Recomiendo:
1

Carlson-Putin: audi alteram partem

Fuentes: Rebelión

El jueves 8 de febrero, a las 18:00 horas del este de Estados Unidos apareció en la red de Tucker Carlson (que opera a través de la plataforma X del plutócrata Elon Musk), la entrevista que el periodista estadunidense le había hecho en el Kremlin, dos días antes, al presidente de Rusia, Vladimir Putin.

Acostumbrado a audiencias millonarias, convertido en fenómeno mediático “independiente” y “antisistema”, y una de las voces más influyentes de la ultraderecha trumpista, el ex presentador estelar de la cadena Fox News apareció ante la cámara inusualmente nervioso e impreciso, luciendo una corbata azul y amarilla que parecía evocar los colores de Ucrania. Frente a él, Putin, manejando los tiempos con una frialdad pasmosa −a veces mordaz, con sorna, pero siempre preciso, coherente, didáctico, exponiendo hechos y apelando al sentido común−, expuso a su entrevistador a una larga e inesperada clase de historia, repleta de argumentos sobre asuntos geopolíticos y de las relaciones de la Federación Rusa con Estados Unidos y sus “socios” del Occidente colectivo.

El resultado de la conversación fue de alguna manera extraño, inesperado. Al iniciar el programa, el propio Carlson comentó que la respuesta que obtuvo a su primera pregunta lo dejó estupefacto. “¿Estamos en un talk show o manteniendo una conversación seria?”, cuestionó Putin. Aceptados los términos en clave de seriedad, el presidente ruso habló durante más de media hora sobre la historia de Rusia (desde el origen de Rus en el año 862 hasta el “estado artificial” que es hoy Ucrania) y Carlson dijo que pensó que era “una técnica de desvío” (filibustering) del tema. Admitió que eso le molestó, por lo que interrumpió varias veces a Putin, pero al final concluyó que no había tal cosa: la entrevista no tenía límite de tiempo y él mismo la concluyó después de más de dos horas. Al final reconoció que lo que le dijo Putin fue “una expresión sincera de lo que piensa”.

El interés de la entrevista no radica tanto en lo dicho y su contenido sino en el momento en que ocurre y el auditorio al que se dirige: es la primera vez desde febrero de 2022 −cuando el Kremlin dio inicio a la Operación Militar Especial en Ucrania−, que la voz directa de Rusia se pudo hacer oír a nivel masivo en EU, Canadá y Europa. Después de años de una intensa, sistemática y meticulosa campaña de intoxicación (des)informativa y una desenfrenada rusofobia, el acierto de Putin fue conceder a Carlson su primera entrevista a un periodista extranjero.

Hombre del sistema ligado al Partido Republicano; conductor estrella al servicio del imperialismo comunicacional, la dictadura del pensamiento único y el fascismo del siglo XXI antes de que, al parecer, Fox News lo despidiera el año pasado; con gran olfato para vender noticias como mercancías y especializado en abordar la realidad cómo espectáculo, esta vez Carlson “rompió” aparentemente con la mentalidad de manada (de sus colegas) y la ingeniería del consentimiento que manipula y domina a la sociedad estadunidense. Una fabricación del consenso para el control elitista de la sociedad que está en la base de la propaganda anglosajona. Todo un sistema de domesticación, adoctrinamiento y manipulación simbólica donde no hay causas, no hay contexto, no hay memoria; donde no existe la historia. Y donde la televisión, la radio y las plataformas de las redes sociales operan como arma de distracción masiva y cumplen una función despolitizadora al servicio de la “insurgencia plutocrática” (Robert Bunker dixit).

No en balde, ante sendas preguntas de Carlson, el propio Putin ironizó en un par de ocasiones sobre las “historias de terror” y las noticias falsas que difunde la propaganda anglosajona (exagerando la “amenaza” rusa, por ejemplo, cuando dice que Moscú utilizará armas nucleares tácticas o invadirá Polonia y Letonia, o como formuló el propio Carlson, el “peligro” que corren los países del BRICS ante una “potencia colonial más amable: China”), terreno en el que, dijo, es “muy difícil derrotar a Estados Unidos”, porque controla los principales medios de difusión masiva del mundo.

