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El papel de EEUU en el mundo

La historia es siempre la misma

Fuentes:

La crisis que hoy se expresa en Bolivia no es ninguna novedad para los pueblos latinoamericanos y también de otras regiones del mundo. Este tipo de acción conjunta entre las elites predadoras nacionales y el estado terrorista yanqui es recurrente y parece seguir siempre el mismo método: creación de focos desestabilizadores, instrucción militar, apoyo financiero […]

La crisis que hoy se expresa en Bolivia no es ninguna novedad para los pueblos latinoamericanos y también de otras regiones del mundo. Este tipo de acción conjunta entre las elites predadoras nacionales y el estado terrorista yanqui es recurrente y parece seguir siempre el mismo método: creación de focos desestabilizadores, instrucción militar, apoyo financiero e mentiras, muchas mentiras. Estas son reproducidas hasta el hartazgo por los grandes medios de comunicación, en la eterna lógica de desinformación y de fortalecimiento de la ideología dominante. Así, con el mismo viejo método utilizado en 1836, cuando insufló la elite de la región de lo que hoy es Texas a separarse de México, Estados Unidos atenta contra la soberanía de los pueblos siempre con el mismo objetivo: garantir su dominio sobre países y riquezas de los pueblos.

Quien relata ese momento fundador de las tramoyas yanquis -que nada tiene de teoría de la conspiración, son hechos mismo- es el historiador estadounidense Howard Zinn, en su libro La otra historia de Estados Unidos. El muestra que fue esa trama urdida desde Washington para asimilar el estado de Texas que dio origen a la guerra emprendida por EUA contra México. El enfrentamiento, que inició después de una provocación militar estadounidense, acabó garantizando a Estados Unidos un inmenso pedazo del territorio mexicano. Durante la guerra fue fundamental la batalla de desinformación trabada en los medios, tal y cual se puede observar hoy. Al leer las páginas del libro de Zinn la impresión que queda es que nada mudó. El recuerda además, que la famosa Doctrina Monroe, divulgada en 1823, cuando los países de América Latina empezaban sus movimientos de liberación, ya dejaba claro que el país del norte consideraba toda esa región debajo de su esfera de influencia. Zinn denuncia que entre 1798 y 1895 Estados Unidos intervienen 103 veces en los asuntos de otros países.

Otro estadounidense que cuenta sobre el proceso de militarización del mundo por los Estados Unidos es el ex agente de la CIA, Chalmers Johnson. En su libro Las aflicciones del imperio, él afirma que esta forma de hacer las cosas se fortaleció en el año 1898 cuando el país estaba en tratativas con España por la independencia de Cuba, de la cual se consideraba «tutor». En medio de las negociaciones, el día 15 de febrero, una misteriosa explosión destruyó un navío de guerra estadounidense que estaba anclado en la costa cubana, el USS Maine. Casi 300 soldados murieron y los medios de comunicación inundaron las cabezas de la gente con la siguiente versión: la explosión había sido obra de España. Ese hecho provocó un furor bélico en la nación y todos exigían la guerra. Entonces, con el beneplácito del pueblo Estados Unidos declaró la guerra a España, que siempre negó ser responsable de la explosión. Nunca nadie consiguió probar lo que aconteció con el USS Maine, pero considerando la historia es bien probable que haya sido destruido por el propio servicio secreto estadounidense para motivar la guerra. Cualquier semejanza con el 11 de septiembre no es coincidencia, porque existen registro de una carta del presidente Theodore Roosevelt , en 1987, que decía a un amigo: «En estricta confidencia, agradecería cualquier guerra, porque pienso que este país está precisando de una».

La guerra hispano-americana sirvió para que Estados Unidos conquistaran Filipinas, un conjunto de islas que están próximo a Japón, extendiendo los brazos del naciente imperio para Asia. Más de 200 mil filipinos murieron en este proceso visto por los medios estadounidenses como un «acto de amor» de Estados Unidos. Por considerar a los filipinos como «gente senil y salvaje» creían que, con la ocupación, el país estaba llevando el cristianismo y la civilización a oriente.

