Kerala lleva tiempo siendo objeto de estudio y admiración en todo el mundo como modelo de desarrollo humano, a diferencia de otros estados indios, por sus elevados niveles de educación, salud y compromiso cívico, combinados con su reducida desigualdad de renta. Este artículo habla de cómo se ha llegado a esta situación.
El Frente de Izquierdas, una coalición de partidos liderada por el Partido Comunista de la India (marxista), ganó las elecciones en mi estado natal de Bengala Occidental en 1977 y se mantuvo en el poder durante 34 años. Durante mi infancia, su continuidad parecía tan sólida como las estrellas y la luna. Hasta 2004, los partidos comunistas ocuparon 53 de los 545 escaños del parlamento indio. Veinte años después, en las elecciones de 2024, los tres partidos comunistas juntos obtuvieron apenas ocho escaños. A medida que su porcentaje de votos disminuía, ascendía el del Bharatiya Janata Party (Partido Popular Indio, BJP, por sus siglas en inglés), de tendencia nacionalista hindú, y el Partido del Congreso [también llamado Congreso Nacional Indio o simplemente Congreso] de centroizquierda se volvía prácticamente indistinguible del BJP en cuestiones económicas. Ambos partidos se esforzaron en privatizar activos estatales, eliminar las restricciones de licencias para las empresas nacionales y atraer capital multinacional en una carrera global por captar inversiones extranjeras. En Bengala, las políticas económicas del Frente de Izquierda en la década de 2000 siguieron un camino similar, y utilizaron leyes de expropiación para confiscar tierras agrícolas a los aparceros y entregárselas a empresas nacionales e internacionales. Los violentos enfrentamientos por los derechos de uso de la tierra en Singur y Nandigram llevaron a millones de votantes tradicionales del Frente de Izquierda —desde vendedores ambulantes y conductores de tuctus hasta pequeños agricultores y aparceros— a abandonar la coalición, lo que culminó en su derrota en 2011.
La historia es diferente en Kerala, el estado indio que ha protagonizado los logros más impresionantes y duraderos del Partido Comunista. Con una población de 35 millones de personas (mayor que la de Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca juntas) lleva tiempo siendo objeto de estudio y admiración por todo el mundo como modelo de desarrollo humano, por sus elevados niveles de educación, salud y compromiso cívico, combinados con su reducida desigualdad de renta. Además, Kerala es una sociedad heterogénea con diversidad religiosa (el 25% de la población es musulmana, el 20% cristiana y el 55% hindú) y multitud de castas y comunidades étnicas.
Los éxitos de Kerala son todavía más notables porque la India es uno de los países con mayor desigualdad del mundo, y la desigualdad de ingresos ha empeorado constantemente en las dos últimas décadas. Por todo el país, más del 10% de la población se encuentra por debajo del umbral oficial de pobreza del gobierno; en Kerala, ese porcentaje es inferior al 1%. El gobierno estatal está decidido a reducir aún más esa cifra y en los últimos años ha llevado a cabo múltiples programas para proteger a las personas de este grupo. Este año anunció que había erradicado la “pobreza extrema” de las 64.006 familias más vulnerables, incluidas las carentes de hogar, indigentes o que han perdido a su principal sostén económico por enfermedad o muerte. Este hito ha sido posible gracias a los gobiernos locales, que identificaron a las familias de cada aldea y municipalidad y les ofrecieron vivienda, ingresos y asistencia sanitaria. Los legisladores pueden poner en duda que la pobreza extrema haya sido “erradicada”, pero esa discusión es bastante teórica. Hay una enorme brecha entre Kerala y el resto de la India en el modo de combatir la pobreza y la creciente desigualdad.
Kerala no siempre fue un lugar tan igualitario. Hasta mediados del siglo XIX, el 13% de la población era esclava, la mayoría trabajando en plantaciones. El fin de la esclavitud no supuso un gran cambio para la mayoría de las castas esclavizadas, que trabajaban como aparceros en las plantaciones y sufrían el estigma y la exclusión social hasta bien entrado el siglo XX.
