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Las empresas de armamento y combustibles fósiles son las principales beneficiarias del rearme global

El gasto militar suma 2,9 billones de dólares y alcanza el 2,5% del PIB mundial

Fuentes: Rebelión

¿A quién beneficia la guerra global? Las cuatro mayores empresas de armamento estadounidenses -Lockheed Martin, RTX, Northrop Grumman y General Dynamics- acumularon un total de 675.700 millones de dólares en pedidos en 2025, informó el 1 de febrero Europa Press con los datos de las cuentas presentadas por las compañías; en comparación con 2024, RTX aumentó la cartera de pedidos un 23%; Lockheed Martin el 10%, General Dynamics un 30% y Northrop Grumman un 5%.

En diciembre de 2025, el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) señaló que las 100 principales empresas de armas del mundo incrementaron en 2024 los ingresos un 5,9%, hasta alcanzar el récord de 679.000 millones de dólares; en el caso de las compañías de armas estadounidenses incluidas en las 100 principales, los ingresos combinados aumentaron un 3,8% en 2024, hasta alcanzar los 334.000 millones de dólares.

Según el SIPRI, de las 26 grandes empresas de armas con sede en Europa, 23 vieron incrementar sus ingresos en este apartado durante 2024; se trata de un crecimiento conjunto del 13%, hasta los 151.000 millones de dólares, que el instituto asocia a “la demanda derivada de la guerra en Ucrania y de la percepción de la amenaza de Rusia”.

Pero hay otros sectores que se lucran con el conflicto; así, en el contexto de guerra y crisis energética global, seis de las mayores empresas de combustibles fósiles podrían lograr unos beneficios de 2.967 dólares por segundo en 2026, destaca Oxfam Intermón; esta cifra implica un crecimiento de 37 millones de dólares al día respecto a los beneficios de 2025; las seis multinacionales evaluadas por Oxfam Intermón son las estadounidenses Chevron, ConocoPhillips y Exxon; las británicas Shell y BP, y la francesa TotalEnergies.

Esta ganancia empresarial creciente “contrasta con la pobreza energética que sufren cada vez más familias de todo el mundo por la inestabilidad geopolítica, los efectos de la escalada de la violencia en Oriente Medio y el fuerte aumento de la riqueza de los superricos, en contraste con el resto de la población”, critica la ONG.

El mismo cuadro de enriquecimiento aparece en un análisis publicado el 15 de abril por The Guardian; la información, que hace uso de los datos de Rystad Energy analizados por Global Witness, apunta que el centenar de mayores empresas petrolíferas y gasísticas del mundo lograron, en beneficios extraordinarios, más de 30 millones de dólares por hora durante el primer mes de la guerra perpetrada por Estados Unidos e Israel contra Irán (la agresión comenzó el 28 de febrero).

El periódico británico menciona entre las claves el aumento en el precio del crudo hasta una media, en marzo, de 100 dólares por barril; este incremento supuso unas ganancias extra para las empresas durante ese mes, debido a la guerra, de 23.000 millones de dólares (el 30 de abril The New York Times destacó el alza de los precios del petróleo a 120 dólares el barril, la cota más elevada en cuatro años).

¿En qué contexto se produce y qué elementos favorecen este lucro corporativo? El gasto militar global sumó 2,9 billones de dólares en 2025, apuntó el SIPRI el 27 de abril, lo que supone más de una década consecutiva de incrementos; este gasto en defensa representa el 2,5% del PIB mundial.

El informe del instituto sueco destaca a Estados Unidos como país con mayor gasto en defensa del planeta, que alcanzó los 954.000 millones de dólares en 2025; la cifra supone un descenso respecto a 2024, principalmente “por el hecho de que no se aprobó una nueva asistencia financiera militar para Ucrania” durante 2025; esta cantidad contrasta con las partidas aprobadas en los tres años anteriores para la guerra de Ucrania -el conflicto comenzó en febrero de 2022-, que sumaron 127.000 millones de dólares.

Pese a este cálculo global, “Estados Unidos aumentó las inversiones tanto en capacidades militares nucleares como convencionales para mantener el dominio en el hemisferio occidental y disuadir a China en el Indo-Pacífico, que son objetivos clave de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional”.  

La Estrategia de Seguridad promovida en 2025 por Trump defiende “una paz basada en la fuerza” y, para ello, la reactivación de la base industrial de defensa estadounidense; el objetivo es, según el documento, producir a gran escala sistemas y municiones más eficaces y modernas, que comprendan -pare enfrentarse a todo tipo de enemigos- desde armas de bajo coste hasta material de alta gama tecnológica.

Pero el SIPRI advierte que la reducción del gasto militar estadounidense en 2025 puede tener una corta duración; de hecho, el 3 de abril Trump anunció que pediría al Congreso, para el próximo año fiscal que comienza en octubre, un incremento del gasto de defensa hasta llegar a 1,5 billones de dólares; este aumento iría acompañado de recortes en los programas sociales.

Pero el rearme no es sólo cuestión de Estados Unidos; el gasto militar en Europa ha crecido un 14% en 2025, de modo que ya suma 864.000 millones de dólares (738.000 millones de euros).

Así, “los esfuerzos continuos de rearme de los miembros europeos de la OTAN condujeron al crecimiento más fuerte del gasto en Europa Central y Occidental desde el final de la Guerra Fría”, afirma el Instituto de Estudios para la Paz.

Los países europeos integrantes de la alianza militar gastaron un total de 559.000 millones de dólares (477.000 millones de euros) en 2025; la mayoría -22 de los 29 países miembros- contaban con un gasto en defensa del 2% del PIB o superior, de acuerdo con la metodología SIPRI.

En este grupo destaca Alemania; precisamente el canciller Friedrich Merz, democristiano, ha afirmado a principios de mayo que el gasto militar alemán aumentará el 28% en 2027, al tiempo que anunció recortes en la sanidad pública; los planes del ejecutivo prevén también incrementos del gasto en 2028 y 2029, así como del número de soldados: de los 186.000 efectivos actuales hasta 260.000 en 2035.

Alemania fue ya en 2025 el país con mayor gasto en armamento entre los países europeos de la OTAN; según el SIPRI, su inversión en material bélico creció un 24% interanual hasta los 114.000 millones de dólares (97.000 millones de euros), de manera que superó -por primera vez desde 1990- el 2% del PIB en este capítulo.

En 2025 “el gasto militar de los miembros europeos de la OTAN aumentó más rápido que en cualquier momento desde 1953, reflejando la búsqueda continua de la autosuficiencia europea junto con la creciente presión de Estados Unidos para reforzar el reparto de cargas dentro de la alianza”, concluyó la investigadora del Programa de Gasto Militar y Producción de Armamento del SIPRI, Jade Guiberteau Ricard.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.