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Dos libros explosivos relatan la historia secreta de los falsos documentos Iraq-Níger que ayudaron a justificar la guerra

Fuentes: Democracy now!

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

En su discurso sobre el Estado de la Unión de enero de 2003, el presidente Bush pronunció las dieciséis palabras infames: «El gobierno británico estableció que Sadam Husein trató de conseguir cantidades importantes de uranio en África.» La afirmación fue central en las afirmaciones del gobierno de que Sadam Husein quería tener armas de destrucción masiva y sirvió como base para lanzar la invasión de Iraq menos de dos meses después. La declaración de Bush se basó en un documento de inteligencia que suministró evidencia sobre la compra por Iraq de uranio del país africano de Níger. Pero había un problema: el documento era falso. En un programa exclusivo de Democracy Now! hablamos con los autores de dos nuevos libros explosivos. Carlo Bonini es el periodista italiano que sacó a la luz la historia de Níger. Su nuevo libro es llamado: «Collusion: International Espionage and the War on Terror.» [Colusión: el espionaje internacional y la guerra contra el terror]. Peter Eisner es un veterano corresponsal extranjero y actualmente es un editor del Washington Post. Su nuevo libro es «The Italian Letter: How the Bush Administration Used a Fake Letter to Build the Case for War in Iraq.» `La Carta italiana: cómo el gobierno de Bush utilizó una carta falsificada para justificar la guerra en Iraq.» Fue una de las justificaciones cruciales para la invasión de Iraq por USA.

La prueba concreta de Bush se esfumó rápidamente e inflamó una tormenta de fuego política que alcanzó los niveles más elevados del gobierno de USA. La historia tras el documento falsificado va de Italia a Níger a Iraq y llega profundo a los corredores de la comunidad de inteligencia de USA y de la propia Casa Blanca. El documento jugó un papel clave en la cadena de eventos que condujo a la convicción del antiguo jefe de equipo del vicepresidente Dick Cheney, Lewis «Scooter» Libby, en el caso de filtración de la CIA.

Y su efecto sigue reverberando actualmente. El miembro del Congreso, Henry Waxman, presidente del Comité de la Cámara sobre Supervisión y Reforma del Gobierno, solicitó formalmente hace poco a la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, que prestara testimonio ante una audiencia del comité durante la próxima semana sobre las falsas afirmaciones Iraq-Níger.

TRASCRIPCIÓN NO EDITADA

AMY GOODMAN: Fue una de las justificaciones cruciales para la invasión de Iraq por USA.

PRESIDENTE GEORGE W. BUSH: El gobierno británico ha establecido que Sadam Husein trató recientemente de obtener cantidades importantes de uranio de África.

AMY GOODMAN: Quisiera comenzar con Carlo Bonini. ¿Cuándo oyó por primera vez de esta historia?

CARLO BONINI: Fue en el verano de 2003, cuando había habido en la época pocos – quiero decir, pocos informes desde USA de que probablemente la prueba decisiva sobre las armas de destrucción había sido de alguna manera inventada en Italia. Y de repente, durante el verano de 2003, recibimos esos documentos, esos documentos falsos, y descubrimos –

AMY GOODMAN: ¿Cómo recibieron esos documentos?

CARLO BONINI: Bueno, una búsqueda produjo esos documentos. Tuvimos la oportunidad de ver cómo los documentos fueron mal falsificados. Y la cosa más sorprendente fue que tuvimos la oportunidad de identificar a la persona que tuvo un papel principal en la falsificación de los documentos. Y el nombre de ese individuo era Rocco Martino, un antiguo agente del SISMI italiano.

AMY GOODMAN: ¿SISMI?

CARLO BONINI: SISMI es la CIA italiana. Es el servicio secreto, el servicio de contrainteligencia. Y Rocco Martino llegó, y sus documentos llegaron a la Casa Blanca y a las dieciséis palabras.

AMY GOODMAN: ¿Cómo? Primero, ¿lo conocía usted desde antes?

CARLO BONINI: No. No. Ese sujeto apareció de la nada. Quiero decir, por lo menos nunca – quiero decir, no conocíamos su existencia. Pero después de poco quedó bien claro que Rocco Martino no actuó por sí solo. Quiero decir, la tarea italiana no fue sólo suya. Rocco Martino pudo contar con la complicidad del SISMI italiano. Fue gracias al SISMI italiano que al comienzo el contenido de los documentos falsos pudo ser compartido con la CIA, y gracias a la antigua amistad de Rocco Martino con un periodista italiano los documentos pudieron ser enviados en el otoño de 2002 a USA a través de la embajada de USA en Roma.

AMY GOODMAN: Peter Eisner, ¿puede seguir desde ese punto? Y también coloque esto en el contexto de cuando esto sucedió en relación con la articulación de esas dieciséis palabras por el presidente Bush.

