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La masacre de Mumbai

Fuentes: El Militante

La semana pasada, el mundo quedó atónito ante las sangrientas escenas consecuencia de la carnicería provocada por el atentado terrorista en Mumbai (antiguamente Bombay). El ataque, que comenzó a última hora de la noche del miércoles se extendió a más de diez lugares diferentes de la capital financiera de la India. Atacaron dos de los […]

La semana pasada, el mundo quedó atónito ante las sangrientas escenas consecuencia de la carnicería provocada por el atentado terrorista en Mumbai (antiguamente Bombay). El ataque, que comenzó a última hora de la noche del miércoles se extendió a más de diez lugares diferentes de la capital financiera de la India. Atacaron dos de los hoteles de lujo más conocidos de Mumbai y otros puntos de referencia de la ciudad habitada por 18 millones de personas. El atentado fue cometido por un pequeño grupo de hombres armados que aparentemente llegaron por mar, divididos en grupos para atacar múltiples objetivos en toda la ciudad, incluida la principal estación de ferrocarril y un hospital. Los canales de televisión describieron los ataques como el «11-S de la India».

La masacre no terminó hasta cerca del sábado por la mañana. Finalmente, después de dos días y medio, terminó el callejón sin salida del hotel Taj Mahal, cuando los comandos indios lo asaltaron por la fuerza. El Taj, lleno de civiles aterrorizados, ofrecía una visión sombría. «Había cuerpos esparcidos por todos los lugares y en todas partes había sangre», dijo uno de los comandos. «Los terroristas hoy están mucho más avanzados. No nos dimos cuenta de que disponían de teléfonos vía satélite para las comunicaciones o que estaban tan avanzados y utilizaban bombas incendiarias», decía otro de los comandos. El asedio fue particularmente problemático porque «no perdonaban a mujeres o niños». Por ahora hay 188 muertos y casi 300 heridos.

Azam Amir Kasab, de 21 años de edad y único terrorista que sobrevivió, le dijo a las autoridades que le habían ordenado matar «hasta lo último que respirase» y que en los atentados sólo participaron 10 terroristas, que esperaban asesinar a 5.000 personas, que los objetivos mayoritariamente eran «blancos, preferiblemente norteamericanos y británicos», según publicaba el domingo The Mail. Parece que la operación fue planificada cuidadosamente durante seis meses. Los terroristas llegaron como estudiantes durante una visita a Mumbai hace un mes para familiarizarse con las carreteras de la ciudad y grabar los «lugares que iban a atacar».

Los investigadores indios dijeron hoy que los terroristas recibieron meses de entrenamiento en Pakistán. Un informe más largo publicado por Reuters esta mañana desarrolla la hipótesis de una conexión pakistaní, aceptada generalmente en India. Dos investigadores veteranos dijeron a Reuters, pidiendo el anonimato, que la prueba del interrogatorio de Azam Amir Kasav demostraba claramente que extremistas pakistanís habían tenido relación en el ataque. El joven de 21 años iba bien afeitado, hablaba un inglés fluido y durante el ataque fue fotografiado vestido con una camiseta negra con el logo de Versace. Oficiales de policía dijeron que había dicho que su equipo recibía órdenes de «su mando en Pakistán».

Según un oficial de policía que siguió de cerca el interrogatorio, que también habló con Reuters a cambio de guardar el anonimato, los terroristas fueron entrenados por el grupo Lashkar-e-Taiba, bajo la dirección de un antiguo miembro del ejército pakistaní. Otro oficial indio veterano dijo a Reuters: «Recibieron entrenamiento en varias fases, que incluían entrenamiento en el manejo de armamento, fabricación de bombas, estrategias de supervivencia, sobrevivir en un entorno marino e incluso hábitos dietéticos».

Según dice el periódico, funcionarios indios y norteamericanos están investigando la posibilidad de que los atacantes llegaran a la costa de Mumbai en un barco grande y después abordaran barcos más pequeños iniciando así su ataque. Un funcionario norteamericano experto en contraterrorismo dijo que existía una evidencia importante de que Lashkar-e-Taiba tenía «capacidad marítima» y que habría sido capaz de organizar la operación sofisticada de Mumbai.

Los oficiales de seguridad indios creían que muchos de los hombres armados podrían haber llegado a la ciudad utilizando una lancha neumática que se encontró cerca del lugar de los ataques. El sábado, la armada india dijo que estaba investigando si un pesquero de arrastre encontrado cerca de la costa de Mumbai, con un cadáver atado a bordo, fue utilizado para el ataque. Un portavoz de la armada, el capitán Manohar Nambiar, dijo que el pesquero, de nombre Kuber, se había encontrado el jueves y que fue llevado a Mumbai. Oficiales dijeron que creían que el barco había navegado desde un puerto del estado vecino de Gujarat. Las autoridades indias detuvieron un barco de carga en la costa occidental de Gujarat que procedía de Arabia Saudí y que fue entregado a la policía para su investigación.

