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Ejército montañés kurdo espera incursión turca

La próxima invasión de Iraq

Fuentes: CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

En las montañas Qandil.

Ocultos en las altas montañas y profundos desfiladeros de una de las grandes fortalezas naturales del mundo hay guerrilleros cuya presencia podría provocar una invasión turca del norte de Iraq y la próxima guerra en Oriente Próximo.

En las semanas antes de la elección turca del domingo, Turquía ha amenazado con cruzar la frontera hacia Iraq persiguiendo a las guerrillas del movimiento kurdo turco, el PKK, y su vástago kurdo iraní, Pejak,

El Ministro de Exteriores Iraquí, Hoshyar Zebari, advierte que hay 140.000 soldados turcos concentrados al norte de la frontera.

«Hasta hace poco no tomábamos tan en serio la amenaza turca, porque pensábamos que era parte de la campaña electoral,» dice Safeen Sezayee. Destacado experto kurdo iraquí en Turquía y portavoz del Partido Democrático de Kurdistán de Massoud Barzani, presidente del Gobierno Regional de Kurdistán (KRG), el señor Dezayee considera ahora que una invasión es bastante posible.

Los kurdos iraquíes se ponen nerviosos. La andanada de amenazas de políticos y generales turcos se ha hecho más persistente. «El gobierno y los partidos de oposición compiten por mostrar fervor nacionalista,» dice el señor Dezayee. El sentimiento contra el PKK es mayor que nunca en Turquía.

Más amenazador todavía es que Turquía está alarmada porque los kurdos son figuras clave en la política iraquí y están desarrollando un Estado kurdo semi-independiente en el norte de Iraq.

Después de la elección, puede que a Ankara se le haga imposible retirarse de la belicosa retórica de las últimas semanas y que envíe sus tropas a través de la frontera, incluso si la incursión es sólo de escala limitada.

Si el ejército turco invade, no le será fácil encontrar a las guerrillas del PKK. Su cuartel principal está en las montañas Qandil, que están en la frontera iraní pero convenientemente cercanas a Turquía. Es un área extraordinariamente bien adaptada para la guerra de guerrillas donde incluso a los ejércitos de Sadam Husein les fue imposible penetrar.

Para llegar a Qandil, conducimos hacia el este desde la capital kurda, Arbil, a la llanura bien irrigada al norte del lago Dokan. En la ciudad de Qala Diza, destruida por Sadam Husein pero que ahora está siendo reconstruida, el administrador local Maj Bakir Abdul Rahman Hussein dijo rápidamente que Qandil está gobernado por el PKK: «No tenemos ninguna autoridad en el lugar.» Dijo que hay cañoneos regulares desde Irán que han llevado a que algunas aldeas fronterizas sean evacuadas, pero esto no pareció considerar esto como algo extraordinario. «Los iraníes lo hacen cada vez que sienten presión internacional,» dijo.

Contratamos un vehículo todo terreno y un conductor que era de Qandil en un uniforme kurdo negro. Antes de subir a las montañas, nos detuvieron guardias fronterizos paramilitares iraquíes. Una bandera roja-blanca-y-negra iraquí, algo que se ve pocas veces en Kurdistán, ondeaba sobre su cuartel construido como un castillo medieval en miniatura.

Funcionarios kurdos cercanos a Qandil se muestran extrañamente ansiosos de desmentir toda autoridad sobre su propio territorio soberano. En una severa perorata, después de consultar a sus superiores por teléfono, el teniente coronel Ahmad Sabir de los Guardafronteras dijo que podíamos continuar pero que «no tenemos ningún control más allá de este punto y ninguna responsabilidad por los que les pueda suceder. Pueden encontrar al PKK, a iraníes en la frontera o a pastores con rifles.»

El camino a la montaña sube por las laderas de montes escarpados punteados por pequeños robles, pasando aldeas con azoteas hechas de adobe y broza.

El camino es primero de asfalto con baches, luego de rocas fragmentadas y finalmente, después de cruzar un puente sobre un torrente de montaña poco profundo, renuncia a ser un camino y se convierte en un sendero, que ha sido parcialmente arrasado por avalanchas.