PETER EISNER: Bueno, en realidad, Amy, la CIA y otros miembros de la comunidad de la inteligencia habían sido informados por el SISMI en los primeros días después del 11-S, diciendo que había información no especificada sobre posibles compras de uranio o intentos de comprar uranio en Níger, y la CIA solicitó más información del SISMI. Y a comienzos de 2002, tuvieron efectivamente una versión de un documento que decía que esto había tenido lugar.

Desde el comienzo, muchas partes de la CIA, ya en septiembre y octubre de 2001, simplemente no creían que Iraq, por diversas razones, estuviera intentando comprar uranio o, en realidad, tratando de reiniciar su programa nuclear – no necesitaba comprar uranio en Níger, porque ya tenía uranio. En segundo lugar, SISMI no revelaba la fuente. No decía cómo estaba obteniendo la información. Y en tercer lugar, tendían a dudar del SISMI, en todo caso, porque tiene un problema de fiabilidad entre las agencias de inteligencia occidentales. De manera que, mucho antes, más de un año antes del mensaje de Estado de la Unión del presidente Bush, miembros clave de la comunidad de la inteligencia dudaban seriamente que fuera posible que Sadam Husein estuviera tratando de comprar uranio.

AMY GOODMAN: ¿Estaría de acuerdo, Carlo Bonini, con esta evaluación de que el SISMI tenga un problema de credibilidad en la inteligencia occidental?

CARLO BONINI: Estoy de acuerdo. Estoy de acuerdo, y creo que la historia del Nigergate, así como otras historias, pueden probarlo. También, lo que decía Peter, el problema con el SISMI era que también – quiero decir, junto con esta complicada historia llamada Nigergate, el SISMI jugó un papel de muy poca confianza. Escuchamos antes que Bush se basó en inteligencia británica. El problema es que fue la misma mano la que alimentó diversas bocas. Quiero decir que Rocco Martino estaba alimentando a los británicos, alimentaba a los USamericanos, alimentaba a los franceses. Es el problema, quiero decir, el SISMI no sonó la alarma cuando era hora de sonar la alarma. El SISMI simplemente dejó que la historia continuara hasta enero de 2003, cuando ya era demasiado tarde.

AMY GOODMAN: Peter Eisner, cuéntenos algo más sobre quién era Rocco Martino.

PETER EISNER: Rocco Martino era un antiguo policía fracasado, un policía italiano, agente ocasional – es decir, fuera de la casa del SISMI – que a veces pudo suministrar pepitas valiosas de información a periodistas y que ciertamente también trabajaba independientemente para otras agencias de inteligencia, incluso los franceses, o trabajaba, o les suministraba información, contra remuneración.

Rocco Martino se acercó a una periodista llamada Elisabetta Burba de la revista noticiosa Panorama de Milán, el 7 de octubre de 2002, y dijo que tenía un tremendo material, una noticia candente sobre Iraq y el uranio, si estaba interesada. Y así apareció por primera vez en esta historia. Elisabetta Burba y otros en su revista habían oído hablar antes de Martino. Habían recibido anteriormente información de su persona. Le habían pagado antes. Y ella lanzó una mirada a sus documentos, tuvo dudas inmediatas, y los llevó a sus editores, y comenzó a investigar.

AMY GOODMAN: Vamos a interrumpir. Cuando volvamos, su reacción cuando el presidente Bush hizo su discurso del Estado de la Unión en 2003 y habló de que Sadam Husein trató de obtener uranio de Níger. Aquí habla Democracy Now!, democracynow.org. Volveremos con estos dos periodistas que han documentado estas historias en dos libros: «The Italian Letter «de Peter Eisner y «The Collusion» de Carlo Bonini. No se vayan.

Pausa.

AMY GOODMAN: Así que volvamos al día en el que el presidente Bush hizo su declaración dentro del discurso sobre el Estado de la Unión sobre el intento de Sadam Husein de obtener uranio de África. Peter Eisner: ¿Qué papel jugó la CIA en esta declaración?

PETER EISNER: En realidad, la CIA había tratado de bloquear la declaración del presidente Bush respecto a compras de uranio en Níger. Y, en realidad, tres meses antes del mensaje sobre el Estado de la Unión, el 7 de octubre de 2003 – extrañamente, el mismo día en el que Rocco Martino entregó los documentos a Elisabetta Burba – el presidente Bush debía pronunciar un discurso en Cincinnati, y el borrador de ese discurso decía en gran parte lo que terminó por decir en el mensaje sobre el Estado de la Unión. Fue, que los británicos habían descubierto que Iraq había intentado de comprar uranio en África.