Una provocación reaccionaria

La autoría de estas atrocidades aún no se ha determinado, aunque al principio la reivindicó  un grupo que se autodenomina Muyahidines de Deccan. Hay muchas teorías pero pocos datos. Aunque una cosa está bastante clara: fue una provocación totalmente reaccionaria que sólo beneficia a las fuerzas más contrarrevolucionarias de la sociedad india y pakistaní.

La masacre ha supuesto un duro golpe contra los movimientos hacia la mejora de las relaciones entre India y Pakistán. En los últimos días las calles de Mumbai y otras ciudades indias han presenciado manifestaciones furiosas con personas exigiendo la guerra con Pakistán. Quienquiera que estuviera detrás del atentado debe haber previsto y deseado esta respuesta. Inevitablemente, las autoridades indias y algunos otros analistas de seguridad indios están señalando con el dedo acusador a Pakistán. Por su parte, Pakistán ha negado que su gobierno tenga algo que ver con los atentados. Estas negativas seguramente son ciertas, aunque no excluyen la participación pakistaní. Sin embargo, la posibilidad de que las atrocidades de Mumbai estuvieran planificadas y orquestadas dentro de la propia India no se puede descartar. En India no es extraña la violencia terrorista. En los últimos años se ha visto sacudida reiteradamente por atentados terroristas. La propia Mumbai ya sufrió antes ataques terroristas.

En marzo de 1993, el inframundo musulmán vinculado a los terroristas pakistaníes presuntamente realizó una serie de atentados contra la bolsa de Mumbai. En esos ataques murieron 257 personas y resultaron heridas 1.100. La tarde del 11 de julio de 2006 hubo ocho explosiones en siete estaciones y trenes locales en Mumbai en horario de máxima afluencia. 52 personas murieron en esos atentados. En julio de 2007 hubo otra serie de explosiones en ferrocarriles y estaciones asesinando a unos 190 viajeros.

India ha presenciado una serie de atentados estos últimos meses. En mayo, al menos 80 personas murieron en varias explosiones en la ciudad turística de Jaipur. En julio unas 50 murieron en una cadena de explosiones en la ciudad occidental de Ahmedabad. El mes pasado aproximadamente 60 personas murieron en Assam, al noreste de la India, en circunstancias similares. Normalmente se acusa a los militantes musulmanes de estos ataques, pero los fanáticos hindúes también han participado en actos terroristas sangrientos. En las últimas semanas la policía acorraló a 10 miembros de lo que dicen es su primera célula terrorista hindú. Entre los detenidos se encontraban un oficial del ejército de servicio y un sacerdote hindú.

La detención de un oficial del ejército indio añade un nuevo elemento a la ecuación. Hay elementos tanto del ejército pakistaní como del indio que nunca se han reconciliado con la idea del proceso de paz y temen ser vendidos a EEUU. Los extremistas islámicos se llevan la mayor parte de la publicidad, pero también hay muchos extremistas hindúes, judíos y cristianos. La oposición del BJP se basa en el chovinismo hindú y hay muchos elementos siniestros a la derecha del BJP: el RSS, VHP y el Shiv Sena (Ejército de Shiva). Tienen vínculos con las fuerzas armadas y servicios de inteligencia indios que son un reflejo de los lazos que existen entre los grupos jihadi, las fuerzas armadas pakistaníes y el ISI.

Las condiciones de las masas tanto en India como en Pakistán son cada vez más desesperadas. El desempleo, la pobreza, el aumento de los precios de los alimentos y energéticos, todo esto convierte la vida de millones de personas en algo insoportable. En India, la elección del gobierno del Partido del Congreso despertó unas esperanzas que pronto fueron defraudadas. En Pakistán, también, la elección del gobierno del PPP no ha solucionado nada para las masas. Tanto Manmohan Singh como Zardari tienen problemas y la oposición de derechas en ambos países quiere aprovecharse de la situación.

Una consecuencia de los atentados de Mumbai ha sido una profunda crítica de la supuesta ausencia de preparación y el comportamiento de sus servicios de inteligencia. Los ataques más duros proceden de la prensa interior. Esta campaña ruidosa va dirigida contra el gobierno del Congreso. La creciente furia de las masas también va dirigida contra el Congreso, a quien culpan de los errores de los servicios de inteligencia, muchos indios creen que eso permitió que estos hombres armados asesinaran a 188 personas y sitiaran la capital financiera de la India durante tres días.

