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Abusando de la Tierra

Fuentes: Counterpunch

Foto Sam Beebe CC BY 2.0 La evaluación realizada el pasado año de los comportamientos de un grupo de hombres poderosos de EE. UU. cuyos supuestos abusos vienen denunciando los medios corporativos casi cada día, me ha hecho reflexionar sobre la actuación que la artista Marina Abramovic llevó a cabo en 1974. Se filmó con […]


Foto Sam Beebe
CC BY 2.0

La evaluación realizada el pasado año de los comportamientos de un grupo de hombres poderosos de EE. UU. cuyos supuestos abusos vienen denunciando los medios corporativos casi cada día, me ha hecho reflexionar sobre la actuación que la artista Marina Abramovic llevó a cabo en 1974. Se filmó con cámara y la artista permaneció en una habitación a lo largo de seis horas, permitiendo que los espectadores hicieran cuanto quisieran con su cuerpo sin ofrecer resistencia. Fue una obra que me dejó temblando. A medida que avanzaban las horas, la artista soportó humillaciones, torturas e incluso estuvo cerca de la muerte cuando ciertos individuos, en su mayoría hombres, le rasgaron la ropa, la mancillaron e incluso llegaron a apuntarle al cuello con un arma cargada.

Sobre esa experiencia, observó Abramovic:

«Esta obra revela algo terrible sobre la humanidad. Muestra lo rápido que una persona puede lastimarte en determinadas circunstancias. Muestra lo fácil que es deshumanizar a una persona que no lucha, que no se defiende. Muestra que la mayoría de la gente considerada ‘normal’, si se les proporciona un escenario, pueden convertirse verdaderamente en un ser violento.»

La actuación fue una exhibición poderosa del grado y escala en que los seres humanos, particularmente los hombres, pueden llegar a degradar, violar e incluso mutilar a otros seres humanos, especialmente a las mujeres, a quienes consideran seres impotentes o inferiores. No tenía nada que ver con un fetichismo consensual e inofensivo, se trataba del despiadado e inmisericorde poder patriarcal que impregna nuestra cultura. Y entendí que tenía implicaciones aún más amplias. A algún nivel, exponía un animus latente a una microescala que refleja la forma en que la mayoría de las mujeres y los niños son tratados día tras día en gran parte del sur global gracias al sistema de explotación impuesto por el norte global. Pero también habla de la forma en la que el capitalismo industrial ha tratado durante mucho tiempo a la tierra viviente, presentada a menudo como una madre que no «contraataca» a sus agresores.

La relación de Occidente con la naturaleza y los «salvajes» ha sido, en el mejor de los casos, siempre problemática. Durante mucho tiempo se les ha considerado como algo a temer, conquistar, someter y explotar. Donde sus progenitores paganos generalmente celebraban la feminidad divina de Gaia, la Europa cristiana patriarcal la denigraba en su mayoría. La sexualidad femenina, fusionada a menudo con la naturaleza, fue también representada de una manera diabólica que dio lugar a la represión puritana, la persecución y los juicios de brujas. A aquellas mujeres que supuestamente «estaban en comunión» con la naturaleza se las contemplaba bajo una luz diabólica y fueron sometidas a las formas más atroces de tortura y ejecución imaginables. Después, gracias a la codicia de la elite feudal y la revolución industrial, el capitalismo llevó este animus hacia la naturaleza y las mujeres a otro nivel: la mercantilización.

Creo que fue en este punto cuando la humanidad inició su camino moderno hacia una separación psicológica nihilista del mundo natural. Esto se pone manifiesto en la compartimentación de la biosfera por parte del gobierno y las entidades comerciales como mera categoría o tema de discusión. Tras siglos de condicionamiento por parte de los poderosos adinerados, esta desconexión ha corrompido tan profundamente la psique colectiva del norte global que desafiarla es considerado absurdo por la mayoría y herejía por muchos. Sin embargo, subyace en todos los problemas sociales, desde los tiroteos masivos y la adicción a las drogas, al racismo y la misoginia, la corrupción política, el genocidio y la guerra. De hecho, la mercantilización del planeta por parte de la clase propietaria es una amenaza existencial que deshace velozmente toda la red vital de la que dependemos.

La actuación de Abramovic en 1974 es un ejemplo sorprendente de nuestra cultura patológica de desapego en la que se nos muestra cómo seres humanos normales son capaces de depravación y violencia cuando desprecian una conexión significativa con el «otro». También demuestra cómo la misoginia y el sexismo funcionan como actos de ese desapego patológico. Pero quizás se entienda mejor como una advertencia profética para nuestra especie.

Cuando nos adentramos en la Sexta Extinción Masiva, con la biomasa en peligro y las poblaciones de insectos, aves, árboles, corales y marinas en caída libre literal, ya no podemos darnos el lujo de ignorar nuestro papel en esta violencia. Mientras este paradigma persista, no se producirán a tiempo cambios sustanciales consecuentes que resulten de importancia para nuestra especie u otras especies.

Al igual que en la actuación de Abramovic, hombres ricos y poderosos siguen abusando y profanando la Tierra ante nuestros propios ojos. Como testimonio de la enfermedad de nuestra época, cometen la mayoría de sus actos de violencia, saqueo y violación bajo la plena protección de la ley. Pero su arrogancia y su locura no impedirán que la Tierra se defienda. Y, sin lugar a dudas, ninguno de nosotros podrá imaginar siquiera el alcance de su respuesta.

Kenn Orphan es artista, sociólogo, amante radical de la naturaleza y un activista exhausto pero comprometido. Puede contactarse con él en: kennorphan.com 

Fuente: https://www.counterpunch.org/2018/10/11/the-molestation-of-earth/

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.