La CIA recibió rutinariamente una copia por adelantado de ese texto y argumentó que esa frase sobre el uranio debía ser eliminada. Hubo bastante discusión entre los funcionarios de la CIA de bajo rango y personal de la Casa Blanca, incluyendo a Stephen Hadley, en aquel entonces Consejero Nacional de Seguridad adjunto, actualmente Consejero Nacional de Seguridad, una vez que Condoleezza Rice llegó a ser Secretaria de Estado. Finalmente, George Tenet, jefe de la CIA, tuvo que interceder el 7 de octubre y exigió que la Casa Blanca eliminara la sentencia que describía las compras de uranio en Níger. Fue una buena pelea.

Como resultado de lo sucedido, la Casa Blanca, escoriada, decidió que por el momento no suministraría textos por adelantado de los discursos presidenciales a la CIA para evitar que se tuviera que retirar información que no quería retirar. Así, el día antes del mensaje sobre el Estado de la Unión, nadie en la CIA había visto el texto el mensaje sobre el Estado de la Unión, hasta la noche antes. Alguien simplemente pasó gentilmente un borrador del texto a George Tenet durante una reunión, lo que no era el procedimiento normal para aprobar un documento. Y básicamente, todos en la CIA se sorprendieron cuando el presidente Bush profirió esa declaración, que ya había sido extirpada tres meses antes. La reacción del personal de la Casa Blanca fue: «¡Ay! Se nos olvidó.»

AMY GOODMAN: Y sin embargo, ¿qué sucedió? ¿Eso fue todavía antes del discurso del presidente?

PETER EISNER: Bueno, en efecto. George Tenet, el jefe de la CIA, recibió, el día antes el texto, se lo entregó a un asistente, y nadie lo miró. Podría haber sido detenido, pero generalmente, sabes, días antes, cuando el texto era preparado, escrito, analizado, alguien lo habría mirado. En este caso, no lo hicieron, aunque el gobierno de Bush tenía aliados en otros sitios de la CIA que gentilmente les darían cobertura para poder hacer esa declaración, mientras una vasta mayoría, diría, de la comunidad de la inteligencia en USA no creyó ni por un instante que Iraq estuviera tratando de comprar uranio o que Iraq estuviera tratando de reiniciar su programa nuclear.

AMY GOODMAN: ¿Dónde viene a encajar en este cuadro Joe Wilson, el antiguo embajador en Iraq durante la Guerra del Golfo?

PETER EISNER: Para eso tendremos que volver atrás unos seis u ocho meses. El 5 de febrero de 2002 – es decir antes de que nadie hubiera visto los documentos en USA; había un expediente de documentos incluyendo la carta italiana, que era una carta del presidente de Níger a Sadam Husein, un documento falsificado – del 5 de febrero, otro documento fue trascrito, y una versión que fue calificada de texto al pie de la letra de ese documento, fue enviada a la CIA, el primer texto real que la CIA tuvo sobre esta supuesta venta que el SISMI afirmaba había tenido lugar en el año 2000 entre Níger e Iraq. Una historia bastante complicada. Pero este documento en particular fue un endoso, supuestamente, de la corte suprema de Níger, diciendo que aprobaba la venta de uranio a Iraq.

Ahora, cuando eso llegó a la CIA, contenía errores básicos, y si alguien se hubiera preocupado y tomado el documento, ido a Internet, hecho una búsqueda con Google, habría visto que la gente nombrada como miembros de la corte suprema ya no eran miembros de la corte suprema, que lo que se describía como la corte estatal de Níger había dejado de existir. Ahora se llamaba, en realidad, la corte suprema. Así, en un supuesto documento oficial de Níger, había un cúmulo de errores básicos. El problema fue que la CIA ya no creía esa información y la dejó de lado.

Interesante es que la Agencia de Inteligencia de la Defensa, controlada en última instancia por el Pentágono bajo Donald Rumsfeld, tomó el documento, escribió una versión de lo que decía, eliminó todo sentido de duda, todo sentido de cuestionamiento de la información, y preparó un documento propio y lo colocó sobre el escritorio de Dick Cheney una semana más tarde, el 12 de febrero de 2002. Dick Cheney respondió con animación, fue a la CIA, donde su informante de la CIA, y le dijo: «No estáis haciendo un trabajo suficientemente bueno. Necesitamos más información. Esto arde. Tenemos que averiguar sobre Iraq y Níger.»

En ese momento, la CIA se asustó, buscó información inexistente, porque ya había descartado la historia. Pero para hacer algo, se volvió hacia Joe Wilson, con la ayuda de Valerie Plame, su mujer, y Wilson fue enviado dentro de unos días a Níger para volver a investigar lo que ya había sido descartado. Wilson volvió una semana después y una vez más dijo que no había evidencia alguna y ninguna probabilidad de que Iraq hubiera tratado de comprar uranio en Níger.