Ya han dimitido dos altos políticos del partido gobernante y el Congreso se enfrenta a la derrota en una serie de elecciones regionales. Los atentados en las ciudades indias este año, que amenazan con continuar, benefician a la oposición de derechas, el Partido Bharatiya Janata. Les ha proporcionado el palo chovinista para golpear al partido gobernante en la campaña electoral de mayo. Toda esa situación está socavando el control del poder que tiene el Congreso, que ya era delicado. The Economist escribía lo siguiente:

«Los amigos y vecinos de la India pueden esperar una reacción moderada, pero no deberían asumirla. Después de un ataque contra su parlamento nacional en 2001, India movilizó a cientos de miles de soldados en la frontera con Pakistán. El nacionalista hindú Partido Bharatiya Janata (PBJ), entonces en el poder, acusa rutinariamente a su sucesor, el Partido del Congreso, de ser blando con el terrorismo. El desesperado espectáculo en Mumbai podría perjudicar las perspectivas del Congreso antes de las elecciones e incluso costarle las próximas elecciones generales, que se deben celebrar en mayo. El BJP ahora tiene que elegir cuidadosamente sus palabras pero un anuncio de un periódico en portada, presumiblemente encargado antes de los atentados de Mumbai, acusaba al Congreso de ‘ser incapaz y no tener voluntad’ de luchar contra el terrorismo, un sentimiento ilustrado con una gran salpicadura de sangre».

¿Es posible que esta última provocación fuera organizada y planificada en suelo indio para sabotear el deshielo entre India y Pakistán, y crear una oleada de chovinismo e histeria bélica que beneficiara a los reaccionarios indios y mine al gobierno del Congreso? Esta hipótesis no se puede descartar. Sin embargo, el patrón de la violencia extremista hindú es muy diferente al que vimos la semana pasada. Estos elementos están especializados en azuzar a muchedumbres para llevar a cabo pogromos contra los musulmanes en ciudades y aldeas de la India. 

Este ataque, una combinación de granadas y armas automáticas, fue bastante diferente. La elección de los objetivos subraya la posibilidad de que se tratara de un grupo relacionado con el fundamentalismo islámico. El hecho de que eligieran un centro judío y asesinaran a rehenes israelíes (incluido un rabino residente en EEUU y a su esposa) es significativo. La elección de prestamistas judíos apoya la idea de que el ataque fue organizado por fanáticos islámicos. No existe historia de animosidad hacia los judíos por parte de los extremistas hindúes.

De la misma manera, el hecho de que eligieran a británicos y norteamericanos vincula este ataque con el fundamentalismo islámico. Algunos testigos dijeron que los atacantes habían rodeado específicamente a personas con pasaportes británico y norteamericano. La manera en que se realizó la masacre sigue la línea de los métodos ya conocidos de al Qaeda. No hubo un mensaje de aviso y los terroristas asesinaron a hombres, mujeres y niños sin piedad. Pretendían asesinar a tanta gente como fuera posible, como en los atentados del 11-S, las bombas de Londres y la atrocidad de Madrid.

El otro punto significativo es que los hombres armadas estaban muy bien preparados y armados. Su conocimiento detallado de los objetivos sugiere que habían reconocido al menos algunos objetivos por adelantado y llevaban grandes bolsas de almendras para reponer energías. No se trataba de un hatajo de fanáticos sino de un grupo entrenado profesionalmente y bien organizado. «Es obvio que fueron entrenados en alguna parte… Nadie puede manejar las armas de la serie AK o lanzar granadas de esa manera», estas son las palabras de un miembro no identificado de una unidad de la marina india a los periodistas. Dijo que los hombres eran «muy decididos e implacables», dispuestos a un largo asedio. Se encontró una mochila con 400 cartuchos de munición». La pregunta es: ¿quién les entrenó y dónde?

En el pasado, los servicios de inteligencia indios y norteamericanos han utilizado comunicaciones para interceptar los lazos de los militantes cachemiros con los atentados terroristas. Según un oficial de la inteligencia india, durante el asedio los terroristas han estado utilizando teléfonos móviles no indios y recibiendo llamadas de fuera del país. La implicación es que estas llamadas se hicieron desde Pakistán.

Indignación en Pakistán

Lashkar-e-Taiba ha negado cualquier implicación en los asesinatos de Mumbai y condenado los atentados. El jefe del Consejo Unificado de la Yihad, un grupo paraguas para más de una docena de grupos combatientes cachemiros, también negó cualquier papel en el atentado de Mumbai. «Condenamos muy enérgicamente los ataques contra civiles inocentes en Mumbai y afirmamos categóricamente que ninguno de los grupos que luchan por la liberta de Cachemira ha tenido nada que ver con ellos», esto es lo que decía el líder del grupo Syed Salahuddin. Pakistán ha pedido pruebas de la implicación de alguien en Pakistán, pero en India parece que no están dispuestos a ello. Pakistán niega las acusaciones y dice que sólo da apoyo moral y diplomático a los combatientes por la libertad cachemira. Pero los indios toman estas declaraciones con escepticismo.