Ahora que, motivado tal vez por las elecciones de noviembre próximo en la nación imperial, Tucker Carlson se atrevió a operar aparentemente fuera del “carril” del establishment, desafiando el uso faccioso de las noticias y la falsa narrativa binaria, maniquea, del statu quo, y presentó a su audiencia sin filtros y en directo al Putin real, de carne y hueso, con su propia narrativa alternativa a la de la clase dominante de EU (es decir, dándole voz para que sus televidentes y lectores puedan contrastar las ideas, los hechos y los argumentos del jefe del Kremlin con la caricatura simplificada en blanco y negro, del bien contra el mal, de las corporaciones mediáticas occidentales), se abrió una brecha informativa en el muro de mentiras y guerra psicológica (como tipo o doctrina de la propaganda) manufacturadas por los aparatos del Pentágono, la Agencia de Seguridad Nacional y la Agencia Central de Inteligencia.

Carlson, quien en 2001censuró y denigró en su programa a quienes dudaron de la versión oficial del gobierno de George W. Bush Jr. sobre los atentados terroristas del 11 de septiembre en Nueva York; que en alguna ocasión quiso ingresar a la CIA (como le recordó Putin en la entrevista) pero supuestamente fue rechazado, y cuyo padre fue director de la emisora la Voz de América, herramienta fundamental de la estrategia propagandística de EU en el mundo, sabía los riesgos que corría. Antes de que se difundiera la entrevista, la promotora del Russiagate, Hilary Clinton, lo tachó de “idiota útil” y “quinta columna” de Putin. Y CNN dijo que “cumplía órdenes del Kremlin”. El bloguero conservador malasio Ian Miles Cheong reportó que, “a petición de la Casa Blanca de Biden”, la red social Facebook (propiedad de Meta, del magnate Mark Zuckerberg) “limitó considerablemente la distribución de la entrevista de Tucker Carlson en su plataforma”, y añadió que “si no tiene cuidado, podría convertirse en el próximo Julian Assange”. A su vez, en analista político neoconservador Bill Kristol, exigió prohibir la entrada de Carlson a Estados Unidos tras su visita a Moscú, lo cual encontró eco en la Unión Europea, donde un alto funcionario sugirió prohibirle hacer escalas aéreas.

Como apuntó Scott Ritter, el problema es que los defensores de la rusofobia “operan en un entorno libre de hechos, donde el odio ideológico ha sustituido al juicio informado, donde el conocimiento real sobre Rusia ha sido suplantado por la ficción cargada de fantasía”. De allí que en un intento por censurarlo, las élites políticas y mediáticas atacaron al mensajero. Pero Carlson logró romper el cerco (des)informativo del oligopolio de los multimedia de EU: en su primera semana el video tuvo una audiencia de 200 millones en X (antes Twitter). Carlson y Putin han sido ‘tendencia’ desde entonces, promovidos por el todopoderoso algoritmo de un sitio propiedad del hombre más rico del mundo: Elon Musk. ¿Asistimos a una ‘reinvención” de Tucker Carlson o ha sido sembrado en los medios de comunicación emergentes como una voz “rebelde” y “alternativa” autorizada del poder mediático con su nueva caparazón en ciernes?

Por su parte, Putin, leyendo la coyuntura, aceptó la entrevista cuando en el campo de batalla ucraniano la guerra proxy de EU y la OTAN contra Rusia presenta un saldo favorable al Kremlin; la polarización político-social en la ciudadanía y el Congreso de EU va en aumento y hay resistencia a seguir sufragando la guerra de Joe Biden “hasta el último ucranio”, y cuando las contradicciones en el equipo de Volodimir Zelensky exhiben una lucha por el poder en Kiev. Además, guste o no, frente a la “deficiencia cognitiva” del senil Biden (con acceso al botón nuclear), Putin exhibió sus grandes dotes de estadista. Insistió, sí, en su disposición a negociar con los patrocinadores de Zelensky en Washington y les sugirió que encuentren alguna “excusa sutil” que “no ofenda a nadie”. Posición que coincide con la conclusión de la Rand Corporation, de enero de 2023, a favor de un final negociado a la guerra en Ucrania en un plazo que sirviera a los intereses de EU.

Las primeras estadísticas sobre las visualizaciones del video fueron muy superiores a la de los medios de difusión globales con el rating más elevado, lo que lleva a pensar que el objetivo más importante de quienes asesoraron al jefe del Kremlin otorgar la entrevista a Carlson: lograr que a Putin lo vieran y escucharan en Estados Unidos y el Occidente colectivo, se logró con bastante éxito. Lo que realmente preocupaba a las élites políticas y mediáticas era que el “otro lado de la historia” pudiera empezar a sonar cierto entre las audiencias. Por eso atacaron a Carlson y propalaron el “peligro” de que Putin pudiera difundir “desinformación”. Cabe acotar que el trabajo de un periodista es informar y dejar que la gente decida. De allí, lo del título: audi alteram partem, principio de derecho natural que consagra el deber de escuchar a la otra parte.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.