Así que en realidad Dick Cheney recibió un documento basado en material obviamente fraudulento y circuló el sobre, y eso nos llevó a descubrir más adelante lo relacionado con Joseph Wilson y Valerie Plame y finalmente Scooter Libby. Si la CIA hubiese realizado una búsqueda elemental en Google, podría haber terminado realmente con toda la historia en ese momento.

AMY GOODMAN: Quiero presentar una secuencia del vicepresidente Dick Cheney. A pesar del creciente escepticismo, el vicepresidente Dick Cheney siguió afirmando que Iraq trató de adquirir uranio de Níger, como justificación para la invasión. En septiembre de 2003, fue interrogado sobre esa afirmación por Tim Russert en Meet the Press de NBC. La respuesta del vicepresidente Cheney fue:

VICEPRESIDENTE DICK CHENEY: Oí un informe de que los iraquíes habían estado tratando de adquirir uranio en África, en Níger en particular. Recibo una información diaria cada día antes de reunirme con el presidente para estudiar la inteligencia. Y formulo muchas preguntas. Una de las preguntas que hice en ese tiempo en particular sobre esto fue: ¿qué sabemos al respecto? Ellos tomaron la pregunta. Él volvió un día o dos más tarde y dijo: «Es todo lo que sabemos. Hay mucho que no sabemos. Fin de la declaración.» «Y Joe Wilson, no sé quien envió a Joe Wilson. Él nunca sometió un informe que yo haya visto cuando volvió.»

«Imagino que lo que intriga, Tim, en todo este asunto, este asunto de si o no los iraquíes estaban tratando de adquirir uranio en África, en el informe británico – esta semana, el comité del Parlamento Británico, que ha pasado noventa días investigando todo esto, revalidó la afirmación de que Sadam estaba realmente tratando de adquirir uranio en África, lo que estuvo en el discurso del Estado de la Unión y lo que estaba en el papel blanco británico original. Así que podrá haber una diferencia de opinión en eso. No sé cuál es la verdad en el terreno con respecto a eso, pero me imagino – no conozco al señor Wilson. Probablemente no debiera juzgarle. No tengo la menor idea de quién lo contrató. Y nunca –

TIM RUSSERT: Fue la CIA.

VICEPRESIDENTE DICK CHENEY: Sí, pero quién en la CIA, no lo sé.

AMY GOODMAN: La CIA envió a Joe Wilson a investigar la afirmación sobre el uranio y la consideró altamente improbable. Un mes después de que el presidente Bush declaró que las principales operaciones de combate habían terminado en Iraq, Wilson escribió una cáustica pieza editorial en el New York Times llamada: «What I Did Not Find in Africa.» [Lo que no encontré en África]. Eso fue escrito en julio de 2003. En ella, dijo que informó a la CIA mucho antes del discurso sobre el Estado de la Unión del presidente que los informes británicos eran sospechosos. Esto provocó una tormenta de fuego en relación con el discurso de Bush. Joe Wilson vino a nuestro estudio en mayo de 2004. Habló sobre lo que había escrito en el artículo del New York Times.

JOSEPH WILSON: Lo que detallé fue un viaje a Níger a pedido de la CIA, actuando como reacción ante un pedido del vicepresidente de comprobar afirmaciones de que Iraq había intentado comprar cantidades importantes de uranio de ese país. Ahora bien, era un problema muy importante, porque, después de todo, Iraq tendría sólo un uso para uranio, y sería para programas de armas nucleares. Y eso habría sido una pieza de evidencia incontrovertible de que intentaba reconstruir programas de armas nucleares, lo que habría prestado una cierta credibilidad a la noción de que la prueba decisiva podría ser un hongo atómico.

Volví. Dije que no había nada semejante. El mío fue uno de tres informes en los archivos del gobierno de USA que decían que no había nada semejante, lo que debería haber sido reconfortante para los que nos enviaron, incluyendo al vicepresidente y al Consejero Nacional de Seguridad.

En su lugar, por cierto, el presidente hace una declaración en el discurso sobre el Estado de la Unión, y resulta que se refirió a inteligencia británica, la que sucede que es la misma información. Pero se refirió a la inteligencia británica, porque la CIA se negó a aprobar que hiciera la misma afirmación a menos que fuera corroborada por un tercer servicio de inteligencia. Así que hubo un engaño realmente activo en ello. No fue sólo un accidente. No fue un lapsus linguae. Se trataba de gente que quería poner algo allí que fuera realmente engañoso para el Congreso de USA y el pueblo USamericano.

AMY GOODMAN: Era Joe Wilson hablando en Democracy Now! en mayo de 2004. Nuestros invitados son Peter Eisner, y Carlo Bonini, ¿Su respuesta a Joe Wilson y al volver a escuchar a Dick Cheney?