Los medios de comunicación pakistaníes protestaron inmediatamente, dijeron que no se podía culpar a Islamabad de la carnicería en el centro financiero de la India y que el proceso de paz no podía descarrilar. Los principales diarios pakistaníes advirtieron contra el «juego del culpable», con el argumento de que eso sería un impedimento para el desarrollo de los intentos de normalizar las relaciones entre los dos países. «India lanza a Pakistán una mirada sucia», publicaba el Daily News en su portada, mientras que otro periódico decía que la inteligencia india estaba bajo el fuego y buscaba en cualquier parte un culpable. El Dawn decía que los dos países «sin repartir culpabilidad mutua deberían cooperar en la investigación para que fuese más productiva».

«Aunque se pueden comprender la furia y preocupación que se siente en general, habría que aconsejar un ejercicio de control en estas horas de crisis», decía el periódico. «Existe la necesidad de construir confianza entre los dos países». El mismo tono de suavidad y ligereza fue adoptado por el pakistaní Daily Times, este decía que tanto India como Pakistán se enfrentan a la misma amenaza de terrorismo y necesitan trabajar en una «estrategia cooperativa». Esta es la misma línea que las opiniones de Washington, que desea evitar a toda costa un enfrentamiento entre Islamabad y Nueva Delhi. Desgraciadamente, las tensiones entre los dos países tienen una lógica propia que podría ser difícil de controlar.

La condena de la atrocidad en los círculos oficiales pakistaníes ha sido rápida y inusualmente franca. El presidente de Pakistán, Asif Alí Zardari, prometió que tomaría medidas inmediatas y enérgicas si se demostraba la implicación pakistaní. Avisó a India el sábado de cualquier «sobre-reacción» después de los atentados de Mumbai y prometió medidas «muy estrictas» si se demostraba la participación pakistaní.

«Quienquiera que sea responsable del acto brutal y bruto contra el pueblo indio en India están buscando la reacción», esto es lo que dijo Zardari en una entrevista en la televisión india CNN-IBN. «Tenemos elevarnos sobre ellos, asegurarnos y asegurarse, y la comunidad mundial salvaguardarse contra la reacción». Son palabras muy fuertes y van más allá de ninguna concesión hecha a India por los dirigentes de Pakistán en el pasado.

La razón de este es doble: en primer lugar, Zardari tiene un miedo mortal a una guerra con India que con toda certeza llevaría a su caída en un futuro cercano. En segundo lugar, él y su gobierno están totalmente subordinados a los interés de Washington, que espera pague sus facturas y mantenga a flote su economía en bancarrota. Zardari, haciéndose eco del mantra de Bush de la guerra global contra el terrorismo que «esta es una amenaza mundial con más razón todos debemos mantenernos firmes contra esta amenaza conjunta».

La implicación de los gobernantes oficiales de Pakistán en esta cuestión por tanto se podría descartar casi con seguridad. Sin embargo, hay en Pakistán gobernantes no oficiales que tienen en realidad mucho más poder en sus manos que el gobierno y el presidente de Pakistán. Nos referimos al ISI, los siniestros Servicios de Inteligencia de Pakistán que constituyen un estado dentro del estado, que tiene estrechos contactos con los talibán y al Qaeda, que constantemente está implicado en todo tipo de actividades sospechosas más allá del control del gobierno, el ministerio de exterior y la judicatura.

Está bastante claro que hay elementos en el ISI que están detrás del asesinato de Benazir Bhutto. Les gustaría desestabilizar al gobierno de Zardari al que ven con estrechos lazos con los norteamericanos. Les gustaría tener las acciones del ejército pakistaní contra los talibán en las áreas tribales. El ISI odia a la India y se opone a las negociaciones de paz. Por lo tanto, tienen muchos motivos para lanzar una operación secreta destinada a provocar a la India y al mismo tiempo desestabilizar al gobierno del PPP. Una guerra con India sería ideal desde su punto de vista, detendría la guerra contra los talibán, azuzaría el sentimiento anti-indio entre la población y crearía las condiciones para un golpe que llevaría al ejército al poder, al ISI y a los fundamentalistas islámicos. También hay poderosos intereses económicos. La motivación real de los llamados fundamentalistas no es el Corán sino el lucrativo comercio de la droga que ha florecido gracias a la guerra en Afganistán.