Esta jugada maestra que acabó expandiendo el territorio por la vía militar abrió una puerta muy lucrativa para el empresariado estadounidense. «Los imperialistas son los parásitos del patriotismo… nunca pierden de vista las oportunidades de negocios lucrativos» dice el economista John Hobson. La práctica ha mostrado que es así mismo. La guerra desde entonces se convirtió en un negocio para los capitalistas y, hoy, gran parte de la economía estadounidense está anclada en ese sector. Sólo para tener una idea, poco antes del inicio de la guerra de Irak, en 2002, el gobierno estadounidense encomendó a dos grandes empresas de cosméticos 273 mil frascos de filtro solar elevando en más de tres veces la producción de las industrias. Protección (?) para los soldados y para el lucro de unos pocos. Además, todas las decisiones toman en cuenta el marketing, conforme se nota en la declaración del jefe de gabinete de la Casa Blanca en la época del inicio de la invasión, Andrew H. Card Jr. «Del punto de vista del marketing, no debe lanzar un producto en agosto». La guerra se inició en el mes siguiente junto con los grandes lanzamientos de la industria de Hollywood. Nada más que business.

Red de intrigas

Tan pronto acabó la guerra hispano-americana Estados Unidos volvieron sus ojos a América del Sur. Había un proyecto grandioso que planeaba abrir un canal entre los dos océanos, Pacífico y Atlántico. Usando las mismas técnicas de mentiras, engaños, intrigas y formación de grupos armados desestabilizadores, el país del norte creó un foco separatista en la región de lo que hoy es Panamá, justamente el lugar donde estaba siendo construido el canal. También allí el juego fue victorioso. Con la ayuda yanqui Panamá declaró la independencia de Colombia y el primer acto del gobierno recién constituido fue cerrar un acuerdo leonino con Estados Unidos sobre la cuestión del canal. EUA terminarían las obras del canal y quedarían con el derecho de usufructuar el mismo por un siglo entero. Es justamente en el año de 1903 que Estados Unidos crean, internamente, el Estado Mayor y la Escuela de Guerra del Ejército. Ya habían percibido que toda la expansión soñada vendría por la fuerza de las armas. Se preparaban para ser un imperio.

En la aurora del siglo XX otra «amenaza» pone en jaque las propuestas de civilización de Estados Unidos: el socialismo. Mismo dentro del país este enemigo abría sus alas, con grandes huelgas de los trabajadores -fomentadas por los inmigrantes anarquistas y socialistas que habían arribado a la «tierra de oportunidades»- alcanzando a protagonizar grandes batalla con la Guardia Nacional. Para esconder el movimiento de los trabajadores de los medios, Estados Unidos declararon una guerra con México otra vez en 1911, alegando que en Veracruz habían aprisionado algunos soldados y se recusaban a pedir disculpas. Con esa justificación, atacaron la ciudad, la bombardearon y mataron más de 100 mexicanos. Eso sacó de la escena la lucha de los trabajadores. A la vez, durante toda la revolución mexicana, Estados Unidos hizo intervenciones procurando minar la victoria de los campesinos y trabajadores.

Poco después, la primera guerra mundial va a ocupar los titulares y, más una vez atizar la sed de dominio del gobierno estadounidense. El presidente Woodrom Wilson insistía en no intervenir en el conflicto, pero con el hundimiento del navío inglés Lusiana el viejo discurso engañador del gobierno fue usado otra vez. Con el argumento de que en el navío viajaban más de cien estadounidenses y que la nave era de paz, Estados Unidos entraron en guerra con el apoyo de la población. Pero el navío no era de paz. Según Howard Zinn, el Lusiana estaba fuertemente armado y llevaba millares de cajas de munición. La lista del cargamento fue falsificada. De nuevo la política de la mentira.

En 1915 Estados Unidos invadieron Haití, donde una fuerza de la marina desembarcó en la capital Puerto Príncipe, se dirigió a las cajas fuertes del Banco Nacional de Haití y, a plena luz del día, armada hasta los dientes, se apropió de más de quinientos mil dólares que allí había, llevándolos para el City Bank. Las fuerzas estadounidenses quedaron en el país hasta 1934, cuando dejaron al pueblo en manos de una de las dinastías más sanguinarias de la región: la familia Duvalier. François de 1957 a 1971 y su hijo Jean-Claude hasta 1986. Hoy, la vergonzosa acción que nuevamente somete el país, incluso bajo el mando de tropas brasileñas, no es más que la continuación de estas intervenciones, sólo que de esta vez bajo la gerencia de otras «naciones amigas».