CARLO BONINI: Bueno, pienso que – es absolutamente claro y no cabe duda de que en el verano de 2002, el gobierno de USA sabía con seguridad que no había evidencia que corroborara el contenido de los documentos falsos. Según Alain Chouet, el ex número dos de la inteligencia francesa con quien me reuní y entrevisté para el libro, en el verano de 2002, la CIA pidió a la inteligencia francesa que despachara a un grupo de oficiales de inteligencia para comprobar que – los indicios suministrados por los documentos. Y en el verano de 2002, la inteligencia francesa excluyó hábilmente la credibilidad de los documentos. Es interesante que el verano antes, en el verano de 2001, los franceses hayan revisado por primera vez la evidencia, porque, como Peter recordaba anteriormente, el primer indicio sobre el uranio y el comercio con uranio apareció en el verano/otoño de 2001. Así, en el 2001 y en el 2002, los franceses revisaron por partida doble las evidencias. Por lo tanto quedó en claro a inicios del otoño de 2002 que no existían evidencias.

Es bastante interesante que Dick Cheney en septiembre de 2003 haya seguido diciendo que probablemente existen diferentes opiniones. Quiero decir, el problema en este caso es que no hay opiniones. El problema es que hay hechos, y los hechos son muy sólidos: no existe ninguna evidencia de un negocio entre Iraq y Níger respecto a uranio.

AMY GOODMAN: Explique lo que es inteligencia competitiva, Carlo.

CARLO BONINI: Inteligencia competitiva es lo que acabamos de ver. Tienes a un solo mentiroso en un país remoto, Italia, que trata de vender información falsificada. Las informaciones son exactamente lo que buscan los que formulan las políticas para vender una, una importante decisión política. En la inteligencia competitiva, puedes – el punto es pasar por un canal, el canal oficial de la inteligencia, una desinformación, una pieza de desinformación. Y lo que es importante es canalizar esa desinformación por diferentes canales. En este caso, tenemos a los italianos vendiendo la desinformación a los británicos, los italianos vendiendo la desinformación a los USamericanos. Y luego tenemos a los USamericanos a la busca de confirmaciones, y las confirmaciones provienen de los británicos. Esto es inteligencia competitiva. Tienes desinformación vendida a través de diferentes canales y convertida en algo diferente del original. Algo que es falso al comienzo se convierte en verdadero al final.

AMY GOODMAN: Peter Eisner, quisiera discutir la declaración de Sir Richard Dearlove. Fue en el verano de 2002. Era jefe de M16, la inteligencia británica. Dijo que la inteligencia y los hechos estaban siendo amañados alrededor de la política. Y eso se refiere a todo el memorando de Downing Street.

PETER EISNER: Sí, por cierto. Volvió después de reunirse con miembros del gobierno de Bush. Tenemos que recordar que durante décadas la inteligencia británica ha estado muy cercana a la CIA, sería difícil reconocer alguna pieza separada de información que los británicos puedan tener y la CIA no tenga. Volvió donde Tony Blair en 10 Downing Street y dijo: «La guerra va a tener lugar. Esto va a suceder.» Y precisamente como en USA, miembros de la comunidad de la inteligencia desistieron, a algún nivel, de tratar de convencer al gobierno de que la evidencia no era suficientemente fuerte. Dijeron: «Va a suceder en todo caso.»

Una vez que Dearlove volvió y dijo eso, los servicios de inteligencia británicos reforzaron la política oficial de ayudar a vender el concepto y hacer propaganda para el concepto de que Sadam Husein constituía un peligro claro y presente. Esto condujo a un impactante papel blanco británico en el otoño de 2002 que, por su parte, como señala Carlo, suministró a la CIA informes de inteligencia que decían que esa venta probablemente tuvo lugar, y no sólo eso, en un prefacio al papel blanco, el primer ministro Tony Blair hizo la afirmación errónea de que Sadam Husein podría lanzar un ataque con armas de destrucción masiva dentro de cuarenta y cinco minutos, lo que constituía una deformación total que horrorizó a miembros de su propia comunidad de la inteligencia, pero que fue rápidamente tomada por USA y repetida por USA, aunque funcionarios de la inteligencia de USA también sabían que no tenía base alguna. De manera que, una vez más, se trata de inteligencia circular, con un fundamento que era más que limitado, casi inexistente.

AMY GOODMAN: Quiero hablar del papel de la prensa en todo esto, pero vamos a tener una interrupción. Y cuando volvamos, voy a presentar un breve pasaje de una entrevista que tuve con Michael Gordon, quien escribió ese infame artículo del 8 de septiembre de 2002 – apareció en el New York Times – junto con Judith Miller, presentando una vez más la justificación para la guerra del gobierno: armas de destrucción masiva. Volvemos en un minuto.

