Con el secuestro de Maduro, Trump incorporó a dos novedades a la brutalidad imperial. Explicitó su propósito de robar el petróleo y su pretensión de instaurar un dominio colonial.
Con el secuestro de Maduro, Trump incorporó a dos novedades a la brutalidad imperial. Explicitó su propósito de robar el petróleo y su pretensión de instaurar un dominio colonial.
¿Es Nicolás Maduro un dictador despiadado o el guardián de una fortaleza sitiada? En un país desgarrado por las sanciones y una «guerra electoral», la realidad es más compleja de lo que sugieren los titulares de la prensa occidental.
Tras el anuncio del presidente Trump de que nuevos vientos de prosperidad soplarán en su país, millares de venezolanos emprendieron el retorno a su tierra, como caracoles, con sus pocas pertenencias a cuestas. Solo los acompañan las ilusiones y largas jornadas hasta llegar a su destino.
Este 4 de enero de 2026, la Secretaría de Asuntos Internacionales del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), convocó a través de una videoconferencia extraordinaria a todas las agrupaciones políticas y movimientos sociales amigos del proceso bolivariano. Como la plataforma virtual se saturó con más de tres mil personas en línea, debió habilitarse otro soporte digital.
Aunque en el noveno ítem de su Decálogo el escritor uruguayo Horacio Quiroga, para los argentinos rioplatense, diga. “No escribas bajo el imperio de la pasión”, no puedo evitarlo.