En 1916, las tropas estadounidenses invadieron República Dominicana, donde permanecieron hasta 1924, dejando como presidente del país otro dictador de la peor estirpe: Leonidas Trujillo, más conocido como «el chacal del Caribe», que ocupó el poder por 31 años. A él, los medios cortesanos nunca llamaron de dictador y sólo cuando se tornó una traba para la política estadounidense acabó asesinado por la propia CIA. Tanto en Haití como en República Dominicana los argumentos para las invasiones fueron los de «llevar la democracia». La historia muestra extensamente los horrores de estos regímenes que se sostuvieron bajo las órdenes del imperio.

Las invasiones no paran

La segunda guerra mundial arrastra más de 18 millones de estadounidenses para las Fuerzas Armadas y las atrocidades de Hitler hacen que este conflicto se transforme en la guerra más popular vivida por Estados Unidos, siendo incluso apoyada por los trabajadores ligados a la izquierda. Fue allí que el país consolidó su fama de paladín del bien, salvando a la humanidad del entonces denominado eje del mal. Estados Unidos colocaba al servicio de la «democracia» todo este «saber-hacer «y, de alguna manera, a los ojos de la opinión pública, respaldó las acciones de guerra en los demás países. No fue en vano que la lógica de la ocupación y usurpación de la soberanía continuó.

En 1946, cuando asumió la presidencia de Bolivia un joven militar nacionalista apoyado por las fuerzas populares, Estados Unidos fueron creando inestabilidades internas, en su viejo estilo, hasta conseguir organizar el linchamiento y el asesinato del presidente. Con esto, Bolivia salió de la influencia de las ideas izquierdistas. También Guatemala nacionalista, bajo el comando de Jacobo Arbenz, sufrió el peso de la mano de Estados Unidos, molesto con el tratamiento dado a su empresa United Fruit que también hacía el favor de llevar «civilidad» al país. Para mostrar que nadie enfrenta impunemente las empresas de EUA, el país fue invadido en 1954 y el presidente depuesto.

Aún en el mismo año, los ojos se dirigieron a Brasil y usando el mismo juego de intrigas y mentiras, la CIA consigue llevar a la bancarrota al gobierno de Getulio Vargas con el providencial suicidio del presidente. En el año siguiente fue el momento de derribar a Juan Domingo Perón y entregar toda la industria estatal argentina en las manos privadas, provocando el desmantelamiento y la desnacionalización de la economía. En 1961 los yanquis intentaron acabar con la revolución cubana a partir de una invasión en Playa Girón. El ejército, formado básicamente de mercenarios fue decididamente derrotado, lo que no impidió que Estados Unidos siguiese con su política de dominio del resto de América Latina. Tanto que, en 1964 allí estaban ellos entre las tramoyas montadas para deponer al presidente João Goulart, aquí mismo, en Brasil. Inclusive ahora comienzan a aparecer las pruebas de que la muerte de Jango en Uruguay fue un envenenamiento urdido por el servicio secreto. Vino la dictadura militar y el horror que se repitió en casi toda América Latina.

En 1965, todavía buscando acabar con cualquier foco revolucionario en la región de su patio trasero, Estados Unidos invaden otra vez República Dominicana, donde emergía un levantamiento revolucionario popular. Todo fue aplastado. No satisfechos por extender sus tentáculos para América Latina el país del norte emprendió una larga caminada para oriente, atizando una guerra en Vietnam en una clara intromisión en los destinos de ese país. Para evitar que ellos cayeran bajo el «dominio del mal», o sea: el socialismo. Fueron diez años de guerra, con pormenores de crueldad en innovaciones de armas químicas que costaron millares de vidas. De allí EUA también salió derrotado, pero no perdió su arrogancia. Hasta ahora, en los filmes que Hollywood hace sobre los hechos, los héroes siempre son los gringos.