Para desviar la culpa de Islamabad, algunos comentaristas pakistaníes han planteado la teoría de que se trata de la obra de extremistas hindúes. «Las continuas investigaciones en algunos atentados terroristas (pasados) de los que se ha culpabilizado alternativamente a musulmanes indios y pakistaníes, se ha demostrado que realmente fueron obra de una red terrorista hindú», esto es lo que decía el Daily Times. Eso es perfectamente cierto pero en esta ocasión los hechos no se adaptan a la hipótesis de un ataque de los fundamentalistas hindúes. Cada uno de los aspectos de esta masacre apunta a los yihadistas y al ISI que manipulan a los fanáticos para sus propios intereses.

Un estado dentro del estado

El gobierno pakistaní el sábado dijo en primer lugar que enviaría al teniente general Arshad Shujaa, el poderoso jefe de los Servicios de Inter Inteligencia (ISI), a Nueva Delhi para «ayudar en las investigaciones». Aparentemente había sido a petición del primer ministro indio, Manmohan Singh. Después el gobierno pakistaní cambió el tono y dijo que sólo enviaría a «un miembro del ejército de la agencia de Servicios de Inter Inteligencia». Al final, en un repentino salto mortal (e inexplicable), Islamabad dijo que era improbable que algún oficial de inteligencia fuese a la India en un futuro próximo.

Evidentemente se trata de una señal de crisis. ¿Por qué se abortó esta misión? Fuentes del gobierno dijeron que el cambio llegaba después de «reservas en la cúpula de los círculos militares) ante un movimiento sin precedentes. Según dijo un funcionario gubernamental veterano: «La cúpula militar no fue consultada antes del anuncio hecho a los medios de comunicación con relación a la decisión de enviar al jefe del ISI a la India». Este pequeño detalle es significativo y se puede explicar por las tensiones entre el gobierno y el ISI.

Durante muchos años el ejército, y particularmente el ISI, fue célebre por hacer y deshacer políticos, partidos políticos y gobiernos. El ala política del ISI fue creada originalmente por el fundador del PPP, Zulfikar Alí Bhutto, mientras estuvo en el poder mantenía un ojo en sus enemigos políticos. Más tarde se volvió contra él y participó en su derrocamiento y muerte judicial. El ISI más tarde se volvió en contra de su hija Benazir, primero creando un partido político, el Islamic Jhamoori Ittehad encabezado por Nawaz Sharif, para presentar contra ella en las elecciones de 1988 y más tarde conspirando para derrocar a su gobierno. El ISI también fue implicado en el amaño de las elecciones de 2002.

La creación de la Liga Musulmana de Pakistán pro-Musharraf (Q) también fue obra del ISI. Sistemáticamente se basó en políticos de la Liga Musulmana de Pakistán (Nawaz) y en el PPP, para romperlo y unirse al nuevo partido creado especialmente para proporcionar respaldo y legitimidad política al general Musharraf. Sin duda estuvo implicado en el asesinato de Benazir Bhutto.

El ISI tenía el apoyo de la CIA, ambos conspiraron para la causa de los muyahidines anti-soviéticos en Afganistán. Pero cuando Washington entró en conflicto con los talibán e invadió Afganistán, se provocó una escisión con el ISI, muchos de cuyos dirigentes tienen intereses personales en Afganistán y están muy implicados en el tráfico de drogas y siguen comprometidos con la causa de los talibán.

Musharraf jugó a un doble juego, mantener un delicado equilibrio entre los norteamericanos, los fundamentalistas y el ISI. La elección del gobierno encabezado por el PPP dio a Washington la posibilidad de fortalecer su control sobre Islamabad. Bajo la presión de los norteamericanos, Zardari intentó controlar hace unos meses el ISI pero tuvo que retroceder cuando el ejército mostró sus dientes. Más recientemente se conocieron informes de que el ala política había sido «desmantelada o pasado a la inactividad». El ministro de exteriores, Shah Mahmood Qureshi, dijo a los periodistas que se había cerrado el ala política. Lo calificó como un «acontecimiento positivo». Sin embargo, de la misma manera, comparó al ISI como una «institución nacional preciosa» y dijo que quería centrarse totalmente en las actividades contraterroristas.

Estas palabras demostraban lo aterrorizados que están los políticos de Pakistán ante el ISI e indica los límites de su capacidad de acción con relación a él. Informes posteriores parece que han confirmado que el «ala política» del ISI había sido desmantelada. No sólo se cerró el ala política, sino que los funcionarios que trabajaban allí dijeron que les habían dado «otras tareas». Estas «tareas» estaban vinculadas a la contrainteligencia, que se suponía era el papel original de la agencia. Pero poner a los mismos oficiales que han pasado años dedicándose a la intriga política una vez más en la contrainteligencia es simplemente barajar las cartas de la misma baraja. ¿Qué impedirá a estos caballeros dedicarse al mismo juego sombrío de intrigas en sus nuevas posiciones? La respuesta a esta pregunta bastante sencilla.

