Categoría: Economía
«Una nación que es boicoteada es una nación que está a punto de rendirse. Aplique este remedio económico, pacífico, silencioso, mortal y no habrá necesidad de la fuerza. Es un remedio terrible. No cuesta una vida fuera de la nación boicoteada, pero genera una presión sobre la nación que, a mi juicio, ninguna nación moderna podría resistir».
China tiene un largo camino que recorrer antes de poder superar el poderío económico de Estados Unidos. Es la rivalidad intercapitalista la que impulsa las tensiones entre Washington y Pekín, no las personalidades de Xi Jinping o Donald Trump.
A finales de 2020, el Partido Comunista Chino (PCC) anunció oficialmente que China había superado, por primera vez en su historia, la extrema pobreza. De ser cierto, ahora ya no hay ciudadanos y ciudadanas chinas que mueran de hambre. Sin embargo, ello no quita que las desigualdades sigan acentuándose entre la gente superrica y la población hiperpobre.
Un nuevo estudio conjunto del Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio (OMC) subraya la destacada función que desempeña el comercio en la reducción de la pobreza, pero asimismo indica que es necesario tomar más medidas para ayudar a los países en desarrollo a utilizar el comercio como herramienta de crecimiento.
Las amenazas de imponer nuevas extorsiones “jamás vista” y hasta desconectar a Moscú del sistema Swift, lanzadas por el presidente Joe Biden en el supuesto de que esa nación euroasiática ataque a Ucrania, se han convertido en una especie de rusofobia esgrimida por Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea.
En marzo, cuando el gigantesco portacontenedores Ever Given, con destino a Rotterdam desde Malasia, se quedó atascado en el Canal de Suez durante seis días, bloqueando 150 barcos en un día y paralizando el transporte marítimo con un coste estimado de 1.000 millones de dólares (890 millones de euros) el mundo asistió a un espectáculo edificante.