En 1973 Estados Unidos vuelve otra vez los ojos para América Latina. En el Chile de Salvador Allende ardian los deseos de vida digna y soberanía. Se hablaba de socialismo y los señores de la guerra usaron sus viejos trucos. Actuando junto a la derecha, coptando sindicalistas y lideres sociales, fueron creando el caldo de la contra revolución hasta culminar con un golpe de estado que colocó en el poder a Augusto Pinochet. Este encharcaría de sangre el país, bajo la bendición de la CIA y de la Escuela de las Américas, que enseñaba a los militares las técnicas más sofisticadas de la tortura. También Uruguay sufrió la intervención foránea y una dictadura sanguinaria se instaló. Dos años después era Perú el que caía a partir de un golpe contra el presidente nacionalista Juan Velasco, que había nacionalizado empresas estadounidenses y hecho una reforma agraria que benefició más de 370 mil familias.

En los años 80 Estados Unidos estuvieron por detrás de todos los movimientos contrarrevolucionarios de América Central, combatiendo con mercenarios a sueldo los partidarios de las transformaciones radicales en aquella región. Sacando los sandinistas que lograron vencer en Nicaragua, los demás no lo consiguieron. Y aún así, después de algún tiempo, es Estados Unidos que fomenta el derrocamiento de los sandinistas con su marioneta Violeta Chamorro, en 1990. Durante los años anteriores al sandinismo, era EUA quien entrenaba y financiaba la dictadura de Somoza.

En 1981 son las trampas secretas de los agentes de la CIA que hacen viable el asesinato de Omar Torrijos en Panamá, un presidente nacionalista que logró rever la cuestión del canal, forzando un acuerdo de devolución para 1999. En 1982, ayudan a Inglaterra, por segunda vez en la historia, en la villanía de mantener el sometimiento de las islas Malvinas, contra los derechos de Argentina. La base estadounidense en la isla Ascensión, los satélites yanquis en el espacio, las armas, combustibles, mísiles y hasta el servicio diplomático, todo fue colocado al servicio de la agresión colonialista inglesa. En 1983 Estados Unidos promovió la invasión a la pequeña isla de Granada, que caminaba por la senda del socialismo. Estados Unidos desató una campaña contra su gobierno, acusándolo de tener en su territorio bases soviéticas que irían a ayudar las guerrillas de América Central. La misma mentirosa historia tantas veces tragada.

En diciembre de 1989, Bush padre mandó invadir Panamá y hacia allí fueron más de 26 mil soldados. El objetivo era deponer Manuel Noriega, que había sido un buen aliado -y agente de la CIA- pero que estaba queriendo caminar con sus propios pies. Así, con el argumento de que él lideraba un cártel de drogas, el ejército estadounidense invadió Ciudad Panamá y en el ataque al barrio más populoso de la capital -El Chorrillo- murieron más de cuatro mil civiles. Durante los años 90, EUA no se limitaron a fomentar desgracia en América Latina, también estuvieron presentes en «acciones humanitarias » en Somalia, Bosnia y Kosovo. En Afganistán armaron los ejércitos del talibán y sólo años después van a considerarlos enemigos, aplastándolos en la guerra después del 11 de septiembre de 2001.

En 1995, los yanquis invadieron más una vez Haití con el argumento de que el gobierno de Bertrand Aristide era corrupto. Entonces, para «salvar» el pueblo, allá fueron los marines a promover arruaças. Están allí hasta hoy, junto con las tropas de otros tantos países títeres, entre ellos Brasil. A partir de 1999 entran también en Colombia, de esta vez con la bendición de los gobernantes locales. Bajo el pretexto de combatir el tráfico de drogas implementan el Plan Colombia que se reduce a mantener la región bajo su dominio militar, a las puertas de la Amazonia, cuna de la mayor biodiversidad del planeta.

En 2002 avanzan sobre Afganistán y después invaden Irak siempre apoyados en estrepitosas mentiras. Y los más increíble es que las mentiras siguen siendo las mismas desde 1800. De ahí que parece completamente inverosímil el hecho de que los periodistas no sepan todas estas informaciones, disponibles en varios documentos y libros escritos desde Estados Unidos.