¿Cómo ha sido posible que una sociedad segregada por casta, clase y religión se convierta en una comunidad igualitaria? La respuesta se relaciona con la comida. Durante la Segunda Guerra Mundial la región se vio amenazada por una hambruna. La mayor parte del arroz consumido en Kerala se importaba de Birmania, que había sido conquistada por los japoneses. En Bengala, los británicos provocaron una hambruna al acaparar el arroz y desviar el grano para abastecer al ejército, lo que causó la muerte de 3 millones de personas. En Kerala, los miembros del recién creado Partido Comunista de la India organizaron movilizaciones masivas en toda la región para impedir el acaparamiento por parte de los especuladores, crear bancos locales de cereales y distribuir arroz mediante un sistema de racionamiento que llegaba a todas las aldeas. Aunque las raciones eran escasas y muchos sufrieron hambre, se consiguió evitar la hambruna y cuando la India consiguió su independencia en 1947 Kerala había establecido un Sistema Público de Distribución. Estas medidas para proteger del hambre a la población se generalizó entre todas las castas y religiones, y la población de Kerala votó a los comunistas en las primeras elecciones del estado en 1957.
Una vez en el gobierno, los comunistas impulsaron reformas agrarias. Aunque no lograron del todo confiscar y redistribuir las tierras, aplicaron las leyes federales vigentes para limitar el tamaño de las explotaciones y garantizaron los derechos de los arrendatarios mediante el registro de los aparceros. Más importancia aún tuvo el hecho de que el gobierno aprobara una ley para permitir a los aparceros ser propietarios de sus chozas y del terreno en el que se levantaban. Aún careciendo de campos propios, poseer la propia casa era una transformación radical. Gracias a ello, más del 90 % de los habitantes de Kerala se convirtieron en propietarios de una vivienda, lo que les proporcionó un lugar en el mundo y un patrimonio que podían rentabilizar.
Durante años, los gobiernos de Kerala destinaron hasta el 30% de su presupuesto anual a la educación pública. Crearon bibliotecas en cada aldea y campañas de alfabetización llevadas a cabo por voluntarios para garantizar que todos los adultos –incluso los antiguos jornaleros y aparceros– supieran leer y escribir. Establecieron centros públicos de salud en todos los pueblos, centrándose especialmente en la atención materno-infantil y de los ancianos. En la década de 1970 Kerala contaba con tasas de alfabetización, de esperanza de vida y de mortalidad infantil equivalentes a las de países europeos, aunque su nivel de renta era similar al del resto de la India. Estudiosos del desarrollo como Amartya Sen han elogiado las singulares características del “modelo Kerala”, que ha cuestionado las hipótesis de los economistas según las cuales el nivel de riqueza o de ingresos es la mejor (o única) medida e indicador del bienestar humano o social. En la década de 1990, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo creó un Índice de Desarrollo Humano, basado en gran medida en el modelo de Kerala, que mide la salud y la educación junto con los ingresos para determinar el nivel de desarrollo de un país.
Los comunistas han alternado en el poder en Kerala gobernando el estado durante treinta de los últimos sesenta y ocho años. Pero incluso después de la caída de la Unión Soviética, coaliciones lideradas por los comunistas han recuperado el poder en aproximadamente la mitad de los ciclos electorales, alternando con gobiernos de coalición liderados por el Partido del Congreso. Puede que estas coaliciones tengan diferentes bases electorales, pero difieren poco en esencia. Todos los partidos gobiernan a partir de un consenso compartido en temas de salud, educación y políticas asistenciales para cubrir las necesidades cambiantes de la gente. Algunos izquierdistas han criticado los éxitos comunistas en Kerala por considerarlos un sacrificio ideológico. Es verdad que, en cierta medida, los gobiernos dirigidos por comunistas en Kerala han rechazado la ortodoxia ideológica, lo que les ha permitido servir mejor a sus votantes. Esto se refleja en las políticas económicas y de bienestar consensuadas, pero también en la forma en que el partido aborda la religión. Kerala es desde hace tiempo una de las regiones más devotas de la India y los comunistas de allí han aprendido a ser pragmáticos y moderar su antirreligiosidad, una lección que la izquierda más ideológica de la India no ha aprendido. En lugar de librar batallas culturales, los comunistas de Kerala consideran cada elección como parte de una lucha continua para proporcionar escuelas, clínicas, alimentos, fuentes de crédito, licencias para pequeños negocios, así como seguridad y dignidad para todo el mundo.
