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Adiós Musharraf, hola talibanes

Fuentes: Asia Times

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Como si fuera el momento justo, los talibanes lanzaron dos de sus ataques más atrevidos en Afganistán el mismo día en que Pervez Musharraf renunció como presidente de Pakistán, abriendo un vacío político en ese país y poniendo en duda la continuación de su cooperación en la «guerra contra el terror» de EE.UU.

Más de 100 talibanes emboscaron a soldados franceses de patrulla con tropas del Ejército Nacional Afgano en Sarobi, a sólo 50 kilómetros al sur de la capital Kabul, matando a 10 franceses e hiriendo a 21 en una batalla que duró más de 12 horas. Francia tiene 2.600 soldados en Afganistán, en su mayoría como parte de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), y ha perdido a 24 en acción o accidentes desde que los envió en 2002.

En otro incidente, varios coches bomba en el perímetro de Camp Salerno, la segunda base por su tamaño de EE.UU. en Afganistán, en la provincia Khost a 20 kilómetros de la frontera con Pakistán, mató a 10 afganos e hirió a 13. Siete insurgentes, incluidos seis atacantes suicidas, fueron muertos, dijo la ISAF, desmintiendo un informe de los talibanes de que habían matado a 40 soldados estadounidenses.

En Pakistán, los talibanes atacaron el martes un fuerte en Agencia Bajaur, matando a varios miembros del personal de seguridad. También hubo un ataque suicida en Dera Ismail Khan en la Provincia de la Frontera Noroeste (NWFP), contra una reunión chií. Hubo varias víctimas, incluidos algunos policías.

Estos incidentes destacan la creciente influencia de la resistencia dirigida por los talibanes en Afganistán y la fuerza de los combatientes dentro de Pakistán.

Toda la NWFP, excepto el Valle del Peshawar, está en manos de los combatientes y contactos de Asia Times Online confirman que la central de al-Qaeda en las áreas tribales de Waziristán ha desarrollado un plan para aumentar los ataques en Pakistán y Afganistán para movilizar a las masas y aprovechar las actuales dificultades en Islamabad después de la dimisión de Musharraf.

Contactos de Asia Times Online en Pakistán sostienen que la acción de los guerrilleros es una reacción a una reciente reunión de una comisión tripartita en Kabul. en la que tomaron parte representantes de la OTAN, del ejército afgano y del ejército paquistaní, en la que se elaboró un plan coordinado para hacer frente a los guerrilleros en toda la región. Los combatientes quieren aumentar los ataques contra Pakistán para obligarlo a reducir su cooperación en esta lucha contra los talibanes y al-Qaeda.

Es significativo que el reciente aumento de la violencia en Afganistán, especialmente en Wardak, a 30 kilómetros al este de Kabul, y en Sarobi, no es sólo el resultado de acciones de guerrilleros talibanes. Jefes tribales locales, clérigos y señores de la guerra que previamente se sometieron a las órdenes del gobierno en Kabul se han unido bajo el nombre genérico de los talibanes para expulsar a las fuerzas extranjeras de ocupación.

El bien documentado Consejo Senlis, un think tank de política internacional, dijo en una declaración el miércoles que los esfuerzos internacionales por contener a la resistencia talibán en Afganistán están fracasando y que se necesitan refuerzos. Señala que los últimos combates «envían un claro mensaje de que la estrategia occidental en Afganistán está fracasando.»

«Hasta ahora, los dirigentes occidentales han negado la verdadera dimensión de la presencia talibán en Afganistán, y su capacidad de moverse rápidamente contra la capital afgana». El consejo dijo que la OTAN, que tiene unos 53.000 soldados en el país, debería aumentar su fuerza a 80.000.

Vacío en Pakistán

Es la situación de la seguridad después de casi nueve años de acción de Musharraf (hay quien diría falta de acción) como el hombre de EE.UU. en la vanguardia de la «guerra contra el terror» – era presidente y jefe del estado mayor del ejército.

La dirección que tome Pakistán en la era inmediata posterior a Musharraf tendrá una influencia crucial sobre la resistencia dirigida por los talibanes en Afganistán y los combatientes en Pakistán. El nuevo presidente no formará necesariamente parte de todo esto, pues el cargo es ahora en gran parte ceremonial. Más bien, serán los militares y el gobierno civil los que determinarán la dirección del país.

Pero 24 horas después de la salida de Musharraf del palacio presidencial, las tensiones ya habían vuelto a aparecer entre los principales partidos de la coalición gobernante, el Partido del Pueblo de Pakistán (PPP) de la asesinada ex primera ministra Benazir Bhutto y la Liga Musulmana de Pakistán-Nawaz (PML-N), dirigida por otro ex primer ministro, Nawaz Sharif.

Los partidos habían enterrado temporalmente sus diferencias en un esfuerzo por acusar a Musharraf, pero los problemas han reaparecido, sobre todo el de la rehabilitación del aparato judicial, purgado por Musharraf el año pasado para asegurar su reelección como presidente.

A Sharif lo obsesiona la restauración del aparato judicial, incluido al depuesto presidente de la corte suprema, Iftikhar Chaudhry, ya que fue una de sus principales promesas electorales. Asif Zardari, viudo de Benazir Bhutto y jefe del PPP, ha dicho a Sharif que no confía en Chaudhry. A Zardari le preocupa que Chaudhry revoque el Decreto Nacional de Reconciliación que le protege contra acusaciones de corrupción presentadas en tribunales locales e internacionales.

Al mismo tiempo, Zardari apunta a obtener inmunidad para Musharraf contra posibles acusaciones, pero eso es lo último con lo que estaría de acuerdo Sharif.

El movimiento de los abogados, que surgió cuando fue depuesto el aparato judicial, amenaza con más protestas y se ha convertido en una fuerza poderosa.

Se trata evidentemente de un gobierno de desunión, destinado a interminables disputas y parálisis – una situación que será explotada a fondo por los guerrilleros, como lo han hecho desde que Musharraf abandonó su uniforme en noviembre pasado.

Una de las tácticas clave de los combatientes islámicos es explotar los vacíos en el poder político, las crisis económicas o cualquier otro problema para empujar a un país hacia la desintegración.

En Pakistán y Afganistán, este proceso está en vías de ejecución. En el caso de Zardari, su perdón presidencial a través de un decreto podría ser retirado por los tribunales, y su carrera política habría terminado. En Kabul, el presidente Hamid Karzai sólo sobrevive gracias a los soldados extranjeros en el país y sus órdenes apenas llegan más allá de Kabul. Si los guerrilleros logran presentarse de manera estructurada a las masas, sería un catalizador para el cambio y no el que desearía Occidente.

«En las sociedades musulmanas están creciendo todo tipo de vacíos sociales, políticos y económicos y es un hecho histórico que en el mundo musulmán la reacción ante situaciones semejantes ha emanado siempre de movimientos dirigidos por las fuerzas religiosas,» declaró a Asia Times Online el intelectual musulmán paquistaní Shahnawaz Farooqui, autor de tres libros sobre la relación del Islam y Occidente.

La resistencia dirigida por los talibanes en Afganistán y los baluartes guerrilleros en áreas de Pakistán parecen probar que tiene razón

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/South_Asia/JH21Df01.html

Syed Saleem Shahzad es jefe del Buró en Pakistán de Asia Times Online. Para contactos: [email protected]

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