[Pausa]

AMY GOODMAN: El 8 de septiembre de 2002, el New York Times publicó el ahora infame artículo afirmando que Iraq intentó la compra de tubos de aluminio para desarrollar armas nucleares. El artículo fue utilizado por el gobierno de Bush para ayudar a justificar la invasión de Iraq. Fue escrito en conjunto por los periodistas Judith Miller y Michael Gordon. The New York Times posteriormente mencionó ese artículo como parte de su nota del editor pidiendo disculpas por su cobertura inexacta de Iraq y de las armas de destrucción masiva.

Bueno, Michael Gordon apareció en Democracy Now! hace poco más de un año. Durante nuestra entrevista, le pregunté sobre su información en la preparación para la invasión de Iraq por USA.

MICHAEL GORDON: No hubo ninguna agencia en el gobierno USamericano que dijera que Sadam no haya estado involucrado en armas de destrucción masiva (ADM). Usted sabe, el Departamento de Estado, aunque resultó que tenía razón, ciertamente en el tema nuclear, no resultó ser – ya sabe, no cuestionó el caso biológico, el caso químico, y voy a presentarle este último pensamiento, y con mucho gusto responderé a cualesquiera preguntas que tenga, pero usted sabe que existe una serie de aspectos complicados con las ADM –

AMY GOODMAN: Permítame que pregunte algo al respecto. ¿Lamenta haber escrito el artículo? ¿Lamenta que ese artículo? –

MICHAEL GORDON: No. No lo lamento. Quiero decir que – no sé si usted comprende cómo funciona el periodismo, pero la manera como funciona el periodismo es que se escribe lo que se sabe, y lo que sabes en el momento lo tratas de representar lo mejor que puedes, pero entonces no dejas de informar.

AMY GOODMAN: Bueno, permítame, permítame –
MICHAEL GORDON: ¿Puedo responder a su pregunta, ya que me hizo una pregunta?

AMY GOODMAN: Bueno, no. Yo quería obtener –

MICHAEL GORDON: No, espere un segundo, si usted me hace una pregunta – con placer responderé a sus preguntas, pero lo que trato de explicarle es una cosa. Que lo que yo sabía en la época. Es verdad que fue la valoración crucial. Es la misma información que presentaron a Colin Powell, a propósito, y es lo que lo persuadió a ir a Naciones Unidas y presentar el caso sobre los tubos nucleares. Yo escribí el caso contrario, dando a la IAEA el mismo tiempo. Ellos lo disputaron. No tuve nada que ver en esa pelea. No sé cuál fue la verdad en última instancia. Cuando la IAEA lo presentó en enero y lo cuestionó, yo informé al respecto.

AMY GOODMAN: Michael Gordon, permítame que responda. No tenemos – tenemos tiempo limitado en el programa, pero yo sólo –

MICHAEL GORDON: Bueno, entonces debería permitir que responda a sus preguntas.

AMY GOODMAN: Lo hice.

MICHAEL GORDON: No, no me ha dejado responder a su pregunta.

AMY GOODMAN: ¿Lamenta entonces, que el New York Times haya lamentado que ese artículo haya aparecido como lo hizo en la primera plana del New York Times?

MICHAEL GORDON: No creo que «lamentar» haya sido la palabra utilizada por el New York Times.

AMY GOODMAN: Fue Michael Gordon, el coautor del infame artículo del 8 de septiembre de 2002, preparando el terreno para la guerra. Peter Eisner, usted está con el Washington Post. Usted escribió el libro «The Italian Letter.» ¿Cuán significativo fue ese artículo? ¿Y puede hablarnos sobre cómo funciona el periodismo?

PETER EISNER: Bueno, el artículo fue bastante significativo. Llega en el contexto de un plan que había sido tramado en la Casa Blanca en el verano de 2002. El Grupo Iraq de la Casa Blanca, que fue básicamente una operación de propaganda que comprendió que lo que había que hacer para vender la guerra en Iraq no era manejar armas biológicas, no manejar armas químicas, sino trabajar con el miedo y la amenaza de un hongo atómico – y los suplidores de lenguaje dijeron específicamente: «Utilicemos y comencemos a martillar con la idea de que hay en el horizonte un hongo atómico, que no podemos esperar hasta que tengamos información firme, pero que tenemos información. Tenemos que actuar ahora.»

Y se decidió esperar específicamente hasta el 8 de septiembre de 2002 para hacer esa afirmación y hacerla en una campaña de relaciones públicas que incluía presentaciones en la televisión, por la radio, discursos en todo el mundo del vicepresidente Cheney, del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, Colin Powell y otros, junto con la venta de la historia al New York Times, lo que realmente hicieron.
Lo más fácil en Washington es hacer pasar una filtración y luego ver como crece, y, por lo menos sin quererlo, esa historia tuvo un papel importante, y luego funcionó como una referencia cruzada. Más adelante, en la cadena de televisión, Dick Cheney dijo: «Bueno, pueden leer hoy el New York Times, y verán que el New York Times lo dice.» Y sabes, no el gobierno de Bush no acostumbra dar crédito al New York Times por una historia, pero fue una parte definida del programa, así que no puede ser minimizada.

