La aparición del manifiesto de Palantir con sus 22 puntos, que, sin eufemismos, llama a la construcción de un nuevo tipo de Estado clasificado por los analistas como tecnofascismo, causó la consternación del mundo intelectual derramando ríos de tinta o bits. Sin embargo, para comprender sus derroteros geopolíticos hay que ir a la exégesis del planteamiento, entenderlo como enfrentamiento por la supremacía y la hegemonía entre las naciones.
Categoría: Economía
Se ha puesto de moda afirmar que la lucha de clases ha quedado relegada al pasado, disuelta por la desindustrialización, dispersada por mercados laborales fragmentados, eclipsada por movimientos identitarios y agotada junto con las instituciones que en su día le dieron forma política. Desde este punto de vista, la clase parece haber perdido su protagonismo y, en el mejor de los casos, sobrevive como una categoría residual de análisis.
Radio Borondón
El economista y exministro griego ofrece su interpretación de los 22 puntos que ha publicado la empresa de análisis de datos dirigida por Alex Karp
La huelga de los mecánicos suecos de Tesla es mucho más que un conflicto laboral: una de las partes pretende ignorar un derecho fundamental de la otra, el derecho a la negociación colectiva. Musk es un actor político global para quien el modelo nórdico y europeo de relaciones laborales representa un enemigo ideológico
Cómo la clase dominante cambió el mercado por la vigilancia (El Tábano Economista)
El manifiesto de Palantir es claro en sus intenciones, ya que plantea que no deben ser ya los Estados quienes se ocupen de elementos cruciales de la guerra, sino las empresas tecnológicas. Hoy en día, la tecnología de la empresa ya se encuentra detrás de la decisión automatizada de identificar enemigos, enviar drones, asesinar a los objetivos y volver a la base
El giro antidemocrático de Silicon Valley comienza en el trabajo