En Kerala no existen diferencias en los niveles de desarrollo de las distintas zonas o entre la ciudad y las áreas rurales. Y en términos de salud y educación las tres principales religiones están muy igualadas, a diferencia de otros estados como Bengala Occidental, que ostentan grandes diferencias entre el estatus socioeconómico de la mayoría hindú y el de las minorías musulmana y cristiana. Esto se ha logrado gracias a medidas deliberadas de descentralización del poder. En Kerala ha habido un esfuerzo para asegurar que las políticas públicas en materia de educación, salud y otras áreas fueran administradas equitativamente por el propio pueblo, mediante los gobiernos locales de cada aldea, y no por los burócratas de la capital del estado.
En 1990, por ejemplo, Kerala emprendió un experimento radical de planificación participativa mediante los consejos municipales y de aldea. Se asignaron fondos del estado a las administraciones locales al tiempo que miles de personas participaban en debates sobre el mejor modo de planificar para cubrir las necesidades de sus comunidades. Esto iba en agudo contraste con la tradicional planificación estatal de la India, normalmente en manos de expertos no elegidos democráticamente en Nueva Delhi o las capitales de los distintos estados. El experimento dio lugar a miles de nuevos programas y políticas locales como el movimiento de Cero Residuos para poner fin a los vertidos, la ordenación del territorio para la seguridad de las mujeres, la recogida de agua de lluvia, la construcción de diques naturales, los cuidados paliativos para los ancianos y nuevas cooperativas de trabajadores y agricultores. A raíz de ello, el gobierno inició un programa a gran escala por todo el estado para incrementar el empleo femenino. En lugar de una planificación de arriba abajo, el Kudumbashree (así se llamaba) se administraba localmente mediante consejos aldeanos que ayudaban a las mujeres a encontrar empleos asalariados y a poner en marcha sus propias pequeñas empresas, A través del Kudumbashree, un creciente número de mujeres entró en política en todo el estado. El reciente programa para eliminar la pobreza extrema se organizó de un modo similar, a través de las administraciones locales. También proporcionaba ayuda específica, para renovar una vivienda o montar una pequeña tienda, a las familias más vulnerables.
La experiencia de Kerala demuestra que si el gobierno protege a la población de riesgos e incertidumbres facilitando el acceso a la alimentación, la vivienda, una educación digna, y una sanidad básica, el pueblo encuentra la motivación para hacerse cargo de muchos otros problemas. Las necesidades de la gente cambian a lo largo del tiempo y un sistema político competente debe ser receptivo. El modelo de Kerala no se sostiene sobre una política o una ideología específicas, sino que es el fruto de la visión de una sociedad unificada, levantada sobre valores y compromisos compartidos. Eso incluye el compromiso con el bienestar de cada miembro de la sociedad, rural o urbana, musulmán, cristiana o hindú, con independencia de su casta. La lección es sencilla: dar al pueblo el poder para determinar las políticas allí donde viven y trabajan y el pueblo llevará a cabo los cambios que necesita.
Kushanava Choudhury es autor de The Epic City: The World on the Streets of Calcutta (Bloomsbury, 2018). Este año saldrá a la luz su nuevo libro de narrativa no-ficción, The Big Love, sobre la desigualdad estructural india y la historia de transformación social de Kerala.
Fuente: https://dissentmagazine.org/article/the-kerala-consensus/
El presente artículo se puede reproducir libremente siempre que se nombre a su autor, a su traductor y a Rebelión como fuente de la traducción.


