinión en colaboración con Muhammad Sahimi, un profesor de ingeniería química de la Universidad de Southern California. «Aunque una gran mayoría de los iraníes aborrece la línea dura del régimen y desea su caída, también apoya su programa nuclear porque se ha convertido en una fuente de orgullo para una vieja nación con una historia gloriosa.»

El artículo añade: «Un ataque militar sólo inflamaría los sentimientos nacionalistas. Irán no es Irak. Dados el nacionalismo feroz de los iraníes y la tradición chiíta del martirio, cualquier movimiento militar provocaría una respuesta que engulliría a la región entera con el resultado de incontables muertes y la ruina económica no sólo para la región sino para todo el mundo. Imponerle sanciones de la ONU también sería contraproducente, impulsando a Irán a abandonar el Tratado de No Proliferación Nuclear y su ‘protocolo adicional’. ¿Está el mundo preparado para aguantar tales perspectivas?»

Al mismo tiempo que hacían un llamamiento de ámbito internacional para que se presione a ese país por graves violaciones de los derechos humanos, Ebadi y Sahimi dijeron que «Irán está a, por lo menos, entre seis y diez años de distancia de la bomba nuclear, según la mayoría de las evaluaciones. La crisis no es todavía una crisis. Hay suficiente tiempo para la reforma política antes de que Irán desarrolle alguna vez la bomba.»

El 3 de febrero, la Agencia de Noticias de Estudiantes Iraní (ISNA en su acrónimo inglés) citó al ex presidente Mohammad Jatami urgiendo al gobierno iraní a ofrecer garantías de que el programa nuclear del país es sólo para la generación de electricidad. «Es necesario actuar sabia y tolerantemente de manera que nuestro derecho a la energía nuclear no sea abolido».

Aunque no consiguió tirar adelante demasiadas reformas durante sus ocho años como presidente, Jatami ejerció una fuerza moderada de oposición a los abusos contra los derechos humanos. Su demagógico sucesor, Mahmud Ahmadinejad, es una amenaza para los derechos humanos y la paz, pero no está en absoluto claro que Ahmadinejad pueda contar, a largo plazo, con el respaldo de los clérigos que controlan la nación.

El hombre al que venció el pasado verano en la carrera presidencial, el ex presidente Hashemi Rafsanjani, ejerce un poder considerable al frente del Consejo de Conveniencia gubernamental (Consejo de Discernimiento de Conveniencia del Sistema. N. del T.) Aunque tiene una bien ganada reputación de corrupto oportunista, Rafsanjani es ahora un faro iluminador comparado con Ahmadinejad.

A principios de enero, un par de eruditos iraníes — Dariush Zahedi y Ali Ezzatyar, de la Universidad de California en Berkeley — escribieron en Los Angeles Times un artículo que aclaraba el siguiente punto: «Contrariamente a la creencia popular, la clase dirigente conservadora clerical es aprensiva acerca de la posibilidad de violencia dentro y fuera de Irán. Generalmente se opone a una política exterior agresiva y, por sus vínculos estrechos con la clase capitalista iraní, está espantada ante el rápido descenso de la economía desde el comienzo del mandato de Ahmadinejad. El valor del mercado de acciones de Teherán ha caído en $10.000 millones, el vibrante mercado inmobiliario nacional está mustio y la huída de capitales se está incrementando.»

Y los eruditos añaden intencionadamente: «La historia de las relaciones Estados Unidos-Irán muestra que, cuanto más castiga Washington a Teherán por sus ambiciones nucleares, más le hace el juego a los radicales exasperando el temor y el sentimiento nacionalista».

Ahora mismo, los presidentes de Irán y de los Estados Unidos están encontrando estimulante la beligerancia el uno del otro. Según todas las indicaciones, un asalto militar sobre Irán aumentaría el poder de Ahmadinejad en su país. Y es una buena apuesta la de que el gobierno de EEUU le hará este enorme favor.
A menos que podamos impedirlo.

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http://www.zmag.org/spanish/0306solomon.htm