La primera señal del PKK fue una garita de centinela ubicada confiadamente al aire libre con dos hombres armados, con uniformes color caqui, que confiscaron nuestros pasaportes y teléfonos móviles. Conduciendo más lejos, llegamos a un extraño y exótico mausoleo a los muertos del PKK. Sus muros están pintados en blanco y rojo y pasando las puertas hay estanques ornamentales y lechos de flores dominados por una columna de diez metros de alto, sobre la cual hay una estrella amarilla miniatura en metal u hormigón, símbolo del PKK.

El cementerio, construido en 2002, contiene 67 tumbas y está al medio del desierto valle Marado habitado sólo por ganado en pastoreo. «Solo tres de los que están enterrados aquí murieron de causas naturales,» dice Farhad Amat, soldado del PKK de Dyarbakir en Turquía que está cargo del mausoleo.

Fundado en los años setenta, el PKK libró una prolongada pero finalmente fallida guerra de guerrillas en el sudeste de Turquía en la que murieron por lo menos 35.000 personas. Organización kurda separatista marxista-leninista, su líder Abdullah Ocalan fue capturado en 1999 y sus 4.000 combatientes bien entrenados se refugiaron en el norte de Iraq.

Las inscripciones sobre las lápidas cuentan la trágica historia del PKK. Casi todos los que murieron eran kurdos turcos, muchos de ellos muy jóvenes. Por ejemplo, una combatiente cuyo nombre de guerra era «Nergis» y su nombre real Khazar Kaba tenía sólo 16 años cuando fue muerta el 30 de julio de 2001.

En una casa de huéspedes del PKK junto a un arroyo sombreado por viejos árboles, encontramos a varias guerrilleras, quienes, contrariamente a las tradiciones patriarcales kurdas, juegan en papel importante en el PKK. Llevaban uniforme y con ellas estaba una familia kurda iraní formada por la madre, el padre y el hijo. Su presencia quedó sin explicación hasta cuando nos íbamos, y el padre, Agai Mohammedi de Sina en Irán, repentinamente espetó que estaban tratando de encontrar y llevar a casa a su hijo de 25 años que se había escapado para unirse al PKK.

Iban de campo en campo buscándole y siempre les decían que no estaba. «Por favor, ¿pueden ayudarnos?» rogó el señor Mohammedi pero no pudimos hacer nada.

Hay pocos combates. Pejak lanza ataques esporádicos al Kurdistán iraní. El PKK realiza emboscadas y ataques con bombas en Turquía y ha escalado sus ataques este año, matando a por lo menos 67 soldados y perdiendo a 110 de sus propios combatientes según las autoridades turcas. Pero estas escaramuzas limitadas podrían tener un impacto explosivo. Los ataques dan una excusa para la acción turca contra un Estado iraquí kurdo cada vez más independiente. «Ellos [los turcos] quieren una excusa para destruir lo que hemos logrado en el Kurdistán iraquí,» dice el señor Dezayee. Un referendo debe tener lugar en el norte de Iraq a fines de 2007 en el cual la ciudad petrolera de Kirkuk podría votar por unirse al Gobierno Regional de Kurdistán. El incentivo para una invasión turca aumenta con cada día que pasa.

«Todo depende del resultado de la elección turca,» dice el doctor Mahmoud Othman, veterano político kurdo iraquí.

Si el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, obtiene una mayoría de dos tercios, podría desaparecer la presión a favor de una invasión. Pero si cree que perdió votos porque sus credenciales contra el PKK y turcas nacionalistas no fueron suficientes, podría tratar de acicalarlas ordenando una incursión a través de la frontera.

El PKK, con su armamento ligero, que conoce cada trozo del terreno montañoso en Qandil, podría evadir a las tropas turcas. Pero los kurdos iraquíes están preocupados de que ellos y no el PKK son el verdadero objetivo del ejército turco. Después de tantas amenazas antes de la elección, podría ser difícil que Turquía se eche atrás sin parecer débil.

Patrick Cockburn es autor de: ‘The Occupation: War, resistance and daily life in Iraq’, finalista en el Premio del Círculo de Críticos de National Book para el mejor libro de no-ficción de 2006.

http://www.counterpunch.org/patrick07192007.html