Hoy en Bolivia, Venezuela y Paraguay

Desde 1998, cuando Hugo Chávez asume la presidencia de Venezuela, Estados Unidos viene tentando derribar todas las ideas nacionalistas que se fueron conformando en el transcurso del gobierno. Y, cuando Chávez comienza a hablar de socialismo, ahí mismo que la situación se complica. Nacionalización de PDVESA, combate al ALCA, aproximación con Fidel Castro, todo eso configura peligro al poderío estadounidense. Hasta que el servicio secreto inicia la misma suerte de tramas, intrigas y formación para el golpe. Este acontece en abril del 2002, pero dura poco tiempo. El pueblo de Venezuela salió a la calle y exigieron el respeto a la Constitución. El golpismo de derecha y sus aliados gringos se esfacela frente al poder popular. Chávez vuelve y profundiza las reformas. Años más tarde, en Bolivia, vence las elecciones un aymará, que tenía en su programa la propuesta de nacionalizar las riquezas hasta entonces en manos extranjeras y dar autonomía a las naciones originarias. La victoria aplastante de Evo Morales le da condiciones de iniciar las reformas. Esto da escalofríos a la oligarquía blanca de Santa Cruz que comienza a hacer llamados al separatismo. Todo es orquestado con los «creadores profesionales de crisis» del estado del norte. Se agrega a esto que Rafael Correa vence las elecciones en Ecuador, con un programa cercano al de Hugo Chávez y Evo Morales. Era la formación de un «eje» de izquierda que debía ser extirpado.

El juego mediático de mentiras e intrigas es alimentado todos los días por los grandes medios que representan los intereses de las elites locales. Es desde estas usinas ideológicas que se va formando una opinión pública totalmente deformada por la descarga avasalladora de mentiras y medias verdades. Ahora, con la elección de Fernando Lugo en Paraguay y sus promesas de reforma agraria, también el país del sur está en la mira de los yanquis amenazado de golpe.

En fin, América Latina vive una vez más un feroz ataque del águila estadounidense y la gente parece no saber. Cabe a los periodistas, analistas y agentes de comunicación popular correr el velo, destapar toda la muralla de mentiras para que las poblaciones tengan la condición de tomar posición frente a los hechos. La violencia en Bolivia provocada por los separatistas blancos y oligarcas, no es algo aislado, limitado a las fronteras bolivianas. Es más una acción del mismo patrón de siempre en su eterna misión de separar, intrigar, dividir, para continuar reinando. Este imperio ya tuvo sus derrotas: en Cuba, en Nicaragua, en Vietnam, en el propio Irak. No es invencible. Sólo las poblaciones informadas y unidas, podrán dar la respuesta necesaria a toda esa red de intrigas. En Venezuela fue el pueblo organizado que restituyó el camino de la revolución bolivariana. Ahora en Bolivia será el pueblo quien va a conducir los destinos de la nación. Luchar por la garantía de los cambios constitucionales o embarcar en las trampas de las marchas de la derecha. Esta es la decisión. Esperemos que sea sabia.

Unasur

Este también fue un momento histórico. Por primera vez, una situación de ataque a una nación latinoamericana los países de América del Sur, organizados en una institución, se reunieron de forma urgente en un lugar muy simbólico: el Palacio de la Moneda, donde hace 35 años fue asesinado el presidente chileno Salvador Allende, víctima de las tramas urdidas por Estados Unidos. Dice Hugo Chávez que en aquello días todo el mundo guardó silencio, pero hoy no: «todos están aquí para apoyar el gobierno democrático de Evo Morales». Recordó el presidente venezolano que Bolivia es un país que vive de forma radical su democracia y todo lo que acontece allí en estos días es fruto de la intervención estadounidense.

Unasur terminó su reunión con una serie de resoluciones prácticas. Crear una comisión para investigar las muertes en la región de Pando, otra que estará en permanente contacto con el presidente Evo Morales, acompañando los hechos y una más que dará todo el apoyo logístico necesario para que el gobierno boliviano pueda enfrentar los ataques que vive actualmente.

Evo Morales, presente en la reunión, agradeció emocionado esta posición firme e inédita de los países de Unasur de defender la democracia boliviana. Insistió que va a luchar para mantener las transformaciones profundas que se desenvuelven hoy en el país, re-fundando Bolivia desde una perspectiva popular.

Traducción: Juan Luis Berterretche, Florianópolis, Brasil. Existe vida no Jornalismo Blog da Elaine: www.eteia.blogspot.com América Latina Livre – www.iela.ufsc.br Desacato – www.desacato.info Pobres & Nojentas – www.pobresenojentas.blogspot.com