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No estamos en Cittagong, es Indonesia

Fuentes: Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

ISLA MADURA, Indonesia – Por poco tiempo, esta isla que comienza cerca de una milla de las costas de la segunda ciudad indonesia por su tamaño -Surabaya- llegó a la prensa local e internacional. Dos chiíes fueron asesinados por una turba armada de machetes de fanáticos pertenecientes a la mayoría suní. Solo en la aldea Nanggernang (Karang Gayam), en el centro de la isla fueron destruidas unas 50 casas, quemadas en su mayoría.

Casi 200 chiíes viven ahora en el estadio de tenis bajo cubierta convertido en campo de refugiados en la ciudad cercana de Sampang.

Algunos dicen que la disputa comenzó respecto a una niña, alumna en un internado religioso. Dos imames -dos hermanos- uno chií y el otro suní estuvieron involucrados. Un imam suní se enamoró de la niña y su hermano impidió que se casara con ella.

Siempre hay rumores semejantes en Indonesia. Nunca se culpa de fanatismo y racismo a los que cometen genocidio, asesinatos y discriminación, que plagan el archipiélago desde el golpe patrocinado por EE.UU. que llevó al poder a Suharto en 1965.

Hay señales evidentes de influencia ‘extranjera’, es decir saudí, pero todos temen hablar del tema.

«No todos los exalumnos saudíes en Indonesia son antichiíes, explica Azyumardi Azra, director de la Escuela de Posgraduados de la Universidad Islámica Estatal en Yakarta. «Por ejemplo el exministro de Asuntos Religiosos, Said Aqil Husein Munawar».

Pero se podría decir, mirad al ministro actual -el ministro de Asuntos Religiosos

Suryadharma Ali- y lo que sale de su boca: «Convertir a los musulmanes chiíes al Islam suní, respetado por la mayoría de los indonesios, sería la mejor manera de impedir estallidos violentos…»

Una vez más, el gobierno de Indonesia no detiene la violencia contra minorías. El estallido de feroz discriminación no comenzó con alguna historia de amor, sino con la fatua religiosa aprobada por el MUI [Consejo de Ulemas Indonesios] de Sampang que califica a los chiíes de herejes.

Y con los panfletos militantes que se distribuyen en las madrazas en Sampang y otros sitios en Madura, así como en Java Oriental, proclamando que la comunidad chií sigue enseñanzas erróneas del Islam, con las conclusiones de que «Los musulmanes tienen que estar alertas ante los chiíes».

«Antes de Ramadan de este año, Al Anwar mussala, al otro lado de la calle, habían estado transmitiendo sermones dos veces por semana. Sus altavoces estaban dirigidos directamente hacia nuestra escuela. Transmitían que nuestra sangre es haram, explica Naila Zakiyah, una maestra chií en el internado Al Mahadul Islami Yapi, en la ciudad de Bangil, Java Oriental, que incluye una considerable población maduresa.

Al investigar este último caso de intolerancia religiosa, en un reciente viaje a Madura encontré, justo después del cruce del trasbordador, la playa más contaminada que he visto en alguna parte del mundo. No se veía la arena; toda la costa estaba cubierta de basura.

Y en el horizonte, como algunos terribles fantasmas, había enormes barcos de carga en descomposición.

Acerqué el coche, y pronto me di cuenta de que estaba presenciando una versión indonesia de los infames desguaces bangladesíes que se encuentran en Chittagong.

Cientos de culíes estaban desguazando enormes barcos con las manos desnudas. Volaban las chispas, terribles fumarolas cubrían el área, y el agua alrededor se ennegrecía.

Me contaron que ahí mueren personas o resultan heridas. Me explicaron que periódicamente hay terribles explosiones.

Las imágenes eran tan poderosas que inmediatamente me puse a trabajar utilizando toda mi habilidad y mi equipo fílmico.

Por algún motivo sentí que lo que presenciaba en el interior de la isla de Madura estaba conectado con las violentas imágenes de la costa.

Es lo que omiten generalmente la prensa dominante indonesia y la occidental. Lo que hace que las historias de Madura y tantos otros sitios en todo el archipiélago sean tan poderosas y frecuentemente tan espantosas: la intolerancia, incluso el feudalismo, en el que todavía vive el país con su crónico bajo nivel de educación y su escandalosa pobreza.

Las imágenes infernales del desguace eran de alguna manera sinónimos del estado mental de los que matan, destruyen e insultan por etnias o creencias.

Andre Vltchek ( http://andrevltchek.weebly.com/) es un novelista, cineasta y periodista de investigación. Ha cubierto guerras y conflictos en docenas de países. Su libro sobre el imperialismo occidental en el Sur del Pacífico se titula Oceania y está en venta en http://www.amazon.com/Oceania-André-Vltchek/dp/1409298035. Su provocador libro sobre la Indonesia post Suharto y su modelo fundamentalista de mercado, se titula Indonesia: The Archipelago of Fear, http://www.plutobooks.com/display.asp?K=9780745331997. Recientemente produjo y dirigió el documental de 160 minutos Rwandan Gambit sobre el régimen pro occidental de Paul Kagame y su saqueo de la República Democrática del Congo, y One Flew Over Dadaab sobre el mayor campo de refugiados del mundo. Después de vivir muchos años en Latinoamérica y Oceanía, Vltchek vive y trabaja actualmente en el Este de Asia y África.

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Southeast_Asia/NK02Ae01.html

rCR

 

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