Brasil está en desgracia. Su presidente Jair Bolsonaro se ha atrincherado en el negacionismo y desafía al virus a pecho descubierto, provocando aglomeraciones en las que reparte besos y abrazos, mientras repite que el coronavirus es un catarro y como mucho una gripe.
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La verdad es que mi país vive días monótonos, exhaustivamente monótonos. Hasta la tensión creciente que vivimos es totalmente previsible.
Una tormenta institucional sacudió hoy a Brasil luego de que la Corte Suprema de Justicia aplicó la censura contra los portales de noticias Crusoé y O Antagonista, vinculados al mercado financiero y ordenó el allanamiento de la casa de un general retirado aliado del presidente Jair Bolsonaro, acusado de conspirar contra el tribunal.
En esta entrevista, Alves relata cómo el tráfico de drogas, las milicias y los sectores que tienen el monopolio de los servicios en los municipios del interior de Río de Janeiro han estado operando durante la pandemia.
Mientras los cadáveres se cuentan de a miles cada día y la política negacionista y genocida de Bolsonaro conduce al país hacia una catástrofe histórica, el presidente usa el aparato del Estado para difamar, perseguir y amenazar a sus adversarios
En estos años, Brasil experimentó profundos cambios políticos e ideológicos. De un ciclo de centroizquierda que había atraído simpatías más allá de sus fronteras y que fue considerado socialmente exitoso, pasó a un gobierno ubicado en la extrema derecha que sumó al negacionismo climático un negacionismo sobre la gravedad de la covid-19 y que dio la espalda a las recomendaciones internacionales.
La guerra de poder institucional sigue en Brasil: Ahora, el Supremo Tribunal Federal brasileño abrió una investigación sobre abusos de poder del ultraderechista presidente Jair Bolsonaro e hizo público un video de una reunión ministerial en la que el mandatario hizo explícita su intención de prescindir de cualquier funcionario que osara investigar a su familia.
Mientras el presidente brasileño apela a las mañas de la vieja política para asegurarse apoyos en el Congreso, la oposición navega con el viento en contra. Con una capacidad de movilización menguada y el balance de su derrota todavía en él debe, la izquierda se ilusiona con un posible proceso de impeachment que, de concretarse, no la tendría como actor protagónico.
Una dimensión notable de la pandemia en Brasil es descubrir a una gran cantidad de personal extraordinario de salud pública (médicos, enfermeras, técnicos de enfermería) luchando, en primera línea, para proteger a las víctimas. Cientos de ellos ya han muerto en esa lucha. Por otro lado, los debates públicos muestran la calidad y cantidad del personal de las universidades públicas y los centros públicos de investigación, presentes en todos los medios y en los textos de análisis de pandemias.