Para producir el cortometraje Helmut se lo llevó a vivir por seis meses a una casa de playa al sur de Matanzas, un lugar solitario y muy ventoso al borde de un acantilado. Una forma más sofisticada de secuestro, tal vez. Ariel se pasaba unas nueve o diez horas por día recortando las figuras de los fotogramas y montándolas sobre unos escenarios fantásticos que Helmut había fabricado con sus propias manos.