El periódico The Dawn comentaba que el ISI sería capaz de concentrarse más en la inteligencia sobre actividad terrorista sin distraerse en sus deberes políticos. Esta idea es extremadamente ingenua. En todos los países, incluido el más «democrático», los servicios secretos actúan como un estado dentro del estado. Se entrometen en política y espían incluso a ministros y otros dirigentes políticos. En un estado como Pakistán, donde existe la democracia sólo a condición de que acepte la bota militar sobre su cuello, exigir que el ISI no se entrometa en político es algo estúpido.

El ejército gobierna

Desde que se creó Pakistán como estado, el ejército ha hado un golpe cada siete años aproximadamente. Los dictadores militares se alternan con regímenes democráticos débiles en un juego perpetuo de sillas musicales. Aunque los generales amablemente entregaron con todo el boato el gobierno a los civiles, ellos aún esperan ejercer una influencia determinante sobre la política, controlando y dirigiendo actividades políticas dentro y fuera del gobierno. La idea de que la agencia dejará de entrometerse en política choca con toda la experiencia hasta ahora.

Es imaginable la furia de los escalafones superiores del ISI en su intento de afilarse las garras. Eso podría ser lo que desencadenó la reciente acción en Mumbai. Para vergüenza del gobierno Zardari y fortalecer al ejército en general y a los servicios de inteligencia en particular, ¿hay algo mejor que agitar los problemas con India y así dar un respiro al ISI y a sus aliados talibanes? El motivo ciertamente existe y también su capacidad de llevarlo a cabo. El ISI en secreto patrocina, arma, entrena y financia a grupos yihadistas, a los que puede manipular para sus propios intereses, como fue el asesinato de Benazir Bhutto. Habría sido sencillo enviar una pequeña misión suicida a Mumbai. Las vidas de jóvenes fanáticos son calderilla para estos caballeros, y los dividendos políticos y militares que acarrearía provocar un enfrentamiento con India representan un beneficio cuantioso para una inversión tan modesta. Si crece una atmósfera de desconfianza y sospecha mutua, también lo hace el riesgo de un enfrentamiento armado entre los dos estados. Eso significaría más muertos y heridos que los de Mumbai. Pero la guerra también supondría que el ejército (y el ISI) regresaría al poder. ¿Y que son unas decenas o cientos de vidas comparados con eso?

Según pasan los días, aumentan las recriminaciones en India y esta situación genera un ambiente anti-Pakistán cada vez más feo y peligrosos, incrementando las tensiones entre dos estados con armamento nuclear. Nueva Delhi no ha acusado el gobierno pakistaní de participar en el atentado, pero ha expresado su frustración por el hecho de que Islamabad no sea capaz o esté dispuesto a evitar que los terroristas utilicen su suelo para preparar atentados contra la India.

Esta situación conviene a los extremistas de derechas, a los fanáticos religiosos y chovinistas de ambos lados. También favorece a los generales de ambos países. Hay otros a los que también les gustaría ver otra guerra entre India y Pakistán: los traficantes de armas, los gánsteres y señores de la droga. Existe un vínculo entre los fundamentalistas, los terroristas y los criminales implicados en el tráfico de drogas. Sobre todo, una guerra serviría para desviar la atención de las masas pobres que están sufriendo terriblemente como resultado de la crisis. Minaría al gobierno del PPP en Islamabad y al gobierno del Congreso en Nueva Delhi, preparando el camino para regímenes más de derechas en ambos países.

Los intereses del imperialismo

Aunque Washington está muy interesado en India, especialmente desde un punto de vista económico, a corto plazo no puede prescindir de Pakistán, cuyo ejército está llevando a cabo una guerra contra los talibanes en las regiones tribales fronterizas con Afganistán. Por lo tanto, las advertencias de Islamabad alarmarán a EEUU y a otros gobiernos con tropas en Afganistán. Pakistán actualmente tiene unos 100.000 soldados en las zonas fronterizas y el ejército está combatiendo con militantes islamistas en varias regiones tribales. El apoyo de este país es por tanto crucial para los intentos de derrotar la insurgencia en Afganistán.

Por tanto, Washington intenta mantener contentos tanto a India como a Pakistán. No quiere una guerra. El FBI rápidamente envió a un equipo de agentes a India para ayudar en la investigación y tiene un segundo grupo preparado por si fuese necesario. El presidente Bush hizo el viernes una declaración donde dijo que los heridos estaban «en sus pensamientos y oraciones»: «Mi administración ha estado trabajando con el gobierno indio y la comunidad internacional mientras las autoridades indias trabajaban para garantizar la seguridad de aquellos que aún están amenazados. Continuaremos cooperando contra todos los extremistas que no ofrecen nada excepto violencia y desesperanza». En realidad, el imperialismo norteamericano es la fuerza más contrarrevolucionaria del planeta que no ofrece nada excepto violencia y desesperanza, que está extendiendo las guerras y el terror por todo el mundo en defensa de sus propios intereses depredadores.

