Recomiendo:
0

Rohaní y el remix de 1914

Fuentes: Asia Times Online

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

El presidente iraní Hassan Rohaní es actualmente el hombre que trabaja más duro en la industria del espectáculo (geopolítico). Acaba de entrar a la guarida del león, o pecera: el Foro Económico Mundial en Davos. Y los encantó a todos simplemente con su estrategia de «prudente moderación», que transmite lo que todo Amo del Universo, real o falso, realmente quiere oír: Irán está abierto a los negocios.

Rohaní subrayó lo que ha reconocido incluso Jim O’Neill, el inventor de los BRIC: Irán tiene potencial para convertirse en una de las diez principales economías del mundo antes de 2040. Su estrategia para lograrlo es extremadamente sana: una política exterior muy equilibrada subordinada al fomento del desarrollo económico. Comienza con un acuerdo definitivo con el P5+1 -los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas más Alemania- hasta el fin de 2014, el levantamiento de todas las sanciones y luego un flujo continuo de inversiones de Occidente.

Rohaní no ve ningún «obstáculo insuperable» para un acuerdo nuclear permanente, exhaustivo, «a menos que otras partes no muestren suficiente voluntad seria». Las sanciones, dijo «solo exacerban» la inestabilidad en lugar de crear paz.

Rohaní no podría ser más ponderado en su impulso por «colaborar con la comunidad mundial sobre una base justa». Volvió a subrayar que el programa nuclear de Irán es solo para uso civil: «No tenemos ambiciones de crear un arma nuclear… Declaro enérgicamente que las armas nucleares no tienen ningún lugar en nuestra estrategia de seguridad. Pero el pueblo iraní no está dispuesto a renunciar a su tecnología pacífica. Seguiremos desarrollando el uso nuclear pacífico».

Por eso, cuando le preguntaron por el uso dual de la tecnología nuclear dijo: «40 país tienen uso dual de la tecnología nuclear. Irán no aceptará que se le discrimine».

Rohaní subrayó que Irán está construyendo vínculos comerciales más fuertes con sus vecinos -la larga lista incluye a Rusia, Turquía y Pakistán- y no quiere otra cosa que normalizar los negocios con los europeos. Por lo tanto cortejó debidamente a los dirigentes empresariales occidentales. Habló a las grandes petroleras occidentales de un «marco de intereses mutuos». Y el trato está potencialmente sobre la mesa: si invertís en nuestra industria energética -y todos ansían hacerlo- contribuiremos a vuestro crecimiento económico, y eso es bueno para la paz mundial.

Dijo que la crisis financiera demostró que las naciones no pueden aislarse. Incluso hizo un cumplido al tema del festival de discursos de Davos de este año: las economías exitosas también deben ser éticas. Id a decírselo a Jamie Dimon de JP Morgan.

Según Rohaní: «los seis últimos años nos han enseñado que ningún país puede tener éxito solo… Ningún país puede considerar que su dominación es permanente. Y estamos todos vinculados a través de la globalización. Si no elegimos capitanes sabios la tormenta nos afectará a todos». Vaya a decírselo a la camarilla estridente que no escatima esfuerzos para sabotear cualquier posibilidad de un entendimiento con Irán.

Su posición sobre Siria fue, de nuevo, sana. «Los asesinos implacables están inundando Siria y combaten incluso combaten los unos contra otros… Deberíamos trabajar juntos para ayudar a Siria y expulsar a esos asesinos del país. Luego debemos juntar a la oposición alrededor de la mesa, y organizar elecciones totales y justas en Siria». Id a decírselo a la Casa de Saud o a la Casa de Thani de Catar.

La banda de 1914

Solo porque Rohaní no incluyó a Israel entre los países con los que Irán está construyendo vínculos más estrechos -habló de paz con «todos los países… que hemos reconocido oficialmente»- el acostumbrado lobby de Israel comenzó a tener un ataque. Teherán no tiene que reconocer a un rábido régimen en Tel Aviv que ha estado, durante años, amenazando rutinariamente con atacarlo, con o sin EE.UU. en la primera línea. A propósito, esos verdaderos demócratas de la Casa de Saud tampoco reconocen formalmente a Israel. Pero ellos son «nuestros» bastardos.

Todo esto tenía que converger con una de las obsesiones clave en Davos este año, la idea de que 1914 se repite. Davos, para comenzar, no es exactamente clarividente, necesitó años para acabar admitiendo que la desigualdad en la riqueza y el desempleo son amenazas mortales para la economía mundial. Los directores ejecutivos con pingües bonificaciones no son exactamente igualitarios, solo cuando es malo para los negocios.

Hablando de desigualdad de la riqueza, el informe de Oxfam publicado el lunes dice que es como sigue: «La mitad inferior de la población del mundo posee lo mismo que las 85 personas más ricas en el mundo».

Otro informe publicado el lunes por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) muestra que el desempleo, a nivel global, ha afectado al menos a 202 millones de personas en 2013; serán 215 millones en 2018. El desempleo aumenta en el Sudeste Asiático, en el sur de Asia, y en menor escala en Medio Oriente, Norte de África y Europa Central. Además el desempleo de jóvenes aumenta en el Sur de Europa -Grecia, España, Italia­- así como en Irlanda.

¿Y adivinad a quién culpa la OIT? A los Amos del Universo que se reúnen en Davos; corporaciones que prefieren conservar su dinero o comprar sus propias acciones en lugar de invertir en capacidad de producción o en crear puestos de trabajo.

Le correspondió sobre todo al primer ministro japonés Shinzo Abe avivar el fuego del remix de 1914, con su truco de demonización de China de que «la expansión militar» de Asia podría salirse de control. (Vea Cencerros, o cómo Davos salva el mundo, Rebelión, 27 de enero de 2014)

Pero el economista Nouriel Roubini ha sido el hombre clave del remix de 1914. OK, lo mismo que hace un siglo, la desigualdad de la riqueza es elevada (provocada ahora por los tenebrosos manejos del turbocapitalismo prohijado por la mayoría de los Amos del Universo). Nos encontramos en una «época dorada de desigualdad» (Roubini). Y hay obviamente una reacción generalizada contra la globalización, los beneficios corporativos ilimitados gracias a la mercantilización de todo.

En cuanto a las «crecientes tensiones geopolíticas», nadie en Davos parece tener el coraje necesario para decir de dónde provienen; la decadencia del imperio estadounidense con todas sus convulsiones centrífugas y centrípetas; el temor de muchos en Occidente y especialmente de Japón en Oriente a una China incontenible, ascendiente; y la coalición infame de Israel y la Casa de Saud para mantener el amplio Medio Oriente sumido en un conflicto sectario. Estas son las verdaderas «tensiones geopolíticas» que podrían remodelar 1914; no las estrategias de política exterior de Irán, China o Rusia.

Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y de Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su libro más reciente es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Contacto [email protected]

Copyright 2013 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MID-01-240114.html

rCR