AMY GOODMAN: ¿Cómo fracasaron tan miserablemente sus colegas, desde el New York Times al Washington Post? El Washington Post tuvo su propia sección en la que presentó sus errores en la cobertura de la guerra.

PETER EISNER: Es un defecto del periodismo USamericano, que informa sobre lo que se dice y no sigue siempre el contexto, y que no coloca siempre la historia de modo tan destacado como debiera hacerlo. El Washington Post pidió disculpas y deseó haber sido más conspicuo. Si se mira historia por historia, los periodistas eminentes tuvieron todos los elementos de esta historia, y no se deslizaron por la ladera que los llevaría a reconocer que una vez sumadas todas las piezas, lo que aparecía era un fraude. Y pienso que es la mayor parte de la relación con el poder, cómo lo hace el periodismo, y obviamente el periodismo a veces falla.

AMY GOODMAN: Carlo Bonini, ¿lo sorprendió desde su puesto de observación en Italia, ver cómo este caso estaba siendo preparado para la guerra, no sólo por los políticos, por la gente en el poder, sino por los medios corporativos, las principales instituciones mediáticas en USA? ¿Y pasó lo mismo en Italia? Ustedes tenían a Berlusconi, que era un estrecho aliado del presidente Bush en la preparación para la guerra y durante ella.

CARLO BONINI: Fue absolutamente lo mismo. Quiero decir, no fue sólo un problema específicamente USamericano. La cámara de eco creada por la prensa en los meses anteriores a la guerra fue la misma a ambos lados del océano.

Una vez más, respecto a los tubos de aluminio, estoy de acuerdo con Peter. Quiero decir: fue un punto crucial, y de nuevo tenemos allí manos italianas. Como se puede leer en el libro, en mi libro, los italianos – quiero decir, los tubos de aluminio debían reemplazar un modelo de misil suministrado por los italianos en los años ochenta al ejército iraquí. De modo que, una vez más, el servicio secreto italiano sabía en el otoño de 2002 que los documentos falsificados, que los documentos sobre el Nigergate eran falsificados, y sabían que los tubos de aluminio no iban a ser utilizados para enriquecer uranio, sino para reemplazar un sistema de misiles.

AMY GOODMAN: Ahmed Chalabi jugó un papel clave en esto y finalmente, resulta, lo sabemos ahora, por ser una fuente – o él y sus aliados – para muchos de los artículos de Judith Miller. ¿Y qué hay en cuanto a su papel – como jefe del Congreso Nacional Iraquí, INC?

CARLO BONINI: Bueno, pienso que tuvo un papel clave. Tuve la oportunidad de hablar un par de veces con Chalabi en Londres, donde solía tener su central. Y me impresionó, porque cuando se golpeaba en la puerta de la central del Congreso Nacional Iraquí, Ahmed Chalabi, la primera pregunta era, a cualquier clase de periodista de cualquier parte del mundo: «¿Qué desean?» De modo que ese fue exactamente el enfoque que tuvo ante el gobierno de USA: «¿Qué desean?»

Quiero decir que Ahmed Chalabi era un increíble fabricante de inteligencia competitiva. Pudo canalizar, a través de la prensa, a través de los papeles blancos, a través de su red en USA, así como en Inglaterra, así como en el resto de Europa, montones de información engañosa.

AMY GOODMAN: Quiero pasar a otro tema. En noviembre de 2001 – usted lo escribe al final de su libro, «Colusión» – hubo una reunión en Italia entre la inteligencia italiana y el Pentágono. Hable de esa reunión.

CARLO BONINI: La reunión, pienso, es una sorprendente evidencia de lo que se ha informado antes en USA, de que a fines de 2001, el gobierno de USA estaba listo para construir un caso para la guerra en Iraq – pero es bastante interesante que esas reuniones muestran que es evidente que en el camino hacia la guerra, los USamericanos negociaron, tuvieron más que, sabes, diplomacia en la sombra con los iraníes. Y, quiero decir, durante esas reuniones, los iraníes que participaban en las reuniones no eran simplemente ex-patriotas. Eran del SCIRI, el Consejo Supremo de la Revolución Iraní. Estaban estrechamente vinculados al ayatolá gobernante en Teherán. Así que es bastante obvio que, en nombre de la guerra de Iraq en Iraq, el gobierno de USA, especialmente la Oficina de Planes Especiales del Pentágono, condujo un programa en la sombra, un programa de diplomacia, con los iraníes. Y pienso que es muy interesante, porque este gobierno todavía tiene que dar una respuesta sobre esas reuniones. Quiero decir, todas las respuestas obtenidas hasta ahora no han tenido base, y no tienen ningún – no tienen mucho sentido.