El presidente electo Barack Obama también expresó sus condolencias por lo que denominó «espantosos atentados terroristas de Mumbai», dijo que apoyaba plenamente los esfuerzos de la administración Bush para proteger a los ciudadanos estadounidenses en India:

«EEUU debe estar con India, con todas las naciones y pueblos que están comprometidos con la destrucción de las redes terroristas y derrotar su ideología llena de odio», estas son las palabras de su declaración. La portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, dijo que el viernes por la tarde se habían reunido funcionarios veteranos de la administración Bush tarde para discutir más sobre los atentados. Dijo que se habían centrado en «garantizar que se hace todo lo posible para ayudar a los ciudadanos norteamericanos afectados por estos horribles atentados».

En realidad, las lágrimas derramadas en Washington son de la variedad cocodrilo, y los cocodrilos son unos animales muy peligrosos. EEUU fue el creador original y nutrió al monstruo del fundamentalismo islámico como parte de su Guerra Fría contra la URSS. Fue EEUU el que creó a Bin Laden y su banda terrorista en su guerra para expulsar a Rusia de Afganistán. Fue EEUU la que alentó y armó a los talibán para el mismo propósito. Y fue EEUU el que creó y sostuvo la criminal dictadura en Pakistán y trabajó junto con su agencia de inteligencia, el ISI. Ahora el perro ha mordido la mano de su amo y el amo quiere deshacerse del perro. ¡Pero es más fácil decirlo que hacerlo!

Ahora están realizando una «guerra contra el terrorismo» en todas partes, que les proporciona una excusa adecuada para intervenir en los asuntos internos de cualquier país del mundo, para intimidar, bombardear e invadir con total impunidad. En la actualidad están embarcados en una guerra sangrienta en Afganistán y contra sus antiguos amigos y aliados los talibanes y al Qaeda. Esta guerra está asesinando diariamente a muchos hombres, mujeres y niños inocentes. Pero George W. Bush, que es el terrorista más grande del mundo, reserva sus lágrimas para esos casos de terrorismo que no sirven a sus intereses.

Barack Obama aún no ha tomado posesión del Despacho Oval pero ya está mostrando sus verdaderos colores. Ya ha dicho que pretende sacar a las tropas norteamericanas de Iraq y enviarlas a combatir a Afganistán. Para este propósito necesita el apoyo del gobierno de Pakistán y por tanto una guerra entre India y Pakistán es lo último que necesita. Como dijo un veterano oficial de seguridad pakistaní el sábado, si tras los atentados de Mumbai estallan las tensiones, Pakistán desviaría tropas a su frontera con India y dejaría de atacar a los combatientes en la frontera afgana. «Si algo ocurre en ese frente, la guerra contra el terrorismo no será nuestra prioridad», le dijo el oficial de seguridad a los periodistas. «Nos llevaremos todo de la frontera occidental. No dejaremos nada allí».

No es una amenaza vana. Pakistán e India han luchado tres guerras desde que consiguieron la independencia de Gran Bretaña en 1947. Ambos países ahora tienen armas nucleares, el peligro es muy claro. Nueva Delhi dijo el domingo que elevaba la seguridad a un «nivel de guerra» y que no tenía duda de los vínculos pakistaníes con los atentados terroristas en Mumbai. Pero una guerra definitivamente no conviene a los intereses del imperialismo norteamericano, cuya principal preocupación en la región es el proceso energético de la guerra en Afganistán. ¡Pakistán no puede luchar una guerra en dos frentes! Si lucha contra la India no puede hacerlo contra los talibanes. Esta es la verdadera motivación de las lágrimas de Bush y de las peticiones de paz de Obama.

La verdadera preocupación de EEUU

Lo que preocupa a los funcionarios norteamericanos es la posibilidad de un estallido de la animosidad similar al que ocurrió después de que combatientes pakistaníes atacaran el parlamento indio en diciembre de 2001. Empujada por estos temores, la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, desde que comenzó la crisis ha llamado al ministro de exteriores indio dos veces, también al presidente pakistaní, Asif Alí Zardari. «Hay tensiones muy preocupantes en la región», decía Gordon Duguid, portavoz del Departamento de Estado. «Ella está llamando al presidente de Pakistán para conocer su lectura de cómo podrían afectar estas tensiones».

