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Respuesta al artículo "Irán y la prensa venenosa" de Guillermo Almeyra

Lecturas venenosas

Fuentes: Rebelión

Guillermo Almeyra ( «Irán y la prensa venenosa» ) acusa al Tudeh de haber combatido contra Irán en la guerra entre Irán e Irak. Fueron los muyajedín que por una serie de factores internos a la lucha de clases y el oportunismo político después del 79 se fueron a Irak donde estaban aún cuando EEUU […]

Guillermo Almeyra ( «Irán y la prensa venenosa» ) acusa al Tudeh de haber combatido contra Irán en la guerra entre Irán e Irak. Fueron los muyajedín que por una serie de factores internos a la lucha de clases y el oportunismo político después del 79 se fueron a Irak donde estaban aún cuando EEUU invadió Irak.

El Partido Tudeh se opuso a la continuación de la guerra después que Irán había recuperado los territorios invadidos por Irak. (Farhang Rajaee, The USSR and Iran-Iraq War). Sus directivas fueron ejecutados o puestos en prisión. ¿Quién era primer ministro en ese entonces? Mousavi.

¿Qué hizo Mousavi? Cuando fue Primer Ministro (1981-1989) mató comunistas por doquier: militantes socialistas laicos incluyendo como dije gran parte del liderazgo del Tudeh y la persecución o muerte de 10.000 militantes. No que el Tudeh sea inocente: colaboró con los islamistas para destruir los shoras (brotes embrionarios de lo que en Venezuela han sido misiones y lo que Gramsci llamó comisiones internas. Algunos jugaron un papel similar a los soviets.) También ordenó Mousavi (bueno, él y los ayatolas) la destruccion de los fedayines socialistas, el asesinato de todos los representates de partidos religiosos de izquierda en el parlamento y la persecución de sus seguidores. Mujeres y feministas fueron reprimidas perseguidas y asesinadas: algunas con leyes que las marginaban de las carreras «para hombres» (ingeniería civil y agricultura), la imposición contra su voluntad del hiyab, el consentimiento matrimonial bajado a los 13 años, la prohibición del derecho al aborto, anticonceptivos, o el divorcio. El patriarcalismo de Ajmadineyad es también notable: Su propuesta de reducir las horas de trabajo de las mujeres para que tengan más hijos, su justificación de las prohibiciones a las mujeres de asumir responsabilidades legales como «un signo de respeto» hacia ellas, la reintroducción de sangsar (lapidación de mujeres hasta la muerte) por el crimen de adulterio, su proyecto de ley del 2008 ante le parlamento de reducir los derechos de las mujeres en el matrimonio, ampliamente criticado por Shirin Ebadi (premio Nóbel de la Paz) son algunos ejemplos. No sorprende tampoco que el año pasado medios noticieros del gobierno (IRNA) acusaran a la hija de Ebadi de haberse convertido a la religión Bahá’í, apostasía a una religión prohibida y castigada con la pena de muerte. [1] Las minorías étnicas barridas. Cuatro millones de iraníes obligados a exiliarse de la República Islámica ( Nazanín Amarian ) que Amarian ha llamado muy coherentemente una «república sin ciudadanos».

Este año compitieron cuatro candidatos a la presidencia, entre ellos Musavi y Ajmadineyad, el representante del ala «pretoriana» (en la expresión de Nazanín Amariam) del islamismo, por la presidencia. ¿Piensan algunos que Mousavi cambió de bando? ¿Cuál bando? Ambos hombres, ambos chiitas, ambos creyentes y ambos escogidos por los ayatolas al dedazo a lo puro charro. Esas son las condiciones necesarias para el ejercicio del poder del presidente en Irán. Si no sos creyente, si pertenecés a otro partido político, si sos mujer, si pertenecés a una religión minoritaria, olvídate. No podés ejercer el poder. Si querés aún así ejercerlo, serás un agente del imperio o de Israel. O, de acuerdo a algunos, un venenoso. Hace unos años, ser tildado de comunista, te hacía agente de la la URSS y te ponía una soga al cuello. Ahora no hay URSS áunque Irán sigue teniendo uno de los mayores números de ejecuciones per capita (ocupa el puesto número doce en el mundo).

Interesante entonces que se critique a la izquierda por tener ojos occidentalistas que no ven el ardor revolucionario del campesinado. Pero la izquierda lo conoció y lo constituyó en los shoras que como campesinos, obreros y pobres ella misma creó. Como dije, los shoras fueron destruídos por los ayatolas (Zayad, The Iranian Revolution: Past, Present and Future ).

Luchar contra el imperio, sí. ¿Sacrificar a un pueblo que tumbó al Shah y ha sido reprimido por un puñado de varones porque supuestamente están luchando contra el imperialismo? Es complicado. Pero no se debe barrer la historia del pueblo iraní contra el shah y los teócratas bajo la alfombra. Cada vez que se eleva ésta sobre Tangu, se ven los millares de revolucionarios sacrificados a la pequeño burguesía teocrática. Renegar de esa historia para defender la teocracia es un error fatal. Tildar la crítica a la teocracia de occidentalismo no se ajusta a los hechos o a la práctica revolucionaria.

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[1] Muchas mujeres sabían cual era el propósito de la imposición del hiyab: Sellar su represión. Ellas se opusieron en el parlamento. Algunos en el Occidente solo han visto laicicismo y «devoción occidental al placer personal, y a la absorción por sí mismo… [gente que rechaza] las limitaciones islámicas y gubernamentales a la conducta personal» (paul Craig Roberts, CounterPunch). Esta posición del 2009 es similar a la que sostuvo Khomeini para justificar la introducción del hijab compulsorio. Mujeres que usaron el velo para rebelarse contra la compulsión de no usarlo bajo el Shah eran ahora forzadas a usarlo. En 1983, la ley castiga con 74 latigazos la violación del hiyab; en 1995, la ley impone prisión de 10 a 60 días para aquellas que se resisten públicamente a la «modestia» impuesta desde arriba. El apoyo que algunos autores occidentales le dan a estas medidas en base a su lucha «anti-imperialista» es la otra cara de la moneda de lo que ha sido llamado imperialismo postmoderno. El imperialismo postmoderno borra toda diferencia a favor de un occidentalismo solapado como la humanidad universal. En este ejemplo es la expresión de los racistas europeos de obligar a las mujeres europeas a no velarse (y no debemos olvidar que el Islam es tan europeo como el cristianismo y el judaísmo). La otra cara de este imperialismo es la afirmación de la diferencia hegemónica nacional y el silencio absoluto ante las diferencias concretas reprimidas por la imposicón interna de esa hegemonía. Es lo que yo llamo teoría de dependencia postmoderna globalizada: Afirmación del anti-imperio sin análisis de clase, género o minorías nacionales reprimidas alguno. En este ejemplo, se borra «el solapamiento del cuerpo de las mujeres, la segregación de género y la desigualdad» al hacerse estos elementos «integrales a la construcción del estado y su identidad: Islámico, anti-imperialista y anti-occidentalista» [Hamideh Sedghi, Women and Politics in Iran: Veiling, Unveiling, and Reveiling (Cambridge University Press. 2007), 201]. El libro de Sedghi es un excelente texto para mirar críticamente el etnocentrismo occidentalista por un lado y la ideología populista anti-imperial por el otro. Para una distinción útil entre el concepto crítico de pueblo y los populismo que borran las diferencias, ver el análisis que hace Enrique Dussel sobre el texto y el contexto de «pueblo» en el primer volumen de su Política de la liberación (Trotta, 2007), 439-464.