El nombramiento de un nuevo ministro de Economía con poderes ampliados apareció en estos días como el salvavidas disponible para una muy averiada coalición de gobierno, sobre la que se cierne una profunda crisis tanto política como económica.
Categoría: Argentina
La crisis que atraviesa el país está sustentada en la fortísima iniciativa del poder económico concentrado por acelerar la devaluación del peso, lo que a su vez impacta en una escalada de precios que no parece tener techo, que afecta a la mayoría de la sociedad que vive de ingresos fijos.
La oposición derechista cuestionó la designación de Massa como «superministro» de Economía y pusieron en duda la capacidad del gobierno para resolver los problemas económicos que afronta el país suramericano.
Días atrás el ex militar Aldo Rico realizó unas furibundas declaraciones a través de las redes que deben tomarse muy en serio, aunque él mismo carezca de influencia real en el seno de las FF.AA. desde hace un largo tiempo.
Los acontecimientos previos a la elección presidencial del año 2015 permitieron anticipar un designio personal inalterable que aun hoy perdura y pretende extenderse en el tiempo.
La crisis en la coalición de gobierno viene de lejos, y se visibilizó en estas semanas con cambios en el gabinete ministerial.
Empresarios del agronegocio y medios afines filtraron la intención del Gobierno de descontar a los productores rurales un canon por el uso de las semillas producidas por las multinacionales de biotecnología. El interés empresario está puesto en nuevas tecnologías transgénicas como el trigo y la soja HB4, pero iría en contra del principio de “uso propio” vigente en la Ley de Semillas y sería una política pública contraria a la soberanía alimentaria.
Como siempre el problema acá es el capitalismo, la irracionalidad de un sistema que periódicamente nos genera turbulencias de este tipo que benefician a una minoría y afectan a la mayoría.
Las luchas obreras del último cuatro del siglo XIX en Argentina y el sindicalismo emergente en ese tiempo construyeron las condiciones, junto a otras luchas populares, para habilitar la crítica al orden capitalista consolidado y en apogeo hacia 1880.
El rumbo político y económico ya despierta iras en alta voz de vertientes del oficialismo, incluso atravesando la frontera entre “cristinistas” y “albertistas”.