La Secretaria de Estado quitó importancia a la amenaza de enfrentamiento entre los dos países, que casi llegaron a la guerra en 2002 después del ataque al parlamento indio del que también se culpó a los combatientes pakistaníes. «Esta es una relación diferente a la de hace unos años. Obviamente comparten un enemigo común porque los extremistas, de cualquier forma, son una amenaza tanto para los pakistaníes como para los indios», estas son las palabras de Rice.

Los aliados de EEUU también están intentando calmar a los indios. En su edición asiática The Financial Times decía a los dirigentes indios que se apresuraran a señalar con el dedo acusador a potencias extranjeras: «No está nada claro quién está detrás de este ataque con diez puntas, el más devastador de una serie de ataques en un miserable año para la India», esto es lo que decía el periódico en su editorial.

El presidente pakistaní, Asif Alí Zardari, está claramente aterrorizado antes la posibilidad de que este incidente pudiera precipitar una guerra. Hizo un llamamiento a la India para que no castigue a su país por los ataques de la semana pasada. El lunes manifestó al Financial Times: «Incluso si los terroristas están vinculados con Lashkar-e-Taiba, ¿contra quién creen que estamos luchando?» Funcionarios de Islamabad han avisado de que cualquier tipo de escalada obligaría desviar las tropas hacia la frontera india y alejarlas de la campaña encabezada por EEUU en la frontera afgana. Esto, y no ningún tipo de consideraciones humanitarias, es lo que preocupa a Washington.

La única solución, ¡la revolución socialista!

El gobierno británico dijo que estaba investigando si alguno de los atacantes podría ser ciudadano británico con vínculos en Pakistán o Cachemira. India y Pakistán han luchado dos de sus tres guerras por la cuestión de Cachemira y hay muchos cachemiros viviendo en Gran Bretaña. Algunos periódicos británicos incluso publicaron artículos diciendo que algunos de los terroristas procedían de Bradford. Estas escandalosas declaraciones se hicieron sin la más mínima prueba y están calculadas para inflamar los sentimientos racistas y anti-musulmanes entre la población. Más tarde fuentes oficiales negaron que algunos de los terroristas fuesen originarios del Reino Unido. Esto demuestra cómo los atentados terroristas sirven para los objetivos de los reaccionarios e imperialistas en todos los países.

La otra teoría es que este último incidente es una forma encubierta de guerra contra la India para la que Pakistán ha creado y explotado varios grupos terroristas islamistas desde hace una década y más. El foco principal de esta guerra es actualmente el estado de Jammu & Cachemira, que India retiene desde hace más de medio siglo. La población de la Cachemira ocupada ha sufrido una opresión terrible a manos del ejército indio. Esta situación ha engendrado un profundo sentimiento de amargura y un deseo de venganza entre un sector de la juventud cachemira, que está abierta a ser manipulada por fuerzas siniestras. Esta estrategia ha fracaso totalmente a la hora de conseguir una base de masas entre los musulmanes de la India, pero sí ha creado un puñado de reclutas suficientes para sostener una campaña terrorista esporádica, con tecnología moderna, lo suficientemente devastadora. Es un callejón sin salida sangriento para el pueblo y la juventud de Cachemira.

Más de medio siglo después, las burguesías rivales de India y Pakistán han demostrado que son completamente incapaces de solucionar los problemas de las masas. El pueblo de la India, Pakistán, Cachemira, Bangladesh y Nepal está sufriendo la misma miseria, enfermedad, pobreza, analfabetismo y falta de vivienda. A los horrores de la opresión nacional y de castas, la brutal subyugación de la mujer, la esclavitud y el trabajo infantil, hay que añadir la pesadilla de los pogromos, el terrorismo y las guerras.

Para los generales cínicos, los locos chovinistas y los fanáticos religiosos de ambas partes la guerra y la carnicería mutua son la única solución. Pero el terrorismo y las guerras no han proporcionado una salida durante los últimos cincuenta años y no lo harán ahora. La perspectiva de una guerra total entre dos potencias nucleares como India y Pakistán representa una perspectiva horrible para el futuro.

La única salida para liberar Cachemira y resolver los problemas de las masas es a través de medios revolucionarios: con la victoria de la revolución socialista en India y Pakistán, con el establecimiento de una federación socialista de todo el subcontinente. Esta idea revolucionaria avanza lentamente pero de una manera firme. El maravilloso congreso del JKNSF el 29 de noviembre, que reunió a miles de luchadores de clase cachemiros bajo la bandera del socialismo revolucionario, demuestra que los mejores elementos de la juventud están abiertos al socialismo revolucionario, que éste gana terreno frente a los nacionalistas y fundamentalistas. Esta es la alternativa real para los trabajadores y jóvenes de Cachemira, India y Pakistán: el camino de la revolución socialista que lleva a la Federación Socialista del Subcontinente.