AMY GOODMAN: Peter Eisner, ¿tiene algo más que decir sobre ese vínculo de puertas adentro, de puerta trasera entre Irán y el Pentágono? Quiero decir que eso data de Irán-Contra, del canal secreto con Irán para venderles armas y luego descremar los beneficios y apoyar a la Contra en Nicaragua.

PETER EISNER: Sí, por cierto. Ante todo, fue organizado por un señor llamado Michael Ledeen, que es un agente antiguo en los círculos de USA que data del período de Irán-Contra. Michael Ledeen es miembro del Instituto de la Empresa USamericano, el corazón del neoconservadurismo en USA, aliado con Lynne Cheney, aliado con varias otras personas ligadas lo más cerca posible con al gobierno Bush. Ledeen organizó esa reunión. Ledeen la organizó sin informar a la embajada de USA. Ledeen tiene una antigua relación con Italia.

Es interesante, muy interesante, que Ledeen tenía una relación con la revista Panorama, que fue objetivo de la entrega de la carta italiana y su expediente en octubre de 2002. En realidad, Ledeen comenzó a escribir una columna en octubre de 2002 para la revista Panorama, y a pesar de ello: (a), Ledeen ha sido ampliamente desacreditado en la comunidad de inteligencia de USA. El individuo que él llevó a la reunión de Roma, Manuchar Ghorbanifar, ha sido descrito durante años por la inteligencia de USA como un perjuro en serie. Pero Ledeen, cercano al gobierno de Bush, ha dicho que Ghorbanifar es la persona más fiable y honesta que conoce. Esto no puede ser separado del hecho de que el propio Chalabi es cuestionado por haber sido un agente iraní. Así que existe todo un nexo de cuestiones en este caso que van más allá de lo que uno pueda realmente obtener sin una serie de órdenes a comparecer ante un tribunal.

AMY GOODMAN: Finalmente, Peter Eisner, el 30 de marzo, el Comité de la Cámara de Supervisión y Reforma del Gobierno, que es dirigido por Waxman, el congresista Waxman, ha solicitado formalmente, una vez más, que la Secretaria de Estado Condoleezza Rice testifique ante el comité el 18 de abril sobre las afirmaciones del gobierno de Bush de que Iraq trató de obtener uranio de Níger. Condoleezza Rice, tiene que testimoniar el 18 de abril, aunque está tratando de librarse de ello. ¿Cuán importante es esto?

PETER EISNER: Bueno, muestra que por lo menos el Congreso controlado por los demócratas está señalando que todavía hay que considerar las bases de la guerra. Sabes, hasta ahora, cuando cuestionas a miembros clave del gobierno Bush, no en último lugar al propio presidente Bush y al vicepresidente Cheney, la respuesta probable sigue siendo: «¿Qué podíamos hacer? Actuamos sobre la base de la inteligencia que estaba a nuestra disposición.» Pero vemos claramente que no actuaron sobre la base de la inteligencia que estaba a su disposición. Actuaron sobre la base de la manipulación y de la selección de pequeños trozos de inteligencia que servirían de la mejor manera posible para vender la guerra que ya habían decidido lanzar: la guerra en Iraq.

AMY GOODMAN: ¿Piensa que existe la base para un procedimiento de recusación?

PETER EISNER: No me corresponde decirlo porque, ante todo, ¿qué sabemos sobre lo que el presidente Bush en persona y lo que el vicepresidente sabían al respecto? El comienzo de una investigación es descubrir cuál fue la cadena, quién estaba recibiendo qué.

Al ver como la inteligencia llegó a USA, puedo decir lo siguiente: la inteligencia y la información falsa sobre Iraq y Níger ingresaron al sistema de la comunidad de la inteligencia. De toda la gente, el vicepresidente Cheney no es simplemente un vicepresidente improvisado que no tenía relaciones con la comunidad de la inteligencia. Era considerado uno de los analistas más detallistas de la información que llegaba. Sabía mejor que muchos otros que era la inteligencia militar italiana la que suministraba esta información, y también sabía que había dudas en altos lugares sobre toda la información, y o no reconoció o no quiso reconocer el hecho de que la información era escasa y cuestionable. Así que hay mucha investigación que realizar, órdenes de comparecer que expedir, antes de que sepamos lo suficiente para hablar de recusación.

AMY GOODMAN: Tenemos que terminar aquí. Quiero agradecer profundamente a los dos por estar con nosotros.

http://www.democracynow.org/article.pl?sid=07/